Show me you care [Español]

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  • Publicado: 7 ene 2014
  • Actualizado: 21 mar 2014
  • Estado: In Progress
Todo se decide en la final del programa con más audiencia del país llamado "En lo más alto". Una oportunidad para María, que tras llegar a la final, cambiará su vida para siempre. Tras el veredicto de la audiencia, y gracias a internet hace que la famosa banda del momento, One direction, descubra su actuación y tome una decisión que cambiará su vida para siempre. Al igual que sus sentimientos.

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10. Capítulo 9

Cierro la puerta de mi casa con cuidado, ya que son las cinco de la tarde y es la hora de la siesta. Mi familia tiene la costumbre de dormirse siempre, excepto yo. ¡No podía dormirme, si no luego no tenía ganas de ponerme a hacer nada ni tenía sueño por la noche!

Subo lentamente las escaleras rumbo a mi habitación. Cuento los escalones mientras subo, una costumbre muy rara, pero en mis ratos de aburrimiento me mantenían distraída. Llego al piso de arriba, entro a mi habitación y cierro la puerta.

Me encanta mi habitación. Llevo en ella desde los seis años y puedo decir con total seguridad que nunca me cansaré de ella. Me ha visto tantas veces reír, llorar cuando me insultaban,  cuando jugaba con mis muñecas. Está pintada con un suave color salmón y todos los muebles eran de madera. Mi cama está pegada a la pared justo en el centro, al lado de mi mesita de noche. Voy a ella y me dejo caer cuan larga soy dando un pequeño rebote cuando me estrello contra el colchón. Miro la pared de mi derecha y veo el poster gigante de One Direction. Lleva ahí desde que tengo  catorce años, y pensar que ahora los he tenido a mi lado, he comido con ellos. Me recuerda a cuando era pequeña y di mi primer concierto en mi colegio, nunca pensé que sería yo la que cantara en ese escenario, pero cambió mi vida.

Miro al techo donde veo mi lámpara blanca con la que me he dado en el brazo tantas veces. ¿Qué puedo ponerme esta tarde? Cuando dejé a los chicos en el hotel les dije que se arreglaran un poco, pero no excesivamente, ya que aparte de ir a las atracciones, les iba a enseñar las casetas donde todo el mundo baila hasta que el cuerpo aguanta. Yo con mis diecisiete años, casi dieciocho, solo había ido unas cuantas veces con mi pequeño grupo de amigos. No nos iba mucho ese ambiente de fiesta, pero de vez en cuando no era malo.

Me paso diez minutos mirando al techo aun sin una decisión sobre mi vestuario. Tampoco voy a complicarme la vida. Me levanto y me dirijo a mi armario. Busco mis pantalones ajustados negros que me llegan por el tobillo, mi blusa blanca que es transparente por detrás y mis zapatos negros de tacón de unos siete centímetros. Me dejo la ropa preparada bien extendida en la cama y bajo de nuevo las escaleras.

Voy por el número quince cuando me encuentro a mi hermano mediano. Se llama Carlos y tiene nueve años más que yo. En mi opinión, me parezco más a él que a mi hermano mayor. Carlos tiene los ojos verdes como yo y el pelo marrón. Me saca unos diez centímetros en altura aunque sigo con la esperanza de medir lo mismo que él.

-       ¡Hermanita!- me dice en un susurro. Me da un abrazo y un beso.- ¿Qué tal la comida? Por cierto, ¿con quién has comido?

-       Cuando os despertéis todos os lo cuento, no me apetece contaros a todos la historia uno por uno. ¿Tú qué tal estás, hermanito?

-       Muy bien, sabes esta mañana iba por la calle y una chica de tu edad, más o menos, me ha parado y me ha pedido que me eche una foto con ella. Yo claro he aceptado, pero desde que le gustas a todo el mundo, no dejan de pasarme cosas nuevas.

-       Tampoco exageres, no le gusto a todo el mundo. Luego cuando os reúna a toda la familia os cuento lo que me ha pasado hoy. Eso sí que es una experiencia nueva.

