I'll be your life, your voice, your reason to be...

Dos hermanos separados, destinados a reencontrarse, sin tener muy claros sus sentimientos, confundiéndolos continuamente, mientras trata de cumplir su sueño con sus cuatro compañeros. Harry, Niall, Liam, Louis y Zayn son cinco chicos, cantantes, que, sin buscarlo, encuentran las que quizás sean sus verdaderos amores. Tal vez no sean más que chicas pasajeras, como pueden ser cualquiera de esas fans que pasan con ellos una agradable noche. Pero ¿qué pasaría si un día Harry encontrara una chica extrañamente familiar? Mucho tardará en descubrir que es alguien verdaderamente importante para él; Ane, su hermana melliza, a la cual separaron de él al igual que a su madre cuando apenas tenían unos años de edad. Eso provocará que nazcan celos de protección y cariño, de amor, que en muchas ocasiones, será mal expresado, confundiéndose con atracción y deseo, llevándolos a incómodas situaciones. Celos, amistad, amor, peleas y muchas sorpresas...

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28. Fuegos artificiales.

Narra Liam.

--Era prostituta.


Es ella quien finalmente habla, al darse cuenta de que yo no iba a poder encontrar una palabra o expresión que no sonara demasiado brusca.

Los ojos de mis amigos se abren por la sorpresa de la palabra y rápidamente clavan su mirada en la chica que hay a mi lado. Ella agarra mi mano con fuerza, mostrándome la preocupación que puede llegar a causarle el que ellos -personas a las que considero de las más importantes en mi vida- no la acepten o incluso la miren mal, cuando ella solo es una pobre chica a la que la suerte no le ha acompañado.

Nadie dice nada, pero sus expresiones se van relajando, incluso puedo ver alguna débil sonrisa.

Finalmente, Harry rompe el silencio.


--¿Enserio?


Ale aún se muestra con ojos temerosos, observando a todos y cada uno de los que se encuentran frente a nosotros. Asiente con la cabeza de manera casi inapreciable. Paso mi brazo por su cintura, para hacer que se pegue más a mí. Aún silencio entre nosotros. La mitad de las miradas puestas en ella, la otra mirada en mí, no con hostilidad o alguna clase de decepción o asco, sino con duda y puede que algo de extrañeza.

Esta vez es Louis quien rompe el silencio con un tono desenfadado.


--Bueno, ¿qué hay de esos perritos?

--Yo prefiero pizza-Zayn añade

--Sí, pizza por favor-pide Niall.


Entre ellos se ponen a hablar de lo que podríamos o no comer, de lo que sería lo mejor, más rápido e incluso más barato.

Yo sonrío con alivio hacia todos ellos; no es como si en algún momento hubiera pensado que iban a tratarla mal, pero está claro que siempre queda la duda.

De nuevo bajo la mirada hacia la chica algo más baja que yo, viendo como ahora es ella la que tiene los ojos como platos y los labios ligeramente abiertos por la sorpresa. Río por lo bajo ante su expresión y bajo mi cabeza hasta que mis labios tocan su oreja.


--Te dije que no iba a ser problema-susurro antes de dejar un beso en su mejilla.


Una sonrisa llena de felicidad se extiende por su rostro y me abraza con fuerza, escondiendo su rostro en mi pecho, permitiéndome rodear su cuerpo con mis dos brazos.

Aún entre comentarios hacia la comida, salimos de la casa de Niall y nos vamos cada uno por su lado.


--¡Veinte minutos!-les recuerdo alzando la voz, ya que ya se encuentran algo alejados.

--¡Sí! ¡Sí!-es su respuesta monótona.


Nosotros dos nos encaminamos a casa, con su brazo enganchado al mío, como una pareja de ancianitos. La simple idea de envejecer junto a ella, por muy raro que resulte a mi edad, se me antoja agradable. La gente siendo adolescente piensa en irse de fiesta, en hacer locuras, en aprovechar la juventud porque rápido se irá, y sin embargo, yo me paro a imaginar lo que sería una vida junto a esta chica: una casa grande, con algunos niños correteando, que con el tiempo, traerán a unos cuantos pequeños más. 

Mis pensamientos de futuro se ven interrumpidos al salir como a la chica bajo mi brazo le recorre un escalofrío. Sabía que debía de llevar una chaqueta más gruesa, pero sin embargo,no se lo hecho en cara, no es algo que se deba hacer. Quito mi chaqueta, sintiendo el frío helado llegar hasta mí, y lo coloco sobre sus hombros con cuidado. Ella murmura un "Gracias" con una sonrisa algo vergonzosa, mientras sujeta el abrigo.

