I'll be your life, your voice, your reason to be...

Dos hermanos separados, destinados a reencontrarse, sin tener muy claros sus sentimientos, confundiéndolos continuamente, mientras trata de cumplir su sueño con sus cuatro compañeros. Harry, Niall, Liam, Louis y Zayn son cinco chicos, cantantes, que, sin buscarlo, encuentran las que quizás sean sus verdaderos amores. Tal vez no sean más que chicas pasajeras, como pueden ser cualquiera de esas fans que pasan con ellos una agradable noche. Pero ¿qué pasaría si un día Harry encontrara una chica extrañamente familiar? Mucho tardará en descubrir que es alguien verdaderamente importante para él; Ane, su hermana melliza, a la cual separaron de él al igual que a su madre cuando apenas tenían unos años de edad. Eso provocará que nazcan celos de protección y cariño, de amor, que en muchas ocasiones, será mal expresado, confundiéndose con atracción y deseo, llevándolos a incómodas situaciones. Celos, amistad, amor, peleas y muchas sorpresas...

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17. Trato hecho.

Salimos de ese armario y andamos por los pasillos buscando a Niall, pero como si se le hubiese tragado la tierra, ¿Dónde rayos se ha metido?

 

Narra Niall.

Ando por los pasillos llorando, sin consuelo, porque realmente no creo que nada pueda consolarme.

¿Tanto me odia? ¿Pero de verdad tanto me odia? Solo la he cogido de la mano para que Harry y Marta pudieran hablar... no he hecho nada malo...

Me meto en una sala cualquiera para evitar sentirme más estúpido delante de todo el hospital, me siento en el suelo con la espalda contra la pared y dejo que las lágrimas salgan sin control alguno.


--¿Qué te pasa?-pregunta una voz mientras se enciende una pequeña lámpara haciendo que dé un grito y que se oiga una risa.


Me levanto corriendo y veo que no es una sala, es una habitación, con una camilla y una chica sonriendo.


--Perdón, perdón-me disculpo secándome las lágrimas-lo siento, no sabía que había alguien, perdón-digo mientras me dirijo a la puerta para salir.

--Oye, espera-dice esa chica con aspecto preocupado-¿Por qué lloras? ¿Estás bien?

--Sí, sí, tranquila, no debería estar aquí.

--Ven aquí-dice apartando las sábanas y sentándose dejando un hueco para mí-vamos, ven a hablar conmigo.

--No quiero molestar, es tarde-miro mi reloj; pasada media noche.

--Tranquilo, no suelo dormir mucho-responde sonriente.


Me acerco despacio hacia esa cama, para ver a la chica, increíblemente delgada, tendrá mi edad y pesará menos de la mitad que yo, ojos enormes, debido a la falta de grasa bajo su piel, color miel, una sonrisa llena de vida, preciosa. Me siento a una esquina.


--¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?-pregunta curiosa.

--No creo que te interesen mis tonterías-respondo con una pequeña sonrisa de lado mirando el suelo.

--Vamos, suéltalo. Lo primero ¿Cómo te llamas?

--Niall, ¿tú?

--Paula-dice con una sonrisa-dime, ¿le pasa algo a algún familiar?

--No, no es eso.

--¿Y por qué estás aquí? si puedo saberlo, claro.

--Un amigo, pero está bien.

--¿Entonces?

--Es...por una chica...-asiente con la cabeza-ella...bueno...yo la quiero...-asiente de nuevo-y...la cosa es que tontea con un amigo.

--¿Es muy amigo tuyo?

--Uno de mis mejores amigos.

--Entonces tendría que dejar que tú estuvieras con ella en lugar de él.

--Lo sé, pero él dice que no se quieren de esa forma, entonces...ellos dos se besaron, cuando estaban borrachos y no parecía que les molestase-digo notando como me voy a poner a llorar en cualquier momento.


Con sus delgados brazos me abraza, cosa que hace que me sienta un poco mejor.


--Entonces...yo...esta mañana la besé y...me dio un guantazo enorme y...ahora me odia...


Con una brazo acaricia mi espalda, tratando de darme ese consuelo que tanto busco y que parece ella puede darme.

