La magia de los hermanos Wardebroke

¿Qué ocurriría si de repente no eres quien creías ser? ¿Y si eres alguien importante y con poder y tú ni siquiera te has dado cuenta? Esto es lo que les ocurrió a dos de los hermanos de esta familia, gracias a su hermano pequeño. Elizabeth, Matt y James son tres hermanos que viven en Mullingar, Irlanda, con sus dos padres, como una familia normal y corriente, con sus peleas de hermanos y sus discusiones de familia, pero algo completamente normal. Hasta que un día, el pequeño James que tiene una poderosa imaginación sale corriendo sin razón aparente por la calle y sus dos hermanos mayores tienen que ir a salvarlo, descubriendo así, un mundo que ni ellos podían imaginar.

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6. Cathleen.

Lombotrot, ese ser al que todos parecían temer, al que ninguno de ellos quería ver, y al que Matt y Elizabeth sentían un profundo odio, sin saber muy bien porqué, necesitaban dañarlo, necesitaban verle sufrir, y ese era un sentimiento muy fuerte del que ellos mismos se asustaban.

Su cara era muy pálida, pero no brillante como la de los dirianos, era blanca como la de un muerto, y todas las marcas que tenía en la cara como si estuviera hecho de retales de otras personas daba la sensación de que había llegado su hora, pero de alguna forma seguía allí, mirando con una gran sonrisa a los hermanos, con esos ojos tan extraños, que parecían poseer los cuatro colores, y por lo que sospechaban los hermanos, tenía los cuatro poderes, manejaba los cuatro poderes, algo que podía ser peligroso si ese gran poder caía en malas malos, que eran justo en las manos en las que habían caído.

En el mismo instante, cuatro de las cinco figuras que le acompañaban quitaron sus capuchas; eran tres hombres y una mujer.

Los hombres eran distintos, de distintos aspectos y poderes; el más alto de todos no tenía pinta de ser una mala persona, al contrario, parecía ser totalmente inofensivo, su poder debía de ser el viento, ya que era blanco como la nieve, su piel, con cara de niño era tersa, sus ojos eran pequeños y profundos, tranquilos, también de ese color tan puro. A su lado había otro que su piel parecía haberse quemado, sus ojos con pequeñas llamas daba a entender que su poder era manejar el fuego; éste sí que tenía aspecto de duro y de fuerte, de estar en el bando enemigo, su mirada era muy dura y penetrante, amenazadora, aunque en el fondo se podía ver algo de ternura y cariño. Por último aquel que era de color azulado, de menos altura que el resto, parecía el menor de todos, las facciones de su cara eran de un niño, en el que el mundo humano no superaría los dieciséis, pero allí estaba, gobernado y a las órdenes de un ser totalmente despreciable. 

Algo extraño ocurrió entonces en el brazo de Lizzy, sentía una punzada en su hombro izquierdo, extrañada miró qué ocurría en su piel. Inmediatamente se dio cuenta de como esa mancha que ella creía de nacimiento se iluminaba; era una gota de agua, como una lágrima que había caído en su hombro y había caído lentamente. Nunca se preguntó cómo o porqué la tenía, simplemente pensaba que había nacido con ella, pero que ahora se iluminara ligeramente la hacía pensar que tenía algo que ver con todo aquel extraño lugar. Elevó la mirada para volver a estar en guardia, preparada para lo necesario si había que tratar de luchar, pese a que ella estaba en contra de hacer daño a nadie. En ese momento sus ojos conectaron con los del chico de su mismo poder en el bando enemigo. Sus ojos...en teoría eran como los suyos, pero ella lo veía más bonitos aún, al igual que a él, que por mucho que quizás ese chico quisiera matarla ella había notado una extraña atracción, además, le había visto antes, de eso estaba segura, le conocía, pero no del mundo humano, que era lo más extraño de todo. Le recordaba de haber estado aquí con él, pero no uno contra el otro, sino uno con el otro.

La mujer, la única mujer que había entre los cinco seres venidos de la nada, la mujer era pálida, era brillante, no parecía pertenecer a ese bando enemigo, parecía débil y en su cara se veía como deseaba llorar y huir de ahí, no quería estar con esas personas. Aún así era bella, era hermosa, era un haz de luz atrapado en un cuerpo femenino y delicado.


--Ania...-susurró Matt.


Era su protectora, era su Ania, su amiga, su profundo y querido amor, esos seres la tenían allí contra su voluntad, y eso hacía que la sangre de Matt comenzara a hervir de pura rabia. No quería que la ocurriera nada malo, y estar con ellos era lo pero que la podía pasar.

