I'll be your life, your voice, your reason to be...

Dos hermanos separados, destinados a reencontrarse, sin tener muy claros sus sentimientos, confundiéndolos continuamente, mientras trata de cumplir su sueño con sus cuatro compañeros. Harry, Niall, Liam, Louis y Zayn son cinco chicos, cantantes, que, sin buscarlo, encuentran las que quizás sean sus verdaderos amores. Tal vez no sean más que chicas pasajeras, como pueden ser cualquiera de esas fans que pasan con ellos una agradable noche. Pero ¿qué pasaría si un día Harry encontrara una chica extrañamente familiar? Mucho tardará en descubrir que es alguien verdaderamente importante para él; Ane, su hermana melliza, a la cual separaron de él al igual que a su madre cuando apenas tenían unos años de edad. Eso provocará que nazcan celos de protección y cariño, de amor, que en muchas ocasiones, será mal expresado, confundiéndose con atracción y deseo, llevándolos a incómodas situaciones. Celos, amistad, amor, peleas y muchas sorpresas...

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36. Exclusividad.

Narra Lucía.


--Ven conmigo-insiste Louis tirando de mi mano por la calle.

Resoplo mirando a nuestro alrededor, encontrando nada más que una calle fría, oscura y sin gente. Definitivamente no es la clase de cita romántica que me esperaba, aunque con que tan solo me deje volver a casa, me voy a sentir la persona más querida del mundo.

--Louis...-me quejo lloriqueando-tengo frío...-
--Porque no te mueves, estás parada en medio de la calle. Si vinieras conmigo...-dice tirando de mí, con una sonrisa traviesa en el rostro.
--Lou...son las dos de la mañana...¿no puedo volver a casa a dormir?
--No, no puedes porque yo no puedo volver a casa-responde con el ceño fruncido y un puchero adorable-Harry está con Marta...a saber haciendo qué...-añade profundizando su ceño, haciendo una mueca de molestia-¿No quieres estar conmigo?

  Mis ojos están puestos en los suyos para ver cómo mantiene su puchero. Ha eliminado la mueca de asco que le había provocado la idea de Harry y Marta (ni idea de por qué tanto asco a la bonita pareja) por lo que ahora solo puedo ver sus pequeños ojos azules, brillando gracias a la poca luz que nos dan las farolas de la calle.  Dejo salir un largo suspiro antes de responder con desgana.

--Por supuesto que quiero.

Me acerco el par de pasos que nos separan, con pasos largos y pesados, como si me costara toda una vida caminar (que en el fondo me cuesta) y coloco mis brazos alrededor de su cuello. Él ya no tira de mí, sino que sonríe con amplitud mientras rodea mi cuerpo con sus brazos, haciendo que gane algo de calor. No mucho, porque de verdad que hacer un frío que mata, pero al menos se está mejor entre sus brazos. Siempre se está mejor entre sus brazos. Se inclina hasta que su pequeña nariz acaricia la mía, ambas frías. Me contagia su sonrisa que al poco tiempo es interrumpida por un pequeño beso. Está claro que no es un beso bajo la lluvia, ni un beso en el mar, ni uno subidos a un árbol; es un beso en medio de la calle a las dos de la mañana, que no mucho pueden decir haber tenido algo así.
--¿Entonces cual decías que era el problema?-pregunta contra mis labios, antes de morder el mío inferior, juguetón.
--Yo no he dicho que sea un problema-respondo divertida, en voz baja dada la hora que es y la escasa distancia que nos separa-¿Pero qué se supone que vamos a hacer hasta que vuelvas a casa?   Su sonrisa se ensancha y siento cómo baja sus manos por mis caderas, con total delicadeza. Yo ruedo los ojos divertida al notar sus intenciones, no solo porque sea tarde y esté muerta de sueño, sino porque no tenemos lugar al que ir, y la calle no es una opción.

