El asesino del rey

El era un chico entre rejas que el rey rescato para cuidar a su hija, 7 años después el es el mejor asesino de el reino y la mano derecha del rey. Con sólo 20 años Raven se ha convertido en el guardián del rey, pero esconde muchos secretos uno que sólo la familia real lo conoce y otros que nadie conoce. Ha cometido un error, el reino está al borde de la guerra y no hay tiempo para errores...

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1. La carta

Un hombre de obscuros cabellos esta parado en la esquina de la calle, observando como las carretas pasaban por la calle. Esta decidido a entrar a la perfumería de la esquina que esta enfrenté de él.

Esta vestido con ropa negra de cuero, desde las botas hasta el saco largo que trae, esta ropa lo hace ver más pálido de lo que ya es y deja ver más sus ojos azules intensos. El cabello largo y negro lo trae hasta la barbilla, que le da un toque sensual y despeinado. Sobre su hombro se posa una Garza blanca, que lo mira fijamente como si lo comprendiera.

La tienda que veía en la esquina era una simple perfumería de época, con cortinas de encaje rojo y unas finos tapetes a juego. Dentro del establecimiento estaba un empleado con una peluca blanca impecable, con una ropa verde obscuro y unos zapatos con un ligero tacón. El empleado paseaba por la tienda de un lado a otro acomodando y oliendo los perfumes, los cuales siempre captaban la atención de las damas por su excelente selección de olores.

El hombre con la Garza tenía un importante encargo por parte del rey, además tenía sus intereses propios por lo tanto tenía que entrar. Empezó a cruzar la calle, esperando a que las carromatos pasarán, mientras pensaba cuales noticias le traerían.

Al llegar a la puerta sono una pequeña campana, la cual esta colgada arriba de la puerta, al instante el empleado de la perfumería se volteó y al ver al hombre que estaba en la puerta palideció y dio un paso atrás.

-Raven-dijo el empleado asustado

-hoy no vengo por lo que crees-dijo Raven calmado, paseándose por el local y tocando las botellas de perfume que estaban sobre las mesas- mientras tu no le digas al rey lo que haces por mi, yo no le hablaré de tus asuntos

-¿es que no esta enterado aún?-dijo el empleado con un brillos de esperanza en sus ojos, retorciendo sus manos en guantadas.

-No-dijo Raven cortante- pero tengo un encargo por parte de el y debes saber de lo que se trata.

-Si, si, aquí esta-dijo el empleado corriendo a una puerta- sígueme.

Raven se metió a la puerta, lo había echo miles de veces, adentro había toda clase de objetos apilados, era una habitación enorme. La habitación estaba obscura y apestaba a humedad con polvo. Todos los objetos que ahí se encontraban apilados eran desde sillones en estado de putrefacción hasta objetos de metal en perfecto estado.

El empleado caminó por una brecha entre las cosas, abrió de un golpe un cajón de una mesa polvorienta junto a una pila y de ella extrajo una bolsa pequeña, tan pequeña que con sus manos podía cubrirla. Camino hasta Raven y se la entrego.

-Toma, Raven- dijo el empleado con sierto airé de misterio- llego esta mañana

-Gracias, ya hacia falta-soltando una risa entre los dientes- en cuanto a la carta.

-Ha!!! Claro- exclamo el hombre, se metió la mano en la solapa del saco que traía puesto y extrajo una carta de finó papel y con un sello azul- llego ayer por la noche.

Raven tomó el sobré y se lo entrego a la Garza, la cual la sostuvo con su pico, sin hacerlo ningún rasguño, mientras que la bolsa la metia en la bolsa interior de su saco. Raven se dio media vuelta y regreso a la perfumería, pero antes de salir por la puerta el empleado lo agarro de la manga, preocupado.

-Raven-llamo el empleado- ¿como está el rey?, escuche muchos rumores de que está en sus últimas- en la cara del empleado se dibujaron arrugas de preocupación y de súplica.

