El Padre Arguinelli

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  • Publicado: 1 abr 2014
  • Actualizado: 1 abr 2014
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Disfrutá de una historia con jingles al final de la misa, logos estampados en la ostias, tandas publicitarias previas a la Palabra de Dios y otras estrategias comerciales y publicitarias aplicadas en una pequeña iglesia de pueblo. «El Padre Arguinelli» es un entretenido relato con seis entregas/capítulos, donde se narra parte de la vida de un cura de pueblo que utilizó diversas estrategias de marketing y comunicación para generar algún que otro ingreso extra.

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3. Below The Line

«Esto ya es el colmo», pensaba la Señora de Godoy al notar que la ostia que le entregaba en boca el Padre Arguinelli, tenía grabado el logotipo de la «Panadería Birole».

 

—El Cuerpo de Cristo —decía pausadamente el cura y antes de posar las ostias sobre las lenguas, las ponía en posición vertical para que todos vieran que Oscar Birole, el dueño de la panadería que estaba a la vuelta de la iglesia, esponsorizaba la comulgación del pueblo.

 

Después de medio año de actividades, si bien algunos protestaban por lo bajo, todos se habían acostumbrado e incluso disfrutaban de la comercialización de medios alternativos, la creación de mensajes publicitarios y por supuesto, de los ingresos generados por los esfuerzos creativos del cura; esfuerzos que se mostraban en todo su esplendor sobre el final de la misa.

 

Mientras la gente se atoraba a la salida de las inmensas puertas de madera —apuradas para entrarle al asado del mediodía— juntándose entre sí como pingüinos, caminando con pasos cortos y arrastrando los calzados, comenzaba a sonar el coro que con dos guitarras y una pandereta, cantaban el pegadizo jingle escrito para la boutique de ropa Wal-Max.

 

Por aquella época, donde las donaciones eran constantes y la iglesia se veía mejor que nunca, el Padre Arguinelli no paraba de buscar nuevas formas de incrementar los ingresos haciendo uso de la comercialización de espacios publicitarios. El Backlight que aún hoy está frente a la iglesia habla por sí solo.

 

Para final del año todas las casas comerciales del pueblo querían anunciar en las misas de Arguinelli y esponsorizar el acto de la comulgación. Debido a su gran efectividad, la ostia era el medio más rentable para la iglesia y el más costoso para el anunciante. Primero fue la panadería, pero luego le siguieron una juguetería, una casa de venta de zapatos, una verdulería, una empresa corredora de cereales, la cooperativa del pueblo y por último, la carnicería de Jorge Gresta que, con el permiso de Arguinelli, hizo grabar en la ostia, debajo del logo, el eslogan «Cuerpo de Cristo».

 

El pueblo entero comentó la falta de respeto de Jorge Gresta y el Padre Arginelli tuvo que calmar las hordas de fieles enfurecidos que puntualizaban además sobre la falta de criterio del cura.

 

Convencerlos de que no había sido un mensaje ofensivo le costó al Padre Arguinelli varias semanas de ostias sin esponsorizar y la falta de ingresos había puesto en peligro el viajecito a España que tenía planeado para las vacaciones.

 

Era el momento justo para hacer un salto de fe y subir la apuesta porque el jingle al final de la misa y los 30 segundos que se comercializaban delante de la Palabra de Dios, ya no alcanzaban para las crecientes ambiciones del cura.

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