I'll be your life, your voice, your reason to be...

Dos hermanos separados, destinados a reencontrarse, sin tener muy claros sus sentimientos, confundiéndolos continuamente, mientras trata de cumplir su sueño con sus cuatro compañeros. Harry, Niall, Liam, Louis y Zayn son cinco chicos, cantantes, que, sin buscarlo, encuentran las que quizás sean sus verdaderos amores. Tal vez no sean más que chicas pasajeras, como pueden ser cualquiera de esas fans que pasan con ellos una agradable noche. Pero ¿qué pasaría si un día Harry encontrara una chica extrañamente familiar? Mucho tardará en descubrir que es alguien verdaderamente importante para él; Ane, su hermana melliza, a la cual separaron de él al igual que a su madre cuando apenas tenían unos años de edad. Eso provocará que nazcan celos de protección y cariño, de amor, que en muchas ocasiones, será mal expresado, confundiéndose con atracción y deseo, llevándolos a incómodas situaciones. Celos, amistad, amor, peleas y muchas sorpresas...

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37. Larry y Darcy.

Narra Zayn.

Para cuando despierto, siento como una sonrisa está instalada en mi rostro. No sé si es por el hecho de despertarme y recordar lo que ocurrió, de sentir todavía su cuerpo bajo el mío, por recordar sus palabras susurradas, sus ojos en los míos, sus labios suaves, su simple presencia... sea cual sea la razón, la sonrisa no tarda en esfumarse.

Llevo una mano al lugar donde debería de haber una espalda desnuda, pero lo único con lo que choco es con mi propio estómago. Mis ojos se abren con rapidez, con sorpresa y un claro miedo atenazándome. Miro a ambos lados, buscando con desesperación la chica a la que pensé había conquistado después de todo, a la que por fin había enamorado, pero lo único con lo que me encuentro es con mi soledad y mi vergüenza entre mi propia ropa tirada en el suelo. No hay rastro de ella; ni su persona, ni su ropa, ni sus zapatos, por no haber, no hay ni una simple nota. Es como si nunca hubiera estado conmigo, como si todo lo que ocurrió anoche no hubiera sido nada más que una fantasía. Y sí, eso podría llegar a creérmelo, si no me encontrara sin motivo desnudo, sentado en el suelo del pasillo de mi casa, sintiendo como su sutil fragancia flota en el ambiente.

Estuvo aquí, está claro que estuvo aquí. Estuvo, pero en cuanto caí dormido se fue. Ella ya había conseguido lo que quería: mi cuerpo, sin pensar en si mi corazón también se lo habría llevado sin darse cuenta. No la ha importado lo más mínimo como pueda sentirme yo al respecto. Al fin y al cabo, me lo tengo merecido, ella no buscaba sentir algo por mí más allá que que un calentón, y yo le di voluntariamente lo que quería...no tengo derecho a molestarme. Aunque eso no quita que duela.

Y ya no es solo que duela el abandono, que duela el que me haya usado, el que se haya ido a escondidas sin darme ni las gracias...eso lo puedo soportar con mediana facilidad, pero me dijo que me quería. Me lo dijo, y yo la creí, la creí como un estúpido, pensando en que era algo real, en que ella también sentía como si nuestros corazones latieran acompasados en un baile sin música planeada. Pensando en que esto podría empezar a funcionar, en que podíamos ser algo, en que podía...quererme. Pero solo fui un polvo pasajero, otro más, otro sin importancia.

Un timbrazo hace que salga de mis pensamientos. Un segundo hace que mi corazón se acelere con el sentimiento de que puede ser ella. Un tercero hace que me levante de golpe y abra la puerta. Pero lo que me encuentro no es una hermosa chica de ojos azules, mirándome con una mirada arrepentida por dejarme aquí y así, sino unos pequeños ojos castaños abrirse por la sorpresa antes de soltar un grito exasperado.

 

--¡ZAYN! ¡¿QUÉ COÑO HACES, TÍO?!-Liam grita, mientras lleva sus dos manos a los ojos de su novia, tratando así de que no me vea en mi más absoluta desnudez. Alejandra no parece molestarse demasiado, ya que ríe en bajo.

