I'll be your life, your voice, your reason to be...

Dos hermanos separados, destinados a reencontrarse, sin tener muy claros sus sentimientos, confundiéndolos continuamente, mientras trata de cumplir su sueño con sus cuatro compañeros. Harry, Niall, Liam, Louis y Zayn son cinco chicos, cantantes, que, sin buscarlo, encuentran las que quizás sean sus verdaderos amores. Tal vez no sean más que chicas pasajeras, como pueden ser cualquiera de esas fans que pasan con ellos una agradable noche. Pero ¿qué pasaría si un día Harry encontrara una chica extrañamente familiar? Mucho tardará en descubrir que es alguien verdaderamente importante para él; Ane, su hermana melliza, a la cual separaron de él al igual que a su madre cuando apenas tenían unos años de edad. Eso provocará que nazcan celos de protección y cariño, de amor, que en muchas ocasiones, será mal expresado, confundiéndose con atracción y deseo, llevándolos a incómodas situaciones. Celos, amistad, amor, peleas y muchas sorpresas...

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35. ¿Rojas o blancas?

Narra Ane.

--Me has hecho venir corriendo y encima me haces esperar-bufa, de claro mal humor. Entra en casa sin más-Y no me creo que sea por una fiesta, te da demasiada pereza ir a cualquier sitio, mucho menos a una fiesta. ¿Qué es lo que pasa? y más te vale que sea de vida o muerte.

 

Me quedo callada mientras cierro la puerta. Mi cerebro trabaja a toda velocidad para encontrar una escusa lo suficientemente razonable como para convencerla de que su carrera no ha sido en vano. Me giro para mirarla, aún sin una respuesta válida, ella me mira con ambas cejas alzadas y los brazos cruzados sobre su pecho, esperando.

 

--Es que...¡tengo un vestido nuevo!-exclamo.

 

Por una fracción de segundo su rostro muestra sorpresa, pero rápidamente es invadido por el enfado. Sé que en estos momentos no soy su persona favorita, de hecho, debo de ser su persona menos favorita, pero en mi defensa tengo que decir que yo no hice nada para que se pusiera celosa, tan solo me limité a estar con mi hermano... aunque claro que esa parte ella no la sabe.

 

--Me has hecho venir corriendo desde mi casa...para enseñarme un vestido...-parece que repite, en un intento de verlo claro y con sentido, aunque ni yo misma lo veo.

--Claro, eres mi mejor amiga. Necesito tu opinión.

--¿Y para qué están los teléfonos móviles? ¡Podías haberme enviado una foto!

--Pero no es lo miiiiismo-digo en un tono medio quejica. Agarro su mano y comienzo a tirar de ella sin mucha dificultad-Sabes que la ropa no se ve igual en las fotos que en la realidad...siendo sinceros, nada se ve igual en las fotos que en la realidad.

 

Oigo como refunfuña tras de mí, pero no parece oponerse a subir las escaleras conmigo, de todas formas, ya ha venido hasta aquí, ya le da igual el camino recorrido, aunque haya sido para una tontería. Hago que se siente en mi cama mientras me dirijo al armario, encontrando con el segundo problema de mi mentira: no tengo ningún vestido nuevo. Está claro quien no sirve para mentir...

Me pongo a rebuscar en un intento de que se me ocurra una maravillosa idea que no llega por mucho que lo intente, ella mientras tanto hace más preguntas obvias y perfectamente entendibles teniendo en cuenta lo inverosímil de la situación.

 

--¿Y para qué te has comprado un vestido nuevo?

--Pueees...-murmuro, sintiendo como la mentira se va a descubrir si no pienso algo rápido, y no es fácil pensar en una mentira si te dedicas a pensar en lo lento que piensas en una mentira-en realidad sí que hay una fiesta.

--Pero...antes has dicho...-oigo que dice a mis espaldas, confusa.

--¡Y aquí está el vestido!-la interrumpo con una sonrisa que me tiembla. Saco un vestido que no es para nada nuevo, pero sí es verdad que apenas me lo he puesto, y sinceramente...rezo porque si memoria casi fotográfica falle esta vez.

 

Me mira con el ceño levemente fruncido, para acto seguido mirar de la misma forma al vestido. Los segundos pasan lentos y yo siento como mi sonrisa nerviosa está causando dolor en mis mejillas, pero aún así, soporto la tortura de sonreír tanto durante tanto tiempo.

