La magia de los hermanos Wardebroke

¿Qué ocurriría si de repente no eres quien creías ser? ¿Y si eres alguien importante y con poder y tú ni siquiera te has dado cuenta? Esto es lo que les ocurrió a dos de los hermanos de esta familia, gracias a su hermano pequeño. Elizabeth, Matt y James son tres hermanos que viven en Mullingar, Irlanda, con sus dos padres, como una familia normal y corriente, con sus peleas de hermanos y sus discusiones de familia, pero algo completamente normal. Hasta que un día, el pequeño James que tiene una poderosa imaginación sale corriendo sin razón aparente por la calle y sus dos hermanos mayores tienen que ir a salvarlo, descubriendo así, un mundo que ni ellos podían imaginar.

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2. Diriuss.

Los tres hermanos se dirigieron a clase, como cada mañana a eso de las ocho, al pequeño instituto que había en ese pintoresco pueblo. Todo era agradable y tranquilo allí, incluso las clases, tan tranquilo que a veces era hasta aburrido.

Cualquiera diría que aquellas tres personas que caminaban juntos todas las mañanas eran hermanos, diferentes aspectos y personalidades.

Matt iba andando tan distraído como siempre, hablando por teléfono con Alyssia; Ally.

 

--No…yo te quiero más-decía con voz empalagosa haciendo que Elizabeth subiera el volumen de su reproductor de música por no oír aquellas palabras que la daban arcadas.

 

James iba jugando, como siempre, a luchar, matando dragones y gigantes de su mundo imaginario.

 

--¿Por qué no dejas de jugar a eso?-preguntó su hermana cogiéndole en brazos-no está bien matar.

--Pero son los malos-se excusaba siempre el pequeño-sin mí ya os habrían atacado.

--¿Atacado quién?

--Los siervos del señor de las sombras-dijo serio y totalmente convencido.

 

Eso hizo que su hermana resoplara mientras le dejaba de nuevo en el suelo, acto seguido cogió su mano su mano para que pudieran ir a un paso correcto y no llegar tarde.

 

--¿Otra vez con eso? James, no existen los dragones, ni los trasgos o los duendes, lo más parecido a un duende que existe es Matt-dijo ella divertida.

 

Aparcado ese tema siguieron su camino como siempre hacían; Matt hablando por teléfono, Elizabeth escuchaba música mientras llegaba de la mano a James, que daba pequeños saltos o decía cosas aparentemente sin sentado, hasta que llegaron a clase y cada uno se fue por su lado. Nadie sabía que eran hermanos, no pasaban tiempo juntos, ni siquiera se hablaban, tampoco se parecían, por lo que nadie les relacionaba.

Un día normal, de lo más normal para ellos, o eso creían.

Matt, besuqueándose con Ally a escondidas de los profesores, no hacían otra cosa, lo que provocaba que si Elizabeth se cruzaba con ellos les mirara con repugnancia.

Esta, sin embargo, solitaria como siempre, fue a clase, silenciosa y sin que nadie notara su presencia. Por el rabillo del ojo miraba a Jake, el chico que había robado su corazón años atrás, de ojos azules y pelo castaño y revoltoso, con una sonrisa que podría hacer desmayar a cualquier chica que lo quisiera, pero quizás demasiado por encima de Lizzy, por lo que ella tan solo le miraba, haciendo que suspirara.

James cambiaba por completo en clase, no luchaba ni hablaba de seres de fantasía, tan solo jugaba con sus compañeros como cualquier niño pequeño.

 

Al salir de clase se reunieron a la salida del colegio como solían hacer todos los días. Emprendieron el camino de vuelta a casa cuando James salió corriendo sin razón aparente por lo que Matt y Elizabeth dejaron su música y su móvil y fueron tras él todo lo rápido que podían; no podían dejar que le ocurriese nada.

Le siguieron hasta el viejo puente de hierro, el cual estaba apartado del pueblo, prácticamente a las afueras, y allí le perdieron de vista.

 

--¡James!-gritaba su hermana preocupada.

--¡James! ¿¡Dónde estás?!-preguntó gritando Matt.

--¡Mira!-exclamó Elizabeth señalando algo que flotaba sobre el río-es su bufanda.

 

Sin pensárselo dos veces bajó hasta quedar al borde del río. Se paró a mirarlo detenidamente. Finales del invierno, en Irlanda y el río con agua casi congelada.

