I'll be your life, your voice, your reason to be...

Dos hermanos separados, destinados a reencontrarse, sin tener muy claros sus sentimientos, confundiéndolos continuamente, mientras trata de cumplir su sueño con sus cuatro compañeros. Harry, Niall, Liam, Louis y Zayn son cinco chicos, cantantes, que, sin buscarlo, encuentran las que quizás sean sus verdaderos amores. Tal vez no sean más que chicas pasajeras, como pueden ser cualquiera de esas fans que pasan con ellos una agradable noche. Pero ¿qué pasaría si un día Harry encontrara una chica extrañamente familiar? Mucho tardará en descubrir que es alguien verdaderamente importante para él; Ane, su hermana melliza, a la cual separaron de él al igual que a su madre cuando apenas tenían unos años de edad. Eso provocará que nazcan celos de protección y cariño, de amor, que en muchas ocasiones, será mal expresado, confundiéndose con atracción y deseo, llevándolos a incómodas situaciones. Celos, amistad, amor, peleas y muchas sorpresas...

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13. Mi héroe.

Narra Liam.

--Señorita Bennet-dice una voz masculina autoritaria a nuestra espaldas, impidiéndome besarla.

--Sí, señor Andrews-dice ella nerviosa volviendo al suelo.

--¿Podría dejar de tontear con los clientes y dedicarse exclusivamente a ayudar a buscar lo que desean?-dice bastante borde el hombre.

--Sí, señor Andrews, lo siento-se disculpa ella.

--Fue mi culpa-digo entrando en la conversación-ella se iba a caer y solo la sujeté.


Ese hombre nos mira mal, tanto a ella como a mí y se retira murmurando algo como "Vaya juventud"


--Creo de debería volver al trabajo-dice ella nerviosa.

--Lo siento, ha sido mi culpa-me disculpo.

--Tranquilo, solo me has sujetado, por cierto, toma tu sirope-dice tendiéndomelo.

--Gracias-la verdad me importa ya bastante poco el dichoso sirope.

--Las cajas están por allí-señala hacia mi derecha-yo vuelvo a trabajar, encantada de haberte visto de nuevo-dice sonriente y se va por el pasillo.


¡LIAM! ¡REACCIONA!-me grita mi cerebro-¡SU NÚMERO! ¡SU NÚMERO!


Miro nervioso hacia el pasillo por el que se ha ido, mierda...ya no está... Corro en esa dirección buscándola como un loco, me recorro el supermercado de arriba abajo, hasta que ya me doy por vencido...quizás esté en el almacén o...su turno se ha acabado...


--Joder...-susurro en voz baja girando por la esquina de uno de los pasillos.


¿Cómo he vuelto a perder la oportunidad? Esto ya no es ni medio normal, aunque ella tampoco lo es... esos increíbles ojos castaños, ese pelo ondulado, recogido en una coleta alta que la queda malditamente bien, sus labios... los que apenas he podido ni rozar por culpa de ese dichosos hombre que supongo que es su jefe... Estaba tan cerca, pero tan, tan cerca de poder besarla...

Ni siquiera sé cómo he llegado a querer esto, a querer sus labios, a querer aspirar de nuevo ese perfume que me invade por completo, ya por segunda vez, como he llegado a querer hablar con ella, como he llegado a...quererla sin apenas hablar de forma personal.

Choco con alguien, haciendo que el bote de sirope se abra y manche a esa persona.


--Oh...mierda...-dice ella, ella.


¡Es ella ¡Otra vez ella! ¡Dios quiere que me encuentre con ella! ¡Sí!


--¡ALELUYA!-grito feliz de encontrala. Me mira extrañada, y me doy cuenta de la camiseta-no, no me refiero a tu camiseta, Dios...lo siento-digo mientras suelto el bote pegajoso en cualquier lugar e intento limpiarla, como puedo-perdón...

--Tranquilo, es solo la camiseta del trabajo, ya la lavaré.

--Señorita Bennet-se oye de nuevo la voz de ese hombre, que la verdad, me da mala espina-¿qué ocurre aquí? ¿No piensa dejar a nuestros clientes en paz?-dice con una sonrisa que hace que me recorra un escalofrío por la espalda-¿Qué ha pasado por su camiseta? ¿Se la ha manchado? Venga, que le doy otra-dice con una sonrisa que hace que se me revuelva el estómago.

--No me dejes a solas con él-me suplica en un susurro Ale.

