I'll be your life, your voice, your reason to be...

Dos hermanos separados, destinados a reencontrarse, sin tener muy claros sus sentimientos, confundiéndolos continuamente, mientras trata de cumplir su sueño con sus cuatro compañeros. Harry, Niall, Liam, Louis y Zayn son cinco chicos, cantantes, que, sin buscarlo, encuentran las que quizás sean sus verdaderos amores. Tal vez no sean más que chicas pasajeras, como pueden ser cualquiera de esas fans que pasan con ellos una agradable noche. Pero ¿qué pasaría si un día Harry encontrara una chica extrañamente familiar? Mucho tardará en descubrir que es alguien verdaderamente importante para él; Ane, su hermana melliza, a la cual separaron de él al igual que a su madre cuando apenas tenían unos años de edad. Eso provocará que nazcan celos de protección y cariño, de amor, que en muchas ocasiones, será mal expresado, confundiéndose con atracción y deseo, llevándolos a incómodas situaciones. Celos, amistad, amor, peleas y muchas sorpresas...

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26. Cena de Noche Buena.

Narra Ane.

Sacudo mi cabeza una y otra vez, pero la imagen está ahí, grabada a fuego en la mente: Harry y Marta follando en un armario. No, nunca saldrá de mi cabeza la horrible imagen.

La pregunta formulada danza por mi mente durante un momento, hasta que finalmente doy con que no sé a qué se refiere.

Miro a la chica parada frente a mí, con una expresión de entre molestia y autosuficiencia y pregunto.


--¿Cómo que qué pasará cuando lo haga con Niall?

 

Para mi mala suerte, no es ella ni Harry quien escucha la pregunta.

 

--¿Hacerlo conmigo?

 

Me giro de golpe para ver al rubio aludido. Sus mejillas algo sonrojadas, supongo que porque ha cogido el completo sentido a la pregunta que he tenido que repetir a Marta, para que me explique qué tiene que ver.

Siento como el calor también viaja hasta mis mejillas con la simple idea de tener esa clase de relación con él.

 

--Dé-déjalo-balbuceo cortada, esquivando su mirada de todas las maneras posibles. Me giro para ver a la chica que ha desencadenado todo esto. Su sonrisa ampliándose por segundos-Tú preocúpate de que tus padres no se enteren, sobre todo tu padre, que ya sabes como es. Y tú-añado con la vista puesta en mi hermano, él con una ligera sonrisa que intenta evitar-como se te vuelva a pasar por esa mente de salido volver a intentarlo te enteras.


Él coge la mano de Marta y se van sin decir nada más, a paso ligero. Cuando veo cómo desaparecen por la esquina del pasillo, volviendo al lugar donde está la habitación de Liam, oigo como estallan a reír.

Ruedo los ojos de manera mucho más que exagerada.

No es mi culpa tener una vena protectora y maternal con ambos dos, ella es mi mejor amiga y él es mi hermano, lo que menos quiero es que se causen problemas mutuamente.

Me giro para poder explicarle a Niall lo que he querido decir con esa frase, el porqué de que la haya dicho y en qué contexto. Ni siquiera me llego a dar la vuelta entera cuando escucho esa horrible voz de pito.


--¡Niall!


La castaña corre hasta mi Niall y se sube a su espalda. Éste, como no, solo sonríe, riendo con ella, sin darse cuenta de lo que ella realmente está buscando de él.


--Vaya, te has levantado con energías-él habla tranquilo.

--La verdad es que sí-contesta ella con voz tan melosa que creo que me está dando diabetes. Por otro lado, sus ojos llenos de veneno se clavan en mí, dedicándome una sonrisa maliciosa y con algo parecido a la superioridad, solo porque Niall la haya cogido el mismo cariño que se le puede haber cogido a un perro. Mis dientes se aprietan hasta el punto que creo que van a estallar como no pare.

--Me alegro entonces-responde el inocente con una sonrisa.