-Sabes que no puedo hablar de eso- dijo Raven suavemente mirando el piso como sí librará una lucha con sigo mismo, el empleado lo soltó.

-Y tu sabes perfectamente que el pueblo necesita algo- dijo el empleado firmemente- y eso es esperanza, con esta guerra inminente la cosa que la haria desatarse sería la muerte del Rey

-Dudo mucho que eso causara la guerra- dijo Raven escéptico- en cuanto al estado del Rey, te diré unas cuantas cosas. No está en sus últimas, confió en que sobrevivirá por lo menos 3 meses más, además sabes perfectamente que su enfermedad no es curable ni tratable pero no te desanimes el es un hombre fuerte.

-Gracias Raven- dijo el hombre palpándole la espalda, el sabía perfectamente, en cuanto a la guerra se trataba, que ya no sería externa en cuanto muriera el rey, pero no lo menciono. Raven se limpió una lágrima de la mejilla- tu mismo me dijiste que me anime, hazlo tu también.

-No dirías lo mismo si tu vieras lo que yo veo- dijo el por lo bajó.

Dicho esto Raven salió a la calle, sin esperar la contestación del empleado, el cual se quedo muy confundido por esta afirmación. Una vez afuera él estiro la mano y la Garza salió volando, Raven pensó en el aire entre sus plumas y lo rápido que llegaría al castillo, observo como se alejaba volando.

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El príncipe John estaba en el cuarto de planeación, él tan sólo pensaba que la guerra trae algo más que muertes y eso eran los nervios, nunca participaría en la guerra, los plebeyos no eran dignos que un miembro de la realeza luchara a su lado, por lo tanto jamás lo haría. Los nervios de la guerra dañaban la salud de las personas y el orden de las cosas.

Junto a el estaban tres de los mejores generales que tenía su padre, dos habían muerto y otro más había desaparecido. Todos estaban recargados en una gran mesa de madera observando un mapa del reino, cada uno hablaba rápidamente y movían una estatuilla que los representaba como tropa, estaban planeando estrategias. Los generales estaban preocupados por la guerra, pero el príncipe, aunque fingía ver el mapa, estaba preocupado por su padre.

El Rey Harnold estaba en estado sumamente delicado de salud, su muerte traería con sigo caos, guerra y sobre todo responsabilidad. El príncipe John estaba acostumbrado a ser un perezoso y un engreído, era por esta razón que nadie en el pueblo lo quería de dirigente de la nación, pero era el único heredero del rey.

El aspecto de John era sumamente parecido al de su padre cuando era joven, cabello Rubio corto, ojos verdes, cutis bien cuidado y una barbilla afilada. Vestía con unas botas cafés, un pantalón de seda blanca, una blusa del mismo color con botones dorados y una espada ceñida a su cintura, la cual era pura estética. John a diferencia de su padre, no le gustaban las luchas a espada, sabía manejar una, pero se alejaba lo más que podía del combate.

John había escuchado horas antes una conversación entre Raven y el Rey que le intrigaba mucho, habían hablado sobre un objeto que Raven debía conseguir y otro que ya tenía, de este último Raven había comentado que le pertenecía a el heredero por derecho pero el Rey le había dicho que no importaba. Esto lo traía dando vueltas por su mente, el primer objeto que habían mencionado decían que era un objeto con mucho poder y que le ayudaría al Rey a permanecer en pie en sus últimos momentos. Esta última frase era imposible, el médico había diagnosticado que el Rey no se podría parar nunca más, pero a John le preocupaba lo que haría Raven con su padre.

Raven era un muchacho extraño, de modales impecables y un sentido de lucha nato pero lo que podía hacer era increíble rayando en lo inaceptable. John le tenía celos a Raven, cada vez que lo veía se ponía rojo de ira, el Rey siempre había educado a Raven más que a él, a su heredero, y lo quería más.

