I'll be your life, your voice, your reason to be...

Dos hermanos separados, destinados a reencontrarse, sin tener muy claros sus sentimientos, confundiéndolos continuamente, mientras trata de cumplir su sueño con sus cuatro compañeros. Harry, Niall, Liam, Louis y Zayn son cinco chicos, cantantes, que, sin buscarlo, encuentran las que quizás sean sus verdaderos amores. Tal vez no sean más que chicas pasajeras, como pueden ser cualquiera de esas fans que pasan con ellos una agradable noche. Pero ¿qué pasaría si un día Harry encontrara una chica extrañamente familiar? Mucho tardará en descubrir que es alguien verdaderamente importante para él; Ane, su hermana melliza, a la cual separaron de él al igual que a su madre cuando apenas tenían unos años de edad. Eso provocará que nazcan celos de protección y cariño, de amor, que en muchas ocasiones, será mal expresado, confundiéndose con atracción y deseo, llevándolos a incómodas situaciones. Celos, amistad, amor, peleas y muchas sorpresas...

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33. La novia de Harry.

Narra Ane.

Me quedo en silencio y con ello que no se escuche ni un ruido en toda la casa. Puedo ver una sonrisa ladeada y autosuficiente en Louis mientras da un sorbo de su café. En mi cabeza no dejan de repetirse uno y otro insulto que dedicarle a este chico; si le digo que estoy cabreada no es para que lo empeore. Y sí, aún me gusta, aún le quiero, ¿quién no lo haría? Es como toda una masa moldeada para ser el chico perfecto: divertido, tierno, un toque vergonzoso, paciente, comprensivo...maldiciéndole en mi fuero interno, ya que tiene la dichosa razón por mucho que me cueste admitirlo. Sí, qué pasa, me gusta Niall ¿a quién no?

 

--El que calla otorga-es lo único que le escucho sisear, divertido, antes de que se levante de su asiento, parece que para coger azúcar.

 

Le mataré, estoy segura de que le mataré. ¿De dónde se saca esos comentarios? Si parece que tiene la cabeza vacía. Pero no, está claro que Louis tenía que ser la representación de que las apariencias engañan.

Resoplo frustrada, enterrando mi cara entre mis manos. Dado el silencio de toda la casa puedo escuchar como alguien baja por las escaleras con cierta prisa. Rezo porque no sea Niall, pero claro ¿quién más iba a ser?

 

--No puedes estar enfadada conmigo de por vida-se queja, y aunque no le vea, sé que en su cara tiene que haber algo muy cercano al puchero-no seas cabezona, admítelo, sabes que es verdad...

 

Levanto la cabeza para mirarle, con la mayor cara de frustración y molestia que este mundo ha podido darme. Por un momento siento como me ablando al verle: recién levantado, con un puchero como ya me suponía; pero no, hace falta algo más que ternura y belleza para hacer que se me vaya un enfado (o eso me quiero creer)

 

--Piérdete-respondo entre dientes, levantándome con un claro cabreo, para así salir de la cocina.

 

Camino rápido hasta el salón, esperando no escuchar una vez más sus pasos tras de mí. Mis pisotones rápidos y malhumorados se acaban en el mismo momento en el que me planto delante del sofá del salón, encontrándome con otra imagen tierna, que definitivamente me ablanda, pese a que aún lleve un ceño fruncido en la cara.

Harry, pese a su gran tamaño, se encuentra encogido, sentado en medio del sofá con las piernas contra su pecho y una manta rodeándole. Sus rizos están completamente desperdigados y enredados (prácticamente como deben de estar los míos), algunos cubren parte de sus ojos, algo hinchados debido a que se acaba de levantar. Debe de sentir que le estoy mirando, ya que gira su cabeza, mirándome con una diversión que yo no veo por ninguna parte.Lo único que hago es soltar un bufido antes de dejarme caer a su lado en el sofá.

 

--Buenos días-dice divertido.

--¿Sabes cuan idiota eres?-pregunto sin ni siquiera responder a su expresión de buena educación.

--¿Por qué?-pregunta con aire inocente.

--Por dejar que... eso durmiera conmigo...-mascullo.

