I'll be your life, your voice, your reason to be...

Dos hermanos separados, destinados a reencontrarse, sin tener muy claros sus sentimientos, confundiéndolos continuamente, mientras trata de cumplir su sueño con sus cuatro compañeros. Harry, Niall, Liam, Louis y Zayn son cinco chicos, cantantes, que, sin buscarlo, encuentran las que quizás sean sus verdaderos amores. Tal vez no sean más que chicas pasajeras, como pueden ser cualquiera de esas fans que pasan con ellos una agradable noche. Pero ¿qué pasaría si un día Harry encontrara una chica extrañamente familiar? Mucho tardará en descubrir que es alguien verdaderamente importante para él; Ane, su hermana melliza, a la cual separaron de él al igual que a su madre cuando apenas tenían unos años de edad. Eso provocará que nazcan celos de protección y cariño, de amor, que en muchas ocasiones, será mal expresado, confundiéndose con atracción y deseo, llevándolos a incómodas situaciones. Celos, amistad, amor, peleas y muchas sorpresas...

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25. Solo quince años.

Narra Liam.

Mi cabeza da vueltas por un segundo hasta que se estabiliza, permitiéndome así pensar en lo último que recuerdo.

Estaba con la chica más guapa del mundo, he sentido pequeños pinchazos en mi riñón, ese que siempre me ha dado problemas, después, un pinchazo mucho más fuerte, y de repente, nada. Mi mente está en blanco desde ese momento.


--No te vayas-oigo una voz dulce, pero llena de dolor-No te vayas, por favor, quédate conmigo...-también se oye llorar, supongo que a esa misma persona-dijiste que estarías conmigo, no te puedes ir...-insiste. 

 

Aún con los ojos cerrados y algo aturdido, siento como sea quien sea la persona que me habla -y al parecer me llora- coge mi mano con cuidado. Su mano es cálida y pequeño, con los dedos muy finos, los cuales trazan círculos sobre mi dorso.

 

--Te...has autoproclamado mi novia-escucho que dice aún entre lágrimas, pero siento como si una sonrisa estuviera llegando a ella-Me pareció precioso que lo hicieras.

 

Ale. Mi Ale. Mi Ale está llorando. Esto sí que no puede ser. Puedo soportar muchas cosas, pero no que ella llore, y menos cuando estoy perfectamente bien...o estuviera si mi cuerpo quisiera hacerme caso y pudiera abrir los ojos...o hablar.

 

--Nunca he tenido un novio...-continúa hablando, todavía con voz llorosa y a la vez con una sonrisa tirando de sus labios-y menos uno tan bueno como tú...-su voz se quiebra en la última palabra, y en mi pecho siento como algo le acompaña.

 

Reúno todas las fuerzas y toda la consciencia que tengo, para poder reaccionar ante ella, ante sus palabras, ante su miedo y preocupación.

 

--Las princesas no lloran...-consigo que salga de mí una voz ronca y casi inaudible.

 

Pasan unos segundos en los que no se oye nada. Por un momento pienso que ha sido tan baja mi voz que ella no lo ha escuchado.

 

--¿Liam?-pregunta con voz trémula, apretando mi mano con fuerza-L-Liam...¿has sido tú?-pregunta con una mezcla de emoción y preocupación.

 

Cojo aire, todo el que puedo y centro mi atención y mi consciencia -cada vez sintiendo más de ésta última- para forzar a mis ojos a que se abran. Poco a poco parece que lo consigo, primero sintiendo mi visto borrosa y cómo todo parece moverse de un lado al otro. Una luz blanca en medio de mi punto de visión. Lentamente empiezo a enfocar, hasta que soy consciente de cómo unos grandes ojos castaños me miran a apenas unos centímetros de distancia, con lágrimas rodando por las mejillas y una sonrisa incontenible en el rostro.

 

--¡Liam!-exclama antes de rodearme con sus brazos con fuerza.

--Hola cielo...-susurro con una sonrisa en mis labios mientras la devuelvo el abrazo-Me dieron un balazo y estabas tan pancha-comento con cierto humor, que se queda en su mayoría atascado en mi garganta.

--No estaba tan pancha-me reprocha frunciendo los labios en un puchero-también estaba preocupada.

 

La mezcla de sus palabras y su mueca de niña me hacen reír por lo bajo. Ella se aparta ligeramente de mí, lo suficiente como para que pueda llevar mi mano derecha a su rostro y pueda acariciarlo con cuidado.