Ella, con los ojos puestos en mí en todo momento, se agacha hasta que sus labios tocan la mejilla de Niall. Bueno, mejilla, es la comisura de los labios, pero él de nuevo no se da ni cuenta de lo que está ocurriendo. 

Mis puños se aprietan a ambos lados de mi cuerpo. La adrenalina comenzando a subir por mi pecho. La sonrisa de Paula cada vez más extensa y satisfecha con lo que me provoca.

Zorra. 


--¿Qué hacemos?-pregunta ella, de nuevo con voz azucarada.

--No sé, ¿qué te apetece?


El rubio la dedica una sonrisa amable y tranquila. Pongo los ojos en blanco antes de golpearme la cara con la mano, como en las comedias románticas, solo que esto no va a ser cómico ni romántico, sino más bien una versión de Kill Bill, y yo no seré Uma Thurman, pero si llega a mí una katana me pongo a rebanar a personas.

Veo como Niall me mira sorprendido, sin entender mi reacción. Paula sigue sonriendo llena de veneno y satisfacción.


--¿Eso a qué viene?-pregunta él extrañado.

--Me voy a casa-digo entre dientes apretados.

 

La violencia no está bien, no se debe usar. Ni siquiera contra una niñata estúpida que quiere quitarte al novio. No. La violencia no se tiene que usar me repito como una mantra. Mis manos todavía en puños controlando mi enfado. El enfado hacia la niña creciendo por segundos.

 

--¿Por qué?

--Porque sí, no me apetece estar aquí-siseo-Seguro que encuentras algo con lo que entretenerte sin mí-añado mirando a Paula, más satisfecha que nunca.

 

Tal vez lo lógico sería quedarme para poder vigilar que ella no se le tire encima, que no intente nada raro con él, pero sé que si me quedo un segundo más, no podré evitar soltarla un guantazo.

Sin decir nada más, y bajo un par de ojos confusos y otros lleno de superioridad inexistente, me doy media vuelta y camino hacia el ascensor. Trato de controlar mis pasos, que automáticamente quieren dar pisotones contra el inmaculado suelo.

El ascensor no tarda en llegar. Cojo aire y entro, teniendo que darme la vuelta para quedarme mirando hacia la puerta, que comienza a cerrarse frente a mis ojos, cuando veo una escena que me hace poner la mano entre las puertas para que se detenga y poder asegurarme de que estoy viendo bien y no son imaginaciones.

Pero no, por muy mal que vea de lejos -aunque no use gafas por pura cabezonería- veo perfectamente lo que está ocurriendo a apenas unos metros de mí: Niall y Paula se estan comiendo la boca.

Siento como la adrenalina y la furia estallan irremediablemente dentro de mi pecho. Las lágrimas saliendo sin control como reacción física a la explosión que acaba de detonarse dentro de mí.

Mi corazón está siendo aplastado por una mano invisible, con tanta fuerza que siento que lo va a reventar. Pero por mucho dolor que pueda sentir, mi primera reacción es ir a dejarles claro que yo no soy cualquier estúpida a la que pueden engañar en cuanto me doy la vuelta -literalmente.

Camino hacia ellos con más rapidez que antes, llegando a ellos en segundos. Niall me mira con la boca ligeramente abierta y las mejillas sonrojadas.


--No es lo que parec...-intenta soltarme alguna excusa estúpida, pero no se lo permito.

 

Mi mano vuela hasta su mejilla, haciendo que se escuche un sonoro "plas" como resultado de mi guantazo. Él lleva su propia mano al lugar donde ha impactado la mía, sin decir nada, sin quejarse, solo mirándome con sorpresa.
Parece masoquista, a este le va el sado, porque no se puede ser tan gilipollas como para provocar que se lleve tantos guantazos en tan poco tiempo.

Y me duele, está claro que me duele, está claro que no es lo que me gustaría hacer con él, pero es lo que se tiene merecido.