--Ahí es donde veo yo menos problema de todo este asunto-es lo ´único que responde, divertido.   Siento cómo sus labios bajan con suavidad por mi cuello, provocando que yo cierre los ojos instintivamente y que mi sonrisa se ensanche. No puedo evitar reír bajo al sentir como su barba incipiente me hace cosquillas y eso hace que él también ría bajo, provocando aún más cosquillas.  Al final acabamos los dos riendo como lunáticos, él contra mi cuello hasta que se separa de mí para poder reír con más libertad. Todavía me sostiene entre sus brazos, como si temiera que fuera a irme en cualquier momento. Y de repente, su risa se evapora. De un golpe. Como si acabara de ver un fantasma. Su piel empalidece varios tonos y siento cómo su mirada ya no está puesta en mí, sino en algo que hay a mis espaldas. Sus músculos se notan tensos bajo mis manos, las cuales se mantienen en sus hombros pese a todo.

--¿Louis?-pregunto algo preocupada.   Pero él no me mira. Se mantiene mirando a mis espaldas. Se aparta de mí con cuidado, de un movimiento casi mecánico.

--E-Elena-es lo único que consigo entender.
--¿Qué?-pregunto como es de suponer, totalmente perdida, mientras me doy la vuelta para seguir su mirada allá donde sea que va.  

 

Louis ya no me responde, sino que camina en línea recta por la calle. Es entonces cuando veo a un grupo de chicas jóvenes: deben de tener mi edad, más o menos, aunque no reconozco a ninguna del instituto. A cada paso que me acerco a ellas, veo más clara la situación: vienen de fiesta, y debe de haber sido la fiesta del siglo, porque van como una cuba. Una de ellas trata de apoyarse en un árbol que sinceramente, parece recién plantado, por lo que no creo que aguante mucho más su peso antes de romperse. Una segunda está tumbada en el suelo, inmóvil, con todo su pelo rubio sobre la acerca; casi podría decir que parece La Bella Durmiente...si no fuera porque parece que está sufriendo un coma etílico. Hay una tercera chica, que solo está sentada en el jardín de alguien, llorando, mirando a la rubia tendida en el suelo, aunque debo admitir que no confío en que ni siquiera esté diferenciando las imágenes que pasan ante sus ojos.
Mi novio por alguna razón pasa de largo hasta llegar a la Aurora de turno. Yo me mantengo a un par de pasos a su espalda, sin saber si llamar a una ambulancia, a la policía, si preguntarles donde viven... Puedo ver cómo Louis acaricia con manos temblorosas el rostro pálido de la rubia, apartando el maquillaje corrido de su cara con suavidad. Casi no parece que la esté tocando, solo la acaricia con las yemas de sus dedos, como si tuviera miedo a romperla. La coge en brazos con cuidado, sorprendiéndome bastante ya que es casi tan alta como él y la coloca contra su pecho, susurrando una y otra vez "Elena"

--¿Qué pasa, Louis? ¿Quién es?-pregunto ya totalmente perdida.

Su respuesta es mascullar un "Oh, Dios" que sé que no va dirigido a mí. Parece que trata de arroparla con su propia chaqueta, dejándose a sí mismo con tan solo un jersey. Ni siquiera me da tiempo a decirle que llamemos a una ambulancia, ya que la coge en brazos con cuidado, sorprendiéndome bastante ya que es casi tan alta como él. La coloca contra su pecho, susurrando una y otra vez "Elena"

--Vamos al hospital, ya verás como te pones bien-y por un momento, casi creo que está hablando conmigo, pero no, se dirige a la chica que está claro que no está escuchando nada.  

 

Él no dice nada más, simplemente comienza a caminar, dejándome a mí ahí atrás con cara de póker. Mi primera intención es seguirle, ya que qué otra cosa voy a hacer. Irme a casa preocupada, sin saber si Louis llega al hospital, con la idea de que necesitará una abrazo por muy centrado que ahora mismo esté en la chica, no lo cuento como una opción. Pero entonces caigo en las dos chicas, que ni se han inmutado ante nuestra presencia o mucho menos cuando Louis se ha llevado a su amiga. La que estaba en el césped sigue llorando a moco tendido, sin importarle el escándalo que está montando, y la que estaba apoyada en el árbol se ha puesto a vomitar. Veo a Louis ya en la lejanía y ya sabiendo que va al hospital, decido llamar a un taxi y esperarle junto a las chicas. No las conozco de nada, pero esperar a que alguien llame a la policía y las detengan, o que alguno que esté peor que ellas les haga daño, no me parece de buena persona. 

