I'll be your life, your voice, your reason to be...

Dos hermanos separados, destinados a reencontrarse, sin tener muy claros sus sentimientos, confundiéndolos continuamente, mientras trata de cumplir su sueño con sus cuatro compañeros. Harry, Niall, Liam, Louis y Zayn son cinco chicos, cantantes, que, sin buscarlo, encuentran las que quizás sean sus verdaderos amores. Tal vez no sean más que chicas pasajeras, como pueden ser cualquiera de esas fans que pasan con ellos una agradable noche. Pero ¿qué pasaría si un día Harry encontrara una chica extrañamente familiar? Mucho tardará en descubrir que es alguien verdaderamente importante para él; Ane, su hermana melliza, a la cual separaron de él al igual que a su madre cuando apenas tenían unos años de edad. Eso provocará que nazcan celos de protección y cariño, de amor, que en muchas ocasiones, será mal expresado, confundiéndose con atracción y deseo, llevándolos a incómodas situaciones. Celos, amistad, amor, peleas y muchas sorpresas...

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30. No soy de nadie.

Narra Zayn.

Nuestras miradas se posan en el castaño, que de nuevo se encoge de hombros, soltando una pequeña carcajada.

 

--Fue un descuido-asegura con simpleza

 

La chica, cuyo nombre creo que es María por la manera en la que Harry la ha llamado en la entrada, gruñe mientras se quita la fina gabardina que tiene y que apenas le ha servido para cubrirse, ya que debajo de ésta se puede ver una camiseta de manga larga con escote y una minifalda, que es tan corta que cuando llevaba la gabardina no se la podía ver, todo ello, completamente empapados, pegándose a su cuerpo lleno de curvas.

Siento la necesidad de jadear, al ver la manera en la que la pequeña falda se ajusta a sus caderas y se eleva por su parte trasera. No soy ninguna clase de pervertido, solo soy un humano, un pobre chico humano que está en un ángulo en el cual puede verlo todo.

Los ojos azules de la chica, tan profundas y de esa tonalidad que yo antes solo había visto en Louis, parecen echar llamas, llenos de ira y enfado, puestos en el chico que solo ríe divertido desde el sofá, viendo como ella también se baja de sus zapatos de tacón.

 

--Cielo, yo que tú me iba al otro sofá-él dice con tranquilidad, mas aún con diversión, a Lucía, quien se encontraba sentada sobre sus rodillas. Ella con el ceño fruncido por la confusión lo hace, mientras Louis se dirige a Harry, Marta y Ane-Y vosotros tres también deberíais, solo es por vuestra seguridad.

 

Los cuatro que han sido despojados de sus asientos, se colocan en nuestro sofá, colocándose sobre nosotros como pueden, pero sin apartar un segundo los ojos de Louis y María. 

Se supone que es hermana de Louis, al menos eso es lo que la situación da a comprender, y sin embargo, ella tiene un nombre español. Es gracioso, porque "Louis" es un nombre francés, aunque el resto de sus hermanas también tienen nombres muy variados: Charlotte, Phoebe y Daisy son nombres ingleses, aunque Felicité creo que también es francés.

 

--Enséñame que te han enseñado en tu intercambio a España-Louis dice con una sonrisa socarrona, mientras abre los brazos hacia la chica.

 

Eso hace que una sonrisa se cruce por el rostro de la chica castaña. Se arremanga su jersey, y antes de que ninguno se pueda preguntar qué es lo que están haciendo, Louis y ella están tirados por el suelo, mordiéndose, arañándose, tirándose de los pelos, como si se estuvieran peleando, pero se puede ver que no es una pelea en serio, ya que no se están dando golpes de verdad, además, ellos mismo ríen en lo que se "pelean".

