Cartas de una directioner.

Esos sentimientos tan fuertes, esos sentimientos como el amor, esos sentimientos tan díficiles de expresar, a veces pueden serlo, pueden ser expresados de alguna forma, de forma oral, de forma escrita, cara a cara, mediante un mensaje o una pantalla de ordenador, escritos en una hoja, escritos en la mesa de una clase, en la corteza de un árbol, escritos en una carta... Escribirlos en una carta no es complicado... se supone, ya que si tienes una medio (ya sea un e-mail, un mensaje de texto o en una hoja) puedes enviarla, puedes poner tus sentimientos en ella y tan solo esperar a obtener la respuesta de tu amada o amado, siempre y cuando... sepas a qué dirección enviarla, sepas en qué idioma enviarlo, sepas expresarte tan bien en ese idioma como en el tuyo propio, aunque eso, se podrían denominar chiquilladas, ya que lo difícil del todo a veces, es la respuesta a tu carta.

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2. Carta a Harry Styles.

Corrí el último tramo que quedaba hasta llegar al parque, al cual ya llegaba tarde y en el cual vi a Ángela sentada en el respaldo de un banco, jugueteando con su móvil desganada, ya que lo haría por estar aburrida esperándome, ya que Marisa aquella vez se entretuvo demasiado con sus ánimos y me retrasó unos quince minutos, exactamente los mismos que llegaba tarde, ya que había quedado con esa a las seis y media y ya eran pasadas las siete menos cuarto. De esta no me libraba, mi amiga me iba a matar.

Mientras corría por todo el parque la miraba, esperando a que me mirara y que no pensara que estaba viniendo pisando huevos, tal y como siempre solía y suelo caminar a todos lados.

Ella vestía una camiseta rosa, con la cual se la veía desde cualquier punto de parque debido a ser de un color rosa chicle que cegaba, vaqueros cortos y deportivas Vans que hacían juego con su camiseta, y al igual que también hacían ambos juego con la funda de su móvil. Llevaba el pelo recogido en dos horquillas a ambos lados de su cabeza, dejando ver su largo, castaño y ondulado pelo, mientras que el mío iría horriblemente desordenado y enredado debido a mi carrera, a parte de sudando como iba por este dichoso calor de Agosto.

Apenas quedaban dos metros para que llegara al banco, sintiendo como los pulmones se me iban a salir por la boca de tanta carrera, cuando ella alzó la cabeza, sonriendo divertida al verme correr de esa manera para no llegar tarde, aunque ya es tarde para eso.

 

--Llegas tarde-me recordó bajando del banco.

--Vete... vete a... vete a...-traté de decir decir, con las manos apoyadas en mis muslos, encorvada, tratando de recuperar el aliento por correr tanto.

--¿Que me vaya a dónde?-preguntó con humor, picándome al ver que no podía más con mi cuerpo.

--A tomar por saco un rato-conseguí decir antes de dejarme caer en el banco.

 

Ella rió sonoramente antes de sentarse a mi lado, esperando a que la contara las nuevas noticias sobre la carta que debía de haber llegado ya, o la que había enviado, o la respuesta que debí de haber recibido, pero que no recibí, no aquel día.

Respiré profundamente, haciendo que los nervios de mi amiga fueran notables, y que yo siguiera haciendo como que recuperaba el aliento, solo para fastidiarla y reírme de ella un rato.

 

--¡Dime!-me exigió dándome un golpe en el brazo, a lo que yo reí.

--¿De qué me hablas?-pregunté divertida, ya casi con la respiración a un ritmo normal.

--¿¡Dónde está?! ¿¡Te han contestado?!-me preguntó histérica, zarandeándome de uno de mis brazos, haciendo que no pudiera evitar reír.

--Aquí está-respondí sin más, dejando el sobre en el que estaba mi anterior carta a mis ídolos, y la cual había venido de vuelta sin una respuesta, en el banco.