Uno de aquellos seres, el azul, cogió la mano de Ania, no quería dañarla, no la estaba obligando a hacerlo, tan solo parecía que quería tranquilizarla y hacerla comprender que todo acabaría bien, solo con tocar su mano parecían comunicarse, pese a que se suponía que eran enemigos..

Ese simple contacto entre ellos dos les dolió a Matt y a Elizabeth hasta en la última de sus células. Ni él mismo comprendía, que lo único que le ocurría es que estaba celoso, celoso de aquel ser que parecía el menos malvado de todos, y ella simplemente se sentía traicionada, porque sabía que él no era malvado, que estaba allí por alguna equivocación, que era bueno, y que le quería de alguna extraña forma que no podía comprender.

Si cualquiera se paraba a verlo con detenimiento, el único que parecía realmente cruel y malvado era Lombotrot, al pie de ellos cinco.


--¿A qué se debe esta querida visita?-preguntó con sorna-hacía mucho tiempo que no se os veía el pelo, muchachos, ¿ha ocurrido algo malo y no he sido yo el causante? porque entonces me sentiría muy dolido-habló tranquilo y con humor.

--Nadie te ha invitado a que estés aquí, sucia rata rastrera-dijo con un profundo odio James, aún sobre la espalda de su protectora, la cual con un brazo le sujetaba y con la otra tenía la espada a punto para poder saltar sobre Lombotrot y hacerle pedazos.

--James, James, James...-respondió hablando en bajo, como si fueran amigos-ya sé que nadie me ha invitado, pero es que...me encanta causar temor. Mira las calles, ni un alma, todos me temen y huyen de mí. Me hace sentir tan poderoso venir a este lugar.

--No eres más que un montón de trozos de carne unidos con un poder que no te corresponde-esta vez la que habló fue Sam.

--Vaya Samantha, qué rápido has llegado, te imaginaba aún en Wantsmon, supongo que corres rápido-continuó hablando, dándoles la espalda a los tres hermanos y a esa chica verde.


La mandíbula de ésta de apretó con brusquedad, tanto que parecía que rompería todos sus dientes, pero eso era el menor de sus problemas; estaban frente al mal en persona.

La tensión se podía cortar con un cuchillo en aquella explanada, nadie excepto Lombrotot, causante de todos y cada uno de los males, de las desgracias y tragedias de aquel lugar, que caminaba de un lado al otro, como un turista que visitaba cualquier museo, sin tocar nada, pero observando todo, con una sonrisa perversa.


--Lárgate de aquí-espetó con dureza Elizabeth.


Ella misma se tapó la boca con una de sus manos, no sabía cómo o porqué lo había dicho, pero lo había hecho, haciendo que los pasos de aquel ser se detuvieran y se girara a mirarla, con esa sonrisa torcida que hacía que tanto a Lizzy como a Matt la sangre se les congelara y un escalofrío les sacudiera, al mismo tiempo que en sus ojos se podía diferenciar todo el odio, dolor y sufrimiento jamás imaginados atrapado en esas dos pequeñas esferas de ese color tan peculiar.


--Yo que tú no hablaría con tanta seguridad y dureza, mi querida Elizabeth-respondió tranquilo, encaminándose hacia ella, provocando que Matt la escondiera en su espalda con tal de que no la pasara nada-ingenuo, ingenuo Matt, ¿de verdad piensas que tu frágil y estúpido cuerpo podrá protegerla de mí?-preguntó de nuevo, con una marcada burla en su habla-yo que vosotros no querría correr la misma suerte que vuestra querida hermana.

--¿Qué?-susurro en apenas un hilo de voz Elizabeth-¿Qué hermana?-preguntó clavando sus potentes ojos azules en su hermano, quien poseía la misma cara de confusión.

--Sí, esa hermana vuestra... ¿cómo se llamaba? ¿Caitlin? No, no, no... ¿Casey? No, tampoco... estoy seguro de que era con ce...

--Cathleen-respondió con su voz aguda, henchida de dolor y odio el pequeño James.


Matt y Elizabteh se miraron con los ojos muy abiertos antes de mirar a su hermano menor. ¿Qué hermana? Ellos no tenían ninguna hermana, o al menos no que ellos supieran, solo eran tres, desde que tenían memoria solo tres, y nunca, nunca se les había pasado por mente el nombre de Cathleen, ni si quiera habían oído hablar de él. Pensaron que Lombotrot se había equivocado, que no hablaba de la misma familia, pero el que el pequeño James respondiera con tanta seguridad e ira, les hizo pensar que quizás había algo detrás de todo esto que no entendían, que no encajaba y que les estaban ocultando por algún motivo, por el mismo motivo que quizás James lo supiera.