 

--No hay de qué-respondo mientras paso mi dedo pulgar por su brazo, cuidadosamente, expresándole de forma tierna mi cariño hacia ella.

--¿Qué me voy a poner?-pregunta con tono preocupado. Siento como sus ojos están puestos en mí.

--¿Cómo que qué te vas a poner?-esta el el que pregunto soy yo, con cierta confusión. Tengo que mirarle a la cara, buscando el porqué de su pregunta, pero ella solo agacha la mirada justo después de dejarme ver un leve sonrojo en sus mejillas.

--Has tirado toda mi ropa...


No puedo evitar sonreír ligeramente ante la aparente vergüenza de su voz.


--He tirado la que estaba inservible-respondo con tono dulce y apaciguado.

--¿Y qué me pongo? Solo se han salvado unos vaqueros y unas zapatillas-aún con la cabeza gacha como la lleva, puedo ver como su ceño se frunce ligeramente. Parece que sigue sin hacerle gracia que esa ropa tan...inapropiada.

--Eso es suficiente-contesto antes de llevar mis labios a su cabello para poder dejar un suave y corto beso.

--¿Tú cómo vas a ir?

--Pues más o menos como tú: camiseta, vaqueros, deportivas...

--Yo no tengo camiseta...-oigo que murmura de nuevo con cierto bochorno.

--Te dejo una.

--Me va a quedar grande-señala con el ceño levemente fruncido.

--¿Qué tal una sudadera?-propongo-y yo me pongo otra, así vamos iguales-digo con cierta diversión-seguro que Harry no se daría cuenta de la diferencia-me burlo un poco de mi amigo, sin maldad alguna.


Oigo como ella ríe mientras apoya la cabeza en mi brazo izquierdo, apretando su agarre en mi brazo y añadiéndole la otra mano, como si me fuera a ir a algún sitio sin ella.


--Gracias-susurra.

--¿Por qué?

--Por todo: por sacarme de ese sitio, por dejar que me quede en tu casa, por este vestido, por prestarme ropa, por...quererme...-su voz se quiebra en la última palabra y yo me detengo de inmediato en medio de la calle.


Sus ojos me observan con confusión. Separo nuestros brazos, únicamente para poder coger sus dos manos, pequeñas y frágiles en comparación con las mías.


--No me tienes que dar las gracias por nada de eso y mucho menos por quererte-digo con sinceridad antes de llevar sus manos a mis labios para dejar un beso en ellas. Hago que se queden en mi pecho y acto seguido la atraigo hacia mí con cuidado, asegurándome de que mis brazos rodean de nuevo toda su anatomía. Su frente quedando algo más arriba de mis labios, dejándome distancia suficiente para dejar un beso y hacer que ella sonría-¿Sabes? entonces yo tengo que darte a ti las gracias por quererme-murmuro contra su suave y -algo fría -piel.

--No es lo mismo-se queja.

--Sí que lo es...

--No, tú eres perfecto y yo...no soy...nada. Soy yo la que te lo tiene que agradecer.


No puedo evitar fruncir el ceño ante sus palabras, las cuales están completamente en contra de mis pensamientos. Retiro mis labios de su frente para poder agachar mi cabeza, encontrando así sus ojos castaños mirarme con esa poca inocencia que aún conserva después de tanto tiempo.


--No vuelvas a decir eso-susurro, pues no es necesario hablar más alto debido a nuestra proximidad-No digas que no eres nada, porque para mí, lo significas todo. Todo cuanto quiero y todo cuanto necesito.


Veo como sus labios tratan de pronunciar algo, posiblemente en contra de mis palabras, pero me apresuro a unir nuestros labios de manera suave, callando así sus palabras.

Podría esperar cientos y miles de años -si pudiera vivir tanto- para encontrar a alguien como ella; alguien que me provoque esas ganas de sonreír continuamente, de protegerla de todo, de hacerla feliz, de tenerla entre mis brazos, de besarla cada vez que tengo ocasión. Nunca nadie sería cada de hacerme sentir de la misma manera en la que ella me produce, y está claro, que no voy a dejar que ella piense lo contrario.