Miro a Paula, todavía sonriendo, ni siquiera preocupándose por lo que le acabo de hacer a Niall. Tan solo me mira con esa sonrisa de dientes blancos y alineados, de superioridad y autosuficiencia, como queriéndome decir Sí, ya te he ganado, él es mío, no significas nada. Se regodea en las lágrimas que corren por mis mejillas sin que yo pueda frenarlas.

Antes de que pueda ser consciente de que el peligro la acecha, mi cuerpo se encarga de devolverle el dolor que me está causando. Un guantazo no lleva a ella, no. Mi puño impacta contra su nariz de manera contundente. Ella pierde el equilibrio y acaba por caer al suelo. 

Ni aún así se le quita la sonrisa de vencedora.

Niall no reacciona, tan solo me mira, sin poder creerse lo que acaba de ocurrir ante sus ojos.

Le dedico una sonrisa falsa antes de darme media vuelta camino al ascensor.

Repito el proceso de meterme, darme media vuelta y dar al botón para bajar al piso de abajo y poder salir huyendo tan rápido como pueda.

La alucinación de Niall y un par de enfermeros al lado de Paula es lo último que veo antes de que las puertas metálicas se cierren frente a mí. 

La sonrisa hipócrita se desvanece en cuanto dejo de sentir esos confusos ojos azules sobre mí. Apoyo la espalda contra la pared más ancha del ascensor. Agarro la mano con la que he golpeado, sintiéndola dolorida, ya que he golpeado contra hueso puro y duro. De algo más parecido a un golpe que a una manera normal de tocar un botón, hago que el ascensor pare de emergencia.

Me dejo caer en el suelo, y rompo a llorar.

Ni siquiera se ha escondido. Ni siquiera ha esperado dos minutos a que me vaya. Ni siquiera se ha molestado por el guantazo. Le da igual. Yo le doy igual. Y no me puedo sentir más estúpida, porque no es posible.

Él se enfadó tanto, se enfadó como si acaba de matar a un ser querido, solo porque besé a Harry sin darme cuenta. Ni siquiera estábamos saliendo y él se cabreó conmigo, con Harry.

Ahora es mi turno de enfado.

 

Narra Liam.

Cinco días después me dan el alta al igual que a Alejandra, ambos ya prácticamente recuperados.

Caminamos con los chicos por las frías calles de un Diciembre londinense. Los copos de nieve cayendo intermitentes sobre nosotros.

Paso un brazo por la espalda de Ale, quien va cubierta por un abrigo de Harry, ya que le pedí que trajera uno para que ella no pasara frío. Después de todo, ella no tiene ropa que cubra por debajo de sus muslos. 

Me dedico a mirarla mientras caminamos, viendo como ella solo observa a quienes están a nuestro alrededor, es decir, mis amigos, y por consiguiente, supongo también los suyos. 

Ane encabeza al grupo, envuelta en mil y una capas de camisetas, forros polares, chaquetas y bufandas. Sus manos enguantadas metidas en los bolsillos de su plumas. No intercambia palabra con nadie.

Detrás de ella Marta y Harry caminan cogidos de la mano, también en un silencio tranquilo, para nada incómodo, ya que puedo ver como sonríen cada poco tiempo, aunque no se estén diciendo nada, no al menos con palabras.

Louis y Lucía caminan dando tumbos entre nosotros y Harry y Marta, riendo a voces y dando traspiés, ya que Lou trata de evitar que los copos de nieve lleguen a ella, cosa imposible, pero a ellos no les importa, solo ríen y sonríen. De vez en cuando unen sus manos, antes de que una tontería pase por la cabeza de alguno de ellos, y entonces vuelta a escucharse sus gritos por toda la calle. Nadie sabe cómo o cuándo, puede que ni ellos lo sepan o se hayan dado cuenta, pero empiezo a sentir algo más que atracción adolescente entre ellos, puede que un comienzo de amor.

