I'll be your life, your voice, your reason to be...

Dos hermanos separados, destinados a reencontrarse, sin tener muy claros sus sentimientos, confundiéndolos continuamente, mientras trata de cumplir su sueño con sus cuatro compañeros. Harry, Niall, Liam, Louis y Zayn son cinco chicos, cantantes, que, sin buscarlo, encuentran las que quizás sean sus verdaderos amores. Tal vez no sean más que chicas pasajeras, como pueden ser cualquiera de esas fans que pasan con ellos una agradable noche. Pero ¿qué pasaría si un día Harry encontrara una chica extrañamente familiar? Mucho tardará en descubrir que es alguien verdaderamente importante para él; Ane, su hermana melliza, a la cual separaron de él al igual que a su madre cuando apenas tenían unos años de edad. Eso provocará que nazcan celos de protección y cariño, de amor, que en muchas ocasiones, será mal expresado, confundiéndose con atracción y deseo, llevándolos a incómodas situaciones. Celos, amistad, amor, peleas y muchas sorpresas...

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32. Niño muy malo.

Narra Zayn.

Salgo de casa corriendo tanto como puedo, buscándola con la mirada quizás más preocupado de lo que debería, pero es que no quiero que la ocurra nada malo ¿está eso tan mal? Es lo que haría cualquier amigo, es lo que debería de hacer Louis, pero parece que a él no le importa lo que haga su hermana, ni con quien se vaya o qué le hagan. Puede que sea que ya está acostumbrado a ello, a ella, a su manera de ser y al hecho de que quiera pasarse por la piedra a todo el país.

Consigo ver su figura ir contoneándose por toda la calle, dejando expuesta demasiada piel para ser invierno, y para ir por la noche caminando de esa forma. Está claro que lo que está intentando es llamar la atención de todo aquel con el que se cruce, pero parece que no se da cuenta de que puede llamar la atención de alguien peligroso.

Coloco un cigarrillo en mis labios y lo enciendo, fumando mientras camino tras ella, a una distancia lo suficientemente distante como para que no me vea, o al menos me reconozca, pero lo suficientemente cercana como para comprobar que está bien, que está a salvo.

Veo como saca su móvil con total tranquilidad, como si no pudiera estar en el punto de mira de cualquier borracho, violador o secuestrador y lo mira. Parece que llama a alguien, entablando una conversación breve de apenas unas cuentas palabras y cuelga. Guarda su móvil en el bolsillo de su fina chaqueta y continúa su paseo de manera algo más rápida, por lo que yo también acelero mis pasos tras ella. Ambos dos (ella antes que yo) acabamos por llegar a una casa particular del barrio, no demasiado lejos de la casa de Louis, pero sí lo suficiente como para que ella pudiera haber cogido un autobús. Me quedo a una calle de distancia, observando detrás de un edificio, y sí, parece que el violador peligroso soy yo, pero tengo la sensación de que puede pasarle algo malo, y no me perdonaría nunca que la pasara algo, si yo no pudiera evitarlo. No es algo particular con ella, que sí, que puede que me guste un poco (solo un poco) y me preocupe por ella, pero me aseguraría de ver que está a salvo cualquier persona.

María llama al timbre de la casa, y al poco tiempo sale un chico joven -no debe de superar los veinte- de ojos claros y pelo rubio oscuro, con una sonrisa de medio lado llena de satisfacción por lo que ha llegado a su puerta. Ella parece devolverle la sonrisa mientras pasa dentro de casa. Los ojos del chico la siguen, mirándola de arriba a bajo como si no fuera más que un trozo de carne. Me reprimo las ganas de ir hasta allí y soltarle unas cuantas palabras acerca del respeto hacia las mujeres, aparte de un par de cosas sobre cómo se las debe tratar, ya que no parece tener ni la mínima idea. Me enfurece pensar que María prefiere estar con un tipo así antes que conmigo, pero tampoco puedo hacer nada porque cambie su forma de ser.

Me apoyo en la pared, con una vista perfecta de la puerta de esa casa, solo por si pasa algo raro y tengo que intervenir. Saco el cigarrillo ya terminado de mi boca, y lo tiro al suelo, pisándolo con el pie para apagarlo. Dejo salir la última calada mientras miro hacia el cielo, completamente encapotado por las nubes, sin dejar pasar la luminosidad de ninguna estrella, o tan siquiera de la luna.

Lleva dos años actuando de esta manera con los tíos: hoy contigo, mañana con otro, pasado con el de más allá. ¿Hasta cuando piensa durar con todo esto? Se supone que esos arrebatos surgen hasta pasados unos meses, pero...¿dos años? ¿Eso significa que no hay probabilidad alguna de que le interese una relación seria? ¿Una -tal vez- conmigo?

Dejo salir un suspiro y pongo la vista en la casa. Todavía nada.