-Señor- dijo el hombre a su derecha, sacándolo de sus pensamientos.

-No podemos continuar así-dijo el segundo hombre- según nuestros cálculos la guerra estallara en menos de 5 meses y debemos de estar preparados.

- ¿Qué proponen?- dijo John con tono cansado, no había dormido en toda la noche por atender asuntos de guerra.

- Consideramos correcto que apliquemos la ley marcial- dijo el tercero- la guerra contra Swant podría hacer que nos absorban.

- El pueblo de Frec no se rendirá tan fácilmente-exclamo John orgulloso y al mismo tiempo indignado por el comentario- nuestro pueblo a enfrentado problemas mucho peores.

-¿Quiere decir que usted esta de acuerdo?- dijo el primer hombre

-En parte, espero que podamos lograr aplicar la ley como es debido y que el pueblo tenga ese nacionalismo que nos debe acompañar a todos

Todos asintieron, tornandose el aire en un ambiente incomodo. Todos volvieron la vista al mapa, viendo como cada figura quedaba en tres puntos cardenales: norte, este y sur.

Se escucharon una serie de pasos procedentes de afuera de el cuarto y a continuación un golpe ligero contra la puerta.

-Adelante- dijo John

Se abrió la puerta y de ella emergió una ama de llaves, regordeta pero amable, John la conocía de toda la vida y le tenía mucho cariño, su nombre era Adeli. Ella era baja medía cerca de un metro cuarenta, tenía el cabello pelirrojo largo hasta la espalda, lo llevaba suelto, y unos increíbles ojos grises. Su ropa era un vestido largo muy remendado y un par de botines grises.

-Príncipe John- dijo Adeli con una voz chillona- el Rey quiere verlo.

El príncipe se separó de la mesa y se dirigió a la puerta, no sin antes excusarse con los generales, donde lo esperaba Adeli para acompañarlo a los aposentos de su padre.

El no sabía por que motivo era llamado, pero lo ponía nervioso. No quería pensar más en la responsabilidad y las noches de siesta que tendría que sacrificar para ser rey de Frec.

Caminaron por unos largos pasillos de piedra, con grandes ventanales y tapetes rojos en los suelos. Cada cierto tiempo había un guardia y otra puerta de madera idéntica a la de atrás, grande y café, pero al doblar en una esquina se pudieron distinguir a la única puerta del castillo que era diferente, era del mismo tamaño que las otras pero tenía un color más obscuro y los bordes estaban decorados con metal color oro en forma de enredadera. Afuera de esa puerta estaban parados dos guardias y un individuo todo vestido de negro de la misma altura que John (1 metro 80), el cual el príncipe reconoció de inmediato, era Raven.

Al verlo le vino una ola de antipatía y orgullo, se dirigió a la puerta sin cruzar la mirada con nadie y con la barbilla en alto. Al llegar a la puerta se detuvo y volteo a ver a Raven, quien hizo un reverencia hacia delante y tomó la mano del príncipe y la beso en el primer anillo que portaba, luego se enderezo.

-Señor-dijo Raven con respeto

- Hola, Raven-dijo John exasperado- ¿Sabes que quiere mi padre?-dijo remarcando el "mi padre"

-Sólo en parte, mi señor-dijo Raven volteando al oír un aleteo a sus espaldas.

Al voltear John vio a la maldita Garza que Raven siempre cargaba, esta llevaba un sobré en el pico, se pisó en el hombro de su dueño y le entregó la carta.

John alcanzo a ver algo que lo sorprendió, el sobré llevaba un sello color azul y no rojo como era costumbre en el pueblo de Frec, ese sello era originario de Swat, su reino enemigo.

Al ver esto John sonrió, sin que Raven lo advirtiera, estaba esperando este momento desde hace muchos años. Siempre quiso culpar a Raven de traición pero no había podido, y ahora era una verdadera traición.