 

--¿Seguro que es nuevo?-pregunta con recelo-Juraría que ese ya te...

--Nuevo. Nuevo. Nuevísimo. Mi madre me lo compró ayer, ¿no es genial?-respondo mientras se lo lanzo a la cara, buscando con desesperación una manera de salirme del embrollo.

--Eh...sí, es...está bien-admite aún confundida, cogiéndolo para mirarlo detalladamente-Pero...no te ofendas, esto no te cabe.

 

Ahí queda la razón por la que solo me lo he puesto dos veces en mi vida y fue hace tiempo suficiente como para que haya engordado hasta el punto de no poder ponérmelo.

 

--Vaya por Dios-hago una mueca de fastidio terriblemente exagerada-Esta madre que tengo...-niego con la cabeza-Bueno, póntelo tú.

 

Harry quiere una cita romántica y yo tengo que entretenerla. No veo mejor manera de entretenerla que ponerla de punta en blanco para la dichosa cita que me va a dar más ansiedad de la que nunca he sentido.

Ella alza una ceja, sin tragarse una palabra de lo que digo, eso seguro, pero por alguna razón no parece dispuesta a insistir y simplemente me sigue el rollo, cosa que le agradezco profundamente.

 

--¿Yo?

--Sí, claro. La fiesta. Te lo he dicho. Necesitas un vestido.

--¿Cómo voy a ir a una fiesta con este vestido? Es demasiado formal... Y de todas maneras, ¿qué fiesta es? ¿Quién la organiza?

--Pues...¡Stephenie! ¿Quién sino?-dejo salir una risa que no ayuda en lo más mínimo-Ya sabes, le encantan las fiestas...las fiestas temáticas-me apresuro a añadir-Como...fiestas formales y...esas cosas...

--¿Sabes que mientes de pena?

--Absolutamente-respondo sin dudar-Pero eres mi mejor amiga, así que mete ese culo en el vestido y deja de hacérmelo pasar mal

 

Marta solo rueda los ojos antes de suspirar. Se quita la ropa mientras yo me dedico a buscar unos zapatos que le vayan a juego, al igual que un bolso, aunque esté claro que no lo va a necesitar. Si la cena va a ser en casa, tampoco es como si necesitara un vestido de gala, pero...ya puestos...me aseguraré de que Harry lleve traje.

Para cuando encuentro unos zapatos que le conjunten ella ya se ha puesto el vestido, y por un momento me permito sentir envidia de que a ella le quepa (y le quede increíble) y que a mí no, pero de todas maneras, solo puedo alegrarme por el hecho de tenga una cita increíble con alguien que la quiere tanto.

 

--¿Bien?-pregunta mientras se mira en el espejo, asegurándose de que no se haya quedado arrugado ni encogido por ninguna parte.

 

Mi móvil vibra en la mesa del escritorio y rápidamente lo cojo. No podía ser otro que Harry el que me mandara un mensaje. Respondo con un "Ajá" a mi amiga mientras abro los mensajes. Aún sin mirar, sé que ha rodado los ojos. Por mi parte, me dedico a leer el mensaje.

 

¿Puedes venir un momento? Te necesito :( 16:12

 

Resoplo ante el hecho de tener que inventarme más excusas, esta vez para salir de casa e ir con Harry.

 

Anda que no me vas a dar trabajo, bonito 16:12


Ya voy... 16:13



--Guau, te queda increíble-confirmo haciendo que se siente en la cama de nuevo-Voy a pintarte las uñas así ahorramos tiempo-añado cogiendo cualquier esmalte.

 

Pinto tan rápido -y tan bien- como puedo sus uñas mientras siento como mi móvil sigue vibrando y como debe de seguir siendo Harry, preguntándose dónde estoy y por qué no voy. Ya pueden quererse por siempre jamás después de esto...

 

--No te muevas que se estropean-comento mientras cierro el bote, esperando que eso sea una razón suficientemente buena como para hacer que se quede quieta en lo que voy y vuelvo-Ahora vengo-añado mientras me doy media vuelta, dispuesta a escapar antes de que ella pregunte. Pero está claro que no funciona.

--¿A dónde vas?

 

Pienso en que la excusa de ir al baño ya la he gastado, por lo que necesito otra cosa. Otra cosa que explique por qué voy a estar fuera de su campo de visión, pero está claro que la mentira no es lo mío.