--¿Qué?-digo perdido.

--Señorita Bennet, vamos, no tenemos todo el día-insiste ese hombre.

--Sí, señor Andrews...-dice ella dándose la vuelta y dirigiéndose hacia ese hombre.


Ella al pasar por su lado, me doy cuenta de cómo él pasa uno de sus gordos brazos por su pequeña y delicada cintura, como la susurra algo en el oído y como ella no se siente cómoda. Este hombre quiere algo con ella...

Les siguo hasta la zona de "Solo personal autorizado" y me asomo por una rendija que se queda abierta de la puerta.


--Toma, tu camiseta-dice el hombre dándosela-cámbiate.

--Pero...está usted aquí...-dice ella con la cabeza gacha.

--Por eso quiero que se cambie-dice sonriendo. Un viejo verde, que asco...

--No...no quiero-replica ella.


Ese hombre se acerca y sube la cara de Ale con fuerza, dejándola demasiado cerca y haciendo que mi estómago gruña de puro asco.


--O eso o tu trabajo, ya lo sabes-dice antes de besarla y, por las lágrimas que salen de los preciosos ojos castaños de Ale, no creo que sea por gusto de ella-¿o prefiere perder su trabajo?

--No, necesito el trabajo...-murmura ella llorando.

--Entonces sabes lo que te toca mientras yo sea el jefe.


Ella asiente con la cabeza y se saca la camiseta, él la mira como su fuera un cacho de carne, como si se la fuera algo que se pudiera comer.

Veo como ella no puede dejar de llorar, deja la camiseta sucia en algún lugar de ese almacén y se dirige a ponerse la camiseta limpia.


--No, aún no-dice frenándola, la besa de nuevo y veo como sus manos comienzan a toquetearla.


No puedo, no lo aguanto, no lo soporto. Abro de golpe la puerta haciendo que ambos me miren.


--Niño, aquí no se puede estar-me regaña él.

--Y usted no puede tratar así a sus empleadas-respondo poniendo la camiseta a la pobre chica.

--Tú lo has dicho, mis empleadas y como son mías puedo hacer lo que quiera-tira del brazo de Ale, que llora en silencio.

--Viejo verde, abusador...-digo por lo bajo mientras prieto mis puños con los dientes chirriando-¡NO PUEDES TRATAR ASÍ A LA MUJERES! ¡NO SON TUYAS! ¡NO SON OBJETOS QUE PUEDAS UTILIZAR Y TOQUETEAR A TU ANTOJO!-grito estallando.


Cojo a Alejandra del brazo y la pongo tras de mí, protegiéndola, mientras sus lágrimas no parecen cesar, sintiéndome responsable de todo lo que la ocurre, y de ella.


--¿Estás bien?-la pregunto en un susurro, acariciando su mejilla izquierda con cuidado.


Su respiración entrecortada por las lágrimas dificulta su respuesta, por lo que hago que alce la mirada hasta que llegue a la mía, donde puedo ver a la perfección lo sumamente rota que está. Acaricio con suma ternura su mejilla, antes de posar un delicado beso.


--Vayámonos de aquí-la susurro muy de cerca.

--Como muevas un solo pie Alejandra estás despedida-le advierte ese imbécil que es su jefe.


Pienso que ella pasará del trabajo, que preferirá que no la toquen y poder buscar otro sitio donde trabajar que quedarse aquí con este hombre, pero parece que me equivoco, ya que ella se queda parada, con la cabeza gacha, sin muchas intenciones de moverse.


--Es solo un estúpido trabajo, vámonos-insisto.

--No puedo...-admite ella aún llorando con la cabeza gacha-vivo de esto...

--¿Cómo que vives de esto? ¿Y tus padres?

--No tengo...-dice en bajo.

--¿Qué?-pregunto con un hilo de voz.

--Es una huérfana muerta de hambre-dice el hombre estallando a carcajada limpia.


Me aparto de ella, con los puños apretados a ambos lados de mi cuerpo, me giro viendo como ese hombre ríe, se ríe de ella, de esta pobre chica de la que abusa, solo por el hecho de que no tenga padres, algo que debe de ser muy duro para ella, pero que a él se la trae bien floja.