Cojo el bolso de la que llora, que está claro que ni se da cuenta y saco su monedero, en busca de su DNI. En cuanto llega el taxi le digo la dirección y le suelto unos cuantos billetes. El conductor me mira de arriba a bajo, sin entender demasiado bien, pero asiente con la cabeza y desaparece por la calle. Yo comienzo a caminar a paso rápido hasta el hospital más cercano.

Llego cosa de veinte minutos más tarde, encontrándome con un Louis llorando en la sala de espera, con la chaqueta que le había dado a esa chica en una silla de al lado. Me acerco a él, sintiendo verdadera lástimas y me siento a su lado, justo donde estaba la chaqueta, cogiendo ésta entre mis manos. Él no parece darse cuenta de que estoy aquí hasta que coloco una mano en su rodilla. Él entonces alza la mirada, dejándome ver esos bonitos ojos azules llenos de lágrimas. Sin decir nada más, se abraza a mí y llora en bajo contra mi hombro. Me limito a rodearle, tratando de calmarle como sea, aunque no parece surgir efecto hasta pasada media hora, cuando él finalmente deja de llorar.  

 

--Lo siento-es lo único que murmura, pasando las manos por sus mejillas-Lo siento, de verdad. No quería...no pensé que esto fuera a pasar, si lo hubiera sabido no te...habría molestado con salir a dar una vuelta tan tarde.

--No importa, Lou. No te disculpes-respondo tranquila, acariciando su espalda con mi mano-Así al menos estoy contigo para tranquilizarte un poco, ¿no crees?-trato de sonreír, aunque solo sea para él, y aunque sus ojos siguen aguados, me devuelve la sonrisa con debilidad.  

 

Cojo su mano, haciendo que nuestros dedos queden entrelazados y él se acomoda de manera que continúa con la cabeza en mi hombro. Pasan los minutos en el más completo silencio. Hay varias personas a nuestro alrededor, pero ninguno se ha molestado por el llanto de Louis, ni se le ha ido la olla haciéndole fotos; es como si no le vieran, y realmente lo agradezco, ya que no es el mejor momento para pedir una foto, por no decir que tampoco es el lugar.  

 

--Es...fue mi mejor amiga-la voz aguda de Louis me sorprende, haciendo que gira mi rostro hacia él, quien se mantiene apoyado en mí-No tengo esperanzas de que salga de ésta-añade con la voz ahogada y temblorosa.  

 

Aprieto los labios hasta que casi forman una línea recta, sin saber qué comentar acerca de la situación. No es la primera chica que se sobrepasa de esta manera, y está claro que no va a ser la última, pero no creo que estuviera tan mal como para...bueno, morir. Él entiende que no tengo nada que decir, y tan solo aprieta mi mano con suavidad, como si me agradeciera con ese ligero apretón que esté con él. Pasa otra media hora sin que nadie nos avise de nada. La gente llega y se va, algunos sí que caen finalmente en la persona de Louis, pero se limitan a mirar desde la lejanía, sin fotos y sin comentarios más allá de los murmullos, o al menos eso espero. No me apetece ver un montón de rumores mañana por la mañana acerca de lo que puede estar haciendo Louis Tomlinson a estas horas de la madrugada en un hospital.  

 

--Familiares de Elena Towell-una doctora dice de repente, y Louis se levanta cual resorte.  

 

No me da tiempo a acompañarle, a entender lo que pasa, antes de que escuche la voz de Louis alzarse. Ahora sí que van a llegar las fotos, sin duda alguna.  

 

--¿¡Cómo que no puedo pasar a verla?!  

 

Casi corro hacia él, sintiendo las miradas clavarse en nosotros.  

 

--Lo siento, pero solo pueden entrar los familiares-la mujer responde con tranquilidad y cierto cansancio, como si ya se supiera esto de memoria.

--¡Soy su mejor amigo! --Lo cual quiere decir que no son familia, ¿verdad?

--Dejeme. Pasar-Louis utiliza un tono de advertencia que dudo mucho que vaya a convencer a la mujer que debe de sufrir esto al menos dos veces al día.

--Mañana podrá verla.

--Escúcheme, si es necesario que me clave un cuchillo para poder atravesar esa puerta, lo haré.