Detrás de nosotros, y de manera extrañamente callada, camina Niall. De vez en cuando me giro para mirarle, viendo así como sus ojos están puestos en la acera. No intercambia palabra o mirada con nadie, tan solo se limita a caminar en silencio, y eso es solo una de las pocas cosas extrañas en él hoy. Zayn camina junto a él, tratando de entablar conversación con él, siendo en vano el intento.

Le miro confuso y acto seguido miro a Ane, la cual, hasta donde yo tengo entendido, es su pareja... o algo así, pero sin embargo caminan uno a cada punta del grupo, sin hablar con nadie, sin querer tener que mirar a nadie. Todo indica que han discutido.

Dejo salir un suspiro algo cansado. Niall estuvo muy, pero que muy insistente con que Harry le presentara a Ane, aunque luego fuéramos nosotros los que tuviéramos que llevarle hasta ella. Desde el primer momento en el que Harry comenzó a hablar de ella, perdimos una parte de Niall, y sé de sobra que es su parte amorosa.

Alejandra me mira con una mezcla de extrañeza y preocupación. Yo solo sonrío antes de agachar mi cabeza hasta que mis labios tocan su pelo frío y algo mojado por la nieve.

Entonces salgo de la realidad de las personas que me rodean, para ver así todas las luces navideñas que adornan las calles.

Una bombilla se enciende en mi cabeza y me veo obligado a parar de golpe en medio de la calle. El resto se dan cuenta, ya que paran también y se acercan con una expresión de preocupación.


--¿Qué pasa?-pregunta Ale en tono bajo y asustado, como si el motivo de mi parad afuera el dolor.

--¿Qué día es hoy?-pregunto sin más

--Jueves-Zayn responde con algo de confusión por mi pregunta.

--¿De número?

--Veintitrés-Louis se apresura a responder.


Entonces caigo en lo cerca que estamos de las fiestas navideñas y abro los ojos sorprendido al no haberme dado cuenta de ello.

También, he de añadir, estamos a menos de veinticuatro horas del cumpleaños de Louis, aunque todos hemos decidido hacer como si no nos hubiéramos dado cuenta, para que así su sorpresa sea mayor.


--¡Mañana es Noche Buena!-exclamo como si acabara de encontrar un nuevo continente.

--Claro-responde Ale con una sonrisa-¿Qué pasa?

--Luego nos vemos-digo rápidamente mirando hacia los chicos.

 

Éstos me miran como si acabara de perder el juicio, pero no dicen nada más, y si lo dicen no les escucho, ya que camino con velocidad hacia el lado contrario. Alejandra agarrada de mi mano y también caminando como si huyera de alguien.

 

--¿Me quieres decir qué te pasa?-pregunta con cierto tono de temor.

--Ni tú ni yo tenemos ropa para mañana, señorita-respondo divertido-Nos vamos de compras-afirmo.

--Liam, ya te he dicho que no hace falta, tengo ropa-ella dice quejica.

--No me rechistes, esa ropa tan corta no es de señoritas, se te ve todo, y te lo digo por experiencia-digo recordando su práctica desnudez aquel día en su barrio, por así llamarlo, porque no es barrio ni es nada.

--Liam...-se queja-no quiero que me compres cosas.

--Es un regalo, los regalos no se rechazan.


Y escuchando un par de quejas más, llegamos al centro comercial más próximo, ese en el que nos vimos por primera vez. 

Prácticamente tengo que meterla en las tres primeras tiendas, lo cual parece extraño, ya que a las chicas les suele gustar ir de compras, ya sé que no a todas, pero a la mayoría. Pero después de la tercera tienda, se da cuenta de que no va a evitar que le compre todo lo que necesite, y simplemente se deja llevar.

La realidad es que tampoco es que compre mucho, ya que ella entra y sale rápido de las tiendas, todavía evitando que le regale nada, al menos hasta que llegamos a una tienda en la que hay cientos de vestidos de noche. 

