Cartas de una directioner.

Esos sentimientos tan fuertes, esos sentimientos como el amor, esos sentimientos tan díficiles de expresar, a veces pueden serlo, pueden ser expresados de alguna forma, de forma oral, de forma escrita, cara a cara, mediante un mensaje o una pantalla de ordenador, escritos en una hoja, escritos en la mesa de una clase, en la corteza de un árbol, escritos en una carta... Escribirlos en una carta no es complicado... se supone, ya que si tienes una medio (ya sea un e-mail, un mensaje de texto o en una hoja) puedes enviarla, puedes poner tus sentimientos en ella y tan solo esperar a obtener la respuesta de tu amada o amado, siempre y cuando... sepas a qué dirección enviarla, sepas en qué idioma enviarlo, sepas expresarte tan bien en ese idioma como en el tuyo propio, aunque eso, se podrían denominar chiquilladas, ya que lo difícil del todo a veces, es la respuesta a tu carta.

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3. Carta a Liam Payne.

De nuevo mi buzón tenía una carta con una devolución. Perfecto. La carta a Harry no había llegado, mejor dicho, no habían llegado ninguna de las dos, ya que ambas se encontraban allí esa tarde de Agosto.

Aquella tarde no tenía ninguna carta que escribir, al menos hasta que me encontrara a Ángela y ella me pudiera informar sobre las nuevas direcciones que había encontrado sobre alguno de los chicos, por lo que no tardé en salir del portal de casa y caminar en dirección a nuestro parque, ese en el que nos pasábamos todas las tardes del verano.

Ese día no iba con prisas, no llegaba tarde, pero cuando llegué a "nuestro banco" y vi que ella no estaba me preocupé. ¿Acaso habían cambiado la hora y llegaba una hora tarde? ¿O quizás una hora pronto? Miré a mi alrededor algo preocupada, ya que podría significar que mi amiga se hubiera enfadado conmigo por llegar tarde una hora o que quizás no hubiera llegado aún, pero no era ninguna de esas dos cosas, ya que se encontraban a nuestro alrededor las mismas personas que nos solíamos encontrar; la señora pelirroja con dos hijas pequeñas gemelas, paseando alrededor del parquecito, el grupo de chicos jugando al fútbol en el césped, unas cuantas madres hablando sentadas en un banco con un puñado de pipas... Sí, todo era normal, parecía que era la hora de siempre, pero Ángela no estaba, y eso era raro en ella, ya que siempre era puntual.

Me senté en el banco y revisé las llamadas y los mensajes, esperando encontrar una llamada perdida suya o un mensaje de que me avisara de que llegaría tarde, pero no, nada de eso, por lo que dejé el móvil en mis vaqueros de nuevo y me quedé esperando a que ella llegara.

Apenas dos minutos después ella ya estaba corriendo en mi dirección como si su vida dependiese de ello, cosa que también me preocupó e hizo que me levantara del banco y diera un par de pasos hacia ella.

 

--¿Qué ocurre?-pregunté asustada al verla tan atacada.

--Acabo... acabo de... acabo de ver...-hablaba ella entre jadeos, parecía que se fuera a ahogar.

--¿Qué acabas de ver?-pregunté curiosa.

--Acabo... de ver a... un señor que... que...

--¿¡Qué le pasaba al señor?!-pregunté con impaciencia.

 

Ella hizo un gesto sobre sus hombros y su torso que yo no comprendía, por lo que esperé a que ella recuperara el aliento y pudiera explicarme de qué iba todo aquello.

 

--Un señor que... que llevaba... tirantes-dijo finalmente.

--¿Tirantes? ¿Cómo Lou?-dije entusiasmada.

--Ajá.. he... corrido tras él... para preguntarle dónde los había comprado.

--¿Y dónde los ha comprado?

--Le perdí después de atravesar dos calles-respondió molesta, ya con la respiración más calmada.

--Y por eso has llegado tarde-deduje.

--Sabes que sino no llegaría tarde-me recordó antes de comenzar a caminar en dirección a "nuestro banco"

--Cierto-confirmé.

 

De nuevo, como la tarde anterior, y la anterior y la anterior y así desde que acabaron las clases, estábamos allí sentadas, una de las dos cansada de correr y la otra mirándola con diversión.

Puse a la altura de sus ojos mis dos cartas devueltas, pero ella ni se inmutó, no se preocupó por ello, tan solo imitó mi gesto y me mostró sus dos cartas, también con un sello de devolución; ninguna de las cuatro direcciones estaba bien puesta.

Resoplé antes de dejar las cartas en el banco, dispuesta a recogerlas más tarde y poder esconderlas tras mis pósters.

 

--Vale, ¿de quién has conseguido hoy la dirección?-pregunté para no venirme abajo y acabar llorando al ver que nuestros intentos cada vez me parecían más estúpidos e inútiles.

--Daddy directioner-respondió ella con el mismo tono de voz-pero solo hay tres, así que tú escribes dos cartas, yo escribo una y además le peto el twitter, a ver si tenemos suerte-dijo con una sonrisa llena de esperanza.