 

No siento vergüenza, no siento pudor alguno porque Alejandra me haya visto así, ni mucho menos porque Liam lo haya hecho. No me siento arrepentido por haber abierto la puerta así. No siento otra cosa que no sea el nudo que asciende desde mi estómago a mi garganta, buscando ser deshecho en un mar de lágrimas que no tarda en hacerse presente.

Sin poderlo evitar, me abrazo a Liam con fuerza, pese a que esté en medio de la calle y cualquiera pueda vernos.

 

--¿Qué te pasa?-pregunta confundido. Tarda unos segundos en reaccionar, pero finalmente me rodea con sus brazos, respondiendo a mi abrazo-¿Por qué lloras? y... ¿Por qué estás desnudo?

--Y-yo...ella...-balbuceo con el rostro escondido en su hombro-yo pensé...yo...

--Oye, oye, tranquilo-susurra pasando su cálida mano por mi espalda, tratando de tranquilizarme-Vamos dentro, te vistes y me lo explicas ¿vale?

 

Y aunque no le estoy mirando, sé que está sonriendo con una mezcla de ternura y preocupación, como si fuera mi padre. Asiento con la cabeza contra su cuello, pero me mantengo abrazado a él durante un largo minuto más. Él no se aleja, ni mucho menos se queja, solo espera tranquilo acariciando mi espalda y diciéndome que todo va a estar bien. 

Sus palabras resuenan en mi pecho, en mi cabeza, se clavan dentro de mí, recordándome hasta qué punto de iluso puedo llegar. No confío en mucha gente, y pese a que una parte de mí sabía cómo iba a acabar todo esto, lo hice en ella. 

Trato de alejar esos pensamientos martirizadores lejos de mí, mientras me alejo del abrazo de Liam. Acaricio mis mejillas como puedo, ahora sí sintiéndome terriblemente avergonzado, por mi desnudez y por mi comportamiento. En el rostro de mi amigo solo está esa sonrisa que ya había predicho, mientras alarga una mano para acariciar mi mejilla y así ayudarme a apartar mis lágrimas. Alejandra solo se mantiene a su lado, mirándome con el mismo cariño...y la misma lástima. 

Es él el que me empuja con cuidado hasta estar por completo dentro de casa. Se agacha para coger mi ropa, que todavía estaba desperdigada por el suelo y me la tiende con cariño. Sin decir nada, deja un beso en mi frente y yo me doy la vuelta, para subir a mi cuarto y ponerme algo de ropa antes de seguir haciendo el ridículo.

Me ducho con el agua más fría que mi cuerpo soporta, tratando así de centrar mi atención en otra cosa, en evitar que mis pensamientos viajen a ella. Pero es imposible. En mi cabeza solo surge una y otra pregunta, entremezclándose con mis dudas y mis pensamientos anteriores. 

¿Qué estará haciendo ahora? ¿Estará acostándose con otro? ¿A dónde habrá ido? ¿Habrá podido volver ya a su casa? ¿Estará pensando en lo que hizo? ¿Estará pensando en mí? Y por mucho que trate de evitarlo, me respondo a mí mismo a la última pregunta con un no rotundo. Lo último que ella debe de estar haciendo es pensar en mí.

Tras unos minutos bajo el agua congelada, salgo de allí, sintiendo cómo el frío me ha dejado entumecido, pero al menos se ha llevado todas mis lágrimas. Cojo unos pantalones de chándal cómodos y una camiseta cualquiera antes de bajar al salón.

Supuse que la pareja estaría hablando, sacando teorías de lo que podría haber pasado, preguntándose soluciones. No sé si es un pensamiento egoísta o normal, pero es lo que ocurriría si a cualquier otro le hubiera pasado algo así. Para mi sorpresa, están ambos dos en silencio, ni siquiera se miran. Alejandra tiene la mirada puesta en la ventana que tiene a su derecha, opuesta a Liam. Éste sí que la mira, con curiosidad y cierta preocupación, como si quisiera saber qué es lo que ella está mirando que la tiene tan ensimismada. Parece darse cuenta de mi presencia, ya que cambia su mueca confusa a una calmada y llena de compresión, dirigiéndola a mí, claro está.