 

Doy un tirón de la manta, que le deja a él sin ella, pero que me permite arroparme a mí misma y coger algo del calor que perdí cuando salí de la cama, aunque, para qué negarlo, el calor de Harry no tiene nada que ver con el de Niall. Cufo ante ese pensamiento, golpeándome mentalmente por el simple hecho de compararles.

Harry tan solo ríe de manera ruidosa, sin un ápice de molestia, ni por mi insulto ni porque le haya quitado la manta, tan solo se limita a pasar un brazo por encima de mis hombros para indicarme que me acerque a él, cosa que no dudo en hacer. Deja un beso en la cima de mi cabeza antes de bajar sus labios a mi oído.

 

--Me dio mucha lástima-susurra, con una voz ronca causada tanto por su edad su género, como por el tiempo que debe de llevar levantado, que no debe de ser mucho-Estaba buscándote y...vino llorando, ¿has visto a Niall llorar? Es peor que ver a un bebé llorar, es mil veces peor, te lo juro. Estaba completamente destrozado. Solo quería...que actuaras con él de la misma manera que lo haces conmigo. No pude negarme.

--No puedo tratarle de la misma manera que te trato a ti. Igual que a ti no te puedo tratar, ni ver, ni comportarme en general, como lo hago con él-repito, ya por enésima vez. ¿Ni siquiera a él le va a quedar claro que no hay similitud en mi amor por ellos? Él solo ríe por lo bajo, entendiendo mi frustración.

--Ya lo sé...-susurra antes de dejar otro beso, esta vez en mi mejilla-¿Te has enfadado conmigo por hacerle ese favor a Niall?-pregunta haciendo un puchero, que realmente no concuerda con su tamaño ni mucho menos con su edad, pero que le hace ver adorable de todas maneras.

--No me enfado-respondo en un suspiro. Dejo caer mi cabeza en su hombro, tratando de bloquear todos los pensamientos que se me vienen encima, tanto de Harry, como de Niall, como de por qué todo es tan complicado-¿Por qué estás viendo dibujos?-pregunto, más por cambiar de conversación que por interés.

--Es lo único bueno que hay-responde con simpleza, encogiéndose de hombros-Pensé que la serie de los Power Rangers se había acabado hace años.

--¿Alguien dijo Power Rangers?-pregunta Louis, sonando a nuestras espaldas, pero rápidamente apareciendo a nuestro lado, ya que salta desde la parte trasera del sofá y acaba sentado al lado de Harry en apenas unos segundos-¡Me pido el rojo!-exclama, con su aguda voz que se te clava hasta en el último de los huesos.

--Oye, que los vas a despertar-digo bajando mi voz, al ver que el resto siguen dormidos. Más o menos.

--Tarde-una segunda grave voz habla, antes de dejar salir un bostezo-¿Por qué siempre gritas, Lou?-pregunta Liam, apenas habiendo terminado de abrir los ojos, pero al ver la televisión, parece que los males se esfuman-Uh, Power Rangers ¡Yo soy el amarillo!

--¿Por qué os los "pedís"? solo son dibujos-río con la imagen de niños de cinco años que me están mostrando.

--Zayn seguro que se pide el azul-habla Harry, ignorando por completo mi pregunta-Quedan el verde y el rosa, que es la chica.

--Pues bueno, yo soy el rosa-admito finalmente, encogiéndome de hombros ante la idea de ser un superhéroe de esos tan raros.

--Pues yo el verde-dice él, también con aspecto de darle poca importancia al asunto.

 

Nos colocamos todos de forma que podamos ver la televisión y ver como esos superhéroes luchan contra el mal y esas cosas tan sumamente interesantes que hace la gente en su tiempo libre. Todos están plenamente concentrados, soltando expresiones de sorpresa, de alucinación, por una serie televisiva de mala calidad dado su antigüedad. Todos parecen pasárselo bien de todas maneras, todos salvo Harry, que se encuentra con rostro ausente, mirando hacia la ventana con expresión frustrada, preocupada. Resopla, trata de fijarse en la pantalla, suspira, mira su móvil, masculla algo sin sentido, mira su reloj y vuelta a empezar. Ni siquiera se da cuenta de que Louis le está preguntando si alguna vez habían visto ese capítulo.

 

--Tierra llamando a Harry. Tierra llamando a Harry. Harry, responda-dice Lou divertido, imitando el sonido propio de las comunicaciones entre nave espacial y base.