--Sí, a ver si tenemos suerte.

 

Aquella tarde decidimos escribir la carta allí mismo, así podíamos compararlas y coger ideas una de la otra para que quedaran mejor, aunque fueran en español y ni siquiera ellos las entendieran si es que les llegaban alguna vez.

Fue ella quien sacó un taco de folios de su mochila y un par de bolígrafos para poder escribir. Nos colocamos como pudimos en el banco y comenzamos a escribir lo que nos evocaba el nombre de "Liam Payne"

 

Querido Liam:


Querido Leeyum, querido Daddy directioner, querido milagro.


Eres un milagro, eres un increíble milagro venido del cielo, eso lo sé yo, lo sabemos las directioners, lo sabe tu familia y apuesto a que tú mismo lo sabes. Eres un milagro porque no todos los niños sufren lo que has sufrido tú, porque no todos hemos nacido muertos, porque no todos hemos tenido problemas en uno de nuestros riñones, porque no todos hemos sufrido bullying, porque no todos somos tan fuertes como lo eres tú, Liam.


Eres un claro ejemplo de superación y de esperanza hacia el mundo entero; hacia esas madres y esos padres que tienen un hijo con problemas de salud, para ellos eres un fuerte apoyo y la muestra de que todo es posible y se puede salir de esos problemas. Hacia esas personas a las que una enfermedad les lleva castigando parte de su vida, tú les has dado esperanzas para seguir luchando aunque no se vea salida. Hacia todas esas personas que sufren en los colegios, en los institutos, esas personas a las que insultan, a las que amenazan, a las que pegan, a las que insultan, a las que no les dejan vivir, a todas esas personas que a veces no ven salida, lo ven todo negro y lo único que quieren hacer es acabar con todo y no precisamente plantando cara como tú hiciste, sino terminando con sus vidas. Tú eres su luz, su apoyo, su esperanza, su ilusión, su vida... y la mía.


Gracias a Dios, yo no he sufrido ninguna de las horribles cosas que a ti y a muchos sucedieron y a algunos suceden, pero de igual manera, también eres mi luz y mi apoyo, uno de mis cinco motivos para sonreír y darme cuenta de que no vale la pena llorar por cosas que no lo merecen, eres uno de mis cinco motivos que me hacen luchar por mis sueños aunque parezcan imposibles, eres una de esas manos que me ayudan a levantar del suelo cuando siento que no puedo más y debería quedarme allí, sin luchar más, rindiéndome sin oponerme a esa piedra que me ha tirado, y por todo eso te quiero dar las gracias. Por ser un ejemplo para mí, por enseñarme a que si luchas por lo que quieres puedes conseguirlo, por enseñarme a que lo que la gente se ría de mí no importa, por ayudarme a levantarme cuando lo necesito, por ser simplemente tú Liam Payne, uno de los chicos más increíbles, dulces, buenos y amables que el mundo tiene y que deberían tener más.


Personas como tú se necesitan, tanto allí, en Reino Unido, como aquí, España, el lugar desde el que te escribo y que espero que pronto visitéis. Personas con ese gran corazón que ni siquiera sé como te cabe en el pecho, personas tan dulces y caballerosas, personas... personas que en realidad son ángeles que han bajado del cielo para ayudar a todas esas personas que a veces no nos sentimos tan bien con nosotros mismos como deberíamos, pero que lo hacemos sin quererlo y que a veces necesitamos de personas como tú, como vosotros cinco, para sentirnos mejor, aunque solo sea mediante un vídeo o una canción, en vez de con un abrazo y sintiendo vuestro apoyo y cariño más cera, pero supongo que vuestro trabajo es vuestro trabajo y que no podéis pararos a hablar con todas y cada una de las chicas con las que os encontráis, por lo que tan solo espero que pronto podáis venir a España y que podamos encontrarnos, aunque sea de forma extraña y quizás milagrosa, tan milagrosa como lo eres tú Leeyum

 

¿Qué más decir de ti Liam? Que pareces el chico de la infinita sonrisa, el que nunca se enfada y siempre está alegre, y que en parte eso me preocupa, ya que en algún momento deberás enfadarte y cabrearte, decir cosas de las que luego te arrepientas, ya que sé, que a veces somos un poco agobiantes para vosotros (no quizás yo, ni las directioners españolas, pero los y las directioners en general a veces nos sobrepasamos, eso he de admitirlo) y que quizás tengas una paciencia aparentemente infinita, pero Liam, por favor, no te lo guardes todo, no te guardes los enfados, no te guardes los gritos, no quieras delatarte y ser el ángel que eres, por lo que por favor, si tienes que enfadarte, hazlo, deja de disculparte con nosotras por cosas que no son tu culpa, realmente tú no mereces estar disculpándote continuamente.


Nunca dejes que nadie borre tu preciosa sonrisa.

 

Te lo pide con todo su corazón,

con todo su amor,

con todas las ganas 

que tengo de verte.