Me siento en el sofá que hay frente a ellos, con la mirada gacha, sintiendo como la de Liam está clavada en mí, lo cual solo me hace aún más difiícil todo esto. No sé qué decirle, qué contarle o no, hasta qué punto hablarle de lo que creo sentir por ella...por no saber, no sé si contarle que se trata de la hermana de Louis. Es cuestión de tiempo que se dé cuenta de que es ella, que todos se den cuenta, incluido Louis, lo cual, tampoco va a facilitarme las cosas. También es cuestión de tiempo que Liam empiece a preguntarme y acabe sacándome todo.

Para mi suerte, antes de que empiece el interrogatorio, la chica con la mirada absorta en algo que el resto no vemos, habla.

 

--Creo que lo mejor sería que me fuera a casa-susurra de forma apagada.

 

Se levanta dedicándome una débil sonrisa y ganándose una mirada de Liam de completa sorpresa y frustración.

 

--¿Te encuentras bien?-susurra él.

 

La castaña asiente con la cabeza lentamente, aún sonriendo. Deja un beso corto en los labios de Liam, pese a que aprieta su mano con fuerza. Me regala una caricia en el hombro como si quisiera decir que me apoya y sale del salón sin decir nada más. Unos segundos después se oye la puerta de la calle cerrarse. Ni siquiera me da tiempo a ofrecerme a acompañarla hasta la puerta.

Mi amigo suspira con pesadumbre, negando con la cabeza por algún motivo que no estoy seguro de si preguntar, ya que parece algo personal entre ellos. De nuevo pone su atención en mí.

 

--Cuéntame-dice sin más.

 

Veo como la preocupación por su novia y por mí se mezclan en sus ojos, junto con la frustración de ella y cierta curiosidad hacia mi problema aún sin resolver.

Antes de que pueda abrir la boca ya siento como las lágrimas vuelven a mí, y ya no son solo de tristeza,, sino más bien de frustración, incluso de enfado. Un enfado dirigido únicamente a mí, claro está. Yo soy el único culpable de haberme ilusionado. Puede que algo de ese enfado también vaya dirigido a ella por su actitud, por primero decir...eso y luego marcharse, aunque mientras se tiene un orgasmo la gente dice cualquier cosa. Seguro que ni siquiera se acuerda de que lo dijo.

 

--Oye, oye, oye-susurra en voz calma.

 

Se levanta con rapidez de su lugar y se acerca a mí en dos grandes pasos para sentarse a mi lado. Pasa un brazo por encima de mis hombros que me invita a abrazarle y a pegar mi cara a su costado como si fuera un niño pequeño ¿Qué es lo que me pasa? Yo nunca he reaccionado así, salvo...bueno... Digamos que no es la primera vez que me despierto y la chica que estaba acostada a mi lado, ha desaparecido. Para ser exactos, esta es la segunda vez que me pasa, y me sorprendo al comparar las situaciones y darme cuenta, de que en estos momento me duele más que aquella otra vez. Sacudo la cabeza haciendo que ese otro triste recuerdo salga de mi cabeza antes de que empiece a contarle toda mi vida a Liam -al menos lo que no sabe ya.

 

--¿Qué pasa?-pregunta con calidez.

--Soy gilipollas-es lo único que llego a decir gracias al nudo en mi garganta-Me ha utilizado como ha querido, cuando pensé que podría sentir algo por mí.

 

Él no dice nada, tan solo aprieta sus labios en una línea fina, como si tratara de unir las fichas para saber exactamente lo que estoy diciendo. Me gustaría ser más específico, pero tampoco sé cómo hacerlo. Le abrazo con más fuerza, con la ligera impresión de que voy a acabar haciéndole daño, pero él tampoco se queja. Se mantiene tranquilo, esperando a que añada algo más, cuando solo puedo dejar que las lágrimas salgan de manera lenta y silenciosa.

 

--Dios, Zayn...-habla con voz asustada, devolviendo mi abrazo con la misma intensidad.