 

--Tranquila, estoy bien-susurro cerca de sus labios-No sé qué me ha pasado, pero estaré contigo ¿vale?


Su respuesta es asentir con la cabeza. Aún algunas lágrimas resbalando por sus mejillas.


--Venga, no llores-murmuro con suavidad.

 

Ella se acerca de nuevo a mí, dejando su cabeza en el huevo de mi hombro, llorando de manera silenciosa mientras se abraza a mi cuello, aunque puedo sentir una ligera sonrisa en ella.

Nuestro abrazo no dura mucho, ya que ella de nuevo se separa. Lágrimas nuevas en sus mejillas. Un temblor sobre su labio inferior que trata de frenar mordiéndolo.


--¿De verdad estarás conmigo siempre?-pregunta en voz baja, visiblemente preocupada.

--Por supuesto que sí.


Colo mi mano de nuevo en su mejilla, haciendo que ella apoye su mano encima de la mía, evitando que pueda separarla. Esbozo una sonrisa para ella, para que se quede tranquila, para que no piense que, ni por todo el oro del mundo, la dejaría. Nunca. Ella me devuelve la sonrisa, con la mirada bajando de mis ojos a mis labios, lo cual me hace sonreír con más amplitud.

Susurro un "Anda, ven aquí", que hace que ella de nuevo se acerque a mí, esta vez dejando sus labios rozando los míos con una sonrisa tierna en su rostro. 

Siento su respiración chocar contra la mía, dulce y tranquila, aún sin ser unidos nuestros labios. Aunque ese beso no llega a ocurrir, ya que alguien abre la puerta de un golpe y lo siguiente que escucho es:


--¡Mi niño!

 

Ale y yo nos separamos de un golpe para ver a esa mujer rubia de pelo liso, ojos pequeños, que sueltan lágrimas como nunca y sonrisa temblorosa.

 

--Mamá...-intento decir pero me aprieta entre sus brazos.

--Mi angelito-susurra acariciando mi pelo, tal y como hacía cuando era pequeño.

--Mamá, estoy bien-respondo con cierta gracia por sus abrazos de oso amoroso, a los cuales ya debería de haberme acostumbrado.

 

Dejo que me abrace, me bese y me mime hasta que se queda tranquila y segura de que está bien. Una vez dado el último beso en la frente se separa, quedando sentada en el filo de la cama, todavía con esa pequeña sonrisa temblorosa.

 

--Mamá...¿me puedes decir qué ha pasado?-pregunto con suavidad.

 

Su sonrisa se esfuma. Agacha la cabeza y sé que hay algo que va mal. Las grandes lágrimas vuelven a ella, destrozándome por completo ver cómo la tristeza y la preocupación la hacen llorar.


--No llores, por favor-la pido suplicante.


Pero ella no es capaz de frenar sus lágrimas, por lo que solo se limita a responderme.


--¿Te acuerdas que pensábamos que tu riñón malo ya no funcionaba?-pregunta en voz baja. Mi mano siendo agarrada por la suya. Yo asiento con la cabeza-pues por alguna razón ha comenzado a funcionar y ha hecho un buen estropicio haciendo que la sangre ni se filtrara bien ni fuera por donde debería...

 

Se queda callada, tratando de apartar las lágrimas que siguen cayendo.

El aire ha salido momentáneamente de mis pulmones y siento como tengo que obligarme a seguir respirando.

Si me mareo con ver una aguja es por el simple hecho que de pequeño me pincharon demasiadas veces, todo ello para que mi riñón malo no me diera problemas y poder llevar una vida "normal" como cualquier otro niño. 

Pensar en tener que volver a eso de nuevo, hace que sienta como algo dentro de mí tiembla. Tengo ganas de aovillarme en el regazo de mi madre, tal y como hacía hace años cada vez que algo me daba miedo.

 

--¿Otra vez vuelta a las inyecciones?-consigo pregunta en un susurro ahogado,

 

Ella suspira, y por un momento pienso que va a decir que sí. Para mi gran alivio, sonríe de manera tranquila mientras acaricia el dorso de mi mano con ternura.


--Por lo que parece está como antes-contesta con voz suave.

 

Siento como todo mi cuerpo se relaja de un golpe, pese a que no lo sentía en tensión. Mi respiración vuelve a la normalidad y no siento ganas de hacerme pequeño y controlar mi temblor subiéndome a las piernas de mi madre.

 

--No saben qué ha pasado, pero como tienes que quedarte aquí por lo del hombro hasta por lo menos Noche Buena, te revisarán que todo vaya bien ¿vale?.