 

Ella se apresuró a cogerla, la miraba emocionada, como si fuera la respuesta a alguna de mis cartas, como si allí dentro hubiera algo escrito por alguno de esos cinco chicos, cosa que deseábamos inmensamente, pero su emoción se desvaneció de un soplo al percatarse de que era una devolución, que ni siquiera la carta había llegado a ellos, por lo que me devolvió la carta en la mano sin decir nada, antes de apoyar los codos sobre sus rodillas y las manos bajo su barbilla, mirando con el ceño fruncido como un puñado de niños pequeños jugaban a subirse por unas cuerdas que había colocadas en esa zona del parque, separada por un par de metros de nuestro banco.

Ángela estaba cabreada, por no decir que en ese momento podría soltar un grito impresionante. La conocía demasiado bien, sabía cuando estaba enfadada, o cuando triste o molesta, dependiendo de cómo estuviera era mejor hablarla o no hacerlo y simplemente esperar a que el berriche se la pasara solo, pero aquella vez parecía demasiado cabreada, su ceño increíblemente fruncido apoyaba mi teoría.

 

--Deberías haberte acostumbrado a esto-comenté con algo de humor, colocándome mejor en el banco.

--Esto es completamente injusto-respondió sin alzar la voz, cosa que me sorprendió.

 

Ella era muy de gritar, si algo la molestaba realmente lo gritaba y no importaba qué persona fuera, si estaba enfadada te lo haría saber de un grito, y si ya las personas que la habían molestado muy seguidamente lo habían hecho antes que tú, cuidado, podría aguantar perfectamente que cinco antes que tú la comentaran que no les gustaba los vaqueros que ella llevaba, pero como fueras tú, de manera ingenua y la dijeras algo de aquellos vaqueros... mejor que supieras que ella es así y que no tienen nada en contra de ti, sino que siempre la paga con el menos indicado.

 

--Las inglesas allí, viéndoles hasta para comprar el pan, ¿y nosotras qué? vale, quizás nosotras no, que sabemos de ellos desde hace dos meses, pero ¿las que estuvieron desde el principio? llevan dos años esperándoles y ellos ni siquiera han pisado España, quitando cuando estuvieron en X Factor, claramente. Ni un concierto, ni una entrevista, apenas puedes encontrarles en una revista, ¿por qué? Porque somos españolas, es totalmente injusto.

 

Sus palabras me hicieron abrir los ojos de par en par. Estaba segura de que en mi vida la había escuchado quejarse de esa forma; una forma tan argumentativa, tan explicativa y sobre todo, con ese volumen de voz tan bajo.

No sabía como interpretar su actitud, ¿quizás estaba madurando? No, que va, era simplemente una fase dentro de su enfado que aún o había visto, esa fase se llama; estar tan sumamente cansada de gritar sabiendo que no vale la pena. Valer la pena no valía, por mucho que nosotras gritáramos que queríamos que vinieran no lo harían,; estaban demasiado lejos para oír nuestras quejas y súplicas.

 

--Es injusto, pero ¿qué podemos hacer nosotras?-pregunté, esperando que su respuesta fuera tan profunda como había sido la anterior.

 

Me equivoqué, claramente.

 

--Podríamos ir a Londres, les secuestramos y les traemos aquí, les dejamos encerrados en nuestros cuartos y así viviremos junto a ellos para siempre ¿qué te parece mi plan?-preguntó mirándome a los ojos, con una marcada diversión.

--Quitando el que sea algo ilegal, que nuestros padres no nos dejarían, que no tenemos dinero para irnos a Londres y que estás como una cabra, es un buen plan-confirmé con humor.

--No, enserio, tengo otro plan genial-comentó, algo más seria.

--Soy todo oídos-respondí esperando oír otra estupidez tan monumental como la que había oído minutos antes.

--Acabo de encontrar la supuesta dirección de Harry-hablaba tecleando en su móvil con velocidad-podemos intentar enviar las cartas a sus casas en vez de a sus managers-propuso muy segura-son cinco chicos y no hay muchas direcciones por ahí, seguro que alguna de ellas es verdadera y les llega.

 

Me paré a pensar esa probabilidad, que la verdad, sonaba bastante bien, pese a que fuera descabellada, pero ya de perdidos al río como se suele decir.