 

Pero él no responde. Sigue en su tarea de prestar atención a todo menos a lo que el resto están haciendo. Por mi parte, solo me dedico a mirarle con cierta preocupación, tratando de adivinar qué es lo que puede causarle tal estrés, aunque no hace falta ser muy listo para darse cuenta de lo que está pasando por su cabeza: Marta. ¿Dónde está? ¿Qué ha hecho? ¿Por qué no ha vuelto? Lo único que sé es que le hizo llorar, que le hizo llorar y que se fue, después de un mítico "Tenemos que hablar". Con esos datos cualquiera daría por supuesto que han roto, pero...¿sin una simple amistad? ¿Sin nada que los relaciones? ¿En eso ha quedado la cosa? Ni siquiera me contó que iba a hacer tal cosa, y se supone que soy su mejor amiga, al menos tendría que haberme pedido un consejo ¿o algo?

A la vista está que se encuentra inquieto, y que por mucho que le duela la repentina ruptura, el no saber nada de ella, que ninguno de nosotros sepamos nada de ella, no saber si está bien, si está mal, si necesita que hablen, o tan solo si necesita un abrazo, le está matando. Han roto, pero ha sido tan abruptamente, que aún mi hermano no ha ni siquiera se ha planteado el hecho de dejar de sentir algo por ella.

 

--¿Qué te pasa?-le pregunto en un susurro, a pesar de ya saber la respuesta.

 

Sin decir palabra, se levanta del sofá. El resto de inmediato le miramos, confundidos, sorprendidos, esperando a que diga algo, pero simplemente se limita a salir del salón. Pese al sonido de la televisión podemos escuchar como sube al piso de arriba con rapidez. Todos nos miramos entre nosotros. Louis, al igual que yo, tiene una cierta idea de lo que pasa. El resto se preguntan y nos preguntan con la mirada. Antes de que ninguno llegue a una conclusión, Harry ya está abajo, completamente vestido y parece que listo para salir.

 

--¿A dónde vas?-pregunta Liam.

--A por ella-se le oye decir antes de cerrar la puerta.

 

Narra Marta.

No he pasado más mala noche en mi vida...quitando cuando perdí el Meet and Greet para conocerles, aunque está claro, que el hecho de verles ya no me produce la misma sensación. De igual manera, he estado toda la noche en vela, llorando, pensando, arrepintiéndome y convenciéndome de que lo que he hecho ha sido lo correcto.

Solo pensar que cualquier chica, cualquiera de las millones por el mundo, desearía que un chico como Harry se fijara en ellas, aunque solo fuera para un aquí te pillo aquí te mato. Y yo le he rechazado, le he dejado, he cortado con él, pero mis motivos son más que justos. Quizás yo no debería haberle dejado, pero él no debería haber empezado a salir conmigo si ya estaba encaprichado de Ane.

Me levanto de la cama cansada, totalmente machada y derrotada, y me voy a la ducha medio dormida. No puedo decir que me despeje por completo, pero al menos no estoy tan dormida. Me pongo cualquier cosa: unos vaqueros, una camiseta, una sudadera y en los pies unas deportivas algo desgastadas. Porque sí, viva la elegancia.

Bajo por las escaleras de casa con intención de salir sin hacer ruido, ya que mis padres estarán durmiendo aún. Salgo de casa con las manos en los bolsillos de la sudadera, con la capucha puesta y el pelo cayendo por fuera hasta llegar a mi pecho. Uno y otro pensamiento acerca de Harry y de lo que hice ayer, siguen llegando a mí. Sus ojos, sus lágrimas, su voz entrecortada... sí, parecía arrepentido, pero tampoco intentó frenarme cuando me fui, ni un intento de convencerme, ni un "Espera". Se limitó a dejarme ir, dolido, pero con el alivio de saber que "su otra chica" aún estaba con él. Ni siquiera quiero pensar en lo que acabaron haciendo, en lo que harían en cuanto salí por la puerta, ¡si es que se lo dejé a huevo! Tonta, eso es lo que soy, por no decir algo peor.