Cuando nuestros labios se separan, veo como algunas lágrimas están al borde de sus preciosos ojos. Llevo mis labios hasta ahí y beso sus párpados cerrados con cuidado.

No decimos mucho más en lo que llegamos a casa, no es necesario, ya está dicho todo lo que queríamos, y a expresamos la mayoría de lo que sentimos con delicadas caricias y apretones en los brazos.

Al llegar a casa, ambos subimos a la habitación. Me dedico a sacar las camisetas y sudaderas más estrechas y pequeñas que tengo al tiempo que busco lo que yo me voy a poner.


--¿Dónde dejo el vestido?-oigo que pregunta a mis espaldas mientras saco mis vaqueros.


Me dispongo a decirle que con que lo deje en el borde de una silla o incluso en la cama estará bien, ya que no disponemos de demasiado tiempo para volver a casa de Niall, pero entonces me doy cuenta de que ya tiene el vestido en la mano, o lo que es lo mismo: se encuentra en ropa interior frente a mí, sin ninguna clase de pudor. La sangre comienza a subir a mis mejillas con un ligero cosquilleo. No es que tenga las hormonas de un chaval de quince años, que a la mía le entran los mil calores, pero ¿qué le puedo hacer yo si esta chica me hace comportarme como si -en efecto- fuera un chiquillo que acaba de descubrir lo que es una mujer?

Ella me mira con una ceja alzada y una sonrisa divertida, aún sujetando el vestido en su mano. En aquellas calles es valiente, peligrosa; con los chicos se muestra más bien tímida; y conmigo...bueno, conmigo es dulce y provocativa al mismo tiempo. A veces pienso que ninguna de todas esas facetas es la suya realmente, pero tampoco puedo pedir mucho, al fin y al cabo solo llevamos unos días saliendo, bastante me ha contado ya de su vida privada.


--E-eh...trae...yo lo guardo...-consigo balbucear.


Agarro el vestido con rapidez, coloco una percha y la cuelgo del pomo del armario abierto. Por el rabillo del ojo veo como ella saca sus deportivas Converse y sus vaqueros, con total tranquilidad, nada de vergüenza. Pues nada...la vergüenza se queda fuera de esta casa. Quito mis pantalones negros de vestir y mi camisa blanca, quedando en ropa interior al igual que ha hecho ella. Ni siquiera le sorprende el hecho de que estemos en igual de condiciones, por no decir que incluso le hace gracia, ya que puedo percibir un atisbo de sonrisa mientras  se recoge un mechón de pelo -ya fuera del pequeño recogido que ella misma se había hecho-.


--Acuérdate de llevar el abrigo-la recuerdo mientras sigo en busca de una sudadera, esta vez una para mí.

--Aunque no me lo llevase sé que tú me darías el tuyo, como todo buen caballero inglés-dice con una ligera risa que me contagia de inmediato.

--No debes aprovecharte así de mi caballerosidad-contesto negando con la cabeza.


Me centro en pensar dónde es que dejé mi sudadera negra, ya que es la más gruesa y sé que va a hacer un frío mucho más que considerable. Entonces es cuando ella me llama.


--Liam...

--Dime-respondo poniéndome de puntillas para así dar por fin con la dichosa sudadera.

--Que aún nos quedan diez minutos.

--¿Y qué?-pregunto sin comprender todavía, cerrando la puerta del armario sin más.

--Que nos quedan diez minutos y...no creo que nadie llegue puntual.


Antes de que pueda darme vuelta y preguntarle que qué importa el tiempo, siento como sus finas manos se ponen en mi espalda, acompañadas de pequeños besos que van desde mi espalda alta a la baja. Siento como un escalofrío me recorre con su ligero toque y no puedo evitar sonreír de manera débil al comprender la necesidad de recordarme la hora.
Me doy la vuelta, haciendo así que sus pequeñas manos queden sobre mi pecho casi desarrollado. Veo como la inocencia que normalmente vive en sus ojos se muda temporalmente, posiblemente al mismo lugar en el que la vergüenza se ha quedado, y así queda una mirada que se torna con cierto punto salvaje. Antes de que pueda decir nada, sus labios llegan a los míos con intensidad mientras sus manos se enredan tras mi cuello. Mis manos de inmediato vuelan a sus caderas, sujetándolas entre mis manos con algo de fuerza, propiciada por la intensidad del beso.


--Vamos a llegar muy tarde-murmuro jadeante.

