El infiltrado

Un reino con un rey loco de poder. Un pueblo que se muere cada día más. Unos nobles ajenos a lo que pasa fuera del castillo. Un grupo de personas que no se piensan quedar de brazos cruzados. Y un héroe que puede no ser lo que parece. Esta es la historia de Johan y el es el infiltrado.

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2. el comienzo

10 años antes

Las calles de la cuidad se obscurecían cada vez más con la llegada de la noche, y a pesar de que era temprano la gente comenzaba a esconderse en sus casas para no tener que ser obligados a presenciar la ejecución diaria en el centro de la plaza.

Un niño pequeño de ojos azules y cabello cobrizo miraba con horror el hacha que afilaba el mozo con cierta felicidad. El pequeño no lograba entender porque le cortarían la cabeza a su padre, si el solo había expresado sus ideas hacia el rey.

A lo lejos una señora preocupada llamaba en voz alta al pequeño niño pero este la ignoraba.

-Johan!!

-Jooohan!

-Johan, pero que haces aquí?- dijo la señora preocupada por el pequeño

-Nana, porque van a ejecutar a papá?

-mi pequeño-dijo Nana mientras abrazaba fuerte a Johan -en el mundo existen personas a las que les parece incorrecto que las demás piensen diferente

-pero en injusto Nana

-la vida es injusta, pero no por eso no te gusta vivirla cierto?

-pero que pasará conmigo?, mama esta muerta y sólo me queda papa pero ella pronto también estará muerto

-yo te cuidare y te daré cobijo para que nunca pases frío

-podemos quedarnos?

-no creo que sea algo apropiado para un niño de 10 años

-pero quiero verlo una última vez, antes de que lo alejen de mi para siempre.

Nana se quedo callada mientras que aguantaba las lágrimas que amenazaban con salir. Ella sabía que nadie merecía perder a ambos padres a tan temprana edad, ya que era suficiente que nunca haya conocido a su madre. Conocía a la perfección la fortaleza de Johan, pero dudaba si sería lo suficiente mente fuerte como para soportarlo.

Paso una hora antes de que empezaran a acarrear a la gente del pueblo a la plaza. Tuvieron qué pasar dos horas para que anunciarán a los ejecutados. Quince minutos para que llegara el turno de Scott, el padre de Johan. Cinco minutos para que Scott encontrara a Johan entre la multitud. Tres minutos para que ejecutaran a Scott. Un minuto para que Johan subiera junto al cuerpo de su padre a la tarima. Cuarenta y cinco segundos para que un guardia lo echara de la plaza. Pero sólo diez segundos para que Johan se diera cuenta de ese solo era el principio de algo monumental.

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