--Louis, no es necesario decir estupideces-le digo por lo bajo, pero él me ignora de todas a todas.

--Será mejor que haga caso a su...hermana y no haga ninguna estupidez-la doctora responde con tono frío, antes de darse media vuelta. Ni siquiera pierdo el tiempo en decir que no soy su hermana.

--¡Y SERÁ MEJOR QUE USTED ECHE UN POLVO ANTES DE QUE LE REVIENTE ALGO POR DENTRO! ¡AMARGADA!

--¡LOUIS!-chillo, sintiendo la vergüenza tanto ajena como personal subirme a las mejillas-Deja de decir estupideces, te van a echar. Nos van a echar. Y no vas a poder verla ni hoy ni mañana.

--¡Ella me necesita!-parece que vuelve a escucharme. Gira su rostro hacia mí, dejándome ver cómo nuevas lágrimas ruedan por sus mejillas.

--Louis-agarro su cara entre mis manos, haciendo que me mire a mí y solo a mí-Tranquilízate ¿vale? Ella está bien. Se va a poner bien. Y no necesita que montes un espectáculo porque seguro que ni siquiera está consciente, así que por favor, cálmate.  

 

Él parece pensárselo, con sus llorosos ojos puestos en los míos, preocupados por él y por lo que pueda armar. Finalmente suspira y asiente con la cabeza. Aparto mis manos de su rostro y como respuesta, él de nuevo me abraza con fuerza.  

 

--¿Y si le pasa algo? ¿Y si no me da tiempo a...despedirme de ella? ¿Y si...y si se va pensando que no la quiero?-murmura entre lágrimas, sin separarse de mí.

--Estará bien, ya lo verás. No va a pasarle nada. No va a irse, y menos sin despedirse de ti. Y...seguro que sabe que la quieres-digo lo último en voz baja, sin estar realmente segura de lo que significa ese verbo para ellos, aunque supongo que en estos momento no importa demasiado.  

 

Louis asiente con la cabeza, antes de separarse con cuidado de mí. De nuevo me mira a los ojos, y decide besarme, esta vez con cierta necesidad, como si un beso fuera a arreglarlo todo. De nuevo, no es un beso de película, pero es un beso que se necesita.



Narra Zayn.

¿Desde cuando se puede caminar rápido con unos tacones de quince centímetros? Desde nunca que yo sepa. Pero no, claro, esta chica tiene que ser la excepción para todo y camina como si fuera de plano, o en deportivas. ¡Camina más rápido que yo que voy con deportivas! Casi tengo que correr para alcanzarla, sin poder evitar echar una mirada a su espalda, ya que es lo único que veo de ella. Ni que decir tiene que le falta ropa con este frío que hace. Agarro su mano para detenerla, esperando que así me escuche, cuando no he conseguido que lo haga desde hace diez minutos.

--¿Me vas a hacer caso de una vez?-pregunto ya con cierta molestia.

Ella se detiene y me mira de arriba a bajo. Frunce el ceño y se cruza de brazos, claramente enfadada.
--¿Vas a hacerlo conmigo o no?

Parpadeo un par de veces, sintiendo mis mejillas coger algo de color. 
Es bonita, es preciosa, es todo lo que cualquiera pediría. Tiene carácter, personalidad, es dura y fuerte, es capaz de pelearse con su hermano cual salvaje y luego levantarse y caminar con toda la dulzura del mundo. Tiene unos ojos azules que te quitan hasta el alma, unos labios rosados que gritan ser besados, unas curvas que harían perder la cabeza de cualquier persona, incluido a mí.
Pero me tengo que mantener firme en cuanto a este tema. No me puedo dejar arrastrar por mucho que mi corazón acelerado (y alguna otra parte de mi cuerpo) quiera.

--No si voy a ser solo un polvo y vas a pasar de mí.
--Pues entonces adiós. Alexander me espera en su casa-responde mientras quita mi mano de su muñeca con brusquedad.

Y de nuevo se pone a caminar con rapidez. Ruedo los ojos mientras dejo salir un resoplo, miro al cielo y pienso en por qué Alá ha decidido poner una mujer así en mi vida, y ya ni siquiera sé si lo pregunto para bien o para mal. Antes de que desaparezca en la oscuridad de la calle (o en la casa de ese tal Alexander) vuelvo a la carga, en un intento de convencerla. No de que cambie toda su vida, sino de que haga algo tan simple como venir a mi casa. Sin segundas intenciones, solo para dormir, para dormir en la casa de un amigo de su hermano, eso no es raro ¿no?