--Tenemos tiempo-responde antes de atacar mis labios de nuevo.


Se pega a mí de un golpe, haciendo que nuestras caderas choquen, lo cual la incita a hacer cierta fricción sobre mis bóxers. Mi respiración comienza a entrecortarse, aunque se podría decir que se corta del todo cuando su mano llega a mi entrepierna y comienza a acariciar con suavidad por encima de la fina tela. Siento como el calor y la excitación llenan mis venas, haciendo así que mis manos vuelen a su culo, buscando auparla y hacer que suba a mi cintura. No es una gran idea ni mucho menos una gran posición, pero a quién le importa ahora mismo.

Sus labios descienden hacia mi cuello, donde siento como sus dientes arañan mi piel, buscando dejar una nueva marca, mientras, yo me doy media vuelta, haciendo que su espalda se pegue a la madera fría del armario. 

Ella gruñe a disgusto, soltando un "Cama" antes de proseguir con sus chupetones. Dado que no me encuentro en circunstancias de discutir, hago caso a su petición y me dirijo hacia la cama prácticamente ciego, no solo porque ella ocupe mi campo de visión, sino porque tampoco estoy prestando atención a otra cosa que no sea acariciar sus caderas con mis manos, dejando que mis dedos de vez en cuando se cuelen en su ropa interior. Suaves gemidos salen de ella, chocando contra mi piel y provocando que me deje caer en la cama, ya desesperado.

Me deshago de su sujetador mientras me coloco entre sus piernas. Los besos no cesan.

Me dispongo a quitar lo que queda de ropa en su cuerpo, cuando siento como sus labios se pegan a mi oreja.


--Sabes que soy yo la que manda-susurra en un suave ronroneo.


Río por lo bajo mientras me doy media vuelta junto a ella, rodando por la cama, hasta que ella queda sobre mí, sentada en mi entrepierna ya mucho más que despierta. Un nuevo gemido escapa de mí, provocando una sonrisa satisfecha en su rostro. 

Sus labios de nuevo se posan en mi pecho, esta vez bajando con una sonrisa que me contagia.

Entonces un teléfono móvil -el mío- suena. Por un momento nos detenemos, pero rápidamente volvemos a nuestros asuntos. Sus labios ya casi en mi ombligo, cuando suena una segunda vez. Oigo como ella bufa, dispuesta a volver a los besos, cuando parece cómo llega un tercer mensaje. Veo como sus ojos ruedan mientras se levanta, quedando de nuevo sentada sobre mi cintura, agarra el móvil, parece que dispuesta a informarme acerca de lo que dicen los mensajes, cuando escucho como suena Let her go de Passenger, lo que quiere decir que me están llamando. Ella ni corta ni perezosa, con el ceño fruncido por la interrupción, contesta de manera cortante. Río ante su mueca de enfado.


--¿Qué? Sí ...  No ... Nada... Adiós


Y sin más, cuelga y deja el móvil sobre la mesilla de noche. Me mira, relaja su ceño de enfado y se lanza a besarme de nuevo.

 

--¿Quién era?-pregunto con sus labios prácticamente contra los míos.

--Zayn-responde quitándole importancia, bajando de nuevo sus labios por mi cuello. 

--¿Qué te ha dicho?-consigo preguntar con un ligero jadeo.

--Que si estábamos en casa. Que si nos quedaba mucho. Que qué me pasaba y que ahora nos veíamos.Pero eso no importa ahora...-dice con seguridad mientras tira del elástico de mis bóxer.


Entierro mi cabeza en la almohada, sintiendo sin respiración contra un punto muy sensible en estos momentos, pero que no oye, que la gente tiene que llamar justo cuando se están haciendo cosas importantes. Esta vez soy yo el que alarga el brazo, contestando sin mirar quién es el que llama. Veo como una sonrisa maliciosa cruza por su rostro mientras aparta la tela que quedaba sobre mi cuerpo, liberando mi erección y haciendo que suspire en vez de preguntar quién es.

 

--¿Liam?-oigo la voz de Harry, confusa por mi manera de atender.

--¿Qué pasa?-pregunto sin poder apartar mis ojos de la chica que hay sobre mí.

--¿Dónde estáis?


Una última mirada llena de inocencia fingida se instala en su cara y pierdo mi miembro de vista al ver como entra en su boca. Tengo que morder mis labios con fuerza, sintiendo el sabor a sangre por la fuerza ejercida.