Se escucho un ruido dentro de la puerta, y los dos muchachos voltearon rápidamente. Las puertas se abrieron y de ellas salieron varias pilas de soldados, 20 soldados exactamente, y al salir completamente dejaron ver una cama, donde estaba medio sentado un anciano de grises cabellos, con un camisón rojo y tenía una cara pálida, todas sus arrugas de los últimos años se veían perfectamente y se veía en sus ojos verdes ya apagados por el dolor que estaba pasando, por su enfermedad.

-Pasen, por favor- dijo el Rey

Los dos muchachos entraron, y se pusieron de rodillas a un lado de la cama, cada uno a un lado, Raven a la derecha y John a la izquierda. Los dos sentían pena por ver a su padre de esa manera.

Harnold veía a los dos muchachos, quería pensar que estaba orgulloso de ambos por igual pero sabía que en el fondo estaba más orgulloso de su hijo adoptivo Raven. Sabía perfectamente que John sentía celos por ese cariño que le tenía a Raven pero era inevitable. Además el rey estaba preocupado, no quería dejarle el reino a John el cual era holgazán, orgulloso y además no agradaba al pueblo, en cambio Raven tenía pasión, amor por el pueblo y el amor del pueblo. A Harnold le hubiera gustado dejarle el reino de Frec a Raven pero sabía que eso no era posible, no en este momento, por las venas por las que corría su sangre no tenía sangre real, había discutido con Raven sobre un pequeño regalo en la mañana pero sólo había logrado que se sonrojara y lo aceptara por cortesía.

Raven tono la mano derecha del rey, sabía que los ojos que lo estaban contemplando veían más de lo que aparentaban. El rey conocía sus más profundos sentimientos, y más grandes miedos.

John tomó la mano izquierda del rey, odiaba la manera en la que su padre observaba a Raven, jamás lo había mirado de esa manera, con amor y orgullo. Juro que revelaría el secreto de Raven tarde o temprano, pero no saldría de esa habitación sin antes hacerlo.

-John- dijo el rey volteando a ver a su hijo.

-¿Padre?

-Te he llamado aquí para que presencies algo-dijo el rey misterioso.

-¿Qué es padre?- John ya se estaba cansando de tanto misterio.

-Algo increíble-el rey tenía un brillo en los ojos- la especialidad de Raven.

Este comentario hizo que John se estremeciera y soltara la mano de su padre. Había visto varias veces lo que Raven sabía hacer y era insólito.

-Sabes que no me gusta- dijo John caprichoso, odiaba que su padre lo obligara.

-Pues veté-dijo Harnold tranquilo.

Sin embargo John no se fue, sabía que era un reto de su padre a desafiarlo. Raven se metió la mano libre al saco y de el extrajo una pequeña bolsa de tela, la cual depósito en la mano del rey y soltó la mano.

-¿Qué es eso?-pregunto en un susurro horrorizado John.

Pero si alguien lo escucho no se molesto en contestar. El rey tomó la bolsa con su mano izquierda y la vacío en su derecha.

De la bolsa salió una pequeña piedra verde en forma de gota, y al tocar la mano del rey se ilumino. La luz fue recorriendo todo el cuerpo del rey hasta que quedo completamente iluminado.

Raven y John se habían levantado contemplando maravillados. John se había hecho para atrás hasta tocar la pared, estaba convencido de que la luz mataría a su padre y tendría otra razón para odiarlo. Raven se había quedado parado en el mismo lugar junto a la cama, con una gran sonrisa dibujada en los labios, había funcionado.

Unos minutos después el rey dejo de brillar y todo volvió a la normalidad, casi. Ahora el rey se veía más vivaz, ya no se veía demacrado y enfermo. Sus ojos volvían a tener la luz de la vida, en su mano derecha apretaba con fuerza la piedra con miedo a que sus efectos se revirtieran.

-¿Qué le has hecho?- dijo John con un graznido.