 

--Mmm, ¿qué tal este?-pregunto sacando un vestido rojo que debe de llegarle por las rodillas. 

 

Ella niega con la cabeza y la nariz arrugada a disgusto.

Suspiro mientras dejo dicho vestido y me pongo a buscar otro. Esta vez doy con uno azul marino que parece muy dulce e inocente.

 

--¿Y este?-ofrezco, pero de nuevo la cara de disgusto-Ale...-digo en tono quejica-Son vestidos bonitos y sé que te quedarían bien.

--No son bonitos-responde muy segura-Son...elegantes-dice mirándolos con visible molestia.

--Bueno, es una cena de Noche Buena, podríamos ir en chándal, pero no creo que esto estuviera bien-respondo algo divertido-¿Quieres que miremos si hay algún conjunto con falda?-propongo mientras sigo buscando entre perchas algo que pueda gustarle.

--No, quiero que dejes de insistir en comprarme cosas-responde con una risa baja-Me siento una aprovechada.

--Ya te he dicho que es un regalo-respondo mientras sigo explorando entre ropa, sin hacer caso a su queja.

 

Me doy media vuelta, a tiempo para poder ver como rueda los ojos mientras se aleja de mí, haciendo como si buscara algo que ponerse. No puedo evitar reír por lo bajo, negando con la cabeza mientras sigo viendo uno y otro y otro vestido.

Hasta que encuentro uno con el que estoy mucho más que seguro que va a estar deslumbrante. 

Es de un negro brillante. Llega hasta los pies y tiene la espalda al aire. Estoy seguro de que si consigo que se haga un recogido, por muy simple que sea, estará increíble.

Creo que debería dejar de ver tantos programas de moda.

 

--Toma, pruébate este-digo tendiendo el vestido negro ante sus ojos-creo que te quedará fantástico, bueno, creo que todo te quedará bien-digo divertido.

 

Para mi sorpresa, no le hace ascos al vestido, más bien parece que le gusta. Acaricia la tela con los dedos, observando cada parte del vestido, hasta que llega a la etiqueta que cuelga de un lado. 

Su cara se queda lívida, como si acabara de ver un fantasma.


--¿Qué?-pregunto preocupado.

--Esto es muy caro...-susurra alucinada, como si no pudiera entender lo que cuesta el vestido-no consigo yo esto ni una noche entera en la zona de los bares.


La miro con sorpresa y algo de alucinación. Antes de que continúe hablando de ello, tapo su boca con suavidad.


--No pienses en ello ¿vale?-digo con voz suave- Solo calla y vete a probártelo antes de que te lo ponga yo.


Ante esa última parte de la frase, ella sonríe con cierta picardía. Escucho un "No, tú mejor me lo quitas", antes de ver como desaparece tras la cortina del probador.

Me apoyo en la pared, esperando paciente a que salga, mientras pienso en lo que vamos a hacer mañana, ya que he estado demasiado tiempo en el hospital como para haber podido enterarme.

Mi madre me ha ofrecido una y otra y otra vez que cenemos con ellos, no importa si en Londres o en Wolverhampton. Podríamos cenar con ellos y luego salir con los chicos a dar una vuelta, quizás podamos ir a algún sitio de fiesta, antes de darle a Louis su sorpresa de cumpleaños.

También pienso en la posibilidad de cenar con los chicos, todos juntos, como una gran familia. Si hubiéramos avisado con tiempo, podríamos haber dicho a sus familias que se vinieran, y así cenar todos juntos. Aunque pensando en los padres de Harry y Ane, encuentro el problema de que no será agradable para ellos estar juntos, aunque sentimentalmente separados.

Mis pensamientos quedan olvidados cuando Ale sale del probador, con el vestido puesto, robándome hasta el último suspiro de aire que hay en mis pulmones.


--Guau...-es lo único que me veo capaz de decir.

 

Ella sonríe algo tímida, agachando su mirada momentáneamente.

