Cartas de una directioner.

Esos sentimientos tan fuertes, esos sentimientos como el amor, esos sentimientos tan díficiles de expresar, a veces pueden serlo, pueden ser expresados de alguna forma, de forma oral, de forma escrita, cara a cara, mediante un mensaje o una pantalla de ordenador, escritos en una hoja, escritos en la mesa de una clase, en la corteza de un árbol, escritos en una carta... Escribirlos en una carta no es complicado... se supone, ya que si tienes una medio (ya sea un e-mail, un mensaje de texto o en una hoja) puedes enviarla, puedes poner tus sentimientos en ella y tan solo esperar a obtener la respuesta de tu amada o amado, siempre y cuando... sepas a qué dirección enviarla, sepas en qué idioma enviarlo, sepas expresarte tan bien en ese idioma como en el tuyo propio, aunque eso, se podrían denominar chiquilladas, ya que lo difícil del todo a veces, es la respuesta a tu carta.

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7. Alberto Sánchez.

Finalmente había llegado. No una carta. No una respuesta por su parte. No. Había llegado ese querido 31 de Octubre de 2012 en el que nos encontrábamos. Había llegado ese día de Halloween. Había llegado el momento de poder ver a los chicos de verdad y no tras una pantalla, y tal vez, de poder conocerles y darles uno de esos abrazos que todos nos merecemos por su parte. O al menos ese era el pensamiento positivista con el que me había levantado esa mañana.

Nada ni nadie iba a cambiar mi sonrisa aquel día, pese a que no hubiera obtenido respuesta a mis cartas, pero bueno, al menos les iba a ver, y eso era lo realmente importante ¿no?

Como si hubiera acabado de ganar la lotería o mejor, hubiera ganado un Meet and Greent para verles, fui a clase, ganándome miradas extrañas por parte de mis compañeros, ya que yo era conocida -por algún extraño motivo ajeno a mí...- como "La borde", así que para ellos era extraño no verme con un ceño fruncido o maldiciendo esos imposibles ejercicios de matemáticas -que nunca he sabido ni sabré hacer-, pero a mí no me importaba, me daba igual que me miraran así, yo solo quería salir de clase para irme corriendo a casa, lo cual hice... después de seis interminables horas, pero en cuanto lo hice, fui corriendo a mi casa como alma que lleva el diablo. Comí que casi me atragantaba, me duché que por poco no me abrí la cabeza y me empecé a arreglarme para ir a El Hormiguero, o al menos a la parte trasera del edificio, ya que dentro era imposible ir si no tenías un enchufe pero de los gordos.

Angy vino a mi casa para arreglarse conmigo, ya que claro, íbamos con intenciones de ver a nuestros ídolos, pero era Halloween, así que después de mucho maquillaje blanco y negro y un poco de imaginación, nos disfrazamos de bebés cadáver (o algo así quisimos intentar, pero a la vista estuvo que no).

Cuando ya vimos que era hora de marcharnos, caí en la cuenta de que ya eran las seis de la tarde, pero aún así iba con un pensamiento de "Bueno, no creo que sean tan famosos, seguro que hay gente allí pero no mucha", claro está que no usaba twitter ni mucho menos como para enterarme de que allí había chicas desde las cinco de la mañana y en esos instantes ya había miles de ellas y ellos ocupando la calle Alcalá, pero como eso no lo sabía e iba con toda mi ilusión, con tranquilidad bajé a la calle, junto con Angy quien iba que temblaba ya de emoción.

De pura casualidad, se me ocurrió mirar en el buzón, y había cartas, claro que había, por lo que las saqué sin mucha emoción ya de lo que pudiera haber dentro. Fui dándoselas a mi madre una a una mientras íbamos camino del coche, clasificándolas como publicidad o alguna carta del gas o cosas de esas que ninguna iba a mi nombre, hasta que llegó la última.

En el dorso estaba escrito mi nombre completo "Anastasia Pérez" se podía leer, todo el mundo podía leerlo, mi dirección, mi calle, mi piso, todo estaba ahí, por lo que, en efecto, esa carta iba para mí.

