La Dama y El Vagabundo

¿Saben cuales son los peores miedos que una persona puede tener? No, claro que no lo saben, por eso estoy yo aqui. Los peores miedos que puede tener una persona son el miedo al dolor y el miedo a vivir. Porque ambos buscan restringir tu vida a una burbuja que cuando revienta todo explota y te deja cicatrices.

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2. Llegando a casa.

6 de Abril de 1993

Madrid, España 

25 de diciembre de 1987. 

Milan, Italia

 

- Cariño, ¿estas seguro de esto? -pregunte mirando a mi esposo. Sabia que este regalo era mas para mi que para él. Alfredo quería un hijo pero no tanto como yo. Lo habíamos intentado por tanto tiempo que la idea de buscar otra solución se hacia cada vez mas presente en mi cabeza y me alegraba que por fin nos hubiéramos decidido a hacerlo

 

- Irene, nunca he estado mas seguro de hacerte feliz. -sonrió abrazándome por la cintura. Yo suspire y sonreí mirando el orfanato frente a mi. Con una sonrisa ambos entramos y buscamos al encargado de esto. Ya habíamos llenado unos papeles y nos habían probado para ver si podríamos ser buenos padres. Hoy nos dijeron que podíamos ver si un niño de los que tenían nos cautivaba. Esto me fastidio un poco porque me recordaba al proceso de adoptar un perro pero me contuve al ver a los niños correr por la casa. Camine del brazo de Alfredo hasta llegar a la puerta de la mujer encargada del orfanato. Mi esposo toco un par de veces antes de que nos dejaran entrar. Ahí una mujer de unos cuarenta años nos miraba con una cara muy poco amistosa. 

 

- Ustedes deben ser el señor y la señora Montgomery. -se levante de su silla para estrechar nuestras manos, ambos lo hicimos y tomamos asiento frente a ella.- Tengo entendido que iban a buscar si les interesaba alguno de mis niños. -enfoco una vista en unos papeles frente a ella. Sentí el apretón de Alfredo en mi mano y supe que me quería tranquilizarme.

 

- Queremos adoptar. -corrigió mi esposo con un tono serio. Ella pareció restarle importancia y el siguiente movimiento que hizo me provoco 

 

- Como sea. -rodó los ojos la mujer.- Tienen esta hora, los niños tienen libre. -nos despidió moviendo su mano en dirección a la puerta. Yo me apresure a levantarme.

 

- Dios nos perdone que los interrumpamos mientras hacen nada. -susurre molesta a mi marido que soltó una risa pequeña antes de salir por la puerta.

 

- ¿Donde quieres empezar a buscar? -pregunto pasando su brazo por mi cintura, yo me encogí de hombros. 

 

- ¿Vemos a los mayores? -sugerí caminando por los pasillos. El asintió y miramos las distintas habitaciones hasta que unos llantos nos hicieron asustar. Todo esta relativamente calmado. Se escuchaba las risas de los niños y los gritos pero no a alguien llorando hasta ese momento. La curiosidad me domino y camine hasta ese sonido.

 

- ¿A donde vas? -me siguió mi esposo sin entender, yo me encogí de hombros y seguí los llantos. De pronto unos niños salieron asustados de la habitacion pasando por entre Alfredo y yo. Yo sentí mas curiosidad y entre. En esta habitacion estaban lo niños mas pequeños. Todos estaban llorando, al parecer los niños los habían molestado. Los miramos a todos y cada uno de ellos tenia su rostro arrugado por el esfuerzo. Excepto uno. Camine hacia ella y era una hermosa bebe. La mas linda que había visto. En segundos estire mis brazos y la agarre para cobijarla. Era tan linda, tranquila, parecía una muñequita. Hipnotizada por esa linda criatura lleve uno de mis dedos a su mano que a pesar de que estaba algo dormida lo agarro. Sonreí al sentir su fuerza

 

-Tiene mucha fuerza. -asegure moviendo ligeramente su manito.

 

Es hermosa. -susurro Alfredo y yo lo supe enseguida.

 

Ella seria mi hija

 

- ¡Mamá! -sorbí mi nariz mirando el diario en mis manos. Cuando mi madre me había dado un pequeño rectángulo no había dudado en abrirlo. Para ser honesta me había decepcionado un poco ver que era un libro pero al leer lo que decía la primera pagina no pude evitar que lagrimas salieran. No era la primera vez que me contaban como habían decidido tenerme pero tener pensamientos tan privados de mi madre era ago maravilloso

 

- Feliz cumpleaños, princesa. -sonrió Irene con sus manos unidas y con la punta de sus dedos tocando sus labios.

 

- Te quiero, mami. -me acerque a abrazarla mire a papá y me sonrió. 

 

- Cariño, feliz cumpleaños. -estiro los brazos papá y yo me arroje a él riendo cuando me comenzó a dar vueltas. 

 

- ¿Podemos ir a el parque de atracciones? -pregunte emocionada. Mi papa y mi mama se miraron unos segundos hasta que mi papá me miro. 

 

- Linda, esta vez no podemos salir. Tu mamá debe estar en reposo. -yo fruncí el ceño sin entender. ¿Por que no podíamos cumplir nuestra tradición? ¿Que estaba pasando?

 

- ¿Mamá esta enferma? -fruncí el ceño sin entender. Me solté de papá y corrí hacia mamá que estaba en su cama acostada. 

 

- Mamá solo esta algo cansada. -me sonrió acariciando mi mejilla, yo no cambie mi semblante y la mire seriamente. Me coloque las manos en mis caderas. 

 

- No me mientas. -hice un puchero aun con mi mueca en mi cara

 

- No lo hago, cariño. -rió agarrando uno de mis brazos para que me acostara. 

 

- ¿Que tal si vemos una película? -propuso papá acostándose al otro lado. Yo hice una mueca pero asentí. 

 

- ¿Podemos ver a Bella y la Bestia? -era mi película favorita. La amaba tanto como La Dama y El Vagabundo.

 

- Lo que tu quieras. -sonrió papá levantándose para poner la película, yo me acomode mejor y me dedique a ver como Bella caía una vez mas en las garras de la Bestia 

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