Todos a su alrededor les miramos claramente sorprendidos, tanto por la forma de tratarse porque lo estén haciendo en medio del salón, golpeando los muebles en el proceso. A su vez, todos somos conscientes de la manera en la que la falda de ella, tan corta y para nada pegada a su cuerpo, se levanta y se mueve, dándonos algunas imágenes...descaradas. Niall y Liam retiran sus miradas, Liam mirando a su novia con una sonrisa algo tensa y nerviosa, y ésta como resultado ríe de manera baja. Niall por su parte, tan solo mira al suelo, como si fuera lo más interesante del mundo. Harry por el contrario no puede evitar mirarla con toda su atención, ganándose como resultado dos collejas: una por parte de su novia, de Marta, y otra por parte de Ane, quien ahora mismo parece más su madre.

La pelea se da por finalizada cuando ella consigue inmovilizar a Louis, cogiendo sus muñecas con fuerza, apretándolas contra el suelo con una sonrisa de superioridad en la cara. Aunque Louis no parece darle tanta importancia a su derrota como a lo que es más obvio que una persona se preocupe por una hermana pequeña-

 

--No me gusta que vayas con esa ropa tan corta y menos en invierno-Louis dice con tono firme y el ceño fruncido, antes de conseguir dar media vuelta, quedando esta vez sobre ella.

 

La castaña sonríe con amplitud al encontrarse en esa posición, y sin pensárselo -ni saber lo que duele- levanta una rodilla y le da a Louis justo donde más le duele a un hombro. Nosotros, entrecerramos los ojos soltando un "Uh" mientras cerramos nuestra piernas, como si fuéramos nosotros a los que ha golpeado. La cara de Louis es todo un poema mientras se aparta de ella, dejándose caer en el suelo con sus manos en su entrepierna golpeada. Ella tan solo se levanta del suelo, arreglando su ropa, con una sonrisa de satisfacción, pese a que su hermano se encuentre soltando maldiciones en el suelo por su culpa.

 

--Siempre tan ingenuo y previsible-habla ella con obviedad.

--S-se lo diré a mamá-es lo único que su hermano mayor puede decir desde el suelo, luchando por retener las lágrimas de gran golpe que se ha llevado.

--Tú eres el mayor, sabes que yo me libro-responde ella divertida.

--Eres odiosa-es lo único que se oye a Louis mascullar mientras se levanta como puede y camina hasta el sofá, aún con las manos entre sus piernas.

--He tenido que venir andando, bajo la lluvia, desde el aeropuerto en pleno mes de Diciembre. No te quejes-responde ella, todavía con esa sonrisa con la que se posiciones muy por encima al resto-Ahora dime, dónde voy a dormir.

--En el jardín, como la mascota-sisea Louis.

--Puedes dormir en su habitación-interviene Harry, quien ha decidido colocar a Marta sobre sus piernas-Ya dormiremos nosotros dos en la mía.

 

Alejandra también se encuentra sentada en las de Liam, al igual que Lucía ha acabado por hacerlo sobre mí mientras su novio discutía. Ane se ha visto obligada a colocarse sobre Niall, para nada contenta con ello.

 

--Perfecto...-la sonrisa de superioridad cambia a una malévola-Podré ver qué cosas tienes, seguro que a mamá la encanta saberlo.

--Eres el mal encarnado en niña de dieciséis años-bufa Louis.

--Lo dijo el que me dejó atada en un árbol del jardín toda una noche-contesta ella rodando los ojos, antes de agacharse para coger sus zapatos y su gabardina.

 

Me doy cuenta de que va a tener que subir esa enorme maleta por las escaleras, por lo que me levanto del sofá, dejando que Lucía vuelva con su novio, a consolarle y a asegurarse de que sus genitales siguen donde tienen que estar. Me acerco hasta la maleta, haciendo que lla me mire con una ceja fruncida, aunque la sonrisa sigue intacta en su cara.

 

--¿Te...te ayudo?-pregunto en voz mucho más baja de lo que pretendía.

--Qué caballero-es su respuesta mientras se agacha, dejándome ver su escote con total plenitud.

 

Yo retiro la mirada con rapidez, sintiendo como mis mejillas deben de estar empezando a colorearse. Ella tan solo ríe antes de echar a andar hacia las escaleras, con todas las miradas puestas en ella.

Agarro su maleta y me dispongo a seguirla, cuando una voz chillona me llama desde el comedor.