Cojo su mano con cuidado, incitándola a que dé una vuelta completa para poder ver lo bien que le quedas el vestido desde todos los ángulos.

 

--Estás preciosa-admito en un susurro.

 

Sonríe de nuevo, esta vez con un ligero rubor en sus mejillas. Sus ojos encontrando los míos, haciéndome sentir lleno.

 

--Es mucho dinero-se queja por enésima vez-no quiero que te gastes tanto dinero en mí.

--Es un regalo, vamos, no me lo rechaces-la pido con algo de diversión.


Ella resopla mientras suelta mi mano. Deja un beso en mis labios de manera corta y se mete en el probador de nuevo.

Creo que esta vez me he salido con la mía.

 

Narra Harry.

Me detengo frente a la puerta de la casa Aldrich. Paso una mano por mi camisa, cerrada y adornada con una corbata. Cojo aire y llamo a la puerta.

Un hombre de apenas cuarenta años y bastante más bajo que yo, me mira con un ceño ligeramente fruncido. Inspecciona mi indumentaria de arriba a bajo antes de hablar.


--Supongo que eres Harry-dice con voz pausada.

--S-sí señor-respondo sin poder ocultar lo que me intimida.


Sonríe con satisfacción al darse cuenta de mi nerviosismo y me hace pasar al recibidor.

Es el padre de mi novia, si no me llevo bien con él puede acabar siendo un completo desastre.


--Se está terminando de arreglar-me informa mientras cierra la puerta-¿A dónde vais a ir?

--A casa de un amigo, Niall, con todos-respondo con toda la tranquilidad que puedo.

--No la darás alcohol ¿verdad? Sabes que es menor-me informa con tono serio.

--No, no, no, nada de alcohol-le aseguro.

--Muy bien-dice palmeando mi hombro, teniendo así que alzar su mano un trozo-Eres bastante alto ¿Cuántos años tienes?

--Diecisiete-respondo con sinceridad.

 

Él clava sus ojos castaños en los míos, sobre éstos un ceño fruncido. ¿Ahora qué he dicho mal?

 

--Ella solo tiene quince-me informa de lo que ya sé-No se te ocurra hacerla nada.


Un poco tarde para eso pienso. Solo pienso, ya que como lo se me ocurra decirlo me mata.

Asiento con la cabeza, sin decir palabra. Sus ojos todavía fijos en los míos cuando se escucha su voz provenir de lo alto de las escaleras.


--Ya estoy.


Su padre la mira con ternura, como si fuera una niña pequeña.

Yo la agradezco internamente porque me haya salvado de él y de su dura mirada.

Veo como baja con tranquilidad, agarrando su bolso rojo, a juego con el vestido, bajo su brazo izquierdo, mientras parece que se termina de colocar un pendiente.

Besa la mejilla de su padre y acto seguido la mía, antes de agarrarse a mi brazo.


--Tened cuidado-dice con tono paternal, pero en sus ojos se ve un Su ropa se queda en su cuerpo y no se te ocurra intentar lo contrario.

--Sí, papá-responde ella tranquila.

--Pasadlo bien-y de nuevo en sus ojos puedo ver otro mensaje No demasiado bien.


Sin decir mucho más, salimos de su casa. Me permito respirar con tranquilidad, cuando estamos fuera de su campo de visión.


--¿Qué pasa?-pregunta divertida.

--Tu padre no sabe lo de ayer, ¿verdad?

--Por supuesto que no, ¿qué quieres? ¿que me mate?-dice con diversión.

--Casi me come cuando he dicho que tenía diecisiete. Me ha dejado muy claro que no te toque más allá de la mano.

 

Eso hace que ella ría por lo bajo, negando con la cabeza.

No puedo evitar mirarla, viendo su deslumbrante belleza desde mi posición. Ella se da cuenta de que la observo, ya que me devuelve la mirada.

 

--¿Qué?-pregunta con una sonrisa.

--Estás preciosa-admito en un susurro.