 

Liam empieza a ser grande, no gordo ni mucho menos, pero da la sensación de que está llegando a su último estirón, ya que siento como me rodea con sus brazos y sobra espacio, aparte de que su pecho parece bastante más grande de lo que recordaba. Aunque si se tiene en cuenta que cuando le conocí era incluso más delgado que yo, creo que es algo bueno que al menos esté creciendo.

¿Por qué estás pensando en lo que crezca o no Liam? ¿Qué tiene que ver eso ahora, Zayn? me regaño a mí mismo, ya que no tiene sentido que piense en eso. O tal vez sí y solo lo haga para olvidarme de mi verdadera preocupación.

De nuevo busco las palabras que podrían ser las acertadas para que entienda lo que me ha llevado a esta situación.

 

--Creo...creo que la quiero un poco...-murmuro contra su cuerpo-pero ella a mí no. No la importo una mierda. Solo me ha utilizado. Ha cogido de mí lo que quería...y se ha ido.

--¿De quién me hablas?-pregunta en voz baja, pasados unos segundos de silencio.

--De...de María-admito-de la hermana de Louis... Anoche nos acostamos.

 

Narra Harry.

Y otra vuelta más que da a la consulta. Empiezo a sentir como sus pasos nerviosos y acelerados se clavan en mis sienes, cómo su respiración parece acelerarse a cada instante, casi puedo asegurar que escucho su corazón bombear con fuerza. Está empezando a ponerme nervioso.

 

--¿Puedes parar de moverte? por favor-la pido lo más amable que puedo-Me está dando dolor de cabeza y no es que me ayude ver cómo vas de un lado al otro sin parar.

--No, no me puedo parar-responde con tono histérico y haciendo cientos de aspavientos mientras sigue caminando a velocidad sobrehumana-Es que...Dios...-murmura. Sus pasos se detienen y yo se lo agradezco internamente-¿Cómo no estás nervioso?-pregunta mientras se deja caer en la silla que hay junto a la mía.

 

¿Nervioso? ¿Que si estoy nervioso? ¿¡Cómo no voy a estar nervioso?! ¡Estoy tan acojonado que siento como si el corazón se me fuera a detener en cualquier momento!

Es tu culpa por no haber tenido cuidado una parte de mí me recuerda con malicia. Gruño malhumorado ante el pensamiento mientras me llevo una mano a la frente, echando algunos rizos hacia atrás. Ya sé que es por mi culpa, lo sé perfectamente, pero ni siquiera había pensado en la posibilidades de que algo así pudiera ocurrir (lo cual es estúpido, ya que es lo más probable entre todas las cosas que pueden ocurrir)

 

--Sí, estoy nervioso-admito antes de dejar salir un resoplo-Más que nervioso, estoy asustado. Estoy muy asustado.

 

Escucho como ella deja salir un suspiro que me hace mirarla a los ojos. En ellos puedo ver como también está nerviosa, asustada y preocupada. Coge mi mano derecha y la aprieta con fuerza en la suya.

 

--Te quiero-susurra.

 

Siento como su mano tiembla, como todo su cuerpo tiembla, como debe de estar temblando hasta la última de sus terminaciones nerviosas. Sin embargo, yo siento como si mi estómago estuviera dando uno y otro golpe dentro de mí. Mi garganta está cerrada, tanto que apenas puedo tragar saliva.

Ya no sé ni qué hacer, no sé si rezar, no sé si llorar, no sé si gritar o simplemente quedarme quieto, como si así fuera a desaparecer y conmigo, todo lo que pueda haber causado. Así llevo desde anoche; no he dormido nada, y por las vueltas que sentía que ella daba, sé que tampoco ha podido descansar.

Siento que como sea cierto, que como realmente ella esté embarazada, voy a caer redondo del más puro desmayo. Tengo la certeza de ello, porque cuando entra ese hombre de bata blanca que ha estado haciendo pruebas a Marta, siento como es el corazón el que me palpita en las sienes, al igual que lo estaban haciendo sus pasos anteriormente. El aire comienza a entrar con más dificultad dentro de mí si cabe.