--En casa-no sé si susurro, grito o gimo, pero a Harry parece darle igual, ya que continúa hablando, ahora con cierta diversión.

--Llegáis tarde.


Ella se propone hacerme gemir al teléfono, ya que comienza a dejar pequeños besos por toda mi longitud, mientras yo gruño apartando mi móvil de la oreja para saber la hora que marca. No es que lleguemos tarde, es que hace más de veinte minutos tendríamos que estar allí. ¿Cuándo ha pasado tanto el tiempo?


--Vale-respondo tratando de controlar mi voz cuanto puedo-Ya vamos-añado antes de colgar, dejando caer mi brazo con el teléfono junto a mi cuerpo.


Ale me mira con el ceño fruncido, alejando sus labios de mí. Parece que la idea de dejar las cosas a medias no le convence.


--Llegamos muy tarde-informo, haciendo que ella alce ambas cejas, como queriendo decir "¿Y qué? Te estoy dando una sexo oral, ¿no le pueden dan por el culo a la puntualidad?"-Oye, no te enfades, no es mi culpa-añado con algo de diversión, que realmente no sé ni de donde la saco, porque a mí tampoco me hace la más mínima gracia tener que salir a la calle cachondo perdido.


Ella resopla, claramente molesta, mientras se levanta de encima mía. Sin decir nada más comienza a vestirse. Yo miro mi entrepierna y suspiro. Creo que esta noche se me va a hacer larga.

 

-Moments-

 

--¡PAYNE! ¡LLEGÁIS TARDE!-oigo que grita alguien, no sé quien, desde la puerta de Niall.

 

A Alejandra no le ha durado mucho el enfado, no al menos conmigo, ya que camina con una sonrisa divertida en la cara, aunque sé que la cosa va a cambiar en cuanto esté frente a Harry quien -aparentemente- ha sido el causante de que hayamos tenido que parar.

¿Mi erección? Bueno, se ha desperdiciado, porque no me quedó otra cosa que vestirme y salir corriendo. Afortunadamente, hace suficiente frío como para que la excitación baje rápido.

 

--¡YA! ¡LO SIENTO!-respondo también gritando, relajando nuestra carrera, ya que estás a un par de metros.

--¿Qué estabais haciendo?-pregunta Harry con ambas cejas alzadas y una sonrisa de picardía.


Me limito a reír por lo bajo, sin hacer contacto visual con nadie que no sea Ale. Ella comparte una risa cómplice antes de ponerse de puntillas y dejar un inocente beso en mi mejilla.


--¿Nos vamos?-pregunto aún sonriendo, queriendo apartar el tema.

--Vale, no queremos saber qué hacíais-un rubio molesto y algo cabreado responde con asco, negando con la cabeza.


Sin decir mucho más, nos ponemos en camino hacia el centro de la ciudad, sin prisa, pero sin pausa, ya que el regalo de Louis está planeado a cierta hora y habría que comer algo primero. Si hubiéramos seguido el plan original, ahora mismo estaríamos en una limusina, con trajes de noche, directos a la azotea de un hotel, pero dado que todo eso ya se nos ha pasado -y que nos da igual- caminamos por la calle, bastante abrigados, con ropa informal y con destino al London Eye. Nuestro amigo el castaño va con una especie de puchero en los labios, ya que ninguno le hemos ni siquiera felicitado, no porque no nos hayamos acordado, al contrario, llevamos planeando esto desde hace un par de semanas, y eso incluye el tener que hacerle creer que no nos acordamos de este día tan especial para él.

Al estar casi en el sitio indicado, vemos como la zona turista se extiende ante nuestros ojos y como así, hay varios restaurantes pequeños a lo largo de las calles. Veo como Lucía -a la cual, hemos informado del plan- tira del brazo de Louis para poder acercarse a un pequeño puesto de Quiznos, mientras ella parece interesada en coger un par sándwiches calientes. Ane y Niall coinciden -sin desearlo- en ir a comprar esas porciones de pizza que ofrecen en PizzaExpress, que son bastante enormes, pero que son fáciles de manejar para comer por la calle. Como es de suponer, Marta acaba tirando de Ane para que no se ponga a chillarle al rubio, y ellas acaban dirigiéndose a Subway a por unos perritos calientes, mientras que veo como una mueca de tristeza llega hasta el rubio, a quien Zayn convence de ir a por esas pizzas de las que hablaban.