Una directioner más entre el público,

entre la marea de redes sociales,

entre todos los países que desean veros.

 

Anastasia.

 

Tapé la capucha del bolígrafo de Ángela y releí la carta, buscando alguna falta que se me hubiera escapado, aunque a primera vista no parecía haber ninguna, salvo que de nuevo había vuelto a poner Anastasia en vez de Ana, o Tasia. Quizás debería poner Tass en la próxima-pensé mirando con el ceño fruncido el final de mi carta.

Alcé la vista de ella para encontrarme con la de mi amiga, que me miraba con los ojos como platos.

 

--¿Qué?-pregunté extrañada.

--¿Cómo... cómo...?-trataba de preguntar, pero parecía demasiado sorprendida.

--¿Cómo qué?-pregunté divertida.

--¿Cómo has escrito... tan... no sé... tan así?

--¿Qué significa tan así?-pregunté confundida, mirando mi carta-¿Es que acaso no está bien?

--No, no es eso, está genial, por eso lo digo, está... super genial o como quieras llamarlo, mola-admitió finalmente.

--Gracias, supongo-dije divertida, provocando que mi amiga riera.

--¿Has leído algún Imagina hoy?-pregunta mientras termina de escribir su carta.

--No, no me ha dado tiempo-admití

--Yo sí, he leído uno de Zayn que casi me da algo, lo prometo, era tan... perfecto.

--El problema es que son tan cortos...-dije algo quejica.

--Claro, son imaginas, son cortos, si quieres leer cosas más largas deberías buscar fanfics, no, mejor que todo eso, deberías escribir tú una.

--¿¡Qué?!-dije flipando por completo-¿Cómo que escriba yo una? ¿Se te acaba de ir la olla, Ángela?

--Deja de llamarme Ángela-se quejó-Angy, a, ene, ge, i griega, que parece que no lo pillas-dijo molesta porque nunca la llamara como ella quería, con su nombre versionado de alguna manera al inglés, o al menos eso decía ella-y sí, porqué no, molaría que lo hicieras, sería guay-dijo convencida.

--No es del todo mala idea, supongo, pero... ¿Quién se queda con Louis?-pregunté divertida.

--¡YO!-respondió en un grito que hizo que nos mirara medio parque y que yo riera.

--Ah no, de eso nada, mi historia, yo mando, yo me quedo con Louis.

--Que no, ¡que es mío!-dijo muy segura.

--Ya quisieras-dije picándola divertida.

 

Pasamos el resto de la tarde sacando argumentos por lo que Louis Tomlinson debía de ser de cada una, pero no sacamos nada en claro, obviamente; ambas le queríamos solo para nosotras dos.

Lo de escribir historias con ellos de protagonistas... no sonaba mal, quitando el problema de que discutiríamos por Lou, pero en principio tenía pinta de interesante, y aunque yo ni supiera escribir, ni mucho menos, quizás así no me aburriera por las tardes y pudiera mostrar al mundo las mil y una cosas que pasaban por mi cabeza para enamorar a esos cinco chicos que estaban tan lejos de nosotras.

Al llegar a casa me puse a dar una y dos y tres y miles de vueltas a poder escribir algo, quizás no se me daba tan mal como yo pensaba... No, seguro que se me daba infinitamente peor de lo que jamás me pudiera haber imaginado, pero la curiosidad me mataba, quería probar en ello, quería probar si era capaz de hacer algo importante en esta vida, ya que el canto estaba descartado por mi pésima voz, al igual que los deportes por ser tan patosa y un auténtico imán para los balones, por supuesto el baile tampoco, ni clásico ni contemporáneo ni de ninguna manera, no es que tuviera mucho ritmo, pero de igual manera me quedaba el piano, o al menos eso decía mi madre, que se me daba bien, solo que no practicaba lo suficiente, aunque sinceramente eso tan solo eran palabras de una madre, las cuales hagas lo que hagas siempre estará bien, excepto que fumes, bebas o te drogues, el resto están todas bien, sin dudarlo un segundo, sin tan siquiera mirarte, ellas saben que están bien.

Pero yo no tenía tan claro que se me diera bien escribir, aunque supuse que por intentarlo no se perdería nada, empezaría con uno de esos imaginas cortos, tratando de escribir con las menores faltas posibles (que en aquellos momentos eran demasiadas las que escribía) y algo que les llegara verdaderamente a quienes leyeran, que seguramente no fueran muchos y fracasara en el intento, pero que por lo menos por ganas no había sido el problema.

Por lo que me decidí; empezaría a escribir.

Es entonces cuando mi vida dio un fuerte giro, eso sin dudarlo, aunque ni de lejos al giro que daría un día que para mí sería emocionante de primeras y prácticamente imposible de segundas, pero que ocurriría aún dentro de tiempo, dentro de para mí en ese momento no mucho, ya que no esperaba ese día, pero si tan solo lo hubiera podido imaginar, hubiera estado completamente eufórica hasta que pasaran esos dos meses que me llevarían a que mi vida cambiara por completo.

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