Me aparto de ella mirándola a los ojos, respondiéndome con una preciosa sonrisa.


--Lo peor es...es que el chico con el que se besa dice que se lo diga, que le diga a la chica lo que siento, que la quiero, que seguro que a ella la gusto...

--¿Es eso?-pregunta sorprendida. Asiento con la cabeza-Está muy claro qué debes hacer-dice con seguridad, haciendo que la mire sorprendido-¡Díselo!

--¿Que diga qué a quién?

--¡Que le digas a la chica que la quieres!

--¿Qué? ¿Cómo voy a decirla eso? No me has escuchado, ella me odia.

--Las chicas somos complicadas, hay veces que decir "No" significa "Sí" o al contrario, o hay veces, también nos comportamos como tontas cuando hay un chico delante que nos gusta mucho, a esa chica la gustas, tienes que decírselo.

--Pero si no me deja hablar con ella...

--Pues...di a tus amigos que te ayuden con ella.

--No sé...


Me quedo pensando en las probabilidades; que me diga que no de forma borde y sea como una puñalada, que me dé otro guantazo, que me diga que lo siente pero que no, o, por otra parte, la parte positiva puede ser que me diga que ella me quiere...

Recuerdo que estoy en la habitación de un hospital con una enferma, no sé exactamente de qué, pero no debería estar aquí, pero ya que estoy...


--Oye, ¿Por qué estás aquí?-pregunto.

--Porque mis padres están idos de la cabeza-dice divertida-a mí no me pasa nada, pero les ha dado algo en la cabeza diciendo que sí, lo único que me pasa es que estoy gorda y no lo quieren ver.


Abro los ojos de par en par, miro a la chica, apenas pesará más que una niña de diez años.


--¿Cómo que gorda? si estás en los huesos, literalmente.

--¿En los huesos? mírame, soy una ballena.

--Entonces ya comprendo por qué estás aquí-murmuro.

--A mí no me pasa nada.


La cojo de la mano, parece la de un esqueleto pero con piel. Un escalofrío recorre mi espalda. Con mis dedos índice y pulgar rodeo su muñeca, que ni siquiera rellena ese espacio.


--Mira, ¿cómo que estás gorda?-digo enseñando su muñeca.


Se queda mirándolo con detenimiento.


--Tienes las manos muy grandes-responde simplemente.


Resoplo soltando su mano.


--Mira, tienes anorexia, y es un problema, mírate bien, estás demasiado delgada.

--Niall, estoy gorda, no le puedo hacer nada, bueno, puedo hacer algo, ya lo hago, no como, ya está, no pasa nada, de verdad-dice con una sonrisa.

--No lo estás y aunque lo estuviera, mírame, soy un rubio de bote, bajito y con aparato ¿piensas que soy quien para criticarte?

--En primer lugar, el rubio te queda increíble, tienes una estatura normal y ni siquiera me había dado cuenta del aparato, en segundo lugar, tienes unos ojos preciosos-dice con una sonría vergonzosa.

--Gracias-la respondo con otra sonrisa-mira hacemos una cosa, me estoy muriendo de hambre, cojo unos sandwiches de las máquinas, tú te tomas uno y yo otro ¿vale? 


Niega con la cabeza.


--No voy a comer, no quiero engordar.

--Deberías engordar un poco, lo necesitas-niega de nuevo con la cabeza-pide algo a cambio, ¿qué quieres que te dé? mira tengo...-digo mientras meto la mano en mi bolsillo y saco lo que tengo-un móvil, las llaves de mi casa-digo mientras lo voy dejando en la cama-mira mi cartera-la abro-tengo cincuenta libras...y...tarjeta de platino de Nando´s, elije, tú comes un sandwich y yo te doy lo que quieras.

--¿Lo que quiera?-asiento-¿seguro?.

--Claro-digo con una sonrisa.

--¿Me darías un beso?-pregunta cortada.


Abro los ojos como platos.


--¿Un...un beso?-pregunto alucinado a lo que ella asiente con la cabeza-¿Quieres que yo...te bese?-pregunto algo confundido. En fin, no me considero Miis Universo, la verdad, pero ella solo asiente con la cabeza,avergonzada.