Me ofrezco para traer algo a Ale, quien tras pensárselo muy bien -y al principio negarse un poco- decide que estaría bien un trozo de pizza. Harry me mira con ojos tiernos, bate sus pestañas -como si eso funcionara con él-, me muestra sus hoyuelos y me pide que le traiga otro a él. Ruedo los ojos antes de seguir al rubio y al moreno de nuestros amigos.


--Que hambre-consigo entender a Niall mientras da un buen bocado a su porción.

 

Zayn espera paciente a por el suyo, junto a mí, mientras observo a Ale y Harry, callados entre ellos, prácticamente sin dirigirse las miradas. Creo que Ale le ha cogido un poco de manía, al menos por esta noche.

Una vez nosotros tres llegamos hasta ellos, veo como Harry me mira con cara de "¿Qué he hecho?", yo me limito a reír por lo bajo, tendiéndoles su respectivas comidas. Está claro que el preciado pavo que he cocinado, muestra de mi cariño hacia ellos, no ha hecho furor, ya que parece que nadie ha llegado a comer demasiado.

 

--Oye, Ale-Harry parece intentarlo de nuevo con ella.

--¿Qué?-responde cortante.

 

De nuevo el ojiverde me mira confundido. Se acerca un poco más a mí, dejando algo alejados a Niall, Zayn y por supuesto, a ella, para poder hablar conmigo.

 

--¿Qué le pasa?-me pregunta extrañado.

--Está enfadada contigo porque nos has interrumpido-contesto sin poder evitar una pequeña risa, antes de hincar el diente a mi propia cena.

--Vaya, lo siento-admite con tono preocupado, antes de dirigirse de nuevo a la castaña-¿Me perdonas?-y aunque esté prácticamente de espaldas a mí, sé que está haciendo un puchero con sus gruesos labios para que su disculpa sea más creíble. Siempre lo hace, y siempre le funciona, esta vez nos es la excepción. Ella le mira con un principio de rencor, que acaba en una sonrisa divertida por la intantilidad del chico que le saca más de una cabeza de alto. Finalmente asiente con la cabeza, aceptando las disculpas que le ofrece.

--¿Qué querías decirme?-pregunta ella con un tono mucho más amable y calmado.

--Tenía una duda-admite acariciándose los rizos de la nuca, y solo con eso, ya sé que va a ser una mala pregunta.

--Dime-ella dice quitándole importancia, dando un bocado más de su cena.

--¿Cuándo...empezaste a trabajar de...eso?-pregunta sin tener por qué hacerlo, y yo le doy un ligero golpe que ni siquiera puede llamarse colleja, ya que más bien solo le he despeinado algunos rizos.

--Harry, no te pases-le advierto con seriedad.


Él me mira con el ceño algo fruncido, acariciándose el lugar donde acabo de darle. Parece que le he pillado bien, sí. Ale solo ríe con ganas ante nuestras respectivas reacciones.


--No te enfades Liam, cualquiera tendría curiosidad-dice dulce-Catorce ¿por?-responde hacia Harry.

--¿Tan pequeña?-pregunta sorprendido-¿Ganaste mucho dinero?


Y si las miradas matasen, Harry llevaría ya tiempo a tres metros bajo tierra. No me parece educaco por su parte estar preguntando algo así, aunque por otra parte, se lo está preguntando como si fuera cualquier otro empleo, por lo que decido dejar el tema y que Harry pregunte cuanto quiera, solo si a ella no le molesta, aunque por la forma de reírse, dudo que le esté causando ninguna molestia.


--Bastante, pero entre unas cosas y otras, como que no soy millonaria ni nada, ¿más dudas?-pregunta divertida antes de volver a morder un trozo de pizza.

--No, ninguna-el pequeño confirma con una negativa de cabeza.

 

El resto acaban por volver de las distintas tiendas, cada uno con su cena, y hacemos el último tramo que nos queda hasta uno de los rasgos turísticos más famosos de esta ciudad.

 

--¿Qué le pasa a Louis?-me susurra Ale al oído.

 

Sigo su mirada preocupada, para ver cómo el castaño sigue con un gesto entritecido y algo molesto. Sé que no quería un gran regalo, solo que nos acordáramos, que le felicitásemos los primeros, como hacemos con el resto de los chicos. 