Para cuando llego a pleno centro de Londres, prácticamente frente al National Gallery, caigo en la cuenta de que apenas hay gente por la calle. Es entonces cuando decido plantearme qué hora debe de ser, ya que he salido de casa con la idea de que sería tarde, de que ya era necesario de dejar intentar dormir. Decido sentarme en las escaleras que dan al museo, aprovechando que no hay movimiento de gente ni para entrar ni para salir, y saco el móvil de mi bolsillo, encontrando así con que son las ocho de la mañana, ni más ni menos. Suspiro, dejando el móvil de nuevo en el bolsillo, y decido dejar de caminar, ya que eso solo me cansaré físicamente, y dado que ya estoy cansada psicológicamente, no debería forzar a mi cuerpo más de lo necesario. Me quedo allí, sentada en un lado de las inmensas escaleras, apoyando mi cabeza en el muro que sostiene una de las balaustradas.

Quiero dejar de pensar, dejar de pensar en Harry y en mis decisiones, dejar de pensar en todo, dejar de querer llorar a cada segundo. Lo que he hecho es lo correcto, es lo que tenía que hacer, y aunque no fuera así, ya no hay vuelta atrás, él ya estará feliz de la vida, odiándome y follándose a Ane, todos contentos (salvo Niall, claramente)

Me sobresalto al escuchar una voz sacarme de mis autoconvencimientos.

 

--Perdona, eres Marta ¿verdad? La novia de Harry.

 

Alzo la vista, esperando no parecer tan débil, llorosa, cansada y a punto de romperse en pedazos como me siento. Frente a mí hay dos chicas, algo mayores que yo, bastante más abrigadas (tal como debería de ir yo) y con unas grandes sonrisas de ilusión en la cara, que se vienen abajo lentamente, supongo que al encontrarme en este estado en el que cualquiera pensaría que soy un mendigo. Me parece increíble el que me hayan reconocido.

Aclaro mi garganta, esperando que mi voz salga con la suficiente fuerza como para que me oigan y no tener que repetir mis palabras.

 

--Era...-consigo decir, concisa, directa, explicándolo todo sin realmente explicar nada.

--¿Era? ¿Lo habéis dejado?-pregunta una de ellas, con clara sorpresa. La otra se limita a mirar su móvil, supongo que ya difundiendo la noticia de que Harry vuelva a estar libre, y de que su ex es solo un saco de mocos y tristeza que vaga por la ciudad de Londres en busca de una pulmonía.

 

Asiento con la cabeza gacha, encogiéndome de hombros como si le quitara importancia al asunto, aunque el hecho de confirmar en voz alta lo que pasó hace menos de doce horas, me esté destrozando aún más. Ninguna de las dos chicas dice nada, la que escribía en el móvil ha dejado de hacerlo, y puedo ver la lástima en sus rostros. Internamente seguro que están dando saltos de alegría y preguntándose si será correcto pedirme el número de Harry.

 

--Vaya...-habla la que preguntó en primer lugar-tú nos caías bien-admite, sonando algo decaída-Lucía y tú, de verdad. Lo siento mucho.

--No importa-digo pasando la mano por mis mejillas algo húmedas-ahora podéis intentarlo vosotras. Tenéis posibilidades con él-añado con una especie de sonrisa que me cuesta sangre, sudor y lágrimas conseguir.

 

Ellas me devuelven la sonrisa con cierta debilidad. Se despiden de mí con simpleza y aún tono de pena, pero en cuanto se alejan un par de pasos de mí, puedo escuchar perfectamente su tono agudo y emocionado, pensando que cualquiera de ellas puede acabar con Harry.

Cierro los ojos, sonriendo con debilidad al ver esa alegría, esa necesidad de Harry. Sí, yo también la tengo todavía pienso, acurrucándome aún más en el suelo si es posible. Aunque ese refugio provisional no dura más de quince minutos, ya que el fabuloso tiempo de Londres me hace levantarme de mi sitio al notar como empieza a llover.