 

Sus mejillas cogen color rápidamente.

 

--Gracias-admite con algo de timidez-Tú también estás muy guapo.


Sonrío con amplitud, sintiendo como mis hoyuelos deben de estar marcándose. Beso su mejilla con cuidado y caminamos hasta la acera de enfrente, donde se encuentra el coche de Louis, con Lucía y él esperándonos dentro.

La mayoría de edad aún se me escapa, y por mucho que quiera o tenga el carnet, no puedo conducir hasta que tenga dieciocho. La verdad es que me molesta bastante tener que depender de Louis para que me lleve de un lado al otro.

 

--Hola tardona-saluda Lucía divertida. Marta como respuesta le suelta un "Que te den" que hace que ella rompa a reír con un "Eso ya lo hacen, y a ti también". Louis y yo reímos por lo bajo ante su observación antes de ponernos en marcha.

 

En apenas unos minutos nos encontramos frente a la puerta de la casa de Niall. Aparcado a nuestro lado puedo ver el coche de Liam, por lo que supongo que ya ha llegado.

Marta es quien llama a la puerta, ya que Louis y Lucía están entretenidos en algo que les hace sonreír, que el resto nunca entenderemos.

Alejandra es la que abre la puerta, mostrándose impresionante en ese vestido.


--Hola chicos-dice ella con amabilidad antes de dejarnos pasar.


La escena con la que nos encontramos es con lo esperado: Ane en una punta del salón, Niall en la otra. Liam y Zayn hablan con tranquilidad sobre cualquier cosa, ajenos a lo que debe de pasar entre el rubia y Ane.


--Bueno, ya han llegado los Styles-dice Liam con una sonrisa amigable en cuanto nos ve entrar-No me extraña ni mucho, ni poco ni nada que lleguéis tarde-admite divertido.

--¿Los Styles?-pregunto confuso.

--Claro, señor y señora Styles-habla Lucía, apoyando la teoría de Liam.


No es que me moleste en lo más mínimo que ella pudiera llevar mi apellido, algún día, está claro que no ahora. Ella parece darse cuenta de mis pensamientos, ya que sonríe antes de dejar un beso en mis labios.

Con un Niall y una Ane callados, llegamos hasta el salón, donde se encuentra todo colocado para la cena.

No es de extrañar que la cena esté de vicio, ya que Niall puede llegar a comer mucho, lo que significa que cocina mucho y bastante bien.

La cena se desarrolla con normalidad, hasta que Louis -como siempre- hace una coña que adereza con aspavientos. Como consecuencia la copa de éste cae sobre el regazo de Alenadra, quien se levanta de un salto por la sorpresa.


--Oh, mi vestido-murmura en un tono bajo, claramente disgustada.

--Lo siento-se disculpa Lou-Perdón, perdón, perdón. No era mi intención.

--No, tranquilo, no pasa nada-ella responde con suavidad, cogiendo una servilleta para intentar secarse.

--Quizás salga con un poco de agua-propone Liam, mirando el intento de su novia.

 

Ella asiente con la cabeza y diciendo un "Con permiso" sale del salón, dirigiéndose al baño para arreglar el estropicio de Louis, quien se sigue disculpando por ello.


Todos podemos ver la expresión algo extraña de Liam, como si algo con encajara para él.


--¿Qué ocurre, Payne?-pregunta Zayn confundido.

--Está muy rara-admite con la mirada puesta en la puerta por la que se ha marchado ella.

--Algo habrás hecho-habla Ane por primera vez en toda la noche.

 

Todos la miramos, claramente sorprendidos, ya que nadie esperaba que dijera nada en toda la cena. Ella no nos devuelve la mirada, tan solo pincha un trozo de pavo y se lo lleva a la boca, como si le quitase importancia a su comentario.

 

--Quizás es algo que ha hecho ella-responde Niall, también ganándose nuestras miradas de confusión.