 

Asiento con la cabeza antes de sentir los labios de mi madre en mi frente.

Su cariño me hace volver a mi infancia, a mis heridas en las rodillas, a todos sus besos en mis pupas, a sus abrazos cálidos y a los besos antes de dormir.

Por un momento vuelvo a tener cinco años y no puedo sentirme más agradecido.

Al menos hasta que siento los ojos de Alejandra en mí y en mi madre, mirándonos con una sonrisa. Mis mejillas se tornan rojas de un momento a otro, y mi madre lo nota, ya que se da media vuelta para poder ver a la castaña.

 

--Li-habla mi madre con cierto tono de reproche-¿No me vas a presentar?-pregunta con un ceño fruncido fingido.

--Eh...se llama Alejandra, es...um...mi novia-admito en tono cortado-Ale, ella es Karen, mi madre.


Ale se acerca hasta mi madre y ésta la envuelve en un rápido abrazo a modo de presentación. 


--Mucho gusto-dice mi madre-Me le cuidarás ¿verdad?-añade alzando sus cejas con diversión.

--¡Mamá!-me quejo sonando más infantil de lo que pretendía.

 

Ellas dos ríen,cómplices como si fueran amigas de toda la vida.

 

--Por supuesto-responde ella en tono dulce.

 

Aparta la mirada de mi madre para ponerla en mí, dedicándome la sonrisa más dulce que nunca hubiera podido imaginarme.

 

Narra Marta.

Llego al hospital por enésima vez, móvil en mano y mirada en todas partes al mismo tiempo, buscando la habitación del pobre Liam. Espero y deseo que no sea nada.

Aunque también tengo la preocupación por Harry, quien no me coge las llamadas, y eso sí que empieza a ponerme nerviosa.

Finalmente doy con la puerta de Liam, aunque de momento no haya nadie delante de ella, esperando a que salga alguien a decirnos algo, como me suponía.

Me siento en una de las sillas que hay delante de la habitación y espero con un tembleque de piernas a que aparezca alguien.

De repente aparece Harry, con una expresión tranquila. Una sonrisa se abre camino en su rostro cuando sus ojos encuentran los míos. Me levanto de un salto para abrazarle, cuando caigo en el cuerpo que hay pegado al suyo como una lapa.


--¿Qué le pasa?-pregunto refiriéndome a mi amiga.


Harry me responde encogiéndose de hombros mientras cierra las distancias conmigo. Entonces caigo en cómo Ane parece estar llorando, con la cara escondida en su costado.


--Ni idea, lleva desde hace una hora llorando así-dice algo preocupado-Lo único que dice es que me ha echado de menos.

--¿Y cuánto tiempo habéis estado separados?-pregunto confundida.

--Apenas diez minutos-responde acariciando la mejilla de Ane-pero me está empezando ha preocupar.

 

Me acerco a ella, pensando en qué puede haberla pasado como para que eche de menos a Harry de repente. Una punzada de celos aparece, pero la rechazo de inmediato. Es un poco estúpido pensar en celos en este momento.

Trato de establecer alguna clase de conexión con ella; una mirada, una palabra, lo que sea, pero no hay manera.

 

--Llama a Niall, a ver si se calma un poco-propongo.

--Eso es lo que he hecho-responde él con un resoplo de frustración-me ha dicho que está de camino-añade mirando la pantalla de su móvil, como si esperara que éste le llamara o enviara un mensaje-Espero que al menos él sepa qué la pasa.

 

Harry deja un beso sobre los rizos alborotados de Ane. Ésta como respuesta se abraza con más fuerza a él, y por alguna razón siento una mezcla de ternura y lástima por ellos dos, no solo por ella.

Siento como si algo en mi cabeza quisiera encajar, pero simplemente no lo consigo. Decido dejar de intentarlo cuando veo una cabellera rubia caminar con rapidez hacia nosotros.

La cara de Niall muestra la preocupación en todos los aspectos. No sé si por Liam, si por Ane o una mezcla de ambos dos.
 


--¿Qué ha pasado?-pregunta angustiado

 

Sus ojos viajan hacia su novia, todavía agarrada a Harry como si alguien se lo fuera a apartar de por vida.

Niall se acerca a ella, buscando sus ojos sin éxito.

 

--Oye...cariño, ¿qué pasa?-pregunta con voz tierna.


Entonces la aludida levanta la cabeza. Sus ojos se posan en los de Harry, quien se muestra tan perdido como el resto, sus cejas fruncidas por la confusión. 