Ella clava las uñas en mi mano sin la más mínima intención de hacerme daño, solo intentando relajar sus nervios. Yo no se lo evito. No estoy ahora mismo como para quejarme.

Mis ojos se ponen en los del doctor, el cual se sienta con una cálida y tranquila sonrisa, que obviamente no me da ninguna pista de lo que puede estar o no pasando en el cuerpo de mi novia.

 

--¿Qu-qué pasa?-es lo único que puedo preguntar.

--Nada, nada, está todo bien-contesta él con una ligera risa.

 

Pues yo no le veo la más mínima puta gracia.

 

--¿Qué significa que está todo bien?-pregunta Marta con un hilo de voz apenas audible.

 

El doctor nos mira una última vez, parece que disfrutando de nuestra agonía. Deja salir una última risa estúpida antes de contestar. Mi corazón latiendo a mil por hora. Mi estómago pataleando. Mis pulmones sosteniendo el aire desde hace tanto tiempo que pienso en que me voy a desmayar sea cual sea la respuesta.

 

--No está embarazada-dice sin más-No hay de qué preocuparse, el óvulo ni siquiera estaba listo para alojar nada.

 

Y eso es todo lo que escucho pese a que sienta como el doctor sigue hablando acerca de precauciones, de condones, de mierdas y mierdas que ya no me pueden interesar menos.

Mi corazón pega un salto dentro de mí, no sé si de alegría o indicándome que estoy a punto de sufrir un paro cardíaco, pero tampoco me importa. Dejo salir un largo suspiro que me permite poder respirar de nuevo.

Doy mil y una gracias a Dios, aunque no sea un creyente practicante nato, y llevo mis manos a la cara, acariciándola al sentir como hasta los músculos faciales estaban en tensión.

Por otro lado, Marta no parece compartir mi despreocupación.

 

--Gracias doctor-dice simplemente.

 

Se levanta y sale por la puerta. Mi boca se abre por sorpresa mientras la sigo con la mirada hasta que sale. ¿Pero qué pasa ahora? ¿Es que no está tranquila ya? ¿Es que no quiere saltar conmigo de alegría por toda la consulta?

Me giro a mirar al doctor, buscando alguna respuesta lógica en él, pero de nuevo, solo ríe. Empiezo a replantearme su salud mental.

 

--¿Pero qué la pasa? -pregunto con simpleza, aún sin poder encontrar alguna solución lógica.

--Las mujeres son extrañas, señor Styles-comienza a decir, ya sin esa risa enfermiza, aunque aún manteniendo una sonrisa tranquila y apacible-Su mente, su cuerpo, todas ellas, no están solo hechas para volvernos locos, ni para esperar que entendamos sus cambios de humor o sus pensamientos, o bueno, tal vez sí-dice con cierta diversión que sigo sin ver-Pero biológicamente están hechas para procrear, igual que nosotros los hombres estamos hechos para...bueno, para algo estaremos hechos, digo yo. Pero el caso es, que ellas tienen un instinto, un gran instinto maternal, algo que llama a la mayoría de ellas por muy jóvenes que sean o parezcan, para sentir como una vida crece dentro de ellas, como tiene que cuidar de esa pequeña vida.

>>Puede que a sus ojos, ella estuviera sintiendo lo mismo que usted: miedo a la responsabilidad, a la paternidad, a dejar de hacer lo que antes hacía, pero en realidad su mente estaría puesta en otras cosas. En posibles nombres, en si sería niño o niña, en si se parecería a ella o a usted, o en si simplemente sería capaz de mantenerlo a salvo de todo el mal que hay en este mundo.

>>Debería ir con ella-dice de nuevo con sonrisa amable-dígale lo que piensa al respecto, lo que siente. Dígale que no se preocupe, y que cuando sea el momento, tendrán los hijos que sean necesarios.

 

Creo que mi cara debe de ser todo un poema de extrañeza y confusión, ya que de nuevo ríe. Y aunque parezca que este señor está más loco que cuerdo, creo que tiene razón, o al menos eso quiero entender.

 

--Muchas...gracias...-respondo aún aturdido mientras me levanto de mi asiento.

--No hay de qué-responde sonriente.