 

--Malik.

 

De inmediato asomo la cabeza al salón, viendo como Louis me está advirtiendo con la mirada que me tiene vigilado, que como haga algo indebido me la cargaré, y sobre todo, que no mire a su hermana ni a cinco kilómetros de distancia. Asiento con la cabeza ante su "orden", sabiendo que, si mis pensamientos son correctos, no voy a poder separarme de ella, ni hoy, ni mañana, ni dentro de una semana. Es bestia, con carácter, fuerte, sin vergüenza alguna, perfecta. No creo que nada vaya a poder separarme de ella, al menos eso es lo que pienso, hasta que según entro en la habitación, ella me coge de un brazo y me pega a la pared, besándome con fuerza.

Definitivamente que me besen por sorpresa, restregándose contra mí cuando ni siquiera nos hemos saludado, le quita puntos para ser mi mujer ideal.

Siento la necesidad y la excitación contagiarse en mi cuerpo, sin embargo, siento un deje de preocupación, puede que de algo de miedo, en sus labios, en su beso, el cual, es nuestro primero, y la verdad, nunca me lo hubiera imaginado así.

Cuando ella se separa, me mira con una sonrisa de satisfacción, acariciando mi pecho con total confianza.

 

--Que bien me vas a venir al menos durante dos noches...-dice con diversión, antes de alejarse de mí.

 

Parpadeo un par de veces, sorprendido por sus palabras. Se está refiriendo a mí como si fuera un objeto al que usar, directamente, me acaba de convertir en algo que ella va a usar, al menos dos días por lo que parece.

Me guiña un ojo con picardía, antes de quitarse el jersey sin preocupación o pudor alguno, lanzándolo a cualquier parte, tal y como hace Louis. Sí, el desorden es de familia.

 

--Eh...um...y-yo...yo creo que...me voy abajo-consigo decir con clara vergüenza, mirando hacia cualquier parte de la habitación salvo a ella.

--Como quieras-responde sin más mientras veo como su falda llega al suelo.

 

No aparto los ojos de ese punto, ya que es solo una prenda de vestir, no tiene nada de pervertido. Aunque sí el hecho de que lo siguiente que le sigue es su ropa interior. Siento como si mi cara estuviera a punto de reventar, pero me mantengo mirando el suelo, mientras ella ríe. Veo como sus pies se alejan de mí hasta que se escucha una puerta cerrarse, la del baño.

Me permito el privilegio de suspirar al ver que ya no hay posibilidad de que la veo como Dios la trajo al mundo sin ni siquiera una cita de por medio. Me doy media vuelta y abro la puerta, dispuesto a salir, bajar las escaleras, sentarme junto a Louis y hacer como si nada hubiera pasado.

 

--Moreno-oigo que me llaman (doy por hecho que es a mí a quien llaman, no hay más chicos morenos  en la sala). Me giro para ver como ella se asoma por la puerta, sin cubrirse, por lo que sin quererlo veo uno de sus pechos-¿Seguro que no te quieres venir a la ducha conmigo?-pregunta con total tranquilidad.

 

Tengo que tragar saliva y usar toda mi fuerza es voluntad para llevar mis ojos a la pared opuesta aa la que está ella. Técnicamente la he visto desnuda, al menos de cintura para arriba. No, definitivamente esta no es la chica que me esperaba, ni mucho menos una como la que estoy esperando. Al sentir como he perdido la capacidad de hablar, me veo obligado a negar con la cabeza, pasando la lengua por mi labio inferior como gesto nervioso. Oigo como ella suelta una carcajada en lo que yo salgo todo lo rápido que puedo de la habitación. Me dejo caer contra la puerta cerrada, suspirando una vez más.

Me llevo las manos a las mejillas, sintiendo como están ardiendo a más no poder, por lo que me tomo unos segundos en respirar, tranquilizarme y bajar mi sonrojo, antes de bajar por las escaleras.