Por un segundo pensé que me iba a desmayar, porque realmente sentía cómo había dejado de respirar. Mi corazón latía con fuerza, tanto que lo sentía en mi cabeza. Tardé un poco en darme cuenta de que me había parado en medio de la calle, impidiendo a mi familia -quienes nos acompañaban- y a Angy ir hacia el coche.

Alcé la cabeza, buscando a Angy con la mirada, la cual se dio cuenta de lo que aquello podía significar, ya que yo nunca, pero NUNCA recibía cartas, y menos cartas que no fueran del banco, sino una carta escrita a mano, ya que se podía ver que estaba escrita con un bolígrafo negro normal y corriente. Aquella podía ser la respuesta de uno de nuestros ídolos, simplemente podríamos haber conseguido comunicarnos con ellos.

Angy cogía mi brazo con fuerza, las lágrimas ya estaban a punto de salir de nuestros ojos, unas enormes sonrisas parecían partirnos el rostro, aún admirando ese extraño sobre, pero solo por la parte en la que estaba mi dirección, mientras mi padre bufaba molesto por estar en medio de la calle con el frío, mi hermano nos lanzaba burlas acerca de nuestra inteligencia, y mi madre tan solo miraba la hora, ya que si no conseguíamos un buen sitio estaríamos insoportables y eso era algo que ella quería evitar a toda costa.

Miré a mi amiga una última vez para ver su emoción e histeria, sus ansias por dar la vuelta a esa carta y ver el nombre de alguno de nuestros ídolos, por lo que, con las manos temblorosas y ya las lágrimas deslizándose por nuestra mejillas, le dimos la vuelta... para llevarnos el chasco de nuestra vida.

"Alberto Sánchez" se leía por el otro lado, junto a una dirección que no era española, pero dado que no era de quien esperaba, me daba prácticamente igual. No Harry Styles, no Liam Payne, no Louis Tomlinson, no Niall Horan, no Zayn Malik. No. Ellos no habían escrito esta carta, aunque tampoco sabía quién lo había hecho, pues no conocía a ningún Alberto Sánchez.

Escuché la gran carcajada de mi hermano, seguido de más palabras que cuestionaban nuestra inteligencia, mientras nosotras solo tratábamos de frenar las lágrimas, que afortunadamente no eran muchas, ya que eso habría arruinado el maquillaje de cadáver, pero de igual manera, esas pocas lágrimas serían de las pocas que dejaríamos marchar aquella tarde llevándose nuestra rabia y dolor.

Con un pequeño abrazo por parte de mi madre, y unas palabras tranquilas de mi padre, nos subimos al coche.

Ya no parecíamos estar tan emocionadas como cuando estábamos saliendo de casa, ya que toda la emoción se había ido junto con el tal Alberto Sánchez, a quien, fuera quien fuera, le estaba maldiciendo profundamente.

Mientras mi padre conducía y mi hermano aún se reía un poco de nosotras, fuimos hacia el edificio ya mencionado.

Parecía que lo habríamos logrado, que lo habíamos conseguido, que de una manera tan "rápida" habíamos podido conocerles, pero no, solo había sido una carta más.

Sin realmente ganas de querer saber quién era este chico y por qué me escribía, abrí la carta, sacando un papel doblado con bastante cuidado, lo cual hasta me pareció curioso, ya que no nos conocíamos de nada, pero se había esforzado en cuidar la presentación.

Sin muchos más preámbulos me puse a leer la carta de ese chico.


Querida Anastasia:


Sé que no sabes quién soy, pero me llamo Alberto y soy directioner, soy de España, de Madrid como tú, pero vivo en Londres desde hace un par de años.


Te escribo para hacerte saber que tu carta no ha llegado a Zayn Malik como esperabas, pero quiero que sepas que yo también ando buscando su dirección, ya que aunque muchos digan que viviendo en Londres sería fácil encontrarlos, es una mentira como una casa, ya que en dos años ni les he visto, ni he encontrado su casa, y créeme que le he puesto mucho empeño, pero nada, debe ser que se esconden en búnkers nucleares para mantener intacta su perfección.