 

Sin decir nada más, salgo de la consulta y me dispongo a buscar a Marta por los alrededores, aunque parece que ha salido corriendo, ya que no hay ni rastro de su presencia. Busco por todos lados, interrumpiendo en algunas consultas y ganándome ciertas palabras malsonantes y malhumoradas que decido ignorar mientras sigo en busca de mi novia. Finalmente decido salir fuera, esperando verla por aquí.

Me cuesta unos minutos encontrarla en la parte trasera del hospital, en un banco de piedra blanca que hay junto a muchos otros, rodeados de verde césped.

Conforme me acerco, puedo ver con más claridad cómo las palabras del doctor eran ciertas, ya que sus mejillas están húmedas por las lágrimas mientras ella trata de apartarlas. Sin saber muy bien qué decir, me siento a su lado en silencio, esperando que se me ocurra algo que decirle, como ha dicho el loco de la consulta, aunque no me da tiempo a pensar nada, ya que ella rápidamente se abraza a mí y llora contra mi pecho.

 

--Te hizo un poco de ilusión ¿verdad?-susurro en su oído con suavidad. Ella asiente con la cabeza, aún algunas lágrimas saliendo-Somos muy jóvenes-admito en un suspiro-más adelante, cuando seamos mayores de edad, en cuanto estemos preparados, tendremos todos los que quieras. Te lo prometo-beso su cabeza mientras me balanceo para acunarla. Ella murmura un "vale" como respuesta, todavía sin separarse de mi cuerpo. Mis brazos rodeando su pequeño torso-¿Habías pensado en algún nombre?-pregunto con una ligera sonrisa sobre su pelo.

 

Ella asiente de nuevo con la cabeza, lo cual provoca que mi sonrisa se ensanche sin motivo aparente. Dejo un beso en la cima de su cabeza antes de volver a preguntar.

 

--¿Buscabas un nombre de niño o niña?

--Niño...-murmura-ya sé que si fuera niña querrías que se llamase Darcy-añade con algo de humor.

 

Yo río por lo bajo. A veces se me olvida de que ha puesto su máxima atención a todas las entrevistas que hemos hecho hasta el día de hoy.

 

--¿Qué nombre habías buscado para niño?

--Larry-contesta con una risa floja.

--Oye, a mí me gusta-contesto divertido-seguro que a Louis también le haría ilusión-añado acariciando su espalda con cuidado-Así que serán Larry y Darcy.

 

Alza su cabeza de mi pecho, haciendo así que mis ojos se encuentren con los suyos. Una sonrisa se desliza por su rostro, haciendo que yo se la devuelva. Cojo su cara entre mis manos y acaricio sus húmedas mejillas con mis dedos, apartando así la mayoría de las lágrimas que hay.

Entonces pienso, que es lo más bonito que puede haber en este mundo, desde sus -ahora enrojecidos- ojos castaños, hasta sus rosados labios, pasando por su pequeña nariz, la cual rozo con cuidado mientras me acerco para dejar un suave beso. Un suave y dulce beso lleno de promesas y "para siempres", lleno de un futuro muy lejano en el que estemos casados, con hijos, con nietos.

Es ella la que se separa primero del beso, devolviendo mi caricia con la nariz. Sus pestañas se baten con lentitud mientras su sonrisa se amplia. Deja salir un suspiro que no comprendo antes de besar mi mejilla y apartarse por completo de mí.

 

--Vamonos de aquí-dice sonriente-que como algún fan nos vea aquí van a empezar los rumores y no me apetece.

--Tienes razón-contesto con una sonrisa tan grande como la suya.

 

Beso su mejilla antes de levantarnos y caminar de vuelta hacia la entrada del hospital. Nuestras manos unidas por dedos entrelazados que prometen no ser nunca separados. Ella apoya su cabeza en mi brazo, lo cual hace que abra mi brazo para que ella se apoye en mi costado y yo pase mi mano por su hombro, cambiando la mano que teníamos unida.

Entonces yo también me paro a pensar. ¿Cómo serán nuestros hijos? ¿Cuántos serán? ¿Cuántos niños y niñas habrá? ¿A quién se parecerán? y la verdad, es que no me importa cuántos vengan -cuando sea el momento-, ni si son niño o niña; lo único que quiero es que se parezcan a ella.