-       De acuerdo.- Me da otro beso y sube otro escalón.- Bueno, me voy a seguir con mi examen que tengo mañana.

-       ¡Vale, hermanito!- le esbozo una gran sonrisa y él me la devuelve antes de continuar descenso hacia el cuarto de estar, donde están los libros que me tengo que leer y los que me estoy leyendo actualmente.

Entro en la sala de puntillas con cuidado de no hacer ruido. La televisión está encendida y mis padres están dormidos cada uno en un sofá, junto con mi hermano mayor que está dormido en el sillón relax, una especie de sillón que si le dabas a una pequeña palanca salía un reposapiés de la parte de abajo. Paso por delante de la televisión y llego a la estantería. Cojo “Night School, El Legado” de C.J. Daughherty, que es el libro que me estoy leyendo en estos momentos y voy al salón. Atravieso el pasillo y escojo el sofá al lado de la ventana por el que entra un gran chorro de luz natural.

Observo el reloj y veo que ya son las seis y media todo el mundo debe de estar despierto ya, y entre que me arreglo para  la feria y se lo digo, llegará la hora en la que quedé con los chicos.

Me dirijo a la cocina y veo que mis padres están tomándose su café con unas pastas de un pueblo de por aquí cerca. Voy al hueco que hay en la escalera que utilizamos para comunicarnos entre pisos y llamo a mis hermanos para que bajen.

Todos estamos reunidos cuando consigo empezar a hablar, ya que nunca puedo contarles algo importante porque la risa me invade y pasa un rato hasta que cesa.

-       A ver, hoy no he comido aquí en casa porque cuando estaba en el estudio ha aparecido One direction.- empiezo a hablar y cuando termino la frase se me quedan mirando con cara rara.- One Direction es la banda que salen en mis posters de mi habitación.

Un sonoro “¡Ah!” resuena en la cocina y decido continuar con mi relato.

-       Me dijeron que querían hablar conmigo, por lo que me han invitado a comer a “La Mafia” para que haláramos tranquilamente. Entonces al final de la comida me han ofrecido ser su telonera en su próxima gira.

Todos se me quedan mirando con los ojos muy abiertos, aunque mi madre como siempre se ríe y yo no me puedo aguantar y la sigo.

-       Entonces mi pregunta es, si me dejaríais ir con One direction de gira.

-       Pues no lo sé hija.- dice mi padre, que según todo el mundo soy muy parecida a él.- A ver qué dice tu madre.

-       Es que hija, no los conocemos, no sabemos quiénes son.- dice mi madre mirándome.- Como comprenderás no dejaremos que te vayas con unos desconocidos de gira por todo el mundo durante un año.

-       Puedo decirles que vengan a casa y los conoceríais.- digo ya sintiendo esa tristeza en mi interior.- Ellos me han dicho que si no me dejabais podíais hablar con su manager para hablar todo.

-       Yo no te dejaría, aunque hablara con su manager.- dice mi hermano mayor con seriedad. Él es como un segundo padre para mí, además de que es mi padrino siempre me vigila lo que hago y con quién estoy.- Es que a ver quiénes son esos. Que sí, que los conocerás que son tus ídolos, pero no podemos dejarte con ellos tanto tiempo.

-       Bueno, pues ya está.- digo con una lagrima surcándome la mejilla.- Dejad que mis sueños se vayan al trate, no me dejéis aprovechar las oportunidades.

Me levanto y voy a la escalera la subo corriendo hasta llegar a mi habitación. Cierro la puerta y apoyo mi puerta en ella, dejándome caer hasta llegar al suelo donde no puedo retener el llanto. Todos mis sueños e ilusiones tirados por la borda, no hay nada ni nadie en este mundo que pueda remediar esto. Es como tantas veces ha sido, llorar por la impotencia que me producía esta situación. Cuando era pequeña y no me dejaban apuntarme a clases de canto era igual y todo porque no se creían que me fuera bien en ello.

Supongo que nada cambiaría, después de todo.

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