--¡Sí! ¡Eso! ¡Cathleen!-confirmó alegre Lombotrot-sí, la pequeña y guerrera Cathleen, ¿cómo olvidar su nombre?

--¡Basta!-ordenó James saltando de la espalda de su protectora-¡No eres más que un maldito que no merece vivir!-gritó lleno de ira, dirigiéndose hacia ese ser que le sacaba bastante más que cinco cabezas en altura-¡No tienes derecho a regodearte de una vida que has quitado!


La mirada de Lombotrot se oscureció ante las palabras del pequeño, el cual estaba siendo víctimas de la ira y el dolor causado por aquella muerte de la que sus dos hermanos no eran conscientes, pero que era realmente importante en sus vidas y motivo más que suficiente para enfrentarse a una persona como aquella. Alzó una mano, haciendo que el terreno temblara con violencia y gran poder, el mismo poder que parecía ir dirigido al pequeño James, el cual seguía gritando sin importale las consecuencias ni lo que le podría suceder.

Antes de que Samantha pudiera reaccionar, su hermana ya estaba delante de él, protegiéndolo con su delgado cuerpo, cogiéndole en brazos y notando como de un momento a otro, Lombotrot podría matarla, a él y a su hermano, pero la realidad es que no la importaba, no dejaría que nadie hiciera daño a su hermanito.

La sonrisa del mal en persona se amplió al ver que mataría dos pájaros de un tiro, dejando su camino más despejado para llevar a cabo su plan, el cual solo uno de los tres hermanos conocía.

Con un movimiento de cabeza Matt, Samantha, Zulgot, Hamme, Celeste, Gianira y Coraline quedaron atrapados entre un puñado de seres que nacieron del suelo con capuchas negros y piel blanca llena de cicatrices y aparentemente sin vida, dejándolos aislados de Lizzy, James, Lombotrot y aquellos cuatro seres que iban tras él, incluida Ania, que miraba con horror todo aquello y forzaba sus ojos para no llorar.


--¡Malnacido! ¡Lucha como un hombre y no dejes a tus malditos siervos el trabajo sucio!-se quejó Samantha, llena de ira, tratando de salir de allí.


Otro movimiento de cabeza por parte de Lombotrot, que hizo que uno de aquellos seres que parecían fantasmas oscuros, diera un buen golpe a aquella joven, la cual cayó al suelo inconsciente, por lo que Matt se arrodilló junto a ella, solo para asegurarse de que seguía viva, por fortuna el golpe no la había matado, solo la había hecho callar temporalmente, el tiempo suficiente para que no interfiriera en el ataque hacia Lizzy y James. Eso provocó que ninguno de los que se encontraban presos quisieran correr su misma suerte de quedar inconscientes sin saber qué ocurriría con aquellos dos hermanos.


La forma más fácil de matar a un ser de agua o de tierra era claramente el fuego, sus ojos se tornaron de ese rojo llameante, antes de crear una poderosa llama entre sus manos, dispuesto a arrojar a esos dos hermanos, quienes uno de ellos seguía gritando de impotencia, sin importarle lo que ocurriese y la otra le abrazaba con fuerza, apretando los ojos, con las piernas paradas en el suelo en vez de correr y huir de allí lo más lejos por salvar su vida, pero simplemente no podía, el miedo atenazaba sus músculos, dispuesta a esperar lo que fuera que ocurriera.


--¡NO!-se escuchó una fuerte voz extrañamente familiar para Elizabeth, lo que provocó que abriera sus ojos de par en par, sin saber el motivo por el cual aún seguía viva y no chamuscada en el suelo junto a su hermano.


James de inmediato calló, observando lo mismo que su hermana; una gran barrera de agua ese extendía entre James y Elizabeth y Lombotrot junto a su pequeño séquito.

La voz tan grave y profunda procedía de aquel muchacho de piel azulada, el cual miraba lleno de pánico y dolor a Lizzy, manteniendo una de sus manos en la dirección en la que esa masa de agua parecía protegerles del ataque de Lombotrot. Éste se giró con la ira consumiéndole lentamente. Parecía que iba a matar en cualquier momento a ese chico que se había osado a interrumpirle y evitar matar a los dos hermanos, quienes miraban atónitos la escena.


--Padre-susurró-no lo haga-pareció suplicarle.


