El Padre Arguinelli

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  • Publicado: 1 abr 2014
  • Actualizado: 1 abr 2014
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Disfrutá de una historia con jingles al final de la misa, logos estampados en la ostias, tandas publicitarias previas a la Palabra de Dios y otras estrategias comerciales y publicitarias aplicadas en una pequeña iglesia de pueblo. «El Padre Arguinelli» es un entretenido relato con seis entregas/capítulos, donde se narra parte de la vida de un cura de pueblo que utilizó diversas estrategias de marketing y comunicación para generar algún que otro ingreso extra.

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2. La lectura de la palabra

—Y si nos va bien... usted remonta las ventas, y yo tapo algunas grietas —le dijo un viernes a la tarde el Padre Arguinelli a Don Pedro. Ese día el cura había ido al almacén a comparar unas latas de arvejas con el libro de marketing bajo el brazo, convencido de venderle al almacenero un espacio publicitario en la misa del domingo. Y quién se le puede negar al cura.

 

Llegó el domingo y después de desayunar se colocó la sotana, se sacó las pantuflas, se calzó los zapatos y comenzó a abrir uno a uno los ventanales de la iglesia para dejar pasar la claridad de la mañana. Dejó como siempre las puertas del frente para el final; disfrutaba del silencio que entraba a esa hora de la mañana donde sólo se escuchan, de pura casualidad, algún que otro gallo despertando.

 

La gente comenzó a llegar a eso de las 9:45, horario en que más de medio pueblo continuaba durmiendo y a eso de las 10:00 arrancó la misa; una misa como cualquier otra hasta que todos en la iglesia, como si recién estuvieran despertándose, comenzaron a abrir los ojos y parar las orejas.

 

—Queridos hermanos, antes de proceder con la Palabra de Dios, permítanme un segundo de su tiempo —anunció el Padre Arguinelli con el espíritu alegre que lo caracterizaba y luego continuó, esta vez con tono sobreactuado, simulando la voz gruesa de un locutor de radio—: Auspicia este espacio, Almacén Don Pedro, de Don Pedro Álvarez. Esta semana, promociones imperdibles: Nobleza Gaucha por kilo, $7,50. Fideos Cinta de Matarazzo por 500 gramos, $4,40. Lavandina concentrada tradicional por 2 litros, $3,99. No se pierdan esta oportunidad. Almacén Don Pedro, de Don Pedro Álvarez, donde se encuentran los mejores precios.

 

Todos los presentes, mudos, sin saber si tenían que pararse, sentarse o arrodillarse, cogoteaban para los costados en busca de algún murmullo que pudiera aclarar lo que había acabado de hacer Arguinelli.

 

«¡Sacrilegio!», pensaron algunos, pero nadie abrió el pico.

 

En la misa de las 11:00 sucedió exactamente lo mismo. Incluso algunas personas que habían asistido a la primera misa —todavía estupefactas por la tanda publicitaria y los precios del Almacén Don Pedro— se habían quedado para escuchar la segunda.

 

—Agradecemos a las casas comerciales que auspiciaron la misa de este domingo —finalizó la misa el cura después del clásico «pueden ir en paz».

 

Un mes después, las «viejas come ostias» —como las llamaba para sus adentros el mismísimo Padre Arguinelli— tuvieron que tragarse las críticas al ver que la remuneración de la lectura de ofertas había servido para reparar las grietas del ala derecha del edificio.

 

Pero lo que nadie se había puesto a pensar, era que el Padre Arguinelli recién había aplicado solo una de las tantas estrategias de marketing que tenía en mente.

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