 

--¿A dónde vamos?-pregunto una vez fuera de los alrededores del hospital-¿Quieres que vayamos a casa o quieres ir a algún lugar en especial?

--Me da igual si estoy contigo-dice tranquila, apretando con fuerza mi mano.

 

Nuestros pasos se detienen sin motivo aparente justo cuando estamos en medio de un paso de cebra, ganándonos algunos pitidos y palabras enfadas. Pero eso a ella no le importa, ya que solo se coloca delante de mí, colocando sus brazos alrededor de mi cuello. Se pone de puntillas para poder alcanzar mis labios, por lo que coloco mis brazos alrededor de su cintura y la alzo, sin importar todos los conductores cabreados que quieren continuar su camino para ir al trabajo. Sonrío sobre sus labios sin poder evitarlo, ella por el contrario ríe.

 

--¿Qué ocurre?-pregunto divertido.

--Nos va a matar medio Londres y vamos a salir en todas y cada una de las revistas-dice en un susurro todavía con esa sonrisa llena de diversión.

--Bueno, demos más motivos para que nos odien y para salir en todas partes-contesto antes de dejar una serie de besos por toda su cara, lo cual provoca que ella ría-Pero no te rías, que no me concentro-me quejo con un puchero fingido.

--Es que me haces cosquillas-se excusa y acerca sus labios despacio a los míos. Me mira divertida y se aparta bajando de mis brazos-¿No nos íbamos?-pregunta mientras coge mi mano, tirando de mí para poder terminar de cruzar y que nadie nos mate por estar taponando una calle.

 

Espero a llegar al otro lado de la calle para poder dar un pequeño tirón de su mano. Ella se da media vuelta riendo, quedando pegada a mi pecho de nuevo, solo que esta vez más bajo. Tengo que agachar mi cabeza bastante para poder quedar mis labios rozando los suyos.

 

--No vale dejarme con las ganas-murmuro.

--Sí que vale-responde con una sonrisa.

 

Frunzo el ceño fingiendo enfado junto con un puchero de niño. Ella sonríe de nuevo, como si no hubiera otra cosa en el mundo, como si la gente que pasa en coche tras de nosotros no nos dijera que ya nos vale poniéndonos a besarnos en medio de la calle, como si no importara nada más que nosotros.

 

--Anda y bésame, tonto.

 

Narra Louis.

Siento cómo mi pobre espalda se está quejando por culpa de esta incómoda silla en la que he acabado por dormir. Al abrir los ojos veo que Lucía se encuentra a un par de pasos de mí, sacando unos cafés de la máquina que hay en esta dichosa sala de espera. Sin decir palabras se sienta junto a mí, ofreciéndome el café pese a que no sea demasiado fan de esta bebida. Le agradezco con una sonrisa su preocupación por mí y beso su mejilla con suavidad antes de empezar a beber a sorbitos del pequeño vaso.

Saco el móvil de mis pantalones para ver cómo tengo un par de mensajes de mi hermana y una cantidad indecente de Harry. Decido mirar primero los de María para ver cómo simplemente preguntaba si ya se podía volver a casa o no y cómo a los pocos minutos decía que ya le daba igual, que ya había encontrado dónde desayunar. Hago una mueca, sin querer saber en casa de quién estará y solo tecleo un "Ten cuidado" con rapidez. Entonces me centro en los de Harry. La mayoría de ellos solo dicen cosas como "La he cagado" "Louis ¿dónde coño estás?" "Estas cosas solo me pasan a mí y por idiota" y por último un par de ellos acerca de...de un bebé. Me despejo de golpe para leer todos los mensajes en condiciones. Para cuando llego al final de ellos, siento como me he quedado blanco, y Lucía parece darse cuenta de ello.

 

--¿Qué ocurre?-pregunta con tono preocupado.

 

Recuerdo que en algunos de los mensajes Harry me pedía que por favor no se lo contara a nadie, que pasar lo que pasara, Marta y él nos lo contarían si fuera necesario, por lo que me veo obligado a negar con la cabeza y soltar una mentira piadosa.

