Aurora |Cazadora de Demonios|

Tras la muerte de su padre, el general Fitzgerald por culpa de su propia armada, Aurora Fitzgerald se verá implicada a vengarlo de manera solitaria, sin ya esperanzas de creer en la resistencia que permanecía en pie de las pocas que quedaban en el mundo, ahora invadido por espantosos Demonios. La cacería de Demonios empieza ya.

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1. Que empiece la cacería

Desde ese día, hace tres años, no volví a la resistencia por mucho que rogaran que me quedara. No volví a confíar en ellos por dejarlo morir a mi padre a manos de esos asquerosos Demonios. También me culpaba a mí por no haber sido demasiado fuerte en aquel entonces, pero ahora soy fuerte, y su muerte me fortalece cada día, cada noche. En las afueras de lo que queda de Inglaterra me veo obligada a sobrevivir por mi cuenta. La resistencia ya no me era de ayuda, pero me había llevado un arco de alta tecnología y algunas cosas más para defenderme en caso de una emboscada.

Me encontraba comiendo un bocado de alguna cosa de una lata. Sabía mal, pero era lo único que tenía por el momento. En un edificio abandonado sin señales de vida demoniaca o humana me sentía en paz, siquiera por un momento. Estos pequeños momentos de silencio donde sólo se escuchaba mi dentadura masticar y digerir los alimentos de la lata lograban que me relajara lista para matar en la mañana. Gracias a una lámpara de alta tecnología que saqué de mi mochila tengo suficiente luz y calor para sobrevivir a la tenue noche. Una vez que acabé con la lata de mal sabor y jugo viscoso me preparé a sacar mi saco de dormir para descansar. Pero un ruido me sacó de mis casillas y me puse de pie rápida, pero sigilosamente. Con mis cinco sentidos alerta, agudicé mi oído y esperé a que otro ruido me inundara. Al tiempo que sacaba mi arco, otro ruido (ésta vez detrás de mí y más potente) salió a flote. Di media vuelta y lo ví, Demonio de ojos profundos que brillaban de un sangre vivo, me miraba con alteración. Sus garras negras salieron a la luz y me esbozó una sonrisa. Fruncí el entrecejo, como de costumbre, y apunté lista para disparar. Luego salió por completo a la luz. Genial. Demonio Volador.

Antes de que pudiera disparar, empezó a aletear con sus patas y sus garras colgando, mientras tenía esa joroba característica de los Demonios. Saqué una mira especial nocturna y disparé, pero no logré darle por unos milímetros. Empezó a aletear más fuerte, se acercaba a mí, entonces disparé de nuevo, pero lo esquivó. Apareció detrás de mí y me hizo cada corte con sus tres uñas afiladas en la espalda. Para mi mala suerte, no traía puesta mi armadura que me permite sobrevivir a tales ataques imprevistos. El ardor se profundizó muy rápido, por lo cual empecé a quejarme. No podría darle, es demasiado rápido. Lancé el arco a un lado y saqué una vara de plata de mi bota izquierda. La agité y salió un sable, activé el modo nocturno y ésta empezó a brillar. Esperé su próximo ataque con calma y cuando vino empicado hacía a mí, lo esquivé e hice un corte vertical. Su sangre negra empezó a salpicarme en la cara y parte de la blusa grisácea desgastada de mangas largas. El cuerpo se deshizo consumiendose dejando un charco de lodo negro viscoso. Solté un suspiro y agité de nuevo el sable, se guardó la cuchilla y lo metí de nuevo en la bota izquierda. Recogí el arco del suelo y lo dejé junto a la bolsa de flechas. Activé un botón en la bolsa vacía que produciría 30 flechas más para la mañana. De manera intraquila intenté dormir, pero era en vano. Sí uno de ellos me atacó precisamente en éste edificio, debería suponer que no venía sólo. Los Demonios nunca lo hacen. Siempre en grupos, porque de esa manera no son tan débiles y vulnerables.

Tomé una de las pocas píldoras que me quedaban de energía y me coloqué la armadura negra, con la capucha encima. Me eché el arco a la espalda y la bolsa vacía creando flechas. La amarré y me dispuse a salir del edificio en busca de un lugar seguro para la próxima noche. Porque en ésta, no dormiría. Esas píldoras son dífíciles de conseguir debido a que son muy eficaces. Empezaba a sentirme con fuerzas de nuevo, e inecesario cerrar los párpados. Salí con cautela y me puse en cuclillas al ver que tres Demonios Voladores rondaban agitando sus alas carnosas en el cielo lleno de estrellas, de un tono carmesí apenas notable. Suspiré silenciosamente y caminé con extrema cautela. Una vez fuera de su radar, saqué mi teléfono y pedí a la voz robotica que me diera mi ubicación. Al saberlo, sabía que debía ir al Este. Una vez que empecé mi caminata peligrosa sentí el peso de miradas clavadas en mi espalda, que me produjeron escalofríos en todo el cuerpo. Los pelos de la nuca se me erizaron al precenciar más ruidos de pisdas, además de las pisadas de las suelas de mis botas. Con el sable en mano me di media vuelta. Los ojos se me abrieron como platos al precenciar cuantos enemigos tenía en frente. Cinco en total. Para mi ventaja, sin alas. Las mismas miradas sangre, la misma sonrisa. 

Logré esbozar una sonrisa irritada y me preparé para atacar con el sable. Mi arco no tenía municiones dentro de más de tres horas y media. Así que me esperaba una larga, pero larga noche. Que tendría que dormir a medio día para recobrar fuerzas otra vez.

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