Slayers

Masters Los Masters una especie que se había creído extinta, pero hace mas de 100 años ellos han vuelto a aparecer. Ahorita están buscando a personas, con las cualidades que tenían los Masters , gran fuerza, expertos en el combate y la existencia de la magia que poseen. ~<>~ Mi nombre es Effy Smith, tengo 17 años y vivo en Las Vega, Nevada, donde la diversión se encuentra en cada esquina y todo a mí alrededor es fascinante, tengo todo lo que una adolescente desearía, mis padres que son dueños de la gran mayoría de los casinos, un cuerpo de envidia y belleza natural. Mis padres están sumamente molestos por mi comportamiento que tengo, mete problemas y peleonera, además que siempre les traigo chistes o inventos míos; pero un dia, se anuncia mi traslado al Internado Slayerior, el cual mis padres no rechistan y soy inmediatamente enviada a la escuela. Mi vida dependerá de ellos 4, los cuales me ayudaran a descubrir el secreto de los Slayer .

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1. Capitulo 1

1er Capitulo

-No te vuelvas a meter conmigo – dije dándole un ultimo golpe al papanatas de David, que como siempre tomo fotos mías, fumando mariguana – recuérdalo – puse mis manos dentro de mi chaqueta

- Effy, si alguien lo ve, nos acusara – dijo un chico que estaba conmigo

- Drógalo, si lo descubren será expulsado y no nos tendremos que preocupar por el – dije avance hacia mi carro, un audi TT, mi bebe, coloque mi bolsa a lado mío y me dirigí a mi desagradable hogar, si es que a eso se le puede llamar hogar, mis padres discuten cuando están en la misma habitación y mas cuando se trata de los negocios

- Buenas noches Srta Smith

- Hola Mercedes – salude sacándome mi chaqueta, Mercedes tiene por lo menos unos 50 y pico, pero se ve muy cansada, velar por mi seguridad y el arreglo de mis cosas es cansado, tenia ojos verdes y la piel muy blanca o tal vez pálida, siempre llevaba su cabello en un chongo perfectamente arreglado

- ¿Cómo le ha ido hoy? – preguntó sosteniéndola

- Bien, ¿Y mis padres? – pregunte, tomando la Coca-cola que se encontraba ahí

- Tu madre ha salido a una junta y tu padre esta en la oficina – m dijo Mercedes, tal vez mi única compañía de la casa, a pesar de que tengo muchos sirvientes, ella esta siempre ahí, es la única que se preocupo por mi cuando me dio varicela

- ¿Noticias de Marcus? – pregunte encaminándome a las escalera

- No, pero de seguro está bien – sonrió Mercedes

- Claro, iré a mi habitación – anuncie – si mis padres me necesitan, diles que no molesten - dije subiendo.

Me conecte a la computadora con deseos de ver un email, nada, ninguna estúpida carrera, pobre de mi bebe, no podrá calentar su motor, me llego un email, lo abrí con una sonrisa en mis labios; no soy la persona mas querida de mi escuela o de mi familia, mi personalidad es muy protectora y sumamente fría, pero a veces me gustaría ser una niña buena, poder hablar como otra chicas, tal vez acerca de mi esmalte, los chicos, bueno esto no, pero si ser un tanto normal

“Carrera Toronto – Canadá, la carrera mas esperada de todas, llega al fin, el ganador se llevara todo, el dinero, las chicas y el sabor de la victoria”

Genial, Canadá, esta del otro lado del mundo, bueno a unos cuantos estados, pero nunca llegare ahí, “Febrero 20, 2014”. Esto es lo que mas me define, las carreras y pues tal vez darle a unos cuantos golpes, pero solo lo hago por defensa propia y cuando me llegan a cabrear lo suficiente

-Señorita, la comida ya esa lista – me levante de mi cama y le abrí la puerta, no era Mercedes, ya que había cierta inseguridad y miedo en su voz; nunca he tratado mal a nadie de servicio, pero cuando son nuevos, la gran mayoría ha escuchado algo sobre mi, la mayoría que te puedo matar en un segundo, que soy una drogadicta, alcohólica y fumadora violenta y la ultima y casi muy escuchada, que soy una loca asesina

- Gracia, pero solo déjame el jugo y las vitaminas – le pedí, se quedo desconcertada, la mire con seriedad, no te a paniques, pensé, tomo un plato y puso en una servilleta las pastillas y el vaso

- Aquí tiene – dijo sin verme a los ojos, bueno a veces es bueno, tengo un poco de autoridad y a veces es malo, no puedo hablar con naturalidad y el pánico me toma y hablo con suma frialdad.

Al llegar al instituto, como siempre la gente me abría paso, la última vez que alguien no se movió, pues lo estrelle contra un casillero, pero que mas se puede hacer, si te ganas una reputación, hay que cuidarla. Al abrir mi casillero, el cual estaba a lado del muchacho que ayer fue drogado

-#Alumnos favor de ir al aula de conferencias# - anunciaron, eso significaba no matemáticas, sonreí satisfecha.