Escribir la carta a uno en vez de a cinco sería algo que quizás fuera más emotivo y hasta más fácil de hacer, ya que el sentimiento, aunque de primeras sea el mismo, siempre se tiene desarrollado de manera diferente hacia cada uno de los chicos, aunque todos partan del amor, por lo que no veía que fuera algo estúpido o simplemente improbable, tenía la esperanza de que alguna de las direcciones sería la correcta y los sentimientos de muchas directioners españolas, podrían llegar a ellos mediante mis cartas o las de Ángela, aunque la verdad ella prefería pasarse el día enviándoles tuits, antes que escribir cartas, pero de igual manera, aquel plan tenía posibilidades.

 

--Está bien-respondí finalmente-¿has conseguido la dirección de alguno de ellos?

--De momento solo la de Harry, o la supuesta de Harry, ya que en realidad tengo cuatro-admitió divertida-pero bueno, solo aparecen cuatro, tú escribes dos y yo otras dos.

 

Pasamos toda la tarde en aquel parque, como solíamos hacer en cuanto llegaba la primavera y hasta que el otoño llegara.

Hablamos de nuestros "planes geniales" sobre cómo podríamos conocerles, sobre como enamorar a Louis Tomlinson, ya que en esos momentos, era nuestra "debilidad compartida", ya que ambas le queríamos a él como futuro marido, algo extraño, porque solo era uno y nosotras dos, pero desde el primer momento dijimos que la primera que lo enamorara se lo quedaba y presentaba a alguno de los cuatro a la otra.

Llegadas las nueve, cuando el cielo ya había oscurecido y debíamos de volver a casa, para escribir las cartas o buscar más y más información sobre ellos, nos despedimos y marchamos hasta llegar junto a nuestras respectivas familias, las cuales no comprendían nada de lo que sentíamos hacia esos chicos, pero que tampoco nos importaba demasiado, nosotras estábamos plenamente convencidas de que algún día nuestras cartas serían respondidas y nuestros sentimientos hacia ellos correspondidos.

Quizás era soñar demasiado, pero como suele decirse "Soñar es gratis" y si no hacíamos daño a nadie con nuestra forma de pensar ¿qué importaba lo que el resto opinara?

Aquella noche, después de haber cenado y haberme duchado, me encerré en mi querida guarida, dispuesta a que nadie me interrumpiera y por supuesto, dispuesta a escribir la misma carta dos veces y enviarla a las dos direcciones que Ángela me había proporcionado.

Cogí un folio, una carpeta y un bolígrafo negro que escribiera bien. Me tumbé sobre la cama, aquella que no tenía apenas sábanas debido a que dormir con algo más que una fina sábana en Agosto y en Madrid era como un suicidio. Destapé el bolígrafo con la boca y me dispuse a plasmar todo lo que sentía hacia ese chico de pelo rizado y ojos verdes en un folio.

 

Querido Harry Styles:


Querido Styles, querido Hazza, querido más que querido Harry.

Te escribo desde un lugar, quizás no muy conocido para ti y mucho menos visitado. No es un país que tenga riquezas, no es un país en el que sobresalgamos por precisamente el dinero, pero es un buen país, si te paras a visitarlo y conocerlo, si te paras a tratar de comprender a nuestras gentes, tan vivarachas y a veces estresadas, tan amables (dependiendo de cuales), tan aparentemente peligrosas, aunque sea solo eso, apariencias. El país desde el que te escribo se llama España.

Sí, España, ese de la paella, de los toros, del jamón serrano, del flamenco, de los "Ole", sí, ese país que visitan tantos compadres vuestros, tantos ingleses, pero ninguno de ellos vosotros.


El país desde el cual te escribo quizás sea lo de menos, ya que lo realmente importante, es lo que escribo y lo que quiero que entiendas, pese a que está en otro idioma, demasiado distinto al tuyo, pero de igual manera, espero que comprendas y que al menos sonrías mientras lees todo lo que sentimos las directioners que no estamos viviendo precisamente a vuestro lado.