Por un momento parece que va a decir algo, pero solo le abraza de nuevo.


--Por lo menos me deja calentito-admite Hazza divertido.

--Prométeme que no te vas a ir nunca de mi lado-ella habla de repente, sobresaltándonos a todos.

--Por supuesto que no me voy a ir de tu lado-responde Harry mientras pasa su gran mano por la espalda de ella.

--Gracias...

 

Se pone de puntillas, llevando así a la mejilla de Harry sin problemas. Deja un pequeño beso en la mejilla y se desengancha de él.

Sin decir nada, sin darnos una explicación por su extraño comportamiento, abraza a Niall.

El miedo a ser separada de Niall es inexistente. Solo muestra cariño hacia él, no desesperación o miedo porque se vaya.

Esta chica cada vez es más rara...

El rubio la mira confundido, pero deja que ella se acomode en su pecho. Le devuelve el abrazo con cuidado, como si no supiera cual va a ser su reacción.

 

--¿Entramos los primeros para ver a Liam?-pregunta ella, ahora dedicándole una sonrisa a Niall.

--Claro-responde éste todavía perdido por lo ocurrido.


Sin decir nada más y con un encogimiento de hombros de Niall, ambos se meten en la habitación. 

Miro a Harry con cierta alucinación pero él solo se encoge de hombros. Una sonrisa de hoyuelos instalada en su cara mientras pasa un brazo por mi cintura.

Me pega a él de un golpe y entonces siento la profundidad y oscuridad de su mirada.

No me causa miedo, no pienso en que está enfadado, ni mucho menos. 

Su tierna sonrisa sigue ahí. Sus ojos comienzan a encender algo en mí que nunca sería capaz de describir sino fuera con la palabra excitación.

Quiero preguntarle que qué es lo que le ocurre como para que de repente haya llegado a esa situación, pero sus labios colisionan con los míos y no tengo tiempo ni cordura suficiente como para detenerlo o preguntar.

Su cálido pecho está pegado al mío. Noto su corazón acelerado buscando ansioso al mío. Sus labios no actúan de manera brusca, pero tampoco tienen la suavidad y la tranquilidad que suelen tener cuando me besan.

No sé qué es lo que ha cambiado, pero tampoco me paro a analizarlo.


--Demasiado tiempo sin tus labios-murmura sobre éstos.

--Lo mismo digo-admito con una sonrisa, sintiendo como mis pulmones están casi vacíos.


Suspira sobre mis labios, dejando que su perfecto y dulce aliento choque con mi cara. Acaricia mis labios con su dedo pulgar mientras el resto de su mano está colocada en mi mejilla. Mis labios parecen palpitar, deduzco que se han hinchado por el insistente beso.

Sin previo aviso o explicación, sus labios vuelven a los míos, de nuevo sacándome el aire y haciendo que mi corazón se desboque, aunque ni siquiera había vuelto a palpitar con normalidad por culpa del anterior beso.

Siento sus dientes rozar mis labios, antes de notar el ligero pellizco en el inferior de éstos. Su gran y -ahora caliente, muy caliente- mano, llega a mi cintura, colándose por debajo de mi camiseta.

De un rápido y seco movimiento deja pegada mi cadera a la suya, y siento como su excitación es mucho más que palpable. Siento mis mejillas arder, aunque ni la mitad de lo que arden cuando escucho como él ahoga un gemido suave en mis labios.

Y por un momento pienso ¿Y qué? Es algo natural. Somos dos personas que se atraen, besándose y claramente excitándose. Pero una camilla con un paciente en ella pasando por nuestro lado, hace que vuelva a la realidad.

Coloco mis manos en su pecho y le separo de mí tanto como puedo, ya que se puede ver cómo sus brazos están tensos por la fuerza con la que agarra mi cintura.

Mis labios ahora palpitan con más fuerza al separarse de los suyos. Pero eso no evita que él continúe con su ronda de besos, ya que mi cuello es rápidamente atacado por éstos.

Siento como si las piernas me flaquearan. Mi cabeza de nuevo se va a alguna otra parte, dejándose hacer por los suaves labios de Harry recorrer mi piel.

 

--Harry, para-consigo decir, antes de que algún otro sonido escape de mí.

 

Y por mucho que pueda parecer que está fuera de sí, él detiene sus besos de inmediato.

Sus ojos siguen oscuros, muy lejos del verde esmeralda en el que se suelen encontrar. Sus labios parecen rojizos, y notablemente hinchados, tal y como deben de estar los míos. Su respiración es jadeante y su mirada entre confusa y arrepentida por alguna razón.