A la vista está que es una de esas chicas...extensas, que las gusta abarcan mucho terreno, a muchos chicos, y parece que yo he entrado en su punto de mira. Quiere que nos acostemos, es más, ha dado por hecho que yo voy a aceptar algo así, y sí, es muy guapa, muy atractiva, tiene unos pechos bonitos... ¡No pienses en sus pechos! me regaño a mí mismo, teniendo que sacudir la cabeza para apartarme la imagen que ya se estaba viniendo a mi mente. Sea como sea, no puedo acostarme con ella: no tengo quince años para andar hormonado, tirándome todo lo que se mueve; es la hermana de Louis, una hermana pequeña, ya que Louis es el mayor, y de eso se puede sacar la conclusión de que Tommo me mataría, y de que puede que acabara en la cárcel, ya que yo sí que soy mayor de edad, y apuesto lo que sea a que ella no.

Cojo aire, aparto todo lo relacionado con esta chica, dispuesto a no tomarle más importancia de la que debe y bajo las escaleras, encontrándome los ojos de Louis lo primero, intimidantes sobre mí, como si quisiera saber lo que ha ocurrido en lo que estábamos arriba. Retiro su mirada mientras busco algún sitio en el que sentarme, pero para mi mala suerte, el único que hay es entre Louis y Ane, quien se ha movido para acabar bien lejos de Niall, tanto como le ha sido posible.

 

--¿Y María?-me pregunta en cuanto me siento.

--Dándose una ducha-respondo manteniendo mi tranquilidad, al menos por fuera, ya que por dentro aún estoy descontrolado en todos los aspectos posibles.

--Ni la mires-y aunque no le estoy mirando, sé que tiene un ceño fruncido en su rostro.

 

Asiento con la cabeza, quitándole importancia al asunto, tratando de entablar alguna conversación con mis amigos, aunque por más que lo intente no lo consigo.

Sé que he dicho que no tengo que darle importancia a lo que ella haga o diga, al fin y al cabo, es solo una niña que juega a ser mayor teniendo sexo con quien se le presenta oportunidad, y he decidido que yo no voy a entrar en su juego, por muy interesante que me parezca, pero el beso...su beso sigue ahí, sobre mis labios, suave y fuerte, sin vergüenza, sin duda.

 

--¡MORENO!-escucho que ella grita aún desde la habitación, haciendo que la sangre se me hierva y al mismo tiempo se me congele.

 

Su hermano me mira con el ceño fruncido por un segundo, antes de llevar los ojos a las escaleras, como si ella fuera a bajar de un momento a otro.

 

--¿¡QUÉ QUIERES?!-responde él a voz en grito.

--¡QUE VENGA TU AMIGO EL MORENO!

 

Las cabezas de todos los que se encuentran en la sala se giran hacia mí. No me queda más opción que mirar a la televisión, como si hubiera algo interesante en ella, quitándole importancia a que ella me esté llamando, para que vaya a su cuarto de nuevo.

 

--¡SOY TU HERMANO! ¿¡NO TE SIRVE QUE VAYA YO?!-Louis sigue gritando, sin plantearse la posibilidad de tan solo levantarse e ir.

--¡PRECISAMENTE PORQUE ERES MI HERMANO NO QUIERO QUE TÚ VENGAS!-se puede escuchar como ríe con su propio comentario.

 

El ceño de su hermano se frunce aún más si puede ser. Resopla y de nuevo me mira, con esa seriedad de hermano mayor que me consigue intimidar.

 

--Vamos, ve-es lo único que dice, y en otra situación, con una sonrisa, me hubiera resultado incluso apetecible levantarme del sofá, pero tal y como está sucediendo todo...ganas, lo que se dicen ganas, no hay.

 

Me levanto del sofá con lentitud, bajo la atenta y confusa mirada de mis amigos, y subo las escaleras, temeroso de lo que me pueda encontrar al otro lado de la puerta. Llamo con el puño cerrado a la puerta, escuchando un "Pasa, bombón". Cojo aire y me adentro.