 

--Al piso de abajo, que tengo el salón que puf...-hago un movimiento exagerado de manos-No te muevas-insisto en ello.

 

Veo como ella rueda los ojos, mascullando un "¿Eso es lo único que se te ha ocurrido", sin embargo, no pregunta más, se limita a soplar sus uñas para que se seque más rápido la laca. Ni siquiera finjo salir tranquila, como si en efecto fuera a ordenar el salón. Ni la persona más estúpida del mundo se habría creído esa excusa, y para mi mala suerte, ella es una de las más listas.

Salgo casi corriendo, bajando las escaleras de la misma manera y abro la puerta de atrás con cuidado, rezando porque no se escuche demasiado el chirrido. Trato de ir lo más rápido y silencioso, y de esa manera llego a casa de Harry, esperando que eso por lo que tanto me necesita sea verdaderamente urgente.

 

--¿Qué ocurre?-pregunto jadeante por la pequeña carrera. Tal vez debería empezar a plantearme el hacer ejercicio, porque a la vista está que estoy en pésima forma.

--¿Rojas o blancas?

--¿Qué?-pregunto, todavía apoyada sobre mis rodillas, tratando de recuperar la respiración. Alzo apenas la mirada para verle, y así descubrir cómo frunce el ceño débilmente..

--Flores, rosas ¿rojas o blancas?

 

Por un segundo no digo nada, tan solo le miro, sintiendo como mis pulmones vuelven a su ritmo normal. Me yergo, todavía con mis ojos puestos en los suyos, y respiro hondo. Me voy obligada a respirar hondo porque no quiero armar un escándalo ahora mismo, aunque ganas no me faltan. Nunca me faltan ganas, para ser sinceros.

 

--¿Me has hecho salir de casa corriendo por unas flores?-pregunto separando bien las palabras, todavía tratando de mantener la compostura. Él solo sonríe con amplitud, no sé si porque le hace gracia mi tono o porque nada puede arrruinar su felicidad.

--Claro. Soy todo un caballero, tengo que regalarle flores, ¿cuáles te gustan más?

 

Acaricio mi tabique nasal con dos dedos, apretando ligeramente, antes de volver a mirarle. Eso solo parece hacerle aún más gracia. Niego con la cabeza, dejándome caer en el sofá.

 

--Y yo qué sé, las que más te gusten a ti-es lo único que respondo.

--Vamos...dijiste que me ayudarías-hace un puchero terriblemente adorable para su tamaño-¿Cuáles te gustan más a ti?

 

De nuevo le miro con cara de "Estás tentando a la suerte", pero solo me mira con esos grandes ojos verdes, profundizando su puchero, y está claro que algo dentro de mí se ablanda. ¿Quién puede resistirse a este hombre haciendo pucheros? Suspiro, pensando en que él solo quiere hacerlo perfecto, arreglar las cosas con ella, estar bien de nuevo con la persona que quiere...

 

--Las rojas-contesto, dejando salir un nuevo suspiro, mientras me levanto del sofá. ¿Cuánto tiempo lleva Marta sola? ¿Se habrá dado cuenta ya de que no estoy en casa? Posiblemente demasiado y sí.

--Genial. Genial. Gracias-su sonrisa se ensancha y deja un rápido beso en mi mejilla.

 

Niego con la cabeza débilmente, divertida, mientras veo cómo él solo está mirando cosas en su móvil. A nuestro alrededor, el salón sigue pareciendo, no simple, pero definitivamente poco organizado para lo que pretende. Empiezo a dudar de que le vaya a dar tiempo, sobretodo teniendo en cuenta que Marta no es fácil de distraer.

 

--Pues nada, me vuelvo con ella-es lo único que digo, dispuesta a salir de nuevo hacia mi casa.

 

Escucho un último "gracias" antes de salir y vuelvo a paso rápido hasta mi casa, asegurándome de nuevo de que las puertas suenan lo menos posible. Subo hasta llegar a mi cuarto, donde me espera mi amiga con el ceño fruncido menos fruncido de lo que me esperaba. Todavía agita sus manos para que se sequen las uñas, pero no pregunta de nuevo qué es lo que estaba haciendo.

 

--¿Ya se secaron?-pregunto cogiendo una de sus manos.

--Ajá-es lo único que contesta.