Cierra los ojos con fuerza por un momentos, dejando salir un suspiro. Sus brazos se relajan en torno a mi cintura.

 

--Perdona-dice en un tono bajo, sin mirarme a la cara-No sé qué me ha pasado. Sabes que yo no soy as...

--Estamos en medio de un pasillo-le interrumpo. Sus ojos llegan a los míos con una expresión de extrañeza-Aquí alguien nos puede ver-añado sin poder evitar que una sonrisa salga de mis labios.

 

Él me mira sorprendido por unos segundos, antes de reír de manera baja y ronca. Niega con la cabeza, como si quisiera dejarme bien en claro que no está bien lo que ha hecho, pero sinceramente, nunca me había sentido mejor.

Antes de que pueda decir algo más, agarro su mano derecha y la coloco sobre mi pecho. Todavía se puede sentir mi corazón latiendo rápido.

 

--¿Por qué parece que te arrepientes?-pregunto en voz baja.

 

Algo golpea en mi orgullo al pronunciar mi propia frase. Siento como si no le hubiera gustado la idea de llegar a hacer algo conmigo, y eso claramente duele.

 

--Porque no está bien-responde con tranquilidad, con una que sé que no tiene, ya que sus ojos siguen oscuros y chispeantes. Su mano libre acaricia con suavidad mi piel bajo la camiseta-No está bien-añade, esta vez como si estuviera convenciéndose a sí mismo, en vez de a mí.

--¿Por qué no está bien?

 

Él no responde, solo niega con la cabeza y una sonrisa tímida en sus labios. 

De nuevo una patada en mi orgullo.

¿Qué hay de malo? ¿Qué tengo de malo? pregunto con cierta curiosidad, ya que nunca he sido de esas con una baja autoestima ni nada por el estilo. Y sé perfectamente, que lo único malo que se puede sacar es que estamos en medio de un pasillo de hospital.

Una parte de mí teme que Harry piense que me va a hacer daño o que no voy a estar preparada hasta los dieciocho, o que sea un tradicional y que quiera esperar a casarse. No lo sé. Pero la que teme que no vaya a volver a pasar una situación como esta, sin duda soy yo.

Pienso algo que decir, o que hacer para que él entienda que tengo tantas -o más- ganas que él. No quiero que esto se pare ahora.

Decido repetir lo que ha desencadenado esta situación.

Coloco mis manos en la parte trasera de su cuello, acariciando sus rizos y acercándole a mí en un movimiento que no se esperaba. Uno mis labios a los suyos de un golpe y trato de recrear los movimientos que él ha hecho con anterioridad.

Por un momento pienso que él se va a apartar, de nuevo diciendo que no está bien, pero para mi tremendo alivio, sus grandes manos vuelven a apretar mis caderas contra las suyas y su lengua continúa batallando con la mía.

Sin apenas ser consciente de cómo, cuándo ni cómo nadie nos ha visto, siento que llegamos a lo que parece un armario de una consulta vacía. La puerta se cierra gracias al pie de Harry.

Mi espalda está contra la parte posterior del armario en el que solo se encuentran un par de batas de médico. 

Sus manos se mueven ansiosas, al igual que sus labios, tratando de acariciar cuanto está a su alcance de mi cuerpo. Siento como la derecha sube por mi estómago, causándome unos escalofríos que erizan mi piel.

 

--Harry-jadeo sobre sus labios.

--¿Qué?-pregunta en voz baja.

 

Sus mejillas se encuentran enrojecidas, sus rizos despeinados, sus ojos todavía más oscuros y llenos de excitación, sus labios visiblemente hinchados, su respiración superficial, su pecho contra el mío.

Por mi mente pasan mil y un discursos que dar para este preciso momento, pero siento como si mi cerebro no quisiera trabajar con mi boca para poder pronunciarlos.

 

--Te quiero-es lo único que soy capaz de decir.

 

Una sonrisa de hoyuelos se extiende entre la penumbra que hay aquí dentro.

 

--Y yo a ti-responde entre jadeos.


Sin decir nada más, continúan nuestros besos, primero de manera suave y cuidadosa. Poco a poco consiguiendo que salgan jadeos y pequeños gemidos involuntarios. 

Su mano baja por mi cadera hasta llegar al borde de mis vaqueros, desabrochándolos con cuidado y lentitud pese a que nuestros besos sean desastrosos y solo seamos un tumulto de jadeos, calor y gemidos. 

