El Padre Arguinelli

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  • Publicado: 1 abr 2014
  • Actualizado: 1 abr 2014
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Disfrutá de una historia con jingles al final de la misa, logos estampados en la ostias, tandas publicitarias previas a la Palabra de Dios y otras estrategias comerciales y publicitarias aplicadas en una pequeña iglesia de pueblo. «El Padre Arguinelli» es un entretenido relato con seis entregas/capítulos, donde se narra parte de la vida de un cura de pueblo que utilizó diversas estrategias de marketing y comunicación para generar algún que otro ingreso extra.

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4. Creatividad e inspiración

Las intervenciones publicitarias en las misas se dividieron en cuatro estratégicas pausas. En el pueblo, estas pausas se hicieron más conocidas como «la hora del chivo publicitario» y a los fieles no les quedó otra más que aceptarlos. De última, si bien eran molestas, también eran divertidas.

 

Para la redacción de las publicidades, el cura había contratado a un monaguillo que se tomaba algunos días para armarle todos los textos del mes. Francisco, el monaguillo que de monaguillo no tenía ni el dedo, pronto comenzó a ser la sensación del pueblo. Todos esperaban al fin de semana para ver cómo se las ingeniaba para comunicar las marcas del pueblo.

 

La fama le duró hasta que lo encontraron fumando marihuana, sentado en el tronco de una planta de mandarinas, leyendo Nietzsche.

 

Arguinelli, si bien era de mente abierta, ni bien le llegó la noticia supo que no podía defender a su redactor estrella. Las lenguas del pueblo siguieron haciendo de las suyas después de sentir el sabor dulce de las ostias, y Francisco se convirtió en el drogadicto del pueblo.

 

Las tandas publicitarias locutadas en vivo y en directo por el cura, se realizaban antes del comienzo de misa, antes de la Palabra de Dios, antes de la comulgación y después del «pueden ir en paz». Los espacios variaban en precios, teniendo mayor valor el que antecedía a la Palabra de Dios y donde era muy frecuente escuchar precios que terminaban en 99.

 

—Recuerden aprovechar las ofertas de la verdulería «La Calabaza», de Ana Ortiz. Acelga, el kilo, $3,99. Zapallo Anco, el kilo, $2,99. Mandarina, el kilo, $2,99. No se lo pierda. Verdulería «La Calabaza» de Ana Ortiz, donde están los mejores precios —locutaba Arguinelli y luego procedía a leer la palabra.

 

Desde la ausencia del monaguillo drogadicto los mensajes habían vuelto a convertirse en meros anuncios publicitarios de baja calidad. Arguinelli, que reconocía la falta de talento para la redacción creativa —incluso incentivado por las musas de su ex monaguillo— se vio obligado a buscar calidad por otro lado. Fue así que comenzó a darle mayor prioridad a la innovación en medios alternativos, sin olvidarse del viajecito a España, que era incentivo suficiente para llegar a buenos resultados.

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