 

El resto de la tarde puede resumirse en "¿Puedes venir, porfa?", "¿Crees que le gustará?", "Mientes de pena" y "¿Me vas a decir ya de qué va todo esto?". La verdad es que Marta, para ser tan lista, es un poco boba con eso de obviar cosas, ya que está más que claro que la estoy arreglando para una cita, o al menos para una salida, y que yo mientras sigo en vaqueros y sudadera. Para cuando ella está arreglada del todo, y Harry ha terminado con su plan, yo estoy sudada, despeinada y cansada, vamos, de foto, pero supongo que merece la pena (solo lo supongo)

 

--¿Por qué estoy arreglada yo sola?-por fin parece darse cuenta Marta, mientras baja por la escaleras.

--Porque sí.

--¿No dijiste que nos íbamos de fiesta?

--Te mentí-admito mientras tiro de ella hasta llegar a la entrada de casa.

--Ya lo sé, ¿tan rápido te has cansado de dar escusas tontas?

--¿Puedes dejar de ser un dolor en el culo y confiar en mí por una vez?

--Podría, pero al menos quiero saber a dónde vamos.

--Es una sorpresa-abro la puerta, haciendo un gesto de que salga, pero ella se mantiene en su sitio, cruzándose de brazos-Vaaamos.

--No. Dime a dónde voy.

--Si te lo digo, deja de ser una sorpresa-ruedo los ojos ante la evidencia-¿Estás segura de que eres superdotada? porque empiezo a dudarlo bastante.

--Te juro que eres insufrible-masculla, saliendo de mala gana de casa. Yo sonrío triunfal al haber conseguido mi propósito. La agarro de un brazo evitando que siga moviéndose, ya que necesito vendarle los ojos. Petición de Harry, como no-¿Ahora tampoco puedo ver?

--No, no puedes, y deja de quejarte, que te va a gustar.

--"Deja de quejarte que te va a gustar"-repite ella, haciéndome burla, por lo que de nuevo yo ruedo los ojos.

 

 

Narra Marta.

No puedo negar que al principio hasta me había animado un poco la idea de salir, pero me ha sobrado tiempo para saber que no iba a ser así. No es que confíe en Ane (aunque últimamente...) sino que sus ideas dan miedo, sobretodo porque es pésima dando sorpresas...y haciendo regalos...y haciendo la mayoría de las cosas, para ser sinceros. No es por nada, es mi mejor amiga y la aprecio mucho, pero hay pocas cosas que se le den bien, y la mayoría de ellas las realiza ella sola y en casa, por lo que esto de que me esté llevando a ciegas por la calle, pintada como una puerta, soltándome una larga tras otra e insistiendo en que me va a gustar...no me da buena espina que digamos.

 

--¿No me vas a dar una pista?-pregunto cuando llevamos un rato ya andando-¿Ni siquiera de cómo de lejos está? Porque no me has puesto unos zapatos para dar un paseo precisamente-me quejo una vez más, sin poder evitarlo, ya que cada vez me siento más incómoda con todo esto.

 

¿Y si es ella la que está celosa? ¿Y si lo que quiere es deshacerse de mí? ¿Y si me está llevando a una mafia? ¿Y si me prostituyen? No estoy hecha para la prostitución...ni para la mafia...

 

--Es que tengo que desorientarte un poco.

 

No puedo evitar detenerme en medio de la calle, haciendo que ella se choque conmigo, y por tanto que bufe molesta.

 

--Ane, dime la verdad-digo en tono bajo, pero serio, contundente-¿Estás intentando matarme?

--Sí, claro, te dejo mi mejor vestido para desperdiciarlo-y aunque no la veo, sé que está rodando los ojos-deja de decir tonterías ¿quieres?

 

Suspiro una vez más, de nuevo caminando. Me centro en los sonidos que hay a nuestro alrededor, pensando en que quizás eso me dé una pista. Un par de niños jugando al pilla-pilla por la calle, señoras hablando, coches pasar...nada fuera de lo normal, no parece que hubiéramos tan siquiera cruzado la calle.

Ninguna de las dos comenta nada más, ni siquiera cuando nos detenemos y siento como ella suelta la mano con la que me iba guiando.

 

--¿Ane?-pregunto dudosa, pero ella no responde.