Subo el par de escalones que quedaban, con las manos en los bolsillos y la capucha aún puesta. Diría que comienzo a llorar, ahora pudiendo tener la excusa de que es la lluvia lo que hace que mis mejillas se vean húmedas, pero creo que ya ni siquiera me quedan lágrimas que derramar, por lo que me limito a caminar, pensando en que tal vez el museo vaya a abrir pronto y así pueda entrar, calentarme, pasar desapercibida entre turistas, despejar mi mente al ver cuadros famosos o copias valoradas de éstos. Pero de repente, siento un grupo de chillidos histéricos a mi espalda. Al girarme, veo a un grupo de más de veinte personas, en su mayoría chicas, de entre trece y veinte años, todas mirándome desde el otro lado de la plaza, como si fuera el último pedazo de comida en la tierra.

La chica, la chica del móvil, no solo estaba difundiendo mi ruptura con Harry, sino el lugar en el que me encuentro. El lugar en el que se encuentra la chica que sabe dónde vive él y donde vive Louis por consiguiente, donde viven el resto de los chicos, la que tiene sus números de teléfono.

Mierda.

 

--¡ES ELLA! ¡ES ELLA!

 

Entre el cielo encapotado y la jauría que corre hacia mí, cualquiera pensaría que es el fin del mundo. Aunque por la manera en la que me miran, creo que al menos va a ser el final de mi vida como no me mueva.

Realmente quiero correr, pero ¿correr a dónde? El mueso, el museo es lo más lógico, pero no sé por qué, tengo la idea de que a las ocho de la mañana no va a estar abierto. Siempre podría ir a los baños, que se mantienen abiertos veinticuatro horas, pero ir allí es buscar mi propia muerte, ya que acabaría encerrada y sin posibilidades de salir, al menos hasta que viniera la policía. Sé que no tienen mala intención, sé que solo quieren saber de los chicos...pero realmente asustan, y viniendo todas a la vez, corriendo y chillando... me asusto, definitivamente me asusto.

Apenas están a unos metros de mí. Tendría que correr, huir, hacer algo, pero solo me mantengo congelada en mi sitio, sin saber qué hacer por primera vez en mucho tiempo. Por un momento parece que se detienen, o que al menos ralentizan su paso, pero eso solo ocurre durante una fracción de segundo, en la que puedo ver como parece que lloran, entre gritos aún más histéricos que antes, entre ellos, puedo entender uno muy claro.

 

--¡HARRY! ¡HARRY!

 

Cojo aire, preparada para ser rodeada (en el mejor de los casos, en el peor, moriré aplastada) por ese grupo terrorífico de chicas. Apenas segundos. No van a tardar en llegar. Espero que al menos sobreviva a esto.

Antes de que ocurra ninguna desgracia, siento como alguien tira de mi brazo, con fuerza, pero sin pretender hacerme daño. Sé que no es ninguna de las chicas, ya que aún no han llegado a mí, aunque parece que rápidamente las dejamos atrás. Antes de que pueda darme cuenta, de que pueda reaccionar, de que pueda saber quién es la persona que me ha sacado de allí cuando ni yo misma podía, me doy cuenta de que estoy en un Subway, totalmente vacío, ya que quién se va a poner a comer un bocadillo a estas horas. Sé cuál es, lo conozco perfectamente, está justo detrás del museo. Está claro que esta era una escapatoria lógica, una a la que yo no he llegado, para mi propia sorpresa.

Puedo ver cómo el dormido dependiente apenas se da cuenta de que hemos entrado. Todavía anonadada, me guían con rapidez hasta un baño. Mi espalda queda pegada a la puerta de éste, y es entonces cuando me doy cuenta de que estoy jadeando y de que mi corazón está a punto de estallar, aunque ni de lejos se asemeja al vuelco que siento en mi pecho, cuando caigo en la cuenta de unos grandes ojos verdes muy próximos a los míos.

 

--Har...-intento decir pero me tapa la boca con la mano y se pega a mí.

--Sh...-susurra.

 

Puedo ver cómo en su rostro hay una mezcla de sentimientos, pero el predominante es el de súplica; súplica porque ninguno de nuestros perseguidores nos haya visto entrar. Se pueden escuchar un par de gritos a la lejanía, pero está claro que nos han perdido de vista. Es entonces cuando veo a Harry suspirar con pesadez. Aparta su mano de mis labios, y yo de nuevo trato de pronunciar su nombre, confirmando que es él el que está aquí, pero él se me adelanta.

 

--¿¡Me quieres decir qué hacías ahí en medio?! ¿¡Es que no te has dado cuenta de que te iban a arrollar o qué?!-me recrimina, me regaña, sí, me está regañando.