Siento que estoy nervioso, mi respiración algo acelerada me lo confirma, y no es por excitación, mi por miedo a Louis, en realidad no sé por lo que es, tan solo estoy nervioso de entrar y verla, ahora vestida (gracias a Dios) aunque sea con ropa interior. Veo como se seca el pelo con una toalla mirándome con esa sonrisa ladeada.

 

--Um...¿Me llamabas?-pregunto tratando de sonar casual.

--Sí, te necesito-responde sonriente.

 

Deja la toalla tirada encima de la cama, sin preocuparse porque ésta se vaya a mojar y se levanta. Se acerca a mí contoneándose, y ya estoy listo para salir corriendo otra vez, antes de que me pille desprevenido, cuando veo como se da media vuelta. Su pelo castaño oscuro cae por un lado de su cabeza, dejando al aire toda su espalda, lo cual me deja ver un tatuaje, situado algo más bajo de su omóplato.

 

--¿Te importa?-pregunta, mientras veo como me extiende un tubo-no llego a echármela.

 

De inmediato sé que el tatuaje debe de ser reciente, ya que estas cremas que suelen echar para que se mantengan mejor los tatuajes, sobre todo al principio. Yo mismo he tenido que echarme algunas de estas cremas en mis tatuajes.

Cojo el envase, pensando en qué es lo que hago yo aquí, echando crema a una chica que acabo de conocer, que es la hermana pequeña de uno de mis mejores amigos, y que me ha lanzado los trastos de todas las manos imaginables.

 

--No se lo podía pedir a Lou, no sabe que me lo he hecho-explica como si supiera en lo que estoy pensando-Aún soy menor y tuve que hacer que un amigo se hiciera pasar por mi padre para poder hacérmelo..No creo que le haga mucha gracia.

 

Asiento con la cabeza ante la observación de que Louis la mataría si se llega a enterar, y por supuesto, de que mis sospechas sobre que era menor son ciertas, por lo que me tengo que mantener lejos, bien lejos de ella. Y sí, eso lo pienso mientras aplico el gel sobre su hombro desnudo, estando ella en ropa interior, a solas en su cuarto.

Si es que soy idiota.

Prefiero no pensar en mi inteligencia (al menos por ahora) y me centro en terminar de hacer lo que me ha pedido. Mi atención se centra en el tatuaje, descubriendo así que es una silueta de una jaula de pájaro abierta, con un pájaro mucho más grande de lo que cabría en esa jaula, volando grande y majestuoso, libre, fuera de ese sitio que es más pequeño que él.

 

--Tengo muy claro que no soy propiedad de nadie, soy libre-habla, sorprendiéndome al haberme quedado mirando el dibujo-Supuse que dejarlo impreso en mi piel estaba bien-añade con algo de diversión.

--¿Cómo que no eres de nadie?-pregunto algo dudoso mientras aparto mi mano de ella, al haber acabado.

--Sí, ya sabes eso de "tú eres mía porque te amo" como que no me va-dice divertida mientras se gira, para hablarme mirando a los ojos, intimidándome tanto como cuando su hermano ha estado a punto de matarme con la mirada-Los chicos...no te ofendas, pero solo dais problemas-dice con claro rencor, apretando la mandíbula conforme las palabras salen de ella-Solo os interesan las chicas para follar, cuando, donde y como queráis-continúa con ese tono siniestro, como si estuviese recordando algo, algo que la marcó, y algo que claramente, la hizo cambiar.

--No todos somos así-me atrevo a decir en voz baja.

--Ya, eso decís todos-responde relajando su voz, su postura-es mejor ser un polvo pasajero que una novia encerrada-dice muy segura.

 

Y de nuevo, sin preguntarme o tan siquiera esperar a que yo se lo pida, a que me ofrezca, a que al menos me incline hacia ella, o la mire con necesidad, ella ya se ha lanzado a mí de nuevo, dejándome pegado a la puerta (otra vez) y manoseándome a su antojo (otra vez)

 

--N-no...para...-jadeo al sentir como me ha sacado el aire de los pulmones-Yo...yo no quiero esto. No quiero ser para ti otro chico más...ni que seas un simple rollo. Yo ya...no busco eso, lo dejé hace tiempo, y tampoco es que saliera muy bien parado-admito al sentir los recuerdos.