Al adentrarme en el aula, todos se quedaron en completo silencio, la mayoría estaba en grupos, al cual ninguno pertenezco, en estos momentos necesitaba un cigarro, ste ambiente no era mi favorito

-¿Para que es eso? – preguntó una chica, de cabello rojizo

- No se, solo entre y me dijeron que pasara mi mano sobre la caja – comentó extrañada – se me hace ridículo, perdemos clases – rara, pensé, yo era la única que estaba aliviada por no tener clases

- Señorita Smith – me pare, camine demasiado segura, el aula había guardado silencio, voltee los ojos – pase – me ordeno, entre un poco insegura, esto no tenia muy buena pinta

- Por favor acérquese – me ordeno una voz, era la de una señora ya mas grande, pero el salón estaba muy oscuro, di unos cuantos pasos y una luz se prendió – por favor, parece enfrente – son demasiadas ordenes, me acerque cansada y solo me faltaban unos cuantos pasos antes de llegar, aquella caja, una en la mesa de las personas, se empezó a mover, me quede quieta, pero la caja se fue rompiendo por una luz rosada, me había sacado de onda por completo, la caja se termino rompiendo era una espada extraña, no era recta, tenia una gema rosa en el centro

- No puede ser – dijeron sorprendidos – la espada de LY (Pronunciación: El White), ¿te corresponde? – preguntó un hombre, no hablaba, no sabia a lo que se refería.

-Señora Smith – dijo mi director arreglándose el saco, voltee los ojos, mi madre me lanzo una amenaza con sus ojos esmeraldas, a veces creo que sus ojos son una malidición, da demasiado miedo, parece una bruja, además de que su atractivo físico le ayuda un poco, pero sigue pareciendo una bruja, que algún día demostrara su apariencia física

- ¿Qué problema ha ocasionado Effy? – preguntó mi madre, voltee la cara. El director rio

- Gracias a Dios, Effy no se ha metido en un lio – le dijo el director divertido, mi director era una persona gorda, calvo con un poco de pelo oscuro, un potente bigote negro y barba, piel morena y ojos marrones, las cejas muy tupidas – sino, se ha decidido mandarla al internado Slayerior – mi madre me vio impactada

- ¿Fue aceptada? – preguntó sin creérselo, me cruce de brazos

- Si, señora Smith, es muy afortunada de tener una hija con esos dotes – comentó

- Una hija fenómeno – balbucee

- Si, ya lo creo, mi hija es súper inteligente – mi madre me dedico una sonrisa, hipócrita, pensé

- Si, súper inteligente – le siguió el juego el director – hoy podrás ir a tu casa, señorita Smith, ya que mañana se solicitara tu presencia - parpadee varias veces

- ¡¿Qué?! – Exclame – no he aceptado aun – replique irritada

- No, desperdiciaras tu oportunidad, iras – aclaro mi madre con su tono controlador – ni un pero sobre el tema – aclaro mi madre

- Te odio – dije cruzándome de brazos

- Ha sido un placer su estancia en MacCQuenzi – me extendió su mano, la cual ignore y camine fuera de la oficina, de un portazo cerré la puerta y me dirigí al estacionamiento

- Effy, demonios, se mas educada – me regaño mi madre, antes de que subiera a mi auto

- Cállate de una vez – replique tirando mi mochila

- No me hables así señorita – me cerro mi puerta, la vi a los ojos

- No eres nadie para estarme diciendo las cosas – dije furiosa, mi madre inflo sus cachetes de enojo

- Soy tu madre, tonta – respondió mi madre, voltee los ojos

- Yo no tengo, recuerda tu misma lo haz dicho – comente haciendo que recordara – piensa que estoy muerta – me subí a mi carro y lo arranque dejando sola a mi madre.

-Ha llegado temprano – comentó Mercedes

- Si, Mercedes necesito que me suban tres maletas y si se puede una galletas de chocolate – comento sacándome el saco

- ¿Saldrá de viaje? – preguntó Mercedes

- Si fuera un viaje, estaría más feliz – le respondí, subí con apuro las escaleras.

Esto no podría estar mejor, pensaba, me alejaría de mis padres, ya no escucharía sus estúpidas peleas o vería sus miradas de desaprobación, metía toda la ropa del armario, la gran mayoría de ellas son negras, rojas, blancas, cuero o de mezclilla, no tenia casi nada rosa o colores vivos, nunca habían sido lo mío y nunca lo serán

-¿Effy? – preguntó esa voz grave y familiar, la única que puedo soportar de una autoridad

- Estoy ocupada – respondo metiendo la ropa, con no mucho cuidado

- Quería hablar contigo

- ¿De que? – pregunto pareciendo enojada, entro otra vez a mi armario, sacando las camisetas de los ganchos

- Pues felicitarte por entrar al internado Misterior – entro mi padre, no le puse mucha atención – y que te voy extrañar mucho

- Mentira – comente, cerré la ropa de blusas que había terminado, la cual no quería, me senté sobre ella haciendo mas presión, mi padre se acerco y la cerro

- ¿Cómo te encuentras? – Preguntó sentándose a lado de la maleta – será la primera vez que estés sola

- Padre, mis vacaciones las paso sola, y nunca te habías preocupado – respondí abriendo la de zapatos

- Hija…

- Es Effy, no hija – interrumpí irritada

- Effy, sabes que te quiero – voltee los ojos – no me gusta que te alejes

- Mentiras y más mentiras – me levante, recordando que hay un asunto importante de cual hablar – voy a necesitar dinero ahí – dije con seguridad, mi padre se quedo desconcertada

- ¿Cuánto quieres que te este mandando? – preguntó

- 5 – dije señalándolo con mi mano – y también necesitare que alguien lleve mi carro

- De acuerdo, veré que te lo lleven con las placas de Canadá, pero no prefieres comprarte un ahí

- No – dijo rápidamente – es mi carro y no se reemplaza por nada – le comento un tanto enojada

- Bueno, termina y descansa – se paro y se largo de mi cuarto

- Adiós, espero nunca verlos – dije en voz alta.

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