 

 

Está enfadado y molesto, queriendo chillar pero sin hacerlo, todavía por preocupación, debo suponer. Pero no, a mí no me infunde ningún respeto, ningún miedo, ni siquiera enfado porque él, que no tiene nada que ordenarme o echarme en cara, esté esperando una respuesta que le deje satisfecho y tranquilo. Simplemente me quedo ahí, callada, con su pecho tan próximo al mío que puedo sentir su calidez; con sus grandes ojos molestos, bajo un ceño fruncido de la misma índole.

Está aquí. ¿Por qué está aquí? No debería. No tendría por qué estar aquí, conmigo, sacándome de problemas, salvándole. Debería estar en su casa, con su Ane querida, feliz con ella, enfadado conmigo (aunque no por la razón por la que ahora lo está)

Él se mantiene callado, con la mandíbula tensa y los ojos chispeantes de enfado, esperando, esperando a que le responda algo, pero lo único que puedo hacer es rodearle con mis brazos con fuerza, dejando mi rostro pegado a su pecho. Los latidos algo acelerados de su corazón es lo siguiente que soy capaz de escuchar. Su perfume me invade y tranquiliza de inmediato, aunque ya es tarde: algunas lágrimas empiezan a salir sin mi propio permiso.

No sé si son lágrimas de felicidad, de alivio, de emoción o de simplemente lástima hacia mí misma, pero el caso es que él las cataloga como lágrimas de miedo.

 

--Oye, tranquila-me susurra acariciando mi pelo despeinado a causa de la carrera. Su brazo libre me rodea, manteniéndome pegada a su pecho, a su pecho firme y seguro-Solo son directioners. Sí, son increíbles, pero a veces un poco excesivas-comenta como si ya hubiera olvidado que yo hubiera reaccionado de la misma manera hace cosa de unos meses-Nunca pensé que pudieran hacerte daño, lo siento-su voz es cálida y tranquilizadora, comprensiva, dulce y arrulladora. Deja un beso en mi frente, antes de colocar su cabeza encima de la mía, permitiéndome así esconderme en su cuello.

--No es tu culpa-susurro contra su piel.

--Estás temblando-es su respuesta, y aunque no le vea, sé que debe de estar sonriente con clara ternura-¿Tienes frío?

 

Mi respuesta es negar con la cabeza, aunque sinceramente, siento todos los músculos entumecidos. Prefiero mantenerme abrazada a él solo por puro placer de poder hacerlo, que por la necesidad de calentarme. Él pasa su gran mano por mi espalda, no sé si como consuelo o tratando de hacerme entrar en calor aunque me haya negado a esa posibilidad.

 

--Volvamos a casa antes de que nos encuentren de nuevo-es lo único que dice pasados unos largos diez minutos.

 

Decido entonces separarme de él, sobreentendiendo que me está pidiendo amablemente que me aleje de él, con toda la razón del mundo además, pero al separarme, no hay rastro alguno de molestia o enfado. Lo único que hay frente a mí es una sonrisa de hoyuelos y unos ojos calmados y tranquilizadores.

No espera a mi respuesta, simplemente coloca su chaqueta encima de mis hombros y coge mi mano para salir del baño. El dependiente del pequeño restaurante sigue medio dormido, pero esta vez nos mira con cierta sorpresa, como si no se hubiera dado cuenta de que estábamos en el baño. Antes de salir Harry se asegura de que su gran chaqueta me cubre, coloca mi pelo con cuidado dentro de la capucha y hace lo mismo con el suyo propio. Asoma la cabeza y mira a ambos lados de la calle, comprobando que no hay ninguna muchedumbre histérica, y acto seguido tira de mi mano para salir de allí cuanto antes.

 

--Harry...-le llamo en voz baja, cuando apenas hemos dado un paso fuera del restaurante.

--¿Qué pasa?-se gira para mirarme algo preocupado.

--Y-yo...-balbuceo, aún algo atolondrara por todos sus gestos de cariño, a pesar de todo lo ocurrido.

--¿Qué ocurre?-pregunta en un susurro, acercándose a mí de nuevo, demasiado cerca como para que ya no haya oficialmente nada entre nosotros.

--Yo todavía...te quiero...

 

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