 

No, María no se parece en nada a ella, ni en la forma física, ni en la forma de actuar. Ella nunca se tiraría a mí de esa manera, siempre sería cuidadosa, tranquila, siempre con una sonrisa tranquila y sus ojos llenos de amor. Esos ojos que un día desaparecieron, esos ojos que nunca más volví a ver sin razón, esos ojos con los que nadie me ha mirado desde entonces. Siento una pequeña punzada en mi estómago, no de dolor, ni de traición, ni siquiera de preocupación, todo eso ya lo superé, pero aún así, siempre queda el sentimiento de los recuerdos.

María me mira alzando las cejas por la sorpresa, antes de encogerse de hombros y darse media vuelta.

 

--Como tú veas moreno, tú te lo pierdes-responde con simpleza, mientras se agacha para abrir su maleta-De todas forma caerás, todos lo hacen-añade como si no estuviera hablando de tener sexo conmigo porque yo me voy a dejar a la primera de cambio.

 

No, María no es ella. Nunca lo va a ser, y definitivamente no va a ocupar su lugar, no porque lo tenga precintado, sin que nadie lo toque, evitando que cualquiera que se me acerque quiera proclamarlo como suyo, sino porque una chica como esta, como María, nunca me va a interesar, solo por su manera de actuar. Porque sí, está muy bien ser libre, no querer tener una pareja, pero la manera en la que habla, como si solo me fuera a usar como a un pañuelo desechable...no me atrae de ninguna de las maneras posibles.

 

--Me llamo Zayn, no moreno-digo con firmeza-y no caeré en ningún lado porque no quiero ser un polvo pasajero, tengo más cosas aparte de polla, como...no sé, labios, brazos, ojos, palabras, corazón-respondo ya algo molesto.

--Ya, pero es que a mí tu corazón me importa una mierda. Solo quiero tu polla.

 

Y por alguna razón, su comentario me duele, consigue calarme, incluso podría desempolvar una parte de mí que ya llevaba tiempo sin ser visitada, tanto tiempo como el que hace que ella se fue. Hace casi cuatro años.

Resoplo molesto por su comentario y me acerco a ella, quien al escucharme acercarme se levanta, quedando frente a mí con una ceja alzada, como si esperara a que hablase, como si tan siquiera le importase.

 

--¿Sabes? Te estás comportando como una niñata caprichosa y consentida, que siempre está jugando con lo que quiere, muy segura de que lo va a conseguir, pero lo siento, yo no soy el juguete de nadie, mucho menos el que se usa para luego tirarlo sin preocuparse de lo que opine o de lo que sienta. No tendría inconveniente en...no sé, salir contigo, ir a tomar algo, incluso me plantearía tener una relación, pero para eso se necesita madurez, así que cuando la consigas, por favor, llámame, porque quizás esté interesado-respondo con más agallas de lo que pensé que jamás tendría.

--Tengo dieciséis años...no tengo por qué tener madurez-ella responde entre dientes, visiblemente molesta por mis palabras.

 

Pero del enfado, salta a la excitación de nuevo, como si tan solo fuera una máquina programada para ello. Sus labios llegan a los míos de nuevo, esta vez dejando pequeñas mordidas por mi cuello. Y aunque no quiera, es que es algo a lo que nadie se resiste, y yo el que menos.

Solo son unos cuantos besos y algunas caricias, eso no hace daño a nadie ¿verdad?

Siento como acaricia mi pecho con sus dos manos, subiendo y bajando por él, hasta que se decide a tantear por encima de mis vaqueros, robándome suspiros entre beso y beso. Por mi parte, alzo mi mano derecha hasta su mejillas, permitiéndome acariciarla con ternura, pese a que sus movimientos sean bruscos, deseosos y lascivos. Yo no puedo comportarme así con tanta rapidez, no sin unos preliminares o algo más de manoseo. Creo que me estoy haciendo mayor en esto.

