Sin arrepentimiento

Siempre sigue tus sueños, nunca pares, así se te atraviesen miles de obstáculos, pues eso son los que te harán saber si de verdad mereces eso que tanto deseas.

Y, el primer amor no siempre es el amor de toda la vida, recuérdalo, que te lo digo yo.

—Tina

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1. El lugar de siempre.

Me encontraba acostada, encima de un manta, bajo la luz de la luna, con miles y miles de estrellas al rededor de ella, a mi lado, estaba Alonso, mi casi hermano, mi confidente, mi mejor amigo desde que tengo uso de la razón, nos encontrábamos viendo anonadados cada estrella, pues parecía que cada segundo aparecía una nueva. Siempre hacíamos el intento de contarlas, pero esto era en vano, eran infinitas y terminábamos perdiéndonos. Este lugar era como nuestro escondite secreto, no escondite para ocultarnos de algo, o bueno si, tal vez, o no se, solo sé que era el mejor sitio para perderse un segundo de la realidad, de los problemas, del mundo, o de cualquier otra cosa, resumiendo, nos perdíamos de todo, pues el tan solo ver el cielo estrellado nos transportaba a otro mundo, y pues claro, como dije antes, secreto, porque solo era de nosotros, solo lo conocíamos nosotros, o así pensábamos.

—Mañana es tu presentación—dice Alonso, y asentí con la cabeza—Cómo te sientes? Es con lo que siempre has soñado—me dice.

—Pues, súper feliz—dije, sabía que en el fondo no era así, creí que mi sueño siempre fue el cantar, y que todos reconocieran mi talento, pero, luego están mis padres, los cuales me apoyaban pero siempre los encontraba discutiendo, quizás mi sueño era que ellos nunca se alejaran y siempre fuésemos una familia feliz, pero vaya, sueño?, será más bien una esperanza—Si, súper feliz—suspiré.

—Ey, Tina, no me mientas, se que no estas feliz del todo, se te nota en la cara—dice, vaya que me conoce a la perfección.

—Y si sabes para que preguntas?—reclamé.

—Cálmate, ya se que los lares por tu casa no andan bien desde hace un tiempo— me encogí de hombros.

Calle un minuto, seguido de voltear la mirada y responder.

—Sabes, ahora no se si quiera terminar con eso de la presentación, no creo que es algo que me importe demasiado ahora—contesté, e hice una mueca en mi rostro.

—Pero qué dices?, siempre has soñado con que otros puedan notar tu talento y cuando ya tienes la oportunidad, huyes de ella así como así, solo por un problema de tus padres, un asunto de ellos, no tuyo, se que te importan demasiado, pero serías demasiado egoísta contigo misma si no vas—dice, arrugando su ceño—Cuántas personas no desearían esta oportunidad mientras tu... la dejas y ya, por boberías de tus papás—termina diciendo, con una expresión molesta.

—Basta, Alonso, no quiero discutir, mañana veremos...—dije, volviendo la mirada al cielo, observando a las hermosas estrellas.

—Vaya que tu nunca cambias—rió—No huyas Tina, sabes que te lo digo porque eres alguien a quién realmente aprecio, y quiero lo mejor para ti—suspira, al igual que yo.

Alonso siempre quería lo mejor para mi, pues y yo también para el, nos cuidábamos el uno para el otro. En jardín de niños, siempre que me caía y al ponerme a llorar, el llegaba y actuaba como todo un hermano mayor, y me consolaba hasta que me quedaba tranquila y el dolor sanaba solo, el era, o bueno, es, como mi hada mágica, siempre que lo necesite, aparece.

Mi madre siempre decía que íbamos a terminar casados en un futuro, já, yo y Alonso juntos? Qué le pasa a mi madre por la cabeza, claro, admito, Alonso es el chico que toda hembra desearía, flaco, pero no tanto, pues le sobresalen algo de músculos, alto, ojos cafés claros, como los míos, cabello castaño oscuro, y piel bronceada pero no tanto, si, era perfecto, pero ya va, basta, será que ya de tanto mi madre discutir, se estaba volviendo loca?, de verdad que tenía serios problemas, jamás terminaría con él, con mi mejor amigo, como pensar algo así, por amor a Dios, se supone que los mejores amigos están para tener un apoyo, no para besarse, o quererse más allá de la amistad—pensaba y pensaba, y arrugaba mi ceño cada vez más—.

Seguí mirando anonada al cielo, de verdad que me encantaba, era de verdad un transportador, como cuando te sientes mal y vas al doctor, pues para mi la solución a todo era ver el cielo.

Vivíamos en una pequeña isla, bueno ni tan pequeña porque tenía de todo, así que que podrán imaginar nuestro sitio secreto, en la arena, a la orilla de la playa, a unos pocos kilómetros de nuestras casas.

Al cabo de varias horas, de tanto pensar y pensar, poco a poco mis ojos se fueron cerrando, y en varios segundos, cerraron por completo hasta que caí en silencio, en paz, caí completamente rendida hasta el otro día.

Ya dormida, soñaba, recuerdo bien el sueño, era yo, con Alonso muy felices, tenía un novio, era cantante, y yo también lo era, era famosa, mis padres seguían juntos, y ya las discusiones no existían, vaya, se nota que es un sueño, jaja.

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