 

Ninguno de los dos se mira a la cara, pese a que estén sentados enfrente el uno del otro.  Su mirada puesta en el plato, como si lo que dijeran fuera realmente con Ale y no con su problema personal.

 

--Tal vez haya hecho algo de completo subnormal-ella responde. El cabreo parece empezar a hacer acto de presencia en su voz.

--O tal vez solo sea que sufre de bipolaridad-responde Niall, todavía con la mirada puesta en el plato.

 

Y esa frase resulta ser la chispa para que la bomba entre ellos estalle.

 

--Quizás ella no sufriría de bipolaridad si él no fuese por ahí besando a cualquiera-Ane responde, dejando sus cubiertos sobre la mesa con un sonido sordo.

--Si me dejaras explicarme-responde Niall imitando su gesto.

--Si no fueras un imbécil.

--Si tú no fueras una calienta pollas.

--¿Yo una calienta pollas?-suena completamente alucinada, aunque ni la mitad de lo que estamos el resto de la mesa, con la mirada puesta en ellos como si no nos creyéramos su discusión, aparentemente sin sentido, al menos para nosotros-Eres tú el que te calientas solito majo.

--Claro, que te vayas restregando con todo el mundo no tiene nada que ver-Niall responde a su insulto. El sarcasmo en su voz, provocado por su enfado, al igual que el hecho de que el tono de su voz comience a aumentar.

--¿Que yo me restriego?-Ane suena totalmente ofendida.

 

Viendo que esto se va a convertir en una batalla campal, decido intervenir, solo para que no haya heridos ni daños colaterales.

 

--Eh...chicos...-digo en un tono, que queda olvidado entre sus gritos y su enfado.

--¡Sí! ¡Te restriegas! ¡Vas provocando a todo el mundo!

--¡Claro! ¡Voy desnuda por la calle!

--Chicos...vamos...es Noche Buena...-insiste esta vez Zayn.

--¡Pues es lo que te falta! 

--¡Claro! ¡Me voy prostituyendo por la calle como una vulgar puta!-Ane termina la discusión, dando un golpe contra la mesa con sus manos, levantándose de la silla de un golpe.


En ese momento se puede escuchar algo parecido a un sollozo ahogado, que hace que nos giremos de nuevo hacia el lado contrario. Alejandra se encuentra en el marco, con los labios apretados antes de darse media vuelta y salir corriendo, parece que por el mismo lugar por el que ha venido.

Liam tiene razón, sí que extraña, sí.

Éste se levanta sin decir nada más y sale corriendo tras ella.


--¡No sé por qué te enfadas por un simple beso!-Niall continúa, sin tener en cuenta lo ocurrido con Ale-¡Fuiste tú la que te besaste con Harry!-dice señalándome-¡Y yo te lo perdoné!

--¡Ni siquiera estábamos saliendo! ¿¡Cómo me vas a perdonar por algo de lo que no tenía culpa?!

--¡Si no llego a estar yo allí te lo hubieras follado en mitad de la calle!-Niall sigue acusando y recriminando tanto como puede, aunque no tenga sentido.

--¡Eres un gilipollas!-Ane responde sin más.

 

Sale del salón dando pisotones y parece que sube las escaleras.

 

--¿¡A dónde vas?!-sigue gritando Niall mientras camina tras de ella-¡Estamos hablando!


Ellos parecen seguir su discusión en el piso de arriba.

El resto nos miramos sin saber qué hacer, qué decir o cómo solucionarlo.


--Voy a ver que no se maten-es lo único que se me ocurre decir-ahora vengo.


Me levanto de mi asiento y subo las escaleras. De manera extraña, no se escuchan gritos, ni siquiera a alguien hablar en un tono normal, lo cual no sé si es una buena o mala señal. 

Les busco por todas las habitaciones con las que encuentro, encontrando con que están todas vacías y sin aspecto de que haya alguien, al menos hasta que llego al baño.

Y no, no están discutiendo, no precisamente.

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