--No te puedes ir tirando a un tío cada noche-insisto en utilizar eso como excusa, aunque dudo que funcione.

No es que no pueda. Por poder puede, es libre de hacerlo, pero a mí me mata por dentro, y no solo de celos, sino de pura preocupación. ¿Cómo sabe que esos tíos no son peligrosos? ¿Cómo sabe que esos tíos no van a pegarla algo? ¿Cómo sabe que no se va a enamorar de ninguno de ellos? ¿Y si se enamora de alguno y pasa de mí? Sí, estoy perdiendo la cabeza totalmente, y no sé si es tan siquiera de una manera sana. Agarro su cintura con cuidado, haciendo que ella gire y acabe contra mí. Su pecho pegado al mío y su respiración jadeante chocando contra mi barbilla. Una sonrisa cruza su rostro mientras lleva sus ojos a los míos, y de nuevo siento que pierdo la cabeza al ver esa inmensidad azul. Me recuerdo a mí mismo cómo he llegado a esta situación, y maldigo a Harry mil veces por necesitar su propia casa vacía. ¿Puedo hacer eso? Quiero decir ¿me puedo enfadar con él por haber echado de casa -con toda la amabilidad del mundo, eso sí- a María para tener la casa sola para él? Sí, supongo que puedo, y también puedo agradecerle, ya que de otra manera yo no estaría así con ella: tratando de convencerla de que venga a mi casa, sin importarme si yo tengo que dormir en el suelo si así sé que ella está a salvo, y de paso, no acostándose con medio barrio. Creo que eso es hasta injusto, ya que no soy su padre ni su hermano para decirle lo que debe hacer o con quien, pero me mata pensar que puede estar con otro tío, siendo usada por gusto propio, cuando podría estar siendo cuidada y querida por mí.
En realidad creo que es enfermizo. Esto que estoy pensando es enfermizo y preocupante. Casi suena como si la quisiera secuestrar, y nada más lejos de la realidad, lo juro.


--Estás celoso ¿eh?-dice con tono divertido.   Siento cómo sus manos exploran el interior de mi chaqueta, rozando con sus dedos mi pecho. Tengo que recordarme a mí mismo que no quiero ser uno más. No quiero ser uno más para ella. No lo quiero. No...no lo quiero, de verdad que no...

--No estoy celoso-recupero la compostura antes de perderla por completo y respondo molesto, aun sabiendo que tiene razón-pero no quiero que te vayas tirando todo lo que te encuentres-Muy inteligente Zayn: la dices que no estás celoso pero te defiendes con una gran muestra de celos. Bien, muy bien, aplausos al genio.
--No, no me mientas-responde ella con esa gran sonrisa de dientes perlados. Sus ojos están reclinados y puedo ver sus largas pestañas tocar casi la aparte más alta de sus pómulos-Te atraigo ¿es eso?-dice mientras taza figuras imaginarias sobre mi camiseta-No pasa nada, vamos a tu casa, lo hacemos, te desfogas un ratito y mañana ya iré con Alex-añade mordiéndose el labio inferior. Se pega más a mí si es que eso es posible.
--Parece que no captas que lo único que quiero es que no vayas follando con todos-respondo alejándome un poco, lo suficiente como para no sentir como se restriega contra mí, pero lo suficiente como para tener mis brazos rodeando su cintura.
--Bueno, en primer lugar no somos nada, ni familia, ni amigos, ni...pareja, así que notiene derecho para decidir lo que puedo o no hacer. En segundo, creo que lo que quieres es ser...el único para mí-susurra sin darse por vencida en su propósito de pegarse a mí. Sus labios casi rozando los míos-Eso a mí me suena a...novio-es la última palabra lo que rompe momentáneamente la faceta que ella misma se está creando de chica fácil e indiferente-Eso a mí no me va. A mí no me vas a tener en exclusividad, lo siento.