-hijo- dijo el rey con un tono de súplica, mientras se sentaba en la orilla de la cama y tocaba el piso con los pies- me ha curado físicamente, ya no siento más dolor aunque no me ha curado la enfermedad.

-Pero..-John se había quedado mudo ante eso, jamás lo había esperado, pensaba que el brillo causaría una explosión y de un momento a otro los pedazos de carne real serían despegados de las paredes del cuarto.

-Señor-dijo Raven con una voz amable- si me permite guardarlo, no necesitara tocarlo hasta dentro de veinticuatro horas-lo decía con confianza.

El rey dudo, no se había sentido tan bien en mucho tiempo y no quería que se revirtiera, pero ante la confianza de Raven estiro la mano y la puso en la mano que Raven ofrecía. Raven lo tomo lo puso de nuevo en la bolsa y lo volvió a guardar en su saco.

Harnold tomó impulso y se puso de pie, adoro esa sensación, pero se tambaleo y estuvo apunto de caer de no ser por que Raven lo agarro por el brazo e hizo que rodeara su cuello con su brazo para sostenerse.

-Tendrá que acostumbrarse a caminar otra vez-dijo Raven divertido- hace mucho que no camina y si me permite decirlo...

-Lo permito- dijo el rey con una gran sonrisa.

-Bien, su gordo trasero se tendrá que acostumbrar a cargar con su gran peso de nuevo-dijo Raven soltando una risa.

Raven empezó a ayudar al rey a caminar, y empezó a caminar por la habitación dando vueltas. Ejercitando sus piernas.

John estaba parado observándolos, sentía tristeza por sí mismo, había sentido tantos celos por Raven pero jamás había hecho algo tan bueno como Raven había hecho para ayudar a su padre.

-Mira muchacho- dijo el rey dirigiéndose a John, estaba parado en la habitación ya casi sin apoyo de Raven, balanceando se en sus pies- esto es magia, ya casi camino completamente- Raven y Harnold soltaron una risa que hizo que se doblaran y que el rey casi cayera al piso, lo que ovaciono que Raven lo sostuviera justo a tiempo pero Raven perdió el equilibrio y cayo al piso, dejando al rey sostenido por sus propios pies, y otra vez ovaciono que se volviera a empezar las carcajada pero ahora hasta John se río.

-Ya estoy mejor- dijo el rey una vez que Raven se hubo levantado y cuando recompusieran su compostura- vísteme muchacho, quiero dar una vuelta al castillo y a los hermosos jardines.

Raven desapareció en una puerta que estaba en una pared. Mientras el rey y John se vieron durante un instante.

-Padre hay algo que quiero decirte-dijo John recordando la promesa que se había hecho.

-Dime John- dijo el rey, sabía que era algo que le molestaba a John, se estaba poniendo rojo y se frotaba las mano como si estuviera nervioso.

-Es sobre Raven-dijo John con confianza, empezó a andar dándose aires hasta que llego a un ventanal y miro hacia afuera, afuera había un venirme bosque, este era el lado que nadie cuidaba, el oeste.

El rey intuyo que significaba problemas, John había encontrado algo prometedor sobre Raven sino no estaría tan calmado. Su hijo había sido vengativo desde el descubrimiento de los poderes de Raven.

-Encontrar algo perturbador- dijo John, en ese momento entro Raven con un traje para el rey el cual dejo en la cama, y al ver que los dos hombres estaban muy serio se paró junto al rey en silencio- mejor dicho vi, una carta perturbadora- el rey volteó a ver a Raven, el cual había palidecido.

-Explicare-exigió el rey- espero que no estés tratando de incriminarlo.

-Al contrario, padre- dijo John con malicia, caminando hacia su padre- te estoy haciendo un bien, checa su bolsillo del saco y verás una carta con un sello azul.

Y con ese simple comentario hizo que el rey diera un paso atrás, ahora se sentía más herido de lo que jamás había estado.

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