No detengo sus movimientos, ni siquiera pienso en hacerlo. Mis vaqueros acaban por las rodillas, seguidos de mi ropa interior. Él repite los movimientos con su propia ropa.

Está claro que no puedo ver apenas nada con la oscuridad del armario, pero en cuanto siento cómo su entrepierna choca contra mi estómago -sí, hasta para esto soy pequeña en comparación con él- no puedo evitar que el rubor y la vergüenza me lleguen.

Quito mis zapatos con los pies, seguidos de lo que quedan de mis vaqueros. Sus labios siempre en contacto con alguna parte de mi cuerpo. 

Meto mis manos por debajo de su camiseta, acariciando su abdomen con un principio de abdominales trabajados. Su camiseta acompaña a mis zapatos, vaqueros y ropa interior en el suelo. Acto seguido es mi camiseta lo que les hace compañía.

Sus brazos me cogen de un movimiento rápido, haciendo que enrolle mis piernas en su cadera, a bastante distancia del suelo.

Y agradeciendo que no todo parezca ser como en la películas, no siento ninguna clase de dolor cuando llega su primera envestida. Lo único que sale de mí es un "Oh Dios mío" que provoca que él ría por lo bajo.

Entre envestida y envestida me da tiempo a pensar -más o menos- en la situación en la que me encuentro: en un armario de un hospital, teniendo sexo con el que por mucho tiempo ha sido solo mi ídolo, aunque ahora sienta que es mi todo, y solo teniendo quince años. Si esto es un sueño, que nadie me despierte.

Aunque para mi desgracia, no es alguien despertándome lo que me interrumpe y nos impide acabar.

La puerta del armario se abre de un golpe. Se escucha un grito lleno de histeria. Veo la cara de Ane, completamente colorada por un segundo. La puerta vuelve a cerrarse. Se escucha un grito desde fuera.


--¡FUERA DE ESE ARMARIO A LA DE YA!

 

Miro a Harry, viendo en él la misma vergüenza que yo, pero en su cara se ve mucho más adorable, ya que la acompaña de una sonrisa tierna.

Sin ni siquiera plantearnos el hecho de no salir -ya que Ane es capaz de llamar a la policía para que paremos y salgamos, además de que la vergüenza de que nos haya visto es bastante grande- Harry sale de mí, haciendo que me queje por el sentimiento de vacío. Él ríe de manera baja por ello, antes de ayudarme a colocar mi camiseta con cuidado.

Nos vestimos tan rápido como podemos. Nuestros cuerpos aún sensibles y quejicas por no haber podido acabar lo que empezamos. Nuestras caras rojas a más no poder.

Salimos del armario con la cabeza algo gacha y la vergüenza por las nubes.

¿No había más armarios en todo el hospital que ella tenía que abrir justo este?


--Escapa-dice haciendo un movimiento con la cabeza hacia mí. Su cara completamente roja por la imagen que acaba de ver.


Salgo rápido de la habitación cerrando la puerta y dejando salir un suspiro para no tener que recibir una charla como la que me daría mi madre si nos hubiera visto. Pongo la oreja sobre la puerta, con intenciones de escuchar lo que le dice a Harry, aunque la verdad, creo que su regañina se excusa hasta en Chile por lo menos.


--¿¡ME QUIERES DECIR EN QUÉ PENSABAS?!-grita-¡ES UNA NIÑA, HARRY!

--Yo...-intenta excusarse él, a la vista está que su bochorno no le deja inventar una excusa, aunque tampoco hay mucho que inventar.

--¡SOLO TIENE QUINCE AÑOS!-insiste-¿¡NO TIENES UN POQUITO DE CABEZA?!


La puerta se abre de golpe y yo me aparto. Harry sale con la cara ya más roja imposible y Ane detrás de la misma forma. De nuevo algo en mi cabeza quiere encajar algunas fichas que simplemente no consigo. Siento demasiado calor como para pensar.


--Pero...-intenta excusarsede nuevo Harry.

--¿Pero qué?-dice con un bufido-acabas de desvirgar a una niña. Va a caer sobre tu conciencia.

--No seas exagerada-decido meterme en la conversación, defendiendo a Hazza-no me ha obligado, yo también quería.

--Solo tienes quince años, eres una niña, no tienes que ir haciendo esas cosas y menos con el lechuguino este-dice haciendo aspavientos en dirección a Harry, quien se encoge visiblemente.

--¿Y cuando tú lo hagas con Niall?

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