 

Escucho su voz en un susurro, a un par de pasos de mí. No consigo saber lo que dice, mucho menos saber con quien habla, aunque está claro que es con un hombre. Ya está, me está vendiendo a la mafia, ¿y ahora qué? me quito la venda y trato de huir? ¿Y si me tienen rodeada? ¿Tal vez si grite alguien me escuche y me salve? ¿Pero dónde se supone que estamos?

 

--Ya puedes adorarme después de esto-oigo que dice en voz baja, cerca de mí, aunque no estoy segura de que me esté hablando a mí.

--¿Sabes lo fácil que es comprar un veneno? Podrías haberme matado tranquilamente en tu casa, sin hacerme pasar este mal rato.

--¿Quieres dejar de decir tonterías?-ahora sí que seguro que se dirige a mí, ya que de nuevo coge mi mano.

--Podría si no estuviera acojonada-respondo con franqueza.

 

Oigo cómo resopla y una risa baja no muy lejos de nosotras, que por alguna razón hace que sienta un nudo en el estómago, y para nada tiene que ver con el miedo o la desconfianza. Es uno de esos nudos de emoción, de tensión cuando sabes que va a pasar algo bueno. Está claro que ya sí que no entiendo nada.

Caminamos apenas unos pasos más y de nuevo suelta mi mano. Besa mi mejilla y susurra un "Pasadlo bien" antes de separarse por completo de mí.

Trato de girarme, confusa, pero una gran mano agarra la mía, y está claro que no es la de mi amiga...aunque eso no quiere decir que sea desconocida. Podría reconocer esta mano en cualquier parte, ni que decir tiene que hasta con los ojos cerrados, ya que eso está más que claro. Ni que decir tiene que no me había fijado en el aroma que me rodea, que de ninguna manera podría ser de alguien que no fuera él.

La respiración se me corta por un momento, y no sé ni siquiera cómo debo sentirme. ¿Ha estado ella planeando esto? ¿Le ha ayudado? ¿No me guardan rencor ninguno de los dos?

Siento como tira de mí para que camine, con total dulzura, hasta que llegamos a un sitio cálido, cosa que agradezco, porque empezaba a quedarme congelada en la calle. Mueve su suave mano de mi mano a mi muñeca, acariciando apenas con las yemas de los dedos, y creando así una corriente eléctrica que hace que la piel se me ponga de gallina. Acaba por acariciar mi mejilla y finalmente se detiene en la venda, la cual quita con maestría. En cuanto siento la venda fuerza de mí, abro los ojos de par en par, sin poder creer que esto esté realmente pasando (no hay lógica ni razón alguna para que esto esté pasando), pero veo sus ojos verdes, brillantes, llenos de emoción, sus mejillas levemente rojizas, como si sintiera vergüenza de alguna manera y su fantástica sonrisa de hoyuelos, esa que tanta gente desea tener o tan solo admirar, y que está dedicada a mí, exclusivamente a mí.

Por un momento me siento estúpida y pienso que Ane se ha pasado arreglándome, pero al ver que él está también arreglado como si se fuera de boda, agradezco que lo haya hecho.

Me apunto que tengo que darle las gracias y pedirle perdón a mi amiga como ciento cincuenta millones de veces, sobre todo por haber desconfiado de ella (y por haber pensado que me iba a matar)

 

--Hola-es lo único que me veo capaz de decir, apenas en un susurro.

--Hola.

 

No apartamos la mirada del otro, tan solo nos observamos durante otro breve (o quizás no tan breve) momento.

 

--¿Todo esto ha sido cosa tuya?-me atrevo a preguntar.

 

Él asiente con la cabeza, sus mejillas se colorean un poco más. Su sonrisa se amplía un poco más y retira su mirada de la mía.

 

--¿Cenamos?-pregunta sin darme tiempo a decir nada más.

 

Hace un gesto con el brazo para que pase yo primero al comedor, y aunque ya antes fuera bonito y acogedor, tengo que admitir que esto hace que mi corazón se dispare más de lo que ya estaba. Todo está a oscuras, creando un ambiente íntimo y delicado, casi podría decir que sensual; hay pequeñas velas que titilan como estrellas, iluminando la estancia; veo pétalos de rosas rojas entre las velas, y una mesa lo suficientemente grande para que se sienten dos personas, preparada para una cena. De verdad que ha preparado todo esto, para mí, ?los motivos? todavía son desconocidos para mí, y por supuesto, carecen de sentido, ya que a la vista está que no me merezco todo esto.