 

--Nada, no es nada-respondo tratando de sonar lo más convincente posible-Es solo esta café, que me está dejando mal cuerpo.

 

Ella me mira algo confusa, pero solo asiente con la cabeza, ofreciéndose a traerme otra cosa, lo cual yo rechazo, ya que se me ha quitado el hambre.

Sin dudarlo, le pregunto a Harry que cómo se le ocurre hacer las cosas a lo loco. Él me responde a los pocos segundos, diciendo que ha sido una falsa alarma. Suspiro de alivio, pero no puedo evitar rodar los ojos mientras tecleo con un "Tú lo que eres es imbécil", a lo que él responde con un par de emoticonos de estar descojonándose. Ni siquiera me da tiempo a responder el siguiente mensaje de Harry, ya que la misma doctora de anoche (la de cara de amargada) se acerca a nosotros (con exactamente la misma cara). 

Me levanto de golpe, esperando que al menos me dé buenas noticias como para sentirme lo suficiente arrepentido como para disculparme por mi manera de responderle anoche.

 

--La señorita Towell está estable. Se está despertando. Pueden pasar a verla dentro de un rato, pero puede que esté desorientada, así que es mejor que vaya con tranquilidad-esas palabras están dirigidas únicamente a mí, y no solo porque me esté mirando, sino por la acusación de que no sé estar tranquilo.

 

Al ser buenas noticias, me veo obligado a cumplir mis palabras de disculparme con ella, aunque no me da tiempo, ya que simplemente me tiende un papel y se va. En él hay una serie de número que doy por hecho que se tratan de la habitación de Elena.

Me giro para mirar a Lucía y ver cómo ella me sonríe con calidez, haciéndome un gesto de que ella se queda allí esperando. Dejo un corto beso en sus labios antes de salir disparado por el primer pasillo que pillo, rezando porque sea el bueno como para llevarme a la habitación correcta.

Quince minutos y varios intentos más tarde, me encuentro frente a la puerta de la chica rubia. Es entonces cuando me doy cuenta de que no hemos hablado por años...y de que ni siquiera dejamos de hablar con un tono amigable. Puede que esté cabreada conmigo después de todo, creo que es mi culpa que se dedique a beber como una cosaca. Arrugo la nariz, con la mano en el pomo de la puerta y niego con la cabeza antes de abrir, sin pensármelo mucho más. Total, si me odia, al menos lo tendré claro.

Su cuerpo está inmóvil sobre la cama, con un par de vías que van de su brazo a otros aparatos que no sé lo que hacen, pero no me importa. El ritmo de su corazón está tranquilo, marcado en una de las pantallas que hay a su lado. Su pelo rubio reposa sobre la almohada de ese color azul hospital que hay por todas partes. Aún desde la puerta veo cómo hay movimiento bajo sus párpados, por lo que debe de estar más despierta que otra cosa. Al cerrar la puerta tras de mí, sus ojos se abren. Al darse cuenta de que soy yo el que está allí, se abren aún más.

 

--¿L-Lou?-balbucea-¿Qué...? ¿Cómo...? ¿Por qué...?-murmura, totalmente desorientada. La pantalla que muestra la velocidad de su corazón informa que éste se está acelerando. Creo que no es algo bueno.

--Te...te encontré en la calle y...bueno, si quieres que me vaya..me voy. No quiero molestarte. Solo quería saber que estabas bien-murmuro con mis ojos puestos en ella.

--¿Irte?-veo cómo frunce su ceño. Una sonrisa empieza a curvarse en sus labios-Ven aquí, idiota, y dame un abrazo, porque dudo de que yo pueda ponerme en pie.

 

Aprieto mis labios tratando de no reír, y sin dudarlo me acerco a ella. La rodeo como si ayer mismo hubiera sido el último día que nos hubiéramos visto. La verdad es que lo siento de esa forma, y por la manera en la que ella me devuelve el abrazo, sé que ya no debe de haber el mismo rencor que hubo en su momento.

 

--Te he echado de menos-susurro contra ella.

--Y yo a ti, Lou...

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