Tanto Elizabeth como James estaban totalmente sorprendidos ante ese hecho; ese ser tan apuesto y en el fondo bueno, era hijo de Lombotrot, la persona más despiadada que jamás podría existir.

De manera extraña Lombotrot pareció ceder ante la súplica del que parecía su hijo, quien le miraba con un increíble dolor. Una mezcla entre suspiro y resoplo salió de sus cosidos labios antes de dirigirse de nuevo a los dos hermanos, quienes no cabían en sus propios cuerpos del asombro por aquel descubrimiento.

 

--Debemos irnos-habló de nuevo el chico azulado.

--¿Desde cuándo tú me ordenas?-preguntó sin mirar hacia el que era su hijo.

--Padre-repitió de nuevo esa palabra que tanto les había sorprendido.

 

Y de repente, como un rayo fulminante, aquel ser de piel blanca y cosida, con túnica negra se esfumó, al mismo tiempo que lo hicieron los seres que acorralaban a Matt y compañía, son embargo, los otros cuatro seres con túnicas negras seguían tras la barrera de agua que les separaba del resto.

La mirada de Elizabeth se encontró de nuevo con la de aquel muchacho azulado, provocando de nuevo esa pequeña punzada en su hombro, e iluminando esa mancha extraña en forma de lágrima.

El chico tras la barrera la observó detenidamente, al igual que ella lo hacía a él. Éste miraba el hombro de ella, ahora desnudo debido a que el peso de James sobre sus brazos hacía que su vestido se moviera y dejara al aire su hombro izquierdo. Sus ojos se abrieron de golpe al ver que la mancha se iluminaba, de inmediato movió su túnica y la ropa que fuera que llevaba puesta debajo, dejando ver en el hombro opuesto al de ella la misma lágrima, también con luz propia. Ambas señas parecieron coger más y más fuerza, ya que la luz era notablemente más poderosa por algún motivo.

Elizabeth miró asombrada su propio hombro, antes de mirar el del chico para confirmar que era el mismo dibujo, lo era realmente, eran idénticos. Alzó su mirada hasta encontrarse con los ojos de ese chico, de ese mismo color azul que ella.

Él colocó de nuevo su ropa, dejando cubierta de nuevo la lágrima en su hombro, haciendo que la luz cesara en ambos cuerpos. Abrió la boca, dispuesto a decir algo, pero pareció arrepentirse, ya que mordió su labio y solo dirigió una mirada llena de dolor, arrepentimiento y quizás algo de sufrimiento a Elizabeth, antes de desaparecer junto con las otros tres seres que se encontraban a unos pasos de él, llevándose todo ese muro de agua consigo, haciendo que todo pareciera como si nada hubiera ocurrido.

Las nubes desaparecieron por completo, no había rastro de ese color negro tan intimidante en las nubes, solo había algunas pequeñas, de color blanco y esponjoso, inofensivas, los soles iluminaron de nuevo todo aquel reino y los dirianos abrieron sus puertas y ventanas, algo dubitativos, para cerciorarse de que el peligro había pasado, al menos de momento.

 

James brincó de los brazos de su hermana al suelo, antes de salir corriendo hacia su guardiana y protectora, quien seguía desmayada en el suelo, pero ahora entre los fuertes brazos de Zulgot.

 

Elizabeth permaneció quieta en el lugar, mirando hacia donde, momentos antes, un chico extrañamente familiar, situado a menos de un metro de ella y separado por un muro de agua, tenía una mancha de nacimiento igual a la suya, y ambas se iluminaban al estar cerca.

Nada de todo eso tenía sentido para la mediana Wardebroke, pero desde que había entrado en aquel sitio por una cueva parlante, había dejado de tenerlo, ya no se sorprendía, ya nada importaba, no sabía dónde estaba exactamente, ya que Diriuss: ciudad de los cuatro poderes, no se encontraba en ningún GPS, de ninguna manera, por lo que no sabía si aún seguía en Irlanda, en su Irlanda, lugar donde estaba su casa, su hogar y... sus padres, los cuales deberían estar terriblemente preocupados por sus hijos, quienes no habían vuelto a casa después del colegio como todos los días de su vida aparentemente normal. Pero la normalidad tampoco importaba, ahora ella era azul, su hermano mayor quien de nuevo parecía quererla era rojo y su hermanito pequeño quien tenía más coraje y genio del que parecía era de color verde, además... ¿Tenían una hermana? al menos eso la había parecido comprender en esa extraña conversación que habían tenido con Lombotrot.