Por alguna razón, sus manos parecen perder interés en mi entrepierna, y todo el deseo y la lascivia se esfuman. Siento como apoya su cara en mi mano, disfrutando de la caricia, y del beso, que se ha vuelto lento y cuidadoso, cariñoso sin un motivo concreto.

No puedo evitar sonreír al sentir que puede ser dulce, al menos besando, pero eso parece ser algo que a ella no le agrada, ya que se separa de mí de un golpe.

Su rostro pasa por varias fases (sorpresa, duda, confusión, miedo) hasta que llega al enfado.

 

--Vete-masculla entre dientes, alejada unos pasos de mí.

--¿Cómo?-pregunto desorientado por sus palabras.

--Que te vayas, ahora-las palabras salen de su boca como si las escupiera con todo el asco y odio posibles en este mundo,

--¿Pero qué te pasa?-pregunto algo molesto. Sé que cada uno tiene una manera de besar y unos gustos distintos, pero está actuando como si mi beso no la hubiera gustado, y eso golpea en mi orgullo. Aún así, no puedo evitar sentir algo de preocupación latir en mi pecho.

--Te estoy diciendo que te largues-contesta en un tono bajo, como si me lo advirtiera, alejándose un paso más de mí. Puedo ver como se rodea su propio cuerpo con los brazos.

--¿Qué? ¿No soy suficiente para que te acuestes conmigo? ¿Soy muy poco para ti?-respondo sin poder evitar sonar irónico, sin moverme de mi lugar.

--Te lo digo por tu bien...-oigo que sisea. Rompe el contacto visual conmigo, para dirigir su atención de nuevo a la maleta, de la que veo que saca un pijama.

--¿Mi bien?-pregunto extrañado-¿Te ha dado algo raro en la cabeza?

--¡TE ESTOY DICIENDO QUE TE LARGUES!-y sin más, explota.

 

Cierro la boca para dejar que mis ojos sean los que se abran. Ella es la que ha comenzado con todo esto, y yo el pobre al que ha engatusado porque pasaba por aquí. No tiene motivos para cabrearse, la estaba dejando usarme. Me quedo estático en el lugar, sin poder decir palabra.

 

--¿¡No hablas mi idioma o qué?!

 

Como si se hubiera teletransportado, Louis aparece por la puerta, sin la mirada enfadada o molesta que me esperaba, tan solo mostrando una de preocupación mientras se acerca a ella rápidamente y pregunta:

 

--¿Qué ocurre? ¿Por qué gritas?

--Dile que se vaya-apenas consigo escuchar, ya que ella se refugia en su hermano.

 

La alucinación es suprema ahora mismo en mí. Definitivamente no entiendo nada.

Veo como Louis se gira para mirarme con un gesto de confusión, aunque parece como si una sonrisa diminuta, apenas perceptible, tirara de sus labios. Se gira de nuevo para estar frente a su hermana, diciéndola algo en voz baja. Besa su frente y ella siente. Él viene hacia mí, con esa extraña mueca en la que mezcla distintas y contradictorias emociones.

 

--Vamos Malik-dice en voz baja, palmeando mi hombro con su mano.

 

Miro una última vez a María, quien tiene sus ojos azules clavados en mí, bajo un ceño fruncido que me indica que ya no soy bien recibido, ni siquiera para un lío. Vuelvo la mirada a su hermano y asiento con la cabeza, antes de salir con él de la habitación. En cuanto la puerta se cierra y nos alejamos un par de pasos, pregunto sin dudarlo.

 

--¿Qué la pasa?-pregunto confundido-¿Está en uno de esos días del mes, tiene un trastorno de personalidad o algo que yo debiera saber?

--No, eso no tiene nada que ver-dice en un bufido. Me mira a los ojos mostrándome un profundo sentimiento de miedo, pero no por él, sino por su hermana. Un sentimiento de protección-Tú...tú la has besado ¿verdad? la has besado... de una manera que no tiene nada que ver con el estar encendido.

 

Sus palabras me causan vergüenza, vergüenza que es mucho menor a la curiosidad y a la preocupación, por lo que solo asiento con la cabeza, mientras comenzamos a bajar las escaleras.