 

--Nada, no te preocupes, seguro que ahora se anima-respondo en voz baja antes de besarla en la mejilla-Chicos-digo elevando la voz y haciendo que me miren todos, salvo Louis y Lucía, que van algo más apartados-subimos al London Eye ¿verdad?

 

Todos asienten con una sonrisa cómplice mientras nos dirigimos a la espectacular noria.

 

 

Narra Louis.

No me puedo creer que se hayan olvidado de mi cumpleaños, no es difícil de aprender: el día de Noche Buena. Se supone que son mis amigos y ni siquiera pueden acordarse de algo así, yo siempre me acuerdo de los suyos y les felicito el primero, siempre me encargo de ser el primero, y de ir a verles a la mañana siguiente, para poder dejarles en vergüenza por la calle cantando a gritos el Cumpleaños Feliz, pero ellos ni siquiera han podido enviarme un mensaje, decirme "Feliz cumpleaños Louis, no nos olvidamos de ti. Eres tan importante como el resto. No tienes tantos solos en las canciones como el resto, pero eres importante en la banda"


--Lou-dice mi pequeña Lucía con voz suave y algo preocupada-¿Qué ocurre?


Y claro, luego está ella. Millones de directioners se han acordado, por todo el mundo, desde nueve horas antes de que aquí empezara el día aquí, hasta esta noche, que para muchos países acaba casi once horas después que aquí. Casi dos días de felicitaciones por todo el mundo, pero las personas con las que más paso tiempo no pueden ni siquiera acordarse, echar un vistazo a cualquier red social y ver como la gente, gente que no conozco personalmente, se acuerda de qué día es hoy.


--Nada-respondo forzando una sonrisa.

--Venga, dime, ¿te encuentras mal?-pregunta preocupada, apretando mi brazo con ternura.

--No, estoy bien, no te preocupes-contesto aún con una sonrisa falsa, acariciando su pelo liso con suavidad. Si supieras lo que me duele que no te hayas acordado de mi cumpleaños...

--Algo te pasa-confirma¡ colocándose bajo mi hombro, con el rostro en mi costado-no estás haciendo ninguna de tus habituales gracias-añade mientras alza la mano para acariciar mi mejilla

--No me pasa nada-contesto una vez más, ciertamente cortante.

--Solo quería saber si estabas bien-oigo que dice en apenas un murmullo, claramente dolida.

 

Suspiro sacando mi molestia, sabiendo que me estoy comportando como un idiota. A cualquiera se le puede olvidar una fecha, a mí una vez se me olvidó el cumpleaños de Liam, pese a que igualmente le felicitara, al mediodía.

 

--Lo siento, no quería sonar borde-admito apretando mi brazo a su alrededor antes de dejar un beso sobre su pelo.

--Pues lo has hecho-de nuevo susurra, como si no quisiera que lo escuchara, pero lo hago.

--Perdón-insisto.


No me da tiempo a disculparme más, ya que veo como los chicos se desvían del camino. Son las diez de la noche, pensé que íbamos a volver ya a casa, mañana es Navidad, y no hay nada mejor enNavidad que despertarse a las doce para tomar un desayuno-comida navideño mientras abres los regalos que Papá Noel ha dejado bajo el árbol (aunque ya he descubierto que Harry va a regalarme el Fifa '13 para la Play 3)


--¿A dónde van?-pregunto extrañado.

--Al London Eye, vamos-dice con un extraño entusiasmo, mientras camina con rapidez hacia ellos.

--No me apetece-contesto sin caminar con tantas ganas. Suelto el brazo que rodea a Lucía y le hago un gesto hacia los chicos, quienes se han detenido para ver qué ocurre-Montaos vosotros.

--No, Louis, vamos. Quiero subir contigo-dice con un ligero puchero en sus labios.

--Es que ahora no me apetece...

--¡TOMLINSON!-la potente voz de Harry retumba en la calle (y seguro que en tres o cuatro calles más)-¡MUEVE ESE PRECIOSO CULO QUE DIOS TE HA DADO Y SUBE A LA NORIA!


Ruedo los ojos, sabiendo que si no les hago caso y me monto al dichoso cacharro, no me van a dejar en paz. Apenas esperamos cola, ya que la gente normal -está claro que nosotros no somos normales- está cenando en casa con sus familias, pero claro, nosotros tenemos que estar alimentando estereotipos británicos. Subimos a la gran cabina, donde todos cabemos más que de sobra y me siento en el pequeño banco de madera que hay en medio del lugar. A mi alrededor, mis amigos parecen cuchichear algo, mientras "disimulan" mirando hacia hacia el gran cristal, en lo que la noria comienza a moverse. 