Subió la manga de su vestida caído, antes de darse media vuelta, algo dudosa, esperando a que ese muchacho azul apareciera, por algún motivo y pudiera hablar con ella. ¿Por qué querría ella hablar con él? Eran enemigos, en teoría, deberían odiarse, matarse el uno al otro, pero Lizzy ya no tenía tan claro que fuera malo de ninguna manera, al contrario, sentía que debía de tenerlo cerca, que él la protegería de todo lo que ocurriera, pese a que su padre era sinónimo de dolor y sufrimiento, de muertes y desgracias.

Caminó hasta donde se encontraban sus hermanos, donde Samantha se comenzaba a despertar de ese desmayo ocasionado por Lombotrot.

 

--Deberían descansar-habló Coraline, algo preocupada por los hermanos, principalmente los mayores, quienes no comprendían la mitad de las cosas y tenían cientos y cientos de preguntas navegando por su cabeza y debían dejar sus mentes en reposo un tiempo.

--Sí, deberían-confirmó Samantha, quien se acariciaba la frente, con aspecto de estar dolorida, pero que eso no impidió que se levantara de un salto, guardando su espada en su cinturón hecho de pequeñas raíces blanquecinas-La próxima vez no se me escapará-murmuró a forma de promesa, quizás para ella misma, quizás hacia el resto, pero ella tan solo mantenía la mirada fija en el punto en el que el causante de su desmayo había estado.

 

Samantha, Zulgot, Hamme, Celeste, Gianira y Coraline acompañaron a los tres hermanos hasta el punto en el que se tenían que separar, debido a que cada uno poseía un castillo distinto, colocados junto a otro que parecía abandonado y que en algún momento debió de ser blanco, en forma de cuadrado, en cuatro esquinas y con murallas, pero a tal distancia de separación y con tantas casas y árboles que apenas se diferenciaban.  

--Será malnacido, debería clavarle un puñal en la yugular y dejar que se desangrara, si es que tuviera sangre-murmuraba con más ira de la que su cuerpecito debería poseer, James-cómo se atreve, cómo siquiera se atreve a pronunciar su nombre, esa boca ha pronunciado el nombre de Cathleen, esa boca que no suelta más que desagracias y dolor, esa boca que debería estar cosida por completo.

--¡James!-lo regañó su hermana, asombrada de su vocabulario-¡¿Cómo dices esas cosas?!

--¡Es que es la verdad!-estalló mirando a su hermana-¡Ni siquiera debería estar vivo!

--¡Deja de decir esas cosas!-replicó su hermana-¡Además eres un niño! ¡Esas palabras no deberían estar en tu vocabulario!

--¡Oh, por favor! ¿¡De verdad me vas a tratar como un crío! ¡Mi inteligencia da mil vueltas a la tuya! ¡Mentalmente soy un adulto! ¡Mucho más que lo eres tú!-gritó él en su defensa, haciendo que su hermana callara-¿De verdad pensabas que era un niño como el resto? Madre mía, esas cosas de "Os van a atacar los malos"-dijo con burla, imitando la voz infantil e ingenua que en algún momento sus hermanos pensaron que tenía-¿de verdad te las creíste? Te creía más inteligente Elizabeth, de verdad que lo creía.

 

La sorpresa de Elizabeth casi se podía comparar con el enojo de Matt, quien luchaba por no dar dos sopapos a su hermano pequeño por hablar de esa forma a Lizz, él no era más que un niño pequeño, él no podía hablar de esa manera, no tenía derecho y mucho menos a su hermana, la cual le había abandonado cuando nació y había dejado al pobre Matt solo y lleno de celos.

 

--¿Pero cómo...?-trató de preguntar Elizabeth.

--Algunos niños están forzados a madurar demasiado pronto por las circunstancias que les pone la vida-respondió como si tal cosa el pequeño.

--Aparte de tu alto cociente intelectual-murmuró sarcástica Samantha, quien se había mantenido al margen de la discusión de los hermanos, al igual que el resto, frente al palacio de James.

--Mejor me voy a planear la muerte de ese desgraciado antes de que me acabe tirando de los pelos-respondió el pequeño mientras metía las manos en los bolsillos de su pantalón, dispuesto a entrar.

--¡Espera!-pidió Elizabeth caminando tras él.

--¡Déjame un maldito segundo!-respondió su hermano menor, sin mirar atrás ni aminorar el paso.

--¡Pero James!-se quejó ella.

--¡Ve a desansar Elizabeth!-respondió él de nuevo.

--¿¡Quién narices es Cathleen?!

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