Las palabras de aquel chico me hacían sonreír, ya que no había encontrados a mis ídolos, pero había encontrado a un chico que vivía más cerca de ellos, que hablaba mi idioma y que tal vez se aliara con nosotras para encontrar a los chicos. Además, era un directioner boy y de esos todo el mundo sabe que no hay muchos, por lo que me resultaba interesante, así que no me detuve hasta llegar al final de la carta.


Me encantaría ayudarte a conocer a los chicos, y, aunque no me conozcas, me gustaría que confiaras un poco en mí, porque tengo un plan que realmente creo que puede funcionar.


Antes esas palabras abrí mis ojos como platos y di unos ligeros toques en el hombro de Angy, quien se encontraba en un estado vegetativo y lloroso aún por no tener la respuesta de los chicos.

La hice una seña de que fuera discreta, ya que mi madre no me dejaría ir a ningún sitio ni hacer nada con alguien a quién solo conocía de una carta, y que según ella -aunque aún no me lo había dicho- podía ser un violador, secuestrador, traficante de drogas, de órganos, proxeneta, etc. pero de vez en cuando, hay que desobedecer a tu madre, mucho más si puedes conocer a tus ídolos, y aunque yo no soy de esas que se toman a la ligera esas cosas, porque admito que me da mucho miedo eso de que me secuestren por quedar en tal sitio con alguien que no conozco, es ese momento, tenía una muy buena corazonada, además, ¿para qué iba nadie a querer secuestrarme a mí? si no tenía ni dinero para que pidieran un rescate, ni cuerpo para prostituta -aunque fuera de las baratas- ni tenía una salud plenamente de hierro.

Mi amiga se puso a leer la carta a mi lado, poniendo exactamente las mismas expresiones que yo, hasta llegar a donde yo le había apuntado con el dedo que leyera. Ella me miró con el ceño fruncido, y claramente desconfiada, pero yo la supliqué con la mirada, antes de seguir leyendo para saber de qué podría ir ese plan.


Esa semana en la que los chicos están en El Hormiguero, yo estaré en unas pequeñas vacaciones con mi familia por Madrid, y después de mucho suplicar y suplicar, he conseguido que me dejen ir allí para poder verles aunque sea de lejos, pero la lejanía no me entusiasma realmente, yo quiero un abrazo en condiciones de Liam (es mi crush. Mío. Solo mío. No sé cuál será el tuyo pero más vale que no sea él porque entonces tendríamos un grave problema, y créeme, con mi belleza haré que sea gay. Ya lo verás...)

 

Reprimí una risa ante esas palabras, mordiendo mis labios, ya que se veía que realmente era directioner y que era de los que haría lo que fuera por ellos.

 

...bueno, también quiero abrazar al resto, claro está, porque como bien dices ellos lo son todo para mí, pero como también sabrás, siempre hay uno que te hace imaginar un futuro completo junto a él. ¿Cuál es el tuyo?


¿Quién era mi crush? Esa era una muy buena pregunta, porque desde aquello ocurrido con Louis y su novia, no me había planteado un futuro con ninguno de ellos... O tal vez sí o lo hiciera tan inconscientemente que no me había dado cuenta.

Muchas otras veces me habían hecho esa misma pregunta, y yo simplemente había dicho que no tenía un crush. Justo en aquel momento me estaba acordando de una chica que me insistió mucho en esa pregunta, preguntándome cosas como que con quien me imaginaba una vida futura, quién era en el que me fijaba más en los vídeos, o cual simplemente hacía que mi corazón latiera un pelín más rápido que con el resto (solo un pelín de nada) y a esa chica simplemente no pude responderla, porque no lo sabía, porque no me había dado cuenta, así que en ese mismo momento, aparté la carta por un segundo, haciendo que Angy me mirara sin comprender, pero yo no le di importancia y simplemente saqué mi móvil para hacer la prueba.

Busqué un albúm con vídeos que tenía de ellos, y sin ni siquiera poner el sonido, le di al play y cerré los ojos, ya que quería asegurarme de que no era yo la que me iba a fijar en uno "a la fuerza" para determinar mi crush, así que los cerré y en un momento cualquiera, sin saber realmente que vídeo estaba, abrí los ojos, encontrándome con la canción que me había hecho enamorar de ellos y que siempre me hacía llorar, encontrando de inmediato quién era realmente mi crush, y haciendo que sonriera negando con la cabeza, al conocerme tan bien que en el fondo ya sabía quién era, por lo que con esa sonrisa estúpida y la mirada aún confusa de mi amiga, seguí leyendo la carta.