--No tienes que hacerlo si no quieres...-susurra en bajo.

--¿Y comerás?-asiente con la cabeza de nuevo-entonces vale. Ahora vengo-digo con una sonrisa.


Salgo de la habitación, al pasillo a oscuras y me acerco a una de las máquinas expendedoras. Saco un par de sándwiches y vuelvo a la habitación.


--Un sandwich por un beso ¿Trato?-pregunto sentándome en la cama.

--Trato hecho-dice con una sonrisa.


Saco uno de los sandwich y se lo doy, lo coge con la mano temblorosa. Sin pensarlo más yo doy un bocado al mío.


--Que hambre-digo cuando trago-vamos, come-digo animándola.


Acerca el sándwich despacio a su boca y muerde ligeramente el pico, casi no lo ha rozado, pero comienza a llorar.


--Oye, no llores...-digo triste.

--No quiero comer...-dice llorando.

--¿Desde hace cuánto no comes?-pregunto.

--No sé, me ponen una sonda todas la mañanas, pero en cuanto me dejan sola me la quito-admite limpiando sus lágrimas.

--No lo hagas más, tienes que comer, vamos, tu beso, ya lo sabes-digo con una sonrisa intentando animarla.


Mira el sándwich y da un bocado más grande haciendo que sonría.


--¿Es tan malo?-pregunto.


Suspira y niega con la cabeza con una sonrisa.


--Está rico-admite sonriente.

--Te lo dije.


Terminamos de comer y veo como tiene algo mejor la cara, como más llena de vida.


--Tu parte cumplida, ahora la mía-digo nervioso.

--No tienes que hacerlo si no quieres, solo me has ayudado, gracias-dice sonriente.

--Lo justo en un trato es cumplir ambas partes.


Antes de dejar que me rechiste me acerco a ella y cubro sus labios con los míos de manera corta, pero dulce igualmente. No siento esos fuegos artificiales destruirme el estómago como me ha pasado esta mañana con Ane, entonces sí que he sentido que me moría internamente, aunque un segundo después me diera un buen guantazo, se siente mejor si es con la morena de ojos verdes... Preferiría que fuera ella, pero por lo menos... no me siento tan estúpidamente solo...


--Gracias-dice feliz-eres muy buen chico...

--No hay de qué-miro mi reloj-creo que debería irme ya, tienes que descansar-digo levantándome de la cama.

--¿Vendrás a verme mañana?-pregunta asustada.

--Por supuesto, voy a tener que venir a ver a mi amigo, aunque no fuera así vendría a verte-digo antes de besar su frente.

--Gracias-responde acomodándose en su cama con una sonrisa.


Salgo de la habitación con las manos en los bolsillos y una sonrisa en mi cara, quizás sea la solución, no comerme la cabeza tanto con Ane, estar con otra chica, aunque solo de amiga, porque solo la quiero de amiga, a la que de verdad quiero es la cabezota, bipolar de ojos verdes...

 

Narra Harry.

No hemos encontrado a Niall, así que hemos vuelto a la habitación con Liam.


--¿Qué habéis hecho vosotros dos?-pregunta Ane según entramos.

--Nada, nada, ¿por qué siempre tenéis que pensar mal?-pregunto apoyándome en la camilla que hay vacía a la derecha de la de Liam.

--Porque somos así-dice Zayn encogiéndose de hombros.


Entra una doctora a la habitación, interrumpiendo nuestra conversación. Nos echa una mirada llena de cansancio y al mismo tiempo dulzura.


--Chicos tenéis que iros ya, es tarde y Liam tiene que descansar-dice amable.

--Está bien-habla Louis con pesadumbre.

--Os podéis quedar uno, con él, como mucho dos-dice antes de que salgamos.


Miro con una sonrisa cómplice a Marta; así podríamos estar solos, en cuanto se duerma Liam, claro.


--¿Te quedas conmigo?-la pregunto sonriente. Ella asiente con la cabeza.


El resto nos mira como si ocultásemos algo pero se van sin rechistar nada más.

Nos apoyamos en la camilla vacía.