Escucho unos cuantos pasos procedentes del final del callejón que me hacen mirar hacia allí. Sé que lo suyo sería irme cuanto antes, solo por si es algo peligroso, pero tan solo me quedo en mi sitio, mirando como un par de hombres -totalmente opuestos entre sí- se acercan a mí. Uno es bastante alto, delgado, de tez morena, ojos oscuros, puedo ver algunos tatuajes en su cuello, que posiblemente bajen hasta sus brazos, que van tapados hasta el codo. El otro es más bien pequeño, pálido, con una cicatriz que va desde su nariz hacia el ojo, atravesando todo el pómulo izquierdo, tiene unos ojos azules que estén completamente inyectados en sangre. Ambos dos me miran por un momento, mientras yo mantengo el contacto visual fuera de ellos, como si no les hubiera visto. Veo como el más pequeño asiente con la cabeza.

 

--¿Tú pillas?-pregunta de repente el más alto.

 

Frunzo una ceja, confundido por la repentina pregunta, ya que lo que normalmente te preguntan -si es que te preguntan- en un atraco es si llevas algo de valor, no si...pillas. 

Pongo mis ojos en ellos, esperando que añadan algo más, pero al solo quedarse mirándome, decido preguntar, claramente confundido.

 

--¿Perdón?

--Que si pillas-habla de nuevo el moreno, haciendo un gesto con el que toca su nariz. De inmediato sé que me están preguntando por drogas.

--No, no. Lo siento-respondo con una mueca.

 

Se miran entre ellos confundidos, antes de volver a escanearme de arriba a bajo. Me dan un leve asentimiento de cabeza que interpreto como un "Vale. Adiós", antes de que se den media vuelta y se vaya murmurando algo.

Veo como desaparecen entre las sombras del callejón, y es entonces cuando me miro a mí mismo, encontrando con que no hay nada fuera de lo común en mí: mi chaqueta de Adidas, mis vaqueros azul oscuro, mis deportivas... nada fuera de lo común, pero claro, eso quitando mi cara, y sobretodo, mi color de piel. 

Racismo. Racismo y más racismo. Que no sea blanco como la leche no significa que sea peor, ni mucho menos que sea drogadicto. Estoy seguro de que si fuera Niall el que estuviera por aquí, lo único que hubieran hecho habría sido quitarle el móvil y el dinero antes que huir.

Sacudo la cabeza, cansado de siempre el mismo tema, antes de fijar mi vista en la puerta de nuevo. Esta vez sí que se ve como María sale de allí, colocando su pelo algo alborotado, con ese chico tras de ella, preguntándole que qué es lo que va mal, que por qué no se queda con ella a dormir, que pueden ver una película, pero ella solo camina por la fría y oscura calle, despidiéndose con la mano sin ni siquiera darse la vuelta. El chico acaba por volver dentro de casa, dejando que ella se vaya, sola y contoneándose de nuevo. Una vez más camino tras ella, asegurándome de que está bien.

El camino parece no terminar a ninguna parte. Daba por hecho que una vez hubiera acabado con este chico volvería a casa, pero parece que aún tiene alguien más a quien atender, por lo que ambos dos seguimos caminando por las solitarias calles, bajo las farolas titilantes, hasta que veo como hace un giro brusco, metiéndose en lo que parece ser un callejón, supongo que con el mismo aspecto que en el que yo he estado mientras ella estaba en esa casa: sucio, oscuro y peligroso. Acelero mis pasos, pensando en el inminente peligro, y cuando pongo un pie en el -efectivamente- asqueroso y peligroso callejón, unas manos pequeñas me pegan a una pared de un golpe. Sus ojos brillan como si fueran felinos, azules e intensos, al igual que la sonrisa que se curva en sus labios, apenas visible por la posición de las farolas y los edificios.

 

--¿Te gusta jugar al pilla-pilla?-un ronroneo sale de ella-No, no, no, eres un niño muy malo-dice divertida chasqueando la lengua mientras baja la cremallera de mi chaqueta-¿Louis te ha dicho que vengas a cuidar de mí?-me susurra tan cerca que siento la vibración de su voz chocar contra mis labios.

--Él no ha tenido nada que ver-respondo con simpleza, aparentando cuando puedo que ella no me afecta; ni ella ni sus labios tan cerca de los míos, ni sus manos tanteando sobre mi pecho, ni su perfume algo empalagoso, ni el sonido de su voz suave.

--Quieres ser el siguiente ¿verdad?-puedo sentir como su sonrisa debe de estar ampliándose-Joshep no sirve para mucho el pobre, no sabe como satisfacer a una mujer-añade en apenas un murmullo-Me parece muy bien que hayas caído, ya te lo advertí.