Lucía se sienta a mi lado, agarrando con mi mano con delicadeza y yo respondo a su muestra de cariño con un corto beso en los labios.

De manera extraña, la atracción se detiene, quedando nosotros arriba del todo. Trato de levantarme, confundido por saber qué es lo que pasa para que se detenga, dando por hecho que habrá alguna clase de fallo, ya que no había nadie más aparte de nosotros y un par de personas -que van en la cabina anterior a la nuestra- para subirse. Lucía se levanta conmigo, pero en vez de dejarme ir hacia la parte donde debería de verse -de muy lejos-el lugar por el que se sube, tira de mí hasta llegar junto a los chicos, recibiendo sonrisa amplias que respondo con confusión. Se produce un ligero estallido, a lo lejos, que me hace prestar atención, para ver cómo comienzan alguna clase de fuegos artificiales.

Siento como Lucía se acerca a mi oído, y dejando un beso en mi mejilla con anterioridad, susurra con "Feliz cumpleaños".

Ni siquiera me da tiempo a reaccionar, cuando el oscuro cielo de Londres estalla en numerosos colores ante mis ojos, formando un "Feliz cumpleaños, Boo Bear" que ni siquiera sabía que era posible realizar. Pego mi cara al cristal sin poder creerme lo que estoy viendo. Es imposible.


--¿Pensabas que nos habíamos olvidado?-pregunta Zayn a mis espaldas, y aunque no le veo, sé que está sonriendo.

 

Asiento con la cara todavía pegada al cristal, viendo los colores que pasan ante mí, todo obra de mis amigos, de mis estúpidos amigos que me hacen creer que no les importo. Las lágrimas pican en mis ojos de pura emoción, y de algo de tristeza cuando el festival de colores finaliza.

Me doy media vuelta, aún la noria parada en todo lo alto, para ver como Harry se encuentra con los oídos tapados con sus propias manos, mirando a su alrededor para saber si ya ha acabado. Marta agarrando su brazo con suavidad, riendo ligeramente al ver cómo él reacciona ante un poco de ruido. Ane al otro lazo del alto y asustadizo chico, tratando de apartarle las manos de los oídos con cuidado. Alejandra se ha quedado con una cara de sorpresa similar a la mía, supongo que a ella no le habían informado, aunque está claro que Liam sí que lo sabía, ya que ríe por lo bajo junto a Zayn y Niall, este último sin esa cara de enfado, al menos durante estos minutos.

No me sale decir nada, nada que les agradezca todo esto, por lo que me lanzo a ellos, abrazándoles con fuerza, tanto como mis brazos me permiten. Los cinco nos unimos en un abrazo grupal que hace que se me salten algunas lágrimas.


--Gracias chicos-consigo decir con voz temblorosa, aún por la emoción-Os quiero mucho, enserio.


Liam revuelve mi pelo con diversión, sabiendo lo que me molesta, pero en estos momentos se lo permito. Zayn me abraza con fuerza, expresándome su cariño. Harry coge mi cara y me da un beso ruidoso en mi mejilla, que hace que me aparte de él riendo. Por último, el rubio saca  de vete-tu-a-saber-dónde una magdalena en la que hay un glaseado con la letra L y un número 21, que -aunque no sea una gran magdalena- acabo por compartir con todos cuanto puedo.

Aún con el corazón a mil por la sorpresa, siento como mi pequeña y malvada novia besa mis labios con una sonrisa. Está claro que todos ellos -salvo Ale- sabían a qué veníamos esta noche. ¿Lo tenían planeado a pesar de que hayamos cambiado de planes en el último segundo? ¿O estaría planeado desplanear el plan original? No me da tiempo a preguntárselo, ya que la noria comienza a moverse de nuevo, esta vez de bajada, con una brusquedad que no me esperaba, aunque creo que nadie, ya que todos nos aferramos a lo primero que pillamos -principalmente a la persona más cercana o incluso al pequeño banco-salvando a Ane y Harry, quienes acaban en el suelo sin poder evitarlo. Para suerte -más de ella que de él- ella sobre su cuerpo, quedando uno encima del otro, a una distancia ínfima, mucho más pequeña de lo que a Marta y a Niall les gustaría.

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