--¿Qué tramáis vosotros dos?-pregunta Liam antes de soltar un bostezo.

--Nada, solo estamos preocupándonos por ti-responde Marta.

--Ya, ya-dice cerrando los ojos.


A los minutos está durmiendo como un tronco.


--¿Y ahora?-pregunto divertido.


Me sonríe y me besa con dulzura.


--Me gusta esta opción-digo con una sonrisa.


Paso los brazos por su cintura para pegarla a mí, a lo que sonríe y pone los brazos por mi cuello.

Nos vamos apoyando cada vez más en la cama hasta acabar ella debajo de mí, sonríe mientras sigue besándome, baja las manos por toda mi espalda hasta llegar al borde de la camiseta, comienza a subirla hasta quitarla. Madre mía como está esta juventud, los quince años las hormonas están muy, demasiado alteradas y me está comenzando a alterar a mí, entonces malo...

Bajo las manos hasta llegar al borde de sus pantalones, que me gritan que los quite, es que me lo están gritando...


--¿Pero qué se supone que hacéis?-pregunta Liam desde la otra camilla haciendo que nos levantemos de golpe.

--Nada, nada-digo colocando mi camiseta con nerviosismo.

--No, nada de nada pero estabais a punto de hacerlo conmigo al lado, que asco por Dios, pensad un poco las cosas y en las consecuencias que podríais traer, ¡como dejadme un trauma!

--No, eso son cosas tuyas, no íbamos a hacer nada-se excusa Marta.

--Ya, claro...

--¿Y tú para qué te despiertas?-pregunto intentando que deje ese tema.

--Tengo que ir al baño, voy a llamar a algún enfermero-dice tratando de incorporarse.

--Tranquilo, te ayudo-digo acercándome a él.


Le ayudo a levantar y andamos hasta el baño, en lo que escucho una risita divertida por parte de mi ella.


--¿Puedes?-pregunto cerrando la puerta.

--Sí, sí-dice acercándose al inodoro-¿De verdad te ibas a poner a...ahí a hacerlo con ella?-dice mientras hace pis.

--Pues...pues no lo sé...-digo acercándome al lavabo-pero ahora estoy muy mal, pero muy, muy mal.


Liam suelta una carcajada y se acerca al lavabo a lavarse las manos.


--Ya, con cierta... "presión"-comenta chistoso.

--Con cierta presión no, con mucha presión, ¿no podías aguantarte un poquito?-digo molesto

--Pues no, o eso o la vejiga estallaba, o me meaba encima, yo creo que podrás aguantarlo-dice divertido.

--No, ¿sabes que me van a reventar los pantalones? ¿¡Lo sabes?!-exclamo en un susurro señalando mis pantalones, los cuales se ven mucho más apretados que de costumbre.

--Sí, lo sé, se ve a kilómetros-responde riendo.

--No me hace gracia-digo nervioso-no puedo...-añdo resoplando.

--Harry, es una niña, no la presiones-dice colocando una mano en mi hombro.

--¿Una niña? es que tú no has visto como se ha puesto-digo poniendo una mano sobre mis ojos-seguro que me supera en ritmo, pero de sobra. Eso son las hormonas de adolescente...


Liam ríe de nuevo y salimos del baño, encontrándonos con que ella está dormida en la camilla, acurrucada, como una niña pequeña, dulce e inocente y no como la alocada y salvaje adolescente que es.


--¿Ves como es pequeña?-susurra Liam colocándose dolorido en la cama.

--Di lo que quieras que yo sé lo que he visto y lo que estaba dispuesta a hacer-respondo algo molesto.


Ríe por lo bajo y yo me acerco a la camilla, ahora ocupada, me tumbo junto a ella, pasando una mano por su estómago para abrazarla contra mí con dulzura.

No estoy loco, yo sé que ella quería y no se iba a retirar asustada, ni mucho menos, ahora las niñas están muy espabiladas, aunque claro, el guantazo que me hubiera llevado yo si Ane se hubiese enterado hubiera sido fino, si no me dice cada día cincuenta veces que me lance a decir a Marta que la quiero, pero que ni se me ocurra tocarla más de lo que debo, no me lo ha dicho ninguna.

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