Me giro para mirarle, sorprendida, dudosa, sin saber apenas cómo reaccionar, porque...joder, de ninguna manera me merezco esto.

 

--¿Qué es todo esto?-apenas susurro, temiendo que tanto la pregunta como mi tono de voz puedan arruinar el momento.

 

De nuevo él retira sus ojos de los míos, dirigiendo la mirada al suelo. Muerde su labio inferior con suavidad y puedo ver cómo está dudando de lo que decir. Él, Harry Styles, el supuesto mujeriego...que es increíblemente tímido y que apenas puede hablar, apenas puede explicarme qué significa esto.

 

--Yo...-comienza a decir en voz baja, esforzándose por sonreír y casi obligándose a sí mismo a alzar la mirada de nuevo-Yo pensé que...esta mañana...-hace un leve movimiento de mano-ya sabes...no estuvo bien mi reacción y...-carraspea un poco-quería pedirte perdón... por todo.

 

Me quedo callada de nuevo, mirándole a los ojos, o al menos hago un intento de ello, ya que su mirada se mueve por diversos lugares. Él me quiere pedir disculpas. Él, que ha sido al que le he dejado. Él, a quien le debo de haber hecho un lío increíble, ya que primero rompo con él y luego le digo que le quiero. Él.

Se confirma mi teoría de que nada de esto tiene sentido, ni lógica.

Trato de decir algo, pero no me veo capaz de ello, apenas soy capaz de articular una palabra, una buena respuesta como "Si todo esto ha sido mi culpa", no lo sé, algo, cualquier cosa. Y ante ello, él parece reaccionar mal, como si no estuviera sintiendo mi corazón latir a mil por hora, como si no estuviera reprimiendo la necesidad de abrazarle y besarle. Hace una mueca de fastidio, y sus mejillas cogen más color aún si es posible.

 

--Es...demasiado cursi ¿verdad?-mantiene la mueca de molestia, frunciendo el ceño.

 

Al ver que no contesto, se lleva una mano al pelo, echando todos sus rizos hacia atrás, producto de la frustración. Yo todavía sigo buscando las palabras para poder decirle lo maravilloso que es y lo poco que me merezco a alguien como él.

 

--Oh mierda...-masculla por lo bajo, dándose media vuelta.

 

Veo como sus manos bajan de lo alto de la cabeza a su nuca, dejando que sus revoltosos rizos vuelvan a caer como estaban al principio. Se da media vuelta para volver a mirarme. Su mirada ahora parece afligida, suplicante.

 

--Lo siento. Lo siento-dice totalmente frustrado-Pensé que esto era...bonito y...que te gustaría, yo solo...quería pedirte perdón y...

 

Y al sentir cómo las palabras siguen sin salir de mí, me limito a abrazarle, dejando mi mejilla contra su pecho, ya que es lo más alto a lo que llego. Aprieto mis brazos a su alrededor y me permito el placer de oler su perfume personal, a limpio, a alguna colonia masculina, a Harry. Mi Harry.

 

--Esto es...lo más increíble que se le puede hacer a nadie-murmuro contra su pecho-Tú eres increíble...

--¿De verdad te gusta?-tarda un poco en responder, como si lo dudara. De la misma manera pasa sus brazos por mi espalda, con total gentileza.

--Me encanta, me encanta más de lo que debería, porque ni siquiera me merezco todo esto-admito, separando mi rostro para mirarle a él.

--No, para nada-niega con la cabeza. Su sonrisa de hoyuelos comienza a aparecer de nuevo. La preocupación y la frustración ya se han evaporado en sus ojos.

--Fui yo la que rompí contigo-susurro-Y ni siquiera por una buena razón. Los celos no son una buena razón....

--Yo también tengo culpa en eso-lleva una de sus grandes manos hasta mi mejilla, acariciando su suavidad-tenías razón para ponerte celosa... Paso mucho tiempo con Ane.

--Pero es justo. Tienes derecho a tener amigas.

 

Otra vez se instala el silencio entre nosotros. Los ojos puestos en los del otro y sonrisas vagas en nuestros rostros. Llevo el mío hasta que de nuevo toca su pecho, y él solo se inclina para poder dejar un beso en mi cabeza. Me permito entonces cerrar los ojos, con una sonrisa satisfecha.

