"She Wolf".

'Una vez, un humano y una bestia se enamoraron, pensando que así salvarían sus vidas'.
<<—¿Quien eres? —suspiró—. ¿Qué eres?
—No lo sé... >>.
'Una vez dos almas completamente diferentes se juntaron; crearon una historia, una historia prohibida'.

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2. "No necesito tu ayuda".

Mis ojos se abren de golpe y me incorporo rápido. Sigo en el bosque donde ese ser me atacó. El sol da justamente en el centro del bosque, todos los árboles están a mi alrededor y donde estoy tumbada solo hay tierra y matojos. El cielo brilla, pero estaba claro que me había movido. Antes no podía ver nada, ni la luz de la luna, y ahora el sol me daba de golpe.

Pongo mi mano por encima de mis ojos y miro con dificultad. Me incorporo y miro mi brazo. Tan solo tengo la marca de la herida, ya ha dejado de sangrar y parece que está completamente curada, pero eso es imposible. Mi madre es médica, y me enseñó que cuando mucha sangre sale de una fisura en la piel, significa que va a tardar varios días, incluso semanas, en curarse. En cambio, mi brazo está perfecto, lo puedo mover con agilidad y no me duele. Por la noche me acuerdo que por la noche comencé a marearme por la culpa de la pérdida de sangre que había tenido. Es decir, ahora mismo tendría que estar muerta o todavía inconsciente en el suelo.

Estoy bien en general, pero en mi interior me siento rara; demasiado. Algo ha ocurrido, pero no sé el qué. Intento recomponer la escena de anoche en mi cabeza, pero muchas cosas se me han olvidado. Lo que más recuerdo es como me miró a los ojos, parecía que tenía miedo, culpabilidad por algo, por alguien… no comprendo nada, estoy sola, perdida y en un bosque.

El caso es que no me acuerdo de cómo llegué hasta aquí, quiero decir, ¿Cuándo llegué yo a un bosque?

Me sacudo las manos llenas de tierra y agarro mi pelo, parece que está más largo y…

—Un momento…

Coloco todo mi pelo en mi hombro izquierdo y me fijo en que ha cambiado un poco de color, ahora tiene un color grisaceo con algunas mechas marrones. Miro extrañada hacia mis manos.

—¿Pe…pero como es posible? ¿Qué me está pasando?

Doy una vuelta y miro al cielo en busca de alguna respuesta. Grito y mis rodillas pierden fuerza.

No siento frío, ¿Cómo es posible? Estamos a 4º grados, el sol no da mucho calor… Pienso. ¿Por qué estoy aquí? ¿Desde cuando tengo el pelo gris? ¿Qué es todo esto…?

Noto unos pasos detrás de mí y me giro tan rápido que ni yo sé como lo he hecho. Veo a un chico de mi edad. Ojos azules y piel pálida, pelo castaño y ondulado. Alto y lleva una chaqueta marrón, con unos vaqueros negros y una polera azul oscura.

—¿Qué haces aquí?

—¿Quién eres? —pregunto yo.

—TMadre mía, tienes que venirte a una cabaña que hay cerca. ¿No tienes frío? Estás descalza y casi desnuda. Solo el vestido te tapa.

Se acerca a mí y me ayuda a levantarme.

—No necesito tu ayuda —contesto mirándolo desafiante.

—Estás aquí perdida, claro que necesitas mi ayuda. Vamos, podrás ponerte ropa limpia y más abrigada.

Él tiene razón, necesito cambiarme, así que decido aceptar su propuesta. Comenzamos a caminar. Me da su chaqueta pero yo no la acepto, por lo que me mira extrañado.

—¿No tienes frío?

Niego con la cabeza.

Durante un gran rato me siento muy incómoda y pienso que quiere hacerme daño o algo. Me recuerda mucho al chico del metro. Dios, lo que daría por volver a verle, pagaría lo que hiciera falta por poder darle las gracias. Él fue la única persona que no se rió de mí y que me ayudó. Cada noche pienso en él y en como me trató, no hay ninguna noche que no sea uno de los miles pensamientos que pasan por mi mente. La mayoría de recuerdos que tengo son desagradables, malos. Temores y miedos, pero ese recuerdo... su voz sigue grabada en mi cabeza, y nunca se irá de ésta.

Vamos por un camino largo cuando veo de fondo una cabaña. Ya sabéis, la típica cabaña con su chimenea, su cama de madera y su sofá calentito. Una vez fuimos a los Alpes franceses y estuvimos en una cabaña como esta. Mi hermana y yo nos peleamos por la litera y acabamos tirándonos del pelo. Me acuerdo que mi padre estaba tomando un café y riéndose de cómo nuestra madre nos intentaba separar. Al final se quedó ella con la litera y yo estuve mal todo el primer día. Un par de días después ella se torció el pie montando en trineo, y como soy muy rencorosa, le dije que eso le pasaba por no haberme dejado la litera. Mis padres me castigaron.

Sinceramente, no fueron nuestras mejores vacaciones.

Cuando abre la puerta de la cabaña una sensación extraña se apodera de mí. Miro para atrás, pero no veo nada.

Venga, pasa —me dice amable—. El baño está arriba. Utiliza toda el agua que necesites.

Asiento mientras que veo todo el interior de la casa. Observo cada detalle y ahora me siento mucho más protegida. Tiene —como me suponía— una gran chimenea de madera y una alfombra muy grande. El sofá y una cocina de fondo. También tiene una guitarra al lado de una silla. El chico cierra la puerta y un husky siberiado aparece corriendo hacia nosotros. Pero no va hacia su amo, sino hacia mí, yo me agacho para acariciarlo y observo como sus ojos me transmiten alegría. 

<<¿Quién eres?>>

—¿Qué? —miro al chico—. ¿Has dicho algo?

Niega con la cabeza y acaricia a su perro. 

—Ve a ducharte.

—Va... vale. Ahora bajo —se va hacia la cocina—. Oye... —se gira—. Gracias...

Sonríe y se va, yo subo al baño.

 

 

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