Por una parte siento como si la ira del hermano mayor protector que es Louis, fuera a caer sobre mí, pero lo único que hace es suspirar de nuevo, con fuerza, con pesadumbre.

 

--Dios, ¡y todo el por culpa de ese infeliz!-habla con rabia, dando un golpe contra la pared como si se desquitara con ella, haciendo así que algo de la pintura de la parte se quite. Louis no es agresivo, un poco bestia y sin darse cuenta de la fuerza que tiene, pero no agresivo.

--Oye, tío, tranquilo-digo con sorpresa por sus actos, agarrándolo de los hombros para que no acabe por tirar un tabique abajo-¿De qué hablas?

--De Byron-responde tras unos segundos en los que ha parecido tranquilizarse por sí mismo.

--¿Byron? ¿Qué Byron?-pregunto sin comprender.

--Es una historia larga, no importa...-dice en un suspiro siguiendo su camino escaleras abajo.

 

Pero importa. Sí que importa. A mí me importa y no debería, sé que no debería importarme, pero sin embargo lo hace. Le agarro de un brazo, evitando que siga bajando, haciendo que él se dé media vuelta para mirarme extrañado.

 

--Tengo todo el tiempo del mundo-digo con tono solemne.

--¿A qué viene este interés hacia mi hermana?-pregunta extrañado.

--Ella...supongo que...me importa...-admito en voz algo baja.

 

Louis me mira extrañado, tratando de comprender , tratando de creer que mis palabras son ciertas y que ella, su hermana, de la cual debería mantenerme alejado, me importa de alguna manera. Él parece acabar cediendo, ya que se dispone a hablar, teniendo que detenerse por un segundo, como si tuviera que buscar las palabras correctas.

 

--Hace dos años-comienza a explicarme en tono bajo, agotado-estuvo saliendo con un tal Byron. Ella se enamoró; total y perdidamente enamorada de él, tenía catorce años, está claro que ni siquiera sabía lo que era el amor, pero ella lo asociaba a él. Pensaba que sería su chico, su amor, de por vida, con el que casarse, tener hijos, envejecer, esas pamplinas Disney. Ella, tan enamorada e ingenua...-de nuevo un suspiro escapa de él-dejó que ese miserable le arrebatara su virginidad. Cuando me lo contó yo por poco le mato, pero no, ella no, no la importaba, era feliz, porque pensaba que él la amaba, de esa manera tan...increíble, que nunca podría romperse. Entonces una amiga suya llegó, diciéndole todo lo que quería a Byron, todo lo que él la quería, y por supuesto, todo lo que habían hecho. Resultó que el tal Byron, solo iba de chica en chica. María se quedó chafada,se puso...muy mal, lloraba todos los días como si una relación de dos meses fuera algo...significativo, aunque a esa edad lo era. Se fue un año a España, de intercambio, solo para no tener que verle la cara, ni a él ni a ningún tío, ya que se fue a un internado solo para chicas.

 

Se puede ver en las facciones de mi amigo, todo lo que le duele recordar lo mal que se puso su hermana, lo triste que estaba, lo que hizo para alejarse de él. Pero eso de que no quiere verle la cara a ningún tío...

 

--Louis... ¿Tú sabes que ella...?-trato de buscar las palabras correctas, las más suaves y cuidadosas, pero ¿cómo decirle que su hermanita pequeña va restregándose con gente que acaba de conocer?

--Ya, ya sé que se va tirando todo lo que tiene polla y se mueve...-responde con dolencia-Esa es su venganza hacia todo hombre que se atreva a entrar en su camino: enamorarle; usarle; follárselo; si le puede sacar algo como ropa nueva o algo por el estilo, lo hace; y finalmente dejarle, con tanto dolor como le es posible. Está haciendo exactamente lo que le hicieron a ella, y sé que es horrible, pero es mi hermana Zayn, no puedo enfadarme con ella. He intentado que pare, que deje de comportarse así, pero a la vista está que no ha funcionado.

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