 

--¿Tienes hambre?-pregunta pasados algunos minutos, o algunas horas, no estoy segura de ello.

 

Se separa de mí con cuidado y me sonríe con amplitud cuando yo asiento con la cabeza. Pasa su brazo por mi cintura y de esa manera caminamos hasta la mesa, donde aparta mi silla para que pueda sentarme.

Me sorprendo ante su talento culinario, ya que la cena tiene una pinta de muerte. Antes de empezar a cenar, pregunta algo nervioso:

 

--¿Entonces me perdonas?

 

A lo que yo niego con la cabeza con una sonrisa divertida. Él entiende el gesto y de nuevo sonríe, alcanzando mi mano por encima de la mesa, para dejar una suave caricia.

 

-Moments-

 

--Tengo una sorpresa-dice una vez hemos acabado de cenar.

 

Le miro algo sorprendida, pero no digo nada, esperando a que proceda.

Definitivamente no me merezco a Harry, aunque para mi gran alivio, no hay nadie en el mundo que sea lo suficientemente bueno para merecerse a alguien como Harry.

Se pone de pie y antes de que me dé cuenta, siento cómo una fina cadena se coloca en mi pecho. Siento sus dedos hacer movimientos en mi nuca, y yo solo puedo morder mi labio inferior para evitar echarme a llorar.

Cuando siento cómo cae el colgante y sus manos se separan de mí, agacho la mirada para ver cómo una pieza de puzzle plateada cuelga.

 

--¿Te gusta?-pregunta a mis espaldas, con voz baja, de nuevo dudosa. Todavía no puedo creerme que alguien como él sea tan inseguro de sí mismo y de sus actos.

--Es precioso...-consigo contestar con un hilo de voz.

 

Veo cómo coloca su mano delante de mí, dejándome a la vista sus muñecas...marcadas. Decido pasar por alto esa observación, para fijarme en cómo una pulsera cuelga de ella, con un colgante parecido al mío, lo suficientemente diferente como para que pueda encajar.

Siento como algunas pequeñas lágrimas se escapan de mis ojos. Harry parece notarlo, ya que vuelve a colocarse frente a mí, mordiéndose el labio para evitar una sonrisa.

 

--Si te gusta no llores-susurra con dulzura, pasando un pañuelo por mi mejilla con cariño.

 

Río bajo, asintiendo con la cabeza y él como respuesta coge mi mano, haciendo que me levante de mi asiento. Cierra las distancias entre nosotros, y se coloca como si fuéramos a bailar. Voy a comentarle eso de que no hay música cuando ésta empieza a sonar por algún motivo.

 

--Lo tenías todo pensado-susurro, apoyando mi mejilla contra él.

 

No sé si se puede decir que estemos bailando, ya que solo nos movemos de un lado al otro con algo de ritmo lento, pero supongo que no importa.

 

--No lo dudes...

 

Nos mantenemos de esa manera hasta que siento cómo sus labios se posan en mi cuello, de forma sutil y delicada, de nuevo haciendo que mi sonrisa se ensanche. Al ver que no me opongo a ello, decide seguir con esos besos suaves, que crean en mi interior todo un huracán. Separo mi rostro de él para mirar el suyo, y antes de que tan siquiera lo piense, sus labios están contra los míos.

Para cuando me quiero dar cuenta, mi vestido (el de Ane) está siendo deslizado por mi cuerpo con cariño, hasta que cae al suelo. Sus manos me acarician como si no hubiera nada más en el mundo, y yo, trato de devolverle el favor, quitando de la misma manera su chaqueta y acto seguido su camisa. Mis dedos finos acarician su cuello y los músculos de su cuerpo levemente marcados.

Entre velas y pétalos de rosas rojas, los nombres del otro comienzan a surgir, primero con pequeños jadeos; más tarde con gemidos y gritos de placer que rebotan contra las paredes.

 

-Moments-

 

Acaricio su pecho desnudo con las yemas de los dedos, notando así cómo una sonrisa perezosa se extiende por su rostro. Agarra mi mano con cuidado y hace que me coloque encima suya. Sus ojos apenas están abiertos.

 

--¿Podemos hacer como si esta hubiera sido la primera vez?-pregunta con una voz ronca que resuena dentro de mí-No me parece un recuerdo precisamente bonito lo del armario en el hospital...