 

Sus manos bajan hasta que llegan a mis vaqueros, llegando a mi bragueta, la cual comienza a bajar lentamente. Una vez más tengo que hacer uno de toda mi fuerza de voluntad y apartame de ella, en la posición en la que estamos, más bien apartarla de mí.

 

--Este no es lugar-contesto en voz baja. 

--No creo que importe mucho-dice con simpleza, y puedo ver como sube su falda por completo, sin vergüenza alguna.

--Te he dicho que no-digo nervioso porque alguien nos pueda ver, mientras bajo su falda de golpe-Es tarde, Louis estará preocupado-digo muy seguro, viendo como en su cara se forma un ceño fruncido-Vamos, te acompaño a casa.

--Aguafiestas-oigo que masculla mientras se da media vuelta para salir del callejón.

 

Haciendo una mueca que expresa todos mis pensamientos hacia esa chica, subo mi bragueta antes de salir tras ella. Para mi sorpresa me está esperando, como si hubiera aceptado el hecho de volver a casa sin haberse salido con la suya. Aún tiene el ceño fruncido, incluso cuando parece estar acariciándose con fuerza los brazos por encima de la chaqueta. Estaba claro que ella iba a pasar frío, y mucho más claro, que yo acabe quitando mi chaqueta para ponérsela a ella. Ni se queja ni lo agradece, tan solo la acepta antes de poner a caminar de nuevo a casa de Louis.

El camino a casa de Louis es totalmente en silencio, sin ni siquiera cruzar una palabra: ella a un lado de la calle, con los brazos cruzados sobre su pecho para mantener el calor; yo por el mío, con las manos en los bolsillos de los vaqueros sin pensar en el resfriado que me estoy ganando a pulso. Cuando llegamos puedo ver la luz del salón encendida, pese a que sea cerca de medianoche.

María saca las llaves, que supongo le ha quitado a Louis, y abre la puerta con cuidado, procurando no hacer ruido, ni despertar a su hermano si es que no está despierto.

Agradezco el calor de la casa, ya que calienta mi piel casi congelada en lo que camino hasta el salón. La escena que hay ante nuestros ojos es digna de fotografiar: Harry está tumbado todo lo increíblemente largo que es, en uno de los sofá, con Louis aovillado sobre él. Lucía está acomodada en una esquina del otro sofá y Ale sentada en el regazo de Liam, con la cabeza apoyada en su hombro. Todos se encuentran en el quinto sueño, salvando Ane y Niall, los que supongo se habrán ido al sentir la presión de estar uno frente al otro después de todo lo ocurrido.

Escucho la risa baja de María. Me giro hacia ella para ver como niega con la cabeza al ver a todos en esas posturas, antes de dirigirse hacia ñas escaleras, subiendo un par de escalones antes de girarse hacia mí.

 

--¿Vienes o qué?

--No, gracias. Buenas noches-respondo rápidamente, antes de que cambie de idea ante su oferta.

 

Veo su sonrisa ladeada llena de picardía una última vez, antes de que prosiga subiendo las escaleras. Tal y como hace cuando camina por la calle, balancea sus caderas queriendo llamar la atención, mi atención, y la verdad es que lo acaba consiguiendo, pero de ninguna manera voy tras ella.

Pienso en la posibilidad de volver a casa, pero dada la hora, el frío y el sueño, decido regresar al salón. Coloco una manta sobre Harry y Louis, que hace que Liuis se remueva y Harry balbucee algo incompresible. Pongo otra sobre Liam y Ale, y me coloco una al hombro. Apago la luz del salón y me dirijo hacia el lugar donde se encuentra Lucía, la cojo en brazos con cuidado, sin despertarla ni mucho menos, y me siento en su sitio, dejando que ella se amolde a mi cuerpo, mientras coloco la manta sobre nosotros dos.

Mientras mis ojos comienzan a cerrarse, pienso en María y en todos los problemas que me puede llegar a causar.

 

Narra Ane.

No tiene sentido que Harry haya acabado consolándome a mí, cuando era yo la que le tenía que consolar a él. Ni siquiera me dio tiempo a pensar algo que decirle, algo tranquilizador que le hiciera saber que no importaba, que podía seguir siendo amigo de Marta y encontrar a otra chica con facilidad. Simplemente no me dio tiempo, me quedé dormida en cuando me rodeó con sus largos brazos.

Noto uno de esos brazos caer por mi cintura de manera suave, solo como si se asegurara de que sigo aquí durmiendo con él. Su respiración es pausada y siento como me llega a la cara. Por un momento sonrío al sentirme protegida por él, pero entonces uno de esos cinco sentidos (que no parece que tenga muy desarrollados) hace acto de presencia, y me doy cuenta de que no huele a Harry. Huele dulce, e indudablemente bien, pero no tan fuerte ni mucho menos tan varonil como la colonia que usa Harry. Tampoco es un olor desconocido, y es eso lo que me hace abrir los ojos para descubrir quien es el que realmente ha dormido conmigo por alguna razón. Su cara pálida y redondeada descansa a escasos milímetros de la mía; sus labios rosados están entreabiertos, dejando salir esos suspiros que me han hecho sonreír; sus párpados están cerrados, sin aparente movimiento tras ellos; su pelo rubio cayendo descolocado sobre su frente. 