Me acerco a él, notando como mi cuerpo tiembla de ira por primera vez... diría en años, pero creo que esta es la primera vez en mi vida en la que me siento tan sumamente cabreado que mi cuerpo tiembla deseando dar su merecido a ese hombre, ni yo me lo creo, nunca he sido de esas personas agresivas que van pegando a la gente así por las buenas, más bien yo soy de esos que huyen de las peleas, solo por todo lo que me hicieron en el instituto, todos esos insultos, esas peleas, esa forma de reírse de mí sin motivo aparente... y sin apenas darme cuenta le suelto un puñetazo en toda la nariz a ese hombre, que cae al suelo de inmediato, con la nariz sangrando.

Algo confundido por esa fuerza que no pensaba ni que tenía, me giro a ver a Ale, quien abre los ojos de par en par al ver a su jefe malherido en el suelo, pero igualmente sin reaccionar, sin salir de aquí corriendo como debería, por lo que soy yo quien coge su mano y tira de ella saliendo de ese almacén


--No puedo irme-dice ella parándose en medio del pasillo-no puedo vivir sin este trabajo.


Pongo los ojos en blanco y la cojo en brazos, poniendo su cintura en mi hombro.

Salgo del supermercado mientras la gente nos mira alucinados, hago como si nada y ando hasta llegar a la casa de Harry, ella se queja y dice que la baje, pero sé que si lo hago se marchará corriendo con ese hombre asqueroso, algo que no permitiré ni aunque me den todo el dinero del mundo.

Llamo al timbre y espero a que me abra.


--Ho...-dice Louis abriendo la puerta-¿pero qué...?-dice mirando a Ale.

--Buenos días Louis, ella es Ale-digo mientras la dejo en el suelo-Um, huele a tortitas-digo pasando con Alejandra tras de mí, como si hiciera esto de traer una chica a casa de Harry todas las mañanas


Llego a la cocina y veo a Ane, tan solo con una camiseta de Harry, sentada en una de las sillas y a éste igual, frente a ella, mirándonos alucinados y extrañados por esta pequeña intrusa que es Alejandra, la cual parece morir de vergüenza, ya que apenas camina siquiera.


--Hola chicos-hablo sacando una silla-Ale siéntate-digo ofrenciéndola el asiento. Ella cortada y abochornada lo hace-¿Qué tal van esas tortitas? huelen de maravilla-digo sentándome al lado de ella.

--Eh...hola Liam-dice Harry algo perdido-¿Quién es esta infiltrada?-dice amable.

--Soy...Alejandra y...creo que si vuelvo ahora no me despedirá-dice levantándose del asiento con rapidez, pensando en volver allí.

--De eso nada-digo mientras la cojo suavemente de la muñeca-no vas a volver ahí.

--Liam, necesito el dinero-dice amenazando con llorar de nuevo.

--Esperad un segundo chicos-digo levantándome y cogiendo a Alejandra de la mano-ahora venimos.


Andamos hasta el baño mientras la cara de los chicos sigue aún algo sorprendida. Cierro la puerta con el pestillo y me pongo contra la puerta para que no salga hasta que la convenza.


--No vas a volver allí-insisto.

--Liam, por favor-me suplica llorando.

--No, no, no llores, por favor...-digo acariciando sus mejillas con cuidado, sintiéndome terriblemente idiota por hacerla llorar.

--Me van a echar del piso si no pago el alquiler...-murmura.

--No te preocupes, no te van a echar, y si te echan mejor ¿vale?

--¿Cómo que mejor? Viviré en la calle...

--No, tengo una casa enorme, vienes conmigo, no vas a volver a ese trabajo, estarás conmigo hasta que consigas un trabajo mejor ¿está bien?

--No quiero...

--¿Piensas que soy peligroso? no te pienso hacer lo mismo que ese.


Ella tan solo rompe a llorar haciendo que la abrace con fuerza, apretándola contra mi pecho, haciéndose ver más frágil de lo que ya parecía.


--No quiero molestarte...-susurra en mi pecho.

--No me vas a molestar, tengo dos habitaciones vacías...y también dos baños que no uso, vas a estar como una princesa ¿vale?

--Gracias-dice llorando, levanta la cabeza mirándome a los ojos-me has salvado-me abraza con fuerza, está temblando por el miedo.

--Pero que asco de hombre...¿cómo puede tocarte de esa forma?-digo asqueado.

--No es lo peor que me ha hecho-admite avergonzada mientras llora con más fuerza.

--No pienses en eso-digo apunto de reventar de ira-ahora vas a estar conmigo y no te va a pasar nada malo.

--Eres mi héroe...-murmura.

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