--A mí me gustó en el armario del hospital-hago un mohín.

 

Siento cómo ríe debajo de mí, y la verdad es que solo me puedo sentir la persona más afortunada del mundo. Al menos hasta que caigo en lo obvio.

Siento cómo mis músculos se tensan, con la mirada puesta en la ropa que hay tirada por el suelo, a nuestro lado.

 

--¿Pasa algo?-susurra preocupado.

 

Yo solo muerdo mi labio, incorporándome encima de él. Su mirada se mantiene en mi rostro, sin intención ninguna de bajar al resto de mi cuerpo, que se encuentra totalmente expuesto ante él. Harry se incorpora también, de manera que yo quedo sentada en su regazo. Lleva una de sus manos a mi espalda, mientras que con la otra coge mi mano.

 

--¿Marti?-pregunta con voz suave-¿Qué...ocurre? ¿Te duele...algo?-pregunta dudoso.

--No hemos tenido cuidado-es lo único que murmuro, con la mirada gacha, puesta en el collar que todavía cuelga de mi cuello.

 

Harry no dice palabra. Le miro, y veo como en su rostro hay un leve ceño fruncido, pero no de preocupación o de enfado, mas bien parece uno de confusión.

 

--Harry, no hemos tenido cuidado-le repito, por si el problema fuera que no me ha escuchado.

--Ya, ya-se apresura a contestar-Me...me he dado cuenta.

 

De nuevo silencio, uno angosto que me permite escuchar los latidos de mi propio corazón. Mi mirada vuelve a estar en el collar que casi se cuela entre mis pechos.

 

--A la segunda...tampoco se atina ¿no?

--Pues no lo sé, no es cuestión de intentos la mayoría de las veces-respondo en voz baja, pasando por alto el hecho de esa pregunta, bastante ignorante por su parte.

--Pero...pero no pasa nada ¿verdad?

 

Suspiro, de nuevo mirándole a la cara. Puedo ver cómo me mira nervioso, esperando que la respuesta sea que no. ¿De verdad que este chico ronda los dieciocho? Esas preguntas no las hace ni un chico de quince. Llevo una mano a mi pelo, pasando parte de él por detrás de mi oreja.

 

--Marta...-su voz tiembla ligeramente.

--No lo sé, Harry-de nuevo dejo salir un suspiro-Depende de lo que le apetezca a mi cuerpo, a Dios, al destino o a lo que sea.

 

Me levanto de su regazo, cogiendo mi ropa interior para al menos ir algo vestida, solo en caso de que Louis aparezca por aquí. Llevo una mano al collar y con la otra repito el mismo proceso de colocar mi pelo una y otra vez tras la oreja.

 

--¿Y...qué hacemos?-de nuevo pregunta y de nuevo algo a lo que no tengo respuesta.

--Pues no lo sé-siento como la voz se me rompe-No lo sé-repito en un susurro, antes de sentarme en una de las sillas en las que hemos cenado.

 

Mantengo mi mirada puesta en el suelo mientras hago los cálculos otra vez, con la esperanza de haber fallado, pero cómo fallar una cuenta tan simple. En dos días me tiene que bajar la regla, sí o sí, porque mi cuero funciona así de cuadriculado, entonces...entonces no hay más, la casualidad sería que no estuviera...

Harry aparece delante de mí, de pie, también vestido con su ropa interior, por lo que alzo la mirada para verle. En sus ojos de nuevo hay preocupación, y yo de nuevo resoplo. Se coloca en cuclillas delante de mí y rezo para que no me pregunte de nuevo algo que no va a ayudar en lo más mínimo.

 

--No pasa nada...-dice con voz suave, haciendo que le agradezca internamente por ello, aunque eso tampoco sirva de mucho.

--Sí, sí que pasa-paso mis manos por las mejillas al ya sentir como las primeras lágrimas salen-Sí que pasa, joder.

--No, no pasa ¿vale?-coloca una mano en mi muslo, haciendo caricias con su dedo pulgar-Todo va a estar bien.

--Harry tengo quince añ-

--Lo sé-me interrumpe antes de terminar-Créeme que lo sé, pero que te preocupes no va a arreglar nada, así que...creo que lo mejor es irse a la cama y...bueno, ya mañana o pasado o cuando sea, vamos al médico y...que nos digan lo que está pasando dentro de ti.

   

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