Unexpected love

Diana, una chica de dieciséis años, harta de su vida encuentra una salida a sus problemas. Una nueva vida... lejos de España... en inglaterra. En su viaje de avión conoce a un atractivo chico que oculta bastantes secretos. Entre ellos que es un...

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3. Un accidente poco desafortunado

Me desperté a las cuatro de la mañana, y a las cinco ya estaba en el aeropuerto con mis padres. Alex me había llamado por teléfono para despedirse, un buen gesto por su parte. Mis padres no dejaron de pelear durante el camino, ni cuando llegamos pararon. ¿No se daban cuenta del daño que me estaban causando? Me despedí de ellos y crucé a la otra parte del aeropuerto. Una hora después me encontraba sentado en un asiento con el avión a punto de despegar, estaba a punto de dejar atrás aquella vida. Entonces, de improviso, subió al avión un último pasajero. Era un chico medianamente alto, un poco mayor que yo intuí. Alzó la mirada y tras unos segundos su mirada cayó en mí. Se acercó a mí con un paso lento bastante atractivo.

– Hola -Me dijo, mientras se ataba rápidamente el cinturón, se notaba que había estado corriendo para llegar al avión.

– ¡A buenas horas! -Le dije. Entonces sonó el altavoz indicando que estábamos a punto de despegar, que se desconectasen todos los teléfonos móviles etc. Metí la mano en mi bolsillo y saqué mi iphone viejo. Lo apagué. El avión empezó a coger velocidad y cuando se elevó, sentí una presión en mi pecho y un vacío en el estómago. Jamás había viajado en avión antes. El chico me sonrió

-¿Estas bien? –me preguntó con un perfecto español aunque pude advertir que debía ser extranjero, inglés quizás. Le miré y traté de devolverle la sonrisa, pero mi pensamiento fue a parar en lo bonitos que eran sus ojos color miel clarito. Su pelo era castaño y rebelde, bien cuidado. Olvidé contestarle a la pregunta.

-Me llamó Liam, ¿y tú? –Ahora sí que estaba segura de que era inglés.

-Diana–le dije

El avión ahora ascendía muy poco a poco. La presión desapareció de mi pecho y en parte fue gracias a él.  Liam y yo entablamos una conversación, con un poco más de confianza que si fuéramos un par de desconocidos, que lo éramos. Le pregunté que de dónde era y me dijo que de Wolverhampton. Fingí saber dónde se encontraba aquel lugar. Luego lo buscaría en Internet. Cuando ya no tuvimos nada de lo que hablar cada uno se centró en sí mismo. Yo me puse los cascos con música de mi móvil mientras él leía una revista de música. A la media hora o así se oyó un tremendo ruido procedente del avión. M asusté, pues lo había oído incluso con los cascos puestos. Inmediatamente me los quité y miré a Liam, él también parecía sorprendido. El avión comenzó a temblar, un zumbido molesto recorrió todo el pasillo. Los temblores cesaron varios segundos y de repente el avión empezó a saquearse bruscamente. Estaba muy asustada, los niños en el avión lloraban desconsoladamente. Nunca había estado en un avión pero no creía que esto fuese normal. Liam advirtió el pánico en mis ojos y me cogió delicadamente de la mano, reconfortándome. De repente sonó el megáfono.

–VAMOS A REALIZAR UN ATERRIZAJE DE EMEGENCIA, POR FAVOR MANTENGAN LA CALMA. No puedo explicar el miedo que sentí en aquel momento, ¡esto no era algo normal! Pero la mano segura de Liam apretando la mía me permitió no perder la calma

 –No te preocupes, todo va a salir bien. -Me dijo con su asombrosa voz. Le observé durante todo el brusco aterrizaje. Él en cambio, miraba por la ventanilla cómo tratando de localizar algo. En ningún momento le vi asustado. Al final cerré mis ojos fuertemente como para protegerme del choque contra el suelo, pero no fue tan duro como imaginaba.

–Ya puedes abrir los ojos. –me lo dijo de una manera tan dulce que no pude resistirme a abrirlos y volver a ver su perfecta cara. Nos quitamos los cinturones y salimos del avión por una puerta de emergencias.

Nos encontrábamos en un inmenso escampado. El sol iluminaba el verdoso césped a nuestros pies. En el horizonte había edificios, casas. No tenía la menor idea de dónde estábamos. Inglaterra desde luego que no. Todo los pasajeros lograron bajar del avión y nos encontrábamos reunidos en su lateral.

– ¿Y ahora que vamos a hacer? Dije con voz desesperada. La azafata respondió casi al instante.

–Sentimos mucho las molestias, hemos tenido que aterrizar ya que no era seguro volar con este viento. –Fue entonces cuando me di cuenta del frío que hacía. ¡Y yo con manga corta! Liam se encontraba a centímetros de mí, ahora que estábamos de pie observé que era bastante más alto de lo que me había parecido antes. Este escuchaba atentamente a la azafata pero con discreción se quitó la sudadera y me la tendió. No tuve tiempo de replicar, enseguida se volvió para escuchar. Me la puse y sentí su calor corporal sobre mí. Ahora era él el que estaba en manga corta y vaya brazos que tenía.

La azafata terminó de hablar, y me di cuenta que no le había estado prestando nada de atención. Liam me volvió a mirar, con cara expectante.

-¿Conoces a alguien que viva aquí? –la pregunta me pilló desprevenida.

-¿Dónde estamos? -Dije tontamente

–En Francia, lo ha dicho la azafata.

–Creo que no conozco a nadie de Francia.

–Pues tenemos que encontrar un hotel para pasar la noche y coger el vuelo mañana. -Me dijo, dándose cuenta que no había oído nada de lo que había dicho la azafata.

–Pero no llevo nada de dinero encima, estaba todo en la maleta –le dije preocupada

-Tranquila, yo pago el hotel.

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