Y dicho lo último, se lanza a mis labios, besándolos con fuerza y necesidad. Y admito que soy débil, muy débil a su tacto, a sus manos, a sus labios, a ella, ya que acaba por empujarme hasta que quedo entre una farola y su cuerpo. Sus manos algo frías acariciando mi abdomen por debajo de mi camiseta haciendo que me estremezca, no sé si ante el frío o ante su roce. Sus labios bajan necesitados por mi cuello, haciendo que jadee de manera inevitable.
¿Y qué es lo peor de hacerlo con ella? ¿Que me utilice? Bueno, ya habrá tiempo de convencerla de que no tiene por qué irse acostando con todo el mundo. De que me tiene a mí, de que puede tener a quien quiera, que la cuide y que la quiera, qu la dé algo más que sexo. Al fin y al cabo, todo el mundo necesita a alguien que le abrace cuando haga frío, que le consuele cuando lo necesita, que le escuche, que le dé besos en la nariz, que le acaricie como si fuera el objeto más preciado y delicado del mundo...¿o eso solo lo quiero yo? 
Vuelvo de un golpe a la realidad cuando su mano empieza a meterse en mi pantalón.

--Espera, espera...-consigo decir mientras la alejo lo suficiente como para que sus manos queden lejos de mi entrepierna-Vamos a casa...

Ella rueda los ojos mientras bufa. Paso por alto el mal escalofrío que me ha recorrido al ver que por un segundo se ha parecido a su hermano totalmente.


--¿Queda muy lejos?-pregunta quejumbrosa.
--No, aquí...aquí al lado-contesto entre largas respiraciones para calmarme.
--Genial-dice divertida, sonriente, casi como una niña el día de Navidad-Vamos...-añade antes de coger mi mano.


Su cálida y pequeña mano encaja con la mía a la perfección. Su fría temperatura contrasta y compensa la mía caliente, y supongo que soy el único al que le parece algo bonito.
Camina todavía rápido, con una gran sonrisa de triunfadora en la cara, arrastrándome tras ella como si supiera donde vivo.
Entonces capto algo interesante y al mismo tiempo algo preocupante: es mucho más parecida a Louis de lo que pensaba. Ya no solo en la forma de rodar los ojos y en quejarse. Es cabezona, muy cabezona, sobre todo cuando sabe que tiene razón.No se detiene pase lo que pase, es perseverante, consigue lo que quiere. Es caprichosa e infantil. Exactamente igual que su hermano mayor. Pero ella tiene algo que él no: inocencia. Por mucho que la quiera esconder tras esos actos libertinos, aún le queda inocencia y pureza de alguna manera.
Llegamos a casa mucho antes de lo que me esperaba. Saco las llaves de casa, dispuesto a abrir la puerta, cuando ella ya comienza a desabrocharme los vaqueros. Joder. Me cuesta abrir la dichosa puerta, y para cuando lo consigo, apenas soy capaz de cerrarla, ya que me besa con pura necesidad y desesperación. 
Quizás no vaya a ser de la manera que yo esperaba, más tranquila y dulce, pero al menos estoy con ella. Ya habrá tiempo de enamorarla.
De un movimiento rápido que no me esperaba, deja caer su falda al suelo, sin pudor ni vergüenza alguna, aún manteniendo su ropa interior. No parece pensarse que apenas nos conocemos de haber cruzado unas cuantas palabras, ni de que su hermano estaba completamente en contra de que alguno de nosotros se acercara a ella, pero ¿cómo resistirse?
Se tira a mí -literalmente- haciendo que ambos caigamos al suelo del recibidor de mi casa. Todo a oscuras y silencioso, con una cómoda cama arriba, que a ella no le parece interesar. Quita mi camiseta con facilidad, asumiendo prácticamente todo el control ya que todavía estoy aturdido por sus acciones y apenas soy capaz de corresponder a sus besos. Deja besos agresivos y fuertes sobre mi cuello y pecho, bajando por mi estómago, el cual se retuerce con su simple toque. Llega a mis vaqueros, ya desabrochados, y no detiene sus besos mientras me los quita. Puedo notar una sonrisa cuando sus labios chocan con la cinturilla de mis bóxers. Yo solo dejo salir sonoros jadeos y suaves gemidos, en lo que pienso en que debeía hacer yo algo por ella y no simplemente dejarme llevar.
Continúa dejando besos por encima de la fina tela, riendo a cada ligero gemido que yo dejo salir.