No quiero excederme demasiado escribiendo, ya que no tendrás mucho tiempo para tratar de descifrar lo que significan todas estas palabras, tampoco que te canses al leerlo y pienses que es algo aburrido, por lo que, trataré de no hacer esta carta demasiado larga.


Si pudiera describirte en una palabra, Harry Styles, te podría definir como "fuerza", sí, fuerza, una fuerza quizás no física, sino mental, psicológica. Pensarás "¿Esta chica de qué me habla?", pues te hablo de ese vídeo, de ese maldito vídeo en el que pareces darte por vencido frente a los haters, en el que dices con toda la sinceridad del mundo, que te derrumbas con facilidad, que te sueles parar a pensar "¿Por qué me odian? ¿Yo qué les he hecho? Ni si quiera me conocen personalmente ¿Cómo pueden odiarme?", pues bien, visto ese vídeo quiero confesarte una cosa: todos aquellos que te insultan, son imbéciles.

Sí. lo son, lo son en exceso, porque no eres una persona que merezca ser odiada, eres tan solo un chico que está cumpliendo su sueño y al que no le debería de importar lo que el resto piense, ya que sinceramente eres increíble. Eres un chico increíble, una persona increíble, que merece cumplir su sueño y para nada merece que le odien o le insulten (al igual que al resto de los chicos), eres tan solo Harry, un chico que trabajaba en una panadería y que gracias a tu talento, esfuerzo y algo de suerte, estás por un muy buen camino para llegar a todo lo alto (si es que no se puede decir que One Direction ya está en todo lo alto).

No quiero que te rindas, ni que pienses que todas las cosas que te dicen esas personas son ciertas, porque no lo son, eres maravilloso y muchas personas querrían ser la mitad de lo increíblemente bueno que eres y de todo lo que nos ayudas desde allí.


Solo quería decirte eso, que me siento orgullosa de hacerme llamar directioner, de tener ídolos como vosotros, como tú, un claro ejemplo a seguir y un claro ejemplo de que nadie es perfecto y de que todos tenemos sentimientos, un claro ejemplo de persona a la que seguir, a la que imitar y apoyar. Decirte que eres perfecto para mí y para muchas personas ahí afuera y que por ese mismo motivo, no debes de dejar que las malas críticas y los "Te odio" ,"No me gustas", "Cantas mal", te afecten lo más mínimo, ya que no tienen sentido, porque eres una maravillosa persona.

Eres perfecto, con tus buenas y malas cosas, desde la punta de los dedos de los pies hasta el último de tus rizos, pasando por tus preciosos ojos esmeralda, tu deslumbrante sonrisa, tus infantiles (y sexys) hoyuelos, tu gracioso tatuaje de la estrella en tu antebrazo izquierdo y obviamente tu gran corazón, todas y cada una de las partes de ti son imperfectamente perfectas y por ello, no quiero que nunca cambies, quiero que seas siempre así, con tu grave y lenta voz al hablar, con tu precioso pelo rizado, con tus pequeños defectos, que te hacen increíblemente genial.

 

No cambies, por favor.


Te lo pide por favor

Una persona que está tan lejos de ti y te quiere,

desde un país lejano y de habla distinta,

una directioner que desea conoceros.

 

Anastasia.

 

Ni siquiera sabía el porqué de que escribiera mi nombre completo, nadie me llamaba así, salvo mi madre cuando estaba cabreada conmigo, pero exceptuando esos casos, nadie me llamaba así, mi nombre es demasiado largo como para llamarme de ese modo, siempre fui Ana, o Tasia, Tass para Ángela, que amaba cambiar de nombre a todo el mundo, pero sinceramente, mi nombre completo no me parecía bonito, parecía... del siglo pasado, pero igualmente lo ponía en las cartas hacia mis ídolos sin un motivo aparente, aún así lo ponía, y en ese momento me di cuenta de que parecía que les estaba escribiendo la carta una mujer ya de avanzada edad y no yo que rondaba los catorce en aquella época. Fruncí el ceño, observando el final de la carta, observando mi nombre y decidiéndome si tacharlo o no; no quería tener que escribirla de nuevo, y si lo tachaba quedaría mal, por lo que tan solo suspiré y me puse a buscar alguna falta realmente gorda que me hiciera tener que reescribir la carta y no solo por el hecho de haber escrito mi anticuado y largo nombre completo; tristemente no fue así, ni una falta, por lo que no tuve más remedio que dejarla tan y como estaba.