 

Bueno, a lo que iba, que es que aunque no lo parezca soy un poco charlatán, pero el caso es que tengo un plan que creo que puede funcionar, y ya que he visto todo el esfuerzo que le pones en conocerles y por alguna casualidad la carta ha llegado a mí, quiero compartir mi plan contigo para que podamos conocerles, eso sí, te pediría por favor que no se lo dijeras a nadie, porque no quiero que haya mucha gente, porque entonces el plan se arruinaría, y no creo que pudiera soportarlo, así que voy a confiar en ti y no voy a esperar una respuesta, ya que posiblemente esta carta llegue con muy poco tiempo como para que me puedas enviar tú una, así que espero que confíes en mí porque yo voy a hacerlo contigo para desvelarte mi plan.


Angy me miraba dolida, pues el plan incluía dejarla fuera, pero no, eso no iba a pasar, era mi mejor amiga y estábamos juntas en eso. Y de todas maneras ya no teníamos tiempo como para avisar a nadie sobre el plan, ya que tampoco conocíamos a muchas directioners, por lo que estábamos ella y yo, que eso no se catalogaba de mucha gente ¿verdad?

 

De muy buena mano sé que hay una salida, y no, no es ni la salida de delante ni la de detrás del edifico, que es por la que todo el mundo piensa que van a salir. Sé que por ahí solo van a salir un par de coches con las ventanas tintadas para distraer a la marabunta que se les va a echar encima, mientras ellos pueden ir hasta el aeropuerto, donde ya habrá más gente esperando por verles, pero nosotros ya les habremos conocido de antemano.


Una calle justo por la parte derecha del edifico según lo miras de frente, o sea, justo al lado contrario de la salida por la que se supone que van a salir, hay unas escaleras que llevan a un parking subterráneo de uso público, pero que a esas horas estará prácticamente vacío y si llega a haber alguien solo será gente que vive cerca... y nuestros chicos.


Ellos saldrán por ahí, sé que lo harán, tienes que creer en mí.


Allí, en el Sótano 2, te estaré esperando justo después de que los chicos hayan salido por la ventana, para poder verles de mucho más cerca.


Puede que no tengamos mucho tiempo para interactuar con ellos, porque sabes que siempre se les llevan muy rápido pese a que sea una zona "segura de fans", pero por lo menos tendremos tiempo para darles un abrazo rápido si es que saltamos al tipo de seguridad que siempre va con ellos, ya sabes, Paul.


Si no decides confiar en mí está bien, yo creo que tampoco confiaría en una carta de alguien a quien no conozco, pero realmente te pido que lo hagas, porque sé lo que duele no poder conocer a tu ídolo porque es "demasiado famoso" o por alguna otra razón, así que allí me encontrarás.


Espero verte y que no me hayas traicionado llevando a todo el mundo, porque entonces ninguno tendríamos posibilidades.

 

Te estará esperando.

Tan muerto de nervios como tú.

Tu nuevo amigo.

Alberto.

 

Mi respiración no es que se hubiera cortado, es que ya no sabía ni a donde había huido, pero eso se me olvidó justo en el momento en el que frenamos frente a todas esas miles de personas frente a la minúscula ventana por la que saldrían.

No habíamos salido con el tiempo necesario, pero no importaba porque teníamos otra oportunidad.

Según todo lo que me había inculcado mi madre no debía ir. Debía quedarme junto a ella entre toda esa gente conformándome con una ventana. Pero no, no iba a ser ese el día.

Iba a escabullirme de mi madre y su sobreprotección y me iba a fiar de una carta que había llegado en el momento justo.

Lo iba a hacer e iba a conocer a mis ídolos.

Lo iba a hacer.

 

O al menos eso era lo que iba pensando mientras bajaba del coche sintiendo las piernas temblar al estar ya allí, en aquel lugar que haría que conociera a mis ídolos.

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