 

--¿Estará bien?-preguntó Matt, quien había bajado junto a ella.

--¡Por supuesto que no! ¿¡Eres idiota o qué te pasa?!

--No me enfades, canija, que no es mi culpa que estés sola y amargada-respondió antipático.

 

Otra de sus peleas les apartaba de ir a por su hermanito.

Ella le miró con enfado y acto seguido se descolgó su mochila bandolera, donde llevaba los libros de clase, la dejó en el suelo junto con el reproductor de música, se recogió el pelo en una coleta y se quitó las zapatillas. Miró de nuevo aquella masa de agua fría y pensó en su débil hermano, se imaginaba como debía de sentirse ahí el pequeño, con el agua congelada entumeciendo su pequeño y frágil cuerpo. Un escalofrío recorrió la espalda de la mediana de los hermanos. Sin pensárselo un segundo más se tiró al agua, estaba extremadamente fría, casi parecía hielo, por un segundo Elizabeth se quedó quieta, el frío había agarrotado sus músculos, pero la imagen de su hermano pequeño muriendo de hipotermia la hizo reaccionar.

 

--¿¡Pero qué haces!? ¡Sal de ahí!-la ordenó su hermano-¡te vas a morir de frío!

--Igual que quizá le esté pasando a James-dijo con dificultad mientras la castañeteaban los dientes.

--Seguro que no está aquí, estará en casa, deja de hacer el tonto-pidió Matt con preocupación.

 

Ella hizo caso omiso al pelirrojo y metió la cabeza en el agua buscando a James, pero no vio rastro de él. Cogió una bocanada de aire y buceó algo más hondo, nada, pero algo llamó su atención; era una especie de cueva, un túnel, excavado en la ladera de la profundidad del río. Volvió rápidamente a la superficie, Matt la seguía diciendo que parase, que allí no estaría su hermano menor, pero ella no le hizo caso. Tenía una corazonada y ya no solo eso, la había entrado curiosidad por aquella extraña cueva, sentía que la llamaba, que tenía que acercarse allí. Inspiró un par de veces y de nuevo se zambulló. Nadaba con dificultad, su cuerpo comenzaba a fallarle a causa de la hipotermia que empezaba a sufrir, pero no la importaba, nadó hasta la cueva y en cuanto entró se quedó anonadada. Ahí abajo había aire, se podía respirar, era como si una burbuja tapara la entrada y el agua no pudiese entrar, era como estar dentro de una pecera respirando, totalmente imposible, pero allí estaba, de pie, calada hasta los huesos, cubriendo con sus brazos su cuerpo, con los dientes castañeando y los labios morados, mirando con curiosidad como el agua pasaba frente a sus ojos sin mojarla, era como estar tras una cascada. Con algo de miedo se acercó al borde de aquel túnel y metió la mano en el agua, o la sacó o…no tenía muy claro si estaba metiendo o sacando la mano, estaba fría, congelada, pero solo la mano, todo muy extraño. Asustada, quitó la mano del río y volvió a cubrirse el cuerpo ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo podía respirar allí, bajo un río? ¿Dónde estaba James? ¿Cómo había podido soportar el frío aquel infante? ¿Habría llegado hasta esa cueva en la que ella se encontraba? Tantas preguntas y ninguna respuesta, entre el frío, el miedo y la duda tropezó con una piedra y cayó al suelo.

Se llevó una mano a la frente y la otra la apoyó sobre la tierra, para su sorpresa, totalmente seca y no solo eso, estaba caliente, como si hubiera sangre bajo esa manta de barro, como si ese túnel estuviese…vivo. Todo era demasiado extraño, notaba como la cabeza la daba vueltas, esto tenía que ser un sueño, no podía ser verdad.

Se levantó apoyándose en la pared, también de tierra y llena de vida, se dio cuenta de algo que había en el suelo, un par de zapatos negros, pequeños.

 

--James…-susurró.

 

Colocó una mano sobre la pared para guiarse y comenzó a andar despacio, con el frío y el miedo aún atenazando sus músculos. Entonces notó una mano sobre su hombro izquierdo. Quería llorar, correr, escapar de allí y de cualquier ser que la estuviera tocando, pero simplemente gritó.

 

--No grites-dijo la reconocida voz de Matt.

 

A pesar de la oscuridad que allí había reconoció fácilmente su pelo pelirrojo y sus ojos verdes como un par de esmeraldas, reluciendo bajo aquella poca luz.