--Ay que mentiroso, que no me deseabas decías-murmura pasando su dedo índice por el bulto más que decente que ha creado en mi ropa interior.  

No me da tiempo a defenderme ni a lamentarme por la vergüenza que me está dando, ya que vuelve a subir a mis labios, para besarlos con fuerza.
Y por alguna razón, sin un motivo aparente, sonrío y decido ser yo el que mande en todo esto. Cojo sus muñecas y hago que demos media vuelta, quedando ella debajo. Pese a la oscuridad de la noche, puedo notar que está sonriendo.


  --Después de esto no querrás a otro-la aseguro, antes de ser yo el que dé comienzo a los besos.

Lo que quedaba de nuestra ropa acaba repartida por toda la entrada, pero no puedo importarnos menos. Paso mis manos dulces y gentiles por sus pechos, a lo que ella responde soltando cosas como "Joder" y "Mierda", que por alguna razón me hacen sonreír. Mis manos llegan a su cintura y posteriormente a sus caderas, para acabar finalmente en sus piernas. De la misma manera que mis anteriores actos, abro éstas con lentitud, ganándome más palabrotas y quejas, entre las que predomina el "Vamos, vamos". Me introduzco en ella de una sola vez, capturando sus labios en el momento preciso como para sentir un largo gemido salir de ella chocar contra mis labios. Sonrío algo divertido, mordiendo mi labio inferior antes de comenzar con el vaivén de caderas. Ella suelta burradas, tacos, de todo por esa boca a cada embestida que doy. No me considero un dios del sexo, pero en estos momentos no puedo evitar sonreír con cierta arrogancia al ver cómo se retuerce bajo mi cuerpo, pidiendo más, más rápido y más fuerte. Beso sus labios con un contrario ritmo a nuestros movimientos, más tranquilo, relajado, puede que incluso tierno, que hace que ella deje de gritar con tanto entusiasmo, correspondiendo a mis besos con algo de duda, como si no estuviera convencida de que esto fuera a lo que ella había venido. Decido relajar mis movimientos, yendo más lento, acompasándolos a mis labios. 
Ella pasa sus brazos por mi cuello, acariciándome, haciendo que me acerque a ella hasta el punto que pienso que puede resultarle agobiante, pero no, solo se mantiene besándome, recibiendo mis movimientos con cortos gemidos que interrumpen nuestros besos, haciéndome sentir en el paraíso, antes de que realmente llegue a él.
Me quedo quieto durante un momento, con mi frente y mi nariz pegadas a las suyas, sintiendo su dulce respiración chocar con la mía, cansada, satisfecha, incluso podría decir que feliz. Beso sus labios una última vez antes de salir de ella y poder tumbarme en el suelo, sin ni siquiera plantearme la posibilidad de irnos a la cama.
Doy por hecho que ella se va a ir, ya que se ha salido con la suya, ha obtenido lo que quería, y yo no puedo obligarla a quedarse. Sin embargo, se mueve de manera lenta y cansada hasta que queda sobre mi pecho. Se tumba con cuidado, acomodando su cabeza en mi pecho, con nuestras piernas entrelazadas. Sus manos sobre mi pecho, las mías rodeando su cintura.
Ninguno de los dos dice nada, ambos sabemos que hasta aquí ha llegado nuestra relación, que ella volverá a tirarse a todo lo que se mueva y que yo seguiré detrás de ella, buscando cómo conseguir un poco de su atención y de su cariño. Porque la quiere, la necesito, necesito de su cariño, de su desparpajo, de su risa, de su existencia junto a mí.

--Te quiero.


Por un momento pienso que he dejado salir mis pensamientos, que he dicho todo lo que pensaba en voz alta y que ahora me ganaré una carcajada sarcástica que se clave en mi pecho. Pero no, ha sido ella la que lo ha dicho, con voz adormilada y apenas entendible, pero lo ha dicho.
Mis ojos se abren por la sorpresa, y pienso que quizás haya entendido mal o que lo esté soñando todo, incluida su presencia, pero dado que es lo único a lo que puedo aferrarme de ella, no tengo más opción que responder.


--Y yo a ti...

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