Unexpected love

Diana, una chica de dieciséis años, harta de su vida encuentra una salida a sus problemas. Una nueva vida... lejos de España... en inglaterra. En su viaje de avión conoce a un atractivo chico que oculta bastantes secretos. Entre ellos que es un...

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1. 1. Abril del año pasado

Todo comenzó en abril del año pasado. La primavera siempre ha sido y será mi estación preferida del año. Es cuando todo me parece más hermoso y vivo. Los colores tienen el poder de cambiarme de humor, y en primavera suele mejorarlo. Aunque a mediados de aquella primavera, nada podría haberme puesto de buen humor. Mi vida era horrible, todo lo que tenía eran problemas, tanto en casa como en el instituto. Pocas veces recuerdo haber sido feliz. Aunque de aquello hace ya más de un año, las cicatrices, aunque levemente visibles, todavía están aquí. En mi corazón.

Me llamo Diana y tengo dieciséis años. Mis padres solían discutir muchísimo en casa, diariamente. Siempre me metían a mí de por medio. Un día yo era el motivo de la discusión, otro día me hacían escoger lados y pues acababa también siendo culpa mía. Así que acostumbrada ya, decidí ignorar completamente las discusiones. Me encerraba en mi cuarto, me ponía música para no oír los chillidos y con mi bloc de dibujos dibujaba incansablemente. Esto no me permitió concentrarme en mis estudios así que suspendí varias asignaturas durante el curso de invierno. Nunca había sido de sobresalientes pero jamás había suspendido un solo examen, hasta aquel curso por supuesto. Con aquel infierno todas las tardes en mi casa, era imposible estudiar. E ir a una biblioteca no era ninguna posibilidad. Jamás me habrían dejado.

Las mañanas en el instituto no eran en absoluto mejor que las tardes. ¿Peor? Quizás. No sabría decir. Mi mejor amiga, Elena, se fue a vivir a Inglaterra justo antes de empezar el curso. Las demás de mis “amigas” me dejaron tiradas, y todas las chicas de clase me empezaron a tratar muy mal. Me convertí en la víctima del bullying. Elena me seguía escribiendo a menudo, hablábamos constantemente. Me gustaba que me contara cosas de Inglaterra para poder transportarme allí, y mentalmente formar parte de sus historias. Era una de mis pocas distracciones. Otra, como he dicho antes, era dibujar y pintar. Yo le mentía a Elena diciéndole que estaba feliz, que todo era igual que el año pasado, pero con el tiempo se empezó a dar cuenta de que eso no era así. Un día me dejé el skype encendido sin querer, ella pudo ver una típica pelea de mis padres. Esta vez discutíamos sobre mis notas, ambos me decían que tenía que cambiar. Yo, como siempre, me quedé todo lo callada que podía. Cualquier cosa que dijera la usarían en mi contra. Mi padre, enfurecido, chillaba como nunca, creo que fue eso lo que alarmó a Elena. Media hora después regresé a mi habitación, y vi a Elena en la pantalla. No dijo nada, yo tampoco dije nada. Ella lo había oído todo, y yo sabía que la había oído.

Al día siguiente, y al siguiente, las cosas parecían haberse calmado un poco en casa. Extraño. El teléfono sonaba más de lo habitual, y por primera vez en mucho tiempo, pudimos tener una cena, dentro de lo que cabe, normal. Durante la cena, pasó lo que jamás me habría esperado que pasara.

-Diana, tu padre y yo hemos encontrado la solución para que tus notas cambien. –Un tutor personal, un mes sin salir de casa o con la peor de las suertes ir a un internado – recuerdo que pensé.

-Ayer nos llamaron los padres de Elena, tu amiga. No nos habías dicho que se habían ido a vivir a Londres. –Parecí ver un poco de compasión en los ojos de mi madre.

-Creí que lo sabíais –Mentí. Desde verano no les había contado nada, y sinceramente, no creo que fuera mi culpa.

-Bueno, en cualquier caso, nos han convencido para que pases lo que queda de año allí con ellos. Y así podrás asistir al instituto de la ciudad que desde luego tiene muy buena fama… junto a Elena. –Aquellas últimas palabras me llenaron. ¡Elena! Cuánto la echaba de menos. No podía creérmelo. Parecía un sueño, la salida de mis problemas.

-Tendrás tutores particulares para recuperarte y también mejorar el inglés.

La cena continúo así. Mis padres informándome sobre Londres e incluso en algún momento creo que reímos. Insistieron bastante en que el propósito de esto era que mejorara académicamente. Y que si no lo hacía volvería a casa.

Al día siguiente, sábado, me fui a comprar una maleta bien grande con intención de que cupiese todo mi armario dentro. Como vi que era imposible decidí hacer otra cosa. Estaba ya bastante harta de mi ropa, a parte de que me traía muchos malos recuerdos. Así que cogí más de la mitad y la vendí por una gran cantidad de dinero. Me compraría más ropa en cuanto llegara a Londres.

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