Releí una y otra vez la carta, pensando en si estaría bien, si le había expresado correctamente, si era demasiado larga o quizás demasiado corta, si le llegaría, si la comprendería por algún motivo o con ayuda de un traductor... si tal vez y solo tal vez pudieran gustarle mis palabras y mis sentimientos, los cuales todas las directioners tenemos hacia ellos y queremos demostrarles, de no ser porque algunas nos encontramos malditamente lejos de ellos y quizás nunca les podamos conocer... No, eso sí que no lo creo ni por muchas veces que lo diga, piense o escriba, todas y cada una de las personas que tienen un ídolo deberían conocerlo, ya sean Directioners, Beliebers, Sheerios, Lovatics, Smilers, Selenators, Jonatics, Rushers, Musers, KatyCats, Bratzs, Little Monsters, Swifties o de cualquier tipo de fandom o seguidor de cualquier persona famosa, todas y cada una de las personas a la que deben parte de su vida (ya que muchas han sido salvadas de su propia autoestima gracias a diversas canciones de distintos artistas) solo por eso, ya merecen ser admirados y respetados, apoyados, en los buenos y malos momentos, por personas de aquí y allá, de sexo masculino o femenino, de la edad que sean, siempre estaremos junto a nuestros ídolos aunque ya no se pueda ver ni la más mínima pizca de esperanza, siempre estaremos con ellos, porque al fin y al cabo, ellos salvan vidas sin ser policías, bomberos o médicos.

Se podría decir que en parte ellos salvaron mi vida, mi autoestima no es la mejor del mundo, tampoco es que fuera una de esas chicas que sienten tanto dolor que cortan sus brazos o dejan de comer solo porque piensan que no están en su correcto peso, no, mi autoestima no había llegado a esos límites, pero sí a los límites de darme cuenta de que no encajaba en ningún lugar, en clase; siempre la solitaria, y aunque estuviera con amigos, no era lo mismo, me sentía como pez fuera del agua, algo realmente incómodo y que no sabía cómo remediar, ya que había probado muchas cosas para adaptarme al resto y poder encajar, pero ni de lejos llegué ni medio a encajar, hasta que llegó el día en el que vi ese vídeo y entonces comprendí el porqué de que yo no encajara; aquel no era mi lugar.

Quizás físicamente sí que fuera mi lugar, mi España, mi Madrid, mi querido y peligroso barrio de Carabanchel al que los chicos nunca irían, quizás ese sí que fuera el lugar al que yo estaba predestinada a nacer y vivir (aunque mis planes fueran irme a vivir a Londres), tal vez sí que encajara en ese país, pero no en esa sociedad, no estaba con mi familia. Sí, mis padres, mi hermano, mis abuelos, mis tíos, a ellos sí que les tenía, pero yo me refiero a mi "otra familia", esa que me comprende, que comprende mis gustos y rarezas, mis locuras sin sentido, mi forma de ser, esa "otra familia", yo la llamo "familia directioner". Esa familia que estaba, está y estará distribuida por todo el mundo, esa familia compuesta de hombres, de mujeres, altos, bajos, rubios, morenos o pelirrojos, españoles, ingleses, americanos, japoneses, chinos, franceses, italianos, africanos, indios, polacos, rusos y de todos y cada uno de los países que hay en este mundo, siempre hay un porcentaje, ya sea alto o bajo, de familia directioner repartida por el mundo y siempre alguien estaría dispuesto a ayudarte, quizás no en tu idioma, pero siempre había, hay y habrá alguien que te comprenda, y por esa misma razón, creo que ellos, esos cinco chicos que no me conocen, que son increíbles, que son simpáticos, talentosos, apuestos, famosos y ricos, han salvado mi vida, porque simplemente, han hecho que encaje que algún lugar de este mundo en el que no sabía qué hacer, aunque supongo que estaba predestinado; yo nací para ser directioner.

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