Tenía ganas de abrazarle, sentía miedo y quería que su hermano la reconfortara, al igual que le ocurría a él.

 

Matt al ver que su hermana no volvía, se puso nervioso y sintió una angustia en el pecho que apenas le dejaba respirar, mucho más grande que el temor que sentía porque su hermano hubiese desaparecido, ya que el pequeño podría estar en casa o en el parque, pero había visto con sus propios ojos como su hermana se había zambullido en un río con escasa temperatura y observaba la superficie sin que ella volviera, en ese momento decidió tirarse al agua e ir a por ella, no la veía, por ninguna parte, pero al igual que le había ocurrido a su hermana, vio la cueva y sintió ganas de ver qué había.

 

Ambos estaban asustados y a la vez aliviados, ya que por lo menos ellos dos estaban juntos, querían abrazarse y llorar porque los dos se encontraban bien. Pero su enorme orgullo se lo impedía.

 

 --¿Qué haces tú aquí?-dijo ella apartando de forma brusca la mano de su hermano.

--Mamá y papá nunca me dejarían salir si os pasase algo-respondió molesto.

 

Decidieron comenzar a caminar, esperando que al final de esa cueva estuviera su hermano pequeño. Anduvieron, uno detrás del otro, sin ver nada a su alrededor hasta que chocaron con una dura pared de piedra, del color de la tierra, aparentemente impenetrable.

 

--No puede ser, James tendría que estar aquí, no hay salida-dijo Elizabeth angustiada.

 

Empujó, o al menos lo intentó, la piedra con su espalda, pero nada, no se había movido ni un milímetro.

Con la cabeza gacha, dejando caer las lágrimas por sus mejillas, se dio media vuelta y puso ambas manos sobre el obstáculo.

Había perdido a su hermanito, lo había perdido, no le volvería a ver, eso hizo que su llanto se agravara. Matt se disponía a abrazarla por la espalda, mientras sus pálidas mejillas llenas de pecas también se inundaban en lágrimas, pero en ese momento algo ocurrió. Las manos de Elizabeth sobre la piedra comenzaron a iluminarse, de un tono azulado, ella rápidamente las apartó asustada. Iba a preguntarle a su hermano mayor qué era lo que ocurría, pero las palabras se le quedaban trabadas en la garganta y no salían debido a la sorpresa.

Cientos de letras y símbolos comenzaron a iluminarse sobre esa piedra extraña que les impedía pasar. Ninguno de ellos entendía aquellas letras y dibujos, que poco a poco, esa escritura se fue modificando hasta dar lugar a las letras, números y símbolos que conocían. En la parte superior de todo aquello, esa misma luz azul que iluminaba las letras dejaba ver con una perfecta caligrafía: “Diriuss, reino de los cuatro poderes”.

Los hermanos se miraron boquiabiertos y de repente se produjo un estallido de toda esa luz, haciendo que tanto Elizabeth como Matt pusieran el brazo sobre sus ojos para que no les molestara.

De forma degradante la luz fue disminuyendo hasta quedarse en un tenue resplandor. Ambos apartaron sus brazos y se acercaron despacio a la piedra, mirándola con extrañeza.

 

--Pero… ¿qué es esto?-preguntó él.

 

Elizabeth se puso de rodillas frente a la piedra y la observó centímetro a centímetro, intentando descifrarla. Veía letras, mayúsculas y minúsculas, con tildes y sin ellas, también había números, del uno al nueve.

La chica lo observaba una y otra vez, todos y cada uno de los símbolos.

 

--Es un teclado…-susurró al percatarse.

--¿Qué?-preguntó su hermano-¿Cómo que un teclado?

--Sí, es como un teclado de ordenador-explicó ella levantándose y limpiando sus vaqueros de tierra-pero las letras están colocadas por orden alfabético en vez de cómo está en los teclados de ordenador, es… algo para escribir un mensaje-dijo en voz bajas acariciando las letras.

 

En ese momento algunas letras comenzaron a iluminarse con más fuerza, haciendo que ella retrocediera.

 

--Ene…-murmuró en bajo Matt-o, eme, be erre, e…

--Nombre-susurró su hermana desde la distancia-quiere saber nuestros nombres-dijo acercándose rápido de nuevo, pero su hermano la cogió del brazo.

--No te acerques, esto es muy extraño, deberíamos irnos-ella apartó la mano de su brazo.

--¿Y si está James al otro lado?-preguntó ella.

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