Mi primera intención es gritar, la segunda darle una patada que haga que caiga al suelo, pero finalmente no hago ni una ni la otra. Tan solo me quedo quieta, observando las casi inapreciables pecas que hay en el puente de su nariz, viendo como su pelo parece tan suave como siempre, pensando en lo grandes y azules que se verían sus ojos si despertara en este momento. 

Siento como una sonrisa se abre camino en mi cara, mientras pienso en cómo hemos acabado así. Doy por hecho que ha sido cosa de Harry, ya que sino, él sería el que está aquí. Suspiro pesadamente, haciendo que él ponga una mueca graciosa al sentir todo el aire llegar de golpe a su casa. Me acerco un poco más a él y alzo mi mano izquierda para acariciar su mejilla con el dorso, antes de bajar por su cuello, lo cual parece provocarle un escalofrío, y al mismo tiempo una sonrisa.

Me quedo durante otro largo momento mirándole, antes de tomar la decisión de besar sus labios de manera corta, casi ni siquiera se puede considerar como beso, más bien como un roce, pero aún así, sus labios siguen sintiéndose igual que siempre, tan suaves y apetecibles como siempre.

Cierro mis ojos de nuevo, sintiendo como la sonrisa debe de estar intacta en mi rostro, dispuesta a dormir de nuevo, ya que aunque ya haya amanecido, sigue siendo pronto, mucho a juzgar por el tono anaranjado que inunda la habitación.

 

--Lo sabía...-oigo en un murmullo.

 

Mis ojos se abren mucho más deprisa que antes, para ver cómo su sonrisa se ensancha, mientras entreabre un ojo, con aspecto divertido.

 

--Sabía que aún me querías.

 

Un enfado tan repentino como arrollador se apodera de mí mientras me levanto de golpe. Aparto su mano de mi cintura con brusquedad y me pongo de pie en la cama, puede que pisándole un poco, antes de poder llegar al suelo de nuevo.

 

--Eres asqueroso-digo simplemente, tratando de no gritar para no despertar a nadie-Eres imbécil, enserio. Más que imbécil eres un crío, haciéndote el dormido para conseguir que te bese, enserio, muy maduro todo..

 

Salgo de la habitación dando pisotones que deben de estar retumbando por toda la casa. De la misma manera bajo las escaleras, maldiciendo por lo bajo cosas que solo pienso a la mitad, ya que no puedo negar que haberle visto con esa sonrisa nada más levantarme haya sido lo más bonito que haya visto en años, por no hablar de sentir cómo me abrazaba, transmitiéndome su calidez.

Al llegar al piso de abajo doy con que todos están durmiendo en los sofás, prácticamente de la misma manera en la que los dejé ayer, salvando a Louis, a quien encuentro en la cocina.

 

--Buenos días-dice cerrando el frigorífico-Eso de ir medio desnudas por la casa...¿es cosa de chicas o son imaginaciones mías?-pregunta divertido.

 

Por un momento pienso en soltarle una grosería, o un "Eres gilipollas", para ser más precisos, pero entonces me doy cuenta de que sigo en ropa interior, ya que es así como me metí ayer en la cama de Harry.

 

--No estoy de humor-mascullo mientras saco una silla de su sitio para poder sentarme en ella.

--¿La regla?

--Que pesados sois los tíos-digo en un bufido, mirándole con mi mayor cara de enfado mañanero, que no puede ser bonita de ninguna manera-En cuanto estamos enfadadas tiene que ser por eso ¿o qué? ¿Es que no podemos enfadarnos por otra cosa?

--Vale, vale, tranquila-responde relajando su tono divertido mientras se sienta en la silla que hay contigua a la mía. En cuanto lo hace siento el olor a café y mi estómago se revuelve de inmediato-¿Qué te pasa?

--Que Niall es tonto o algo-contesto dejando caer mi cara sobre mis manos.

--¿Ahora qué te ha hecho?-pregunta, de nuevo con ese tono divertido que hace que le fulmine con la mirada sin dudarlo.

--Se ha hecho el dormido para que le bese-siseo, esperando que comprenda la gran importancia y gravedad del asunto, pero a juzgar por su mueca, doy por hecho que no.

--¿Y qué?

--Que me jode que haya conseguido lo que quiere.

--Él te quiere a ti.

--Pues bien por él...

--Pero sigues enamorada de él.

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