Mi Hermanastro,Harry?

-¿Te das cuenta de que eres mi hermanastro? ¿Harry?- — Lo sé!. No me fastidies!.

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39. “Dayana”

“Dayana” Capítulo 39 

A la mañana siguiente, desperté, había colocado una alarma para llegar más temprano a la escuela, quería hablar de un tema pendiente con Sarah. 6:30am, debo irme a las 7:30am, una hora perfectamente adaptada a mis tiempos. Me di un ligero baño, me vestí y bajé cerciorando me de la hora, 7:10am.
Me dirigí a la cocina, Me encontré con Harry adormilado con rulos más desordenados de lo usual.
Lo miré extrañada, lo ignoré y puse mi cosas en la mesa, me dirigí al refrigerador, tomé un gran bote de jugo de naranja y me serví. Mientras Harry me visualizaba de reojo, lo sé, así como él me conoce, yo lo conozco muy bien.

—¿Danna? -Dijo con su voz ronca que me aloca, y con pesadez en cada sílaba. 

Lo ignoré, realmente estaba harta de los comportamiento in adecuados de Harry, celoso, enojón , que crea que siempre puede enojarse, dejarme de hablar y terminar haciendo que yo caiga a sus pies ante cada caso. Me gusta, pero me desharé de aquel sentimiento extraño. 

—Danna. -Repitió rulos.
—¿Qué? .-Le dije tomando un sorbo de mi jugo. Seca.
—No deberías enojarte. -Reprochó.- 
—¡Qué YO no debería enojarme!. -Bufé.- hasta luego Harry. -Tomé mis cosas y me retiré. Salí de la casa y respiré exhausta. La expresión facial de Harry era como estar asustado. Un gato tal vez. Tan tiern.. Oh!, cállate Danna. Cállate conciencia. 

Mientras caminaba me puse los audífonos y puse una canción al azar. Sólo quería despejarme de el enojo causado. Nada mejor que la música ante los problemas.

[...] 

—Wow sarah .-Sonreí con un signo de interrogación sobre mi cabeza. 
—Sí, lo sé Dann ¿Te molesta? -Preguntó nerviosa.-
—No!, Damian y tu son del uno para el otro, sólo que es raro. Enserio, Buena idea. -La abrasé felizmente emocionada.

La gran cosa seria que me quería decir Sarah era que Damian y ella salieron después de mi cumpleaños, ambos se besaron e intentan tener una relación estable. Me alegro, lo raro es que antes Sarah siempre me relacionaba con él. Ella amaba que Damian y yo tuviéramos algo. Eso es lo raro. Sin curiosidades. ESTOY FELIZ POR ELLOS.

(...)
Acababan de dar el pequeño timbre para entrar. Estaba nerviosa.

—Apresurate. Seguro Luke ya llegó. -Decía Sarah emocionada.-
—Ya voy -Reí-

Tomé su mano y corrimos al salón.
Luke era el nuevo chico de intercambio, justamente estaba en 2 clases conmigo. Ciencias y Literatura. Estaba nerviosa. 

Justo Sarah y yo pasamos el marco de la puerta fingimos una gran tranquilidad que por dentro era una gran emoción. De reojo miré todo el salón. En una de las esquinas el famoso Luke Hemmings señores. Me alegré, a su lado Harold. Justo adelante de ellos una nueva chica. Se veía amistosa y sonriente. Buena chica. Rubia, ojos amielados y estatura promedio. Si no me conociera diría que tiene mis dones.

Llegó el profesor que no paraba de hablar y presentarnos a todos y cada uno de nosotros ante la clase.
Pronto este salió y todos comenzaron a platicar.

Miré donde la chica que al parecer se llamaba “Dayana”. Quien platicaba con gran interés con Harry. Ella solo sonreía y lo miraba atrevidamente. Lo sé. Por un momento me sentí celosa pero me concentré en lo que quería. Luke.

Miré a Luke quien parecía llevar tiempo mirándome. Le señalé que viniera hasta mi lugar.

—¡Danna! -Sonrió él.-
—¡Rubio! -lo miré tentadoramente son una sonrisa.
—¿Quieres ir al Starbucks después de la escuela? -Dijo jugando con mi mano.

Pronto un sentimiento extraño se acordó de George, siempre solíamos ir a el Starbucks mas cercano. Tanto a hacer cosas indebidas como divertirnos.

—Claro. -Le guiñé el ojo.-

Miré de reojo a Harry y este parecía coquetear con la chica nueva.

(...)

Reíamos, Luke era un chico gracioso y con temas interesantes. Pero la diversión acababa, tenía que irme a casa a terminar las compras con Anne.

—Tengo que irme Luke -Sonreí de lado.- ¿Vienes el viernes por la noche? No sé.
—¿Una película? -Sonrió entusiasmado.
—Sí. -Dije mientras salía de la tienda junto a él.- deberás ayudarme con las palomitas, ¿eh señorito?

Rió.

—Sí. -asintió.-

Nos abrasamos, despedimos y nos dirigimos en caminos opuestos.

(...)

Llegaba a casa con los audífonos puestos. Cantaba, llegué a casa, cuando pasé la puerta me topé con algo que no creí ver tan rápido. Decepción y un sentimiento destructor me recorrió entera.

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