Salváme

''Sálvame, por favor, sálvame de esta pesadilla''
''Haría lo que fuera por hacerlo, princesa''
''Sácame de aquí, haz que se detengan... Haz algo''
''Lo que sea por ti, nena''

(...)

''Yo sé como puedo salvarte''
''¿Cómo? Dime, por favor''
''¿Confías en mi?'' ....

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3. Capítulo 2

Capítulo 2

Mi mirada fija en el espejo del baño, viendo como un gran moretón comenzaba a formarse sobre mi pómulo. Manchas color rojo, morado e incluso verdes rodeaban mi ojo inyectado en sangre a un lado. Odio a Aimé, la odio.

—¿Porqué esto me tiene que pasar a mi? —sollocé, mientras las lágrimas comenzaban a caer por mis ojos.

Abrí la llave del agua fría y, juntándola en mis manos, me mojé el lugar dónde Aimé me había golpeado. Tiene la mano dura, pero no le llega ni a los talones a mi padre. Pensé. Dolía y ardía de una forma horrible. Lo malo, es que no había traído la crema que ocupaba para ocultar otras heridas y que lograba esconder moretones o manchas provocadas por los golpes que recibía. Bien, tendría que inventar una excusa por si alguien me pregunta. ‘’No miraba por donde iba y me golpee con un ventanal’’ ‘’Iba distraída y choqué contra una pared’’

Si, podría funcionar.

La campana del receso sonó por los pasillos, y yo me apresuré a salir, intentando que mi cabello castaño creara una cortina que apartara las miradas de otros estudiantes hacía mi rostro. Cada vez que pasaba al lado de alguna persona recibía insultos o empujones; ‘’Hola rarita’’ ‘’¿Qué te sucedió en el ojo?’’ ‘’Creo que Aimé te dio un buen golpe’’

Ignorando el dolor que sentía en mi pecho, caminé más rápido, yendo hacía mi casillero para sacar el libro que necesitaba para la siguiente clase. Al llegar, lo abrí y saqué el libro de Historia junto con una agenda y un lápiz para tomar apuntes. Después de cerrarlo, caminé hacía el aula. Cuando ya iba entrando, sonó nuevamente la campana que anunciaba el fin del receso, por lo que estaba asegurada que ésta estaba vacía. Me senté en uno de los asientos de al frente, al lado de la pared y ventana como siempre. Nadie tomaba el asiento a mi lado, ya que éramos pocos y sobraban al menos dos o tres asientos más en toda la clase. Era mejor para mi. A los pocos segundos, el aula comenzó a llenarse de a poco, primero entraron los inteligentes de la clase que eran dos chicos, Andrew y August. Luego entraron los chicos de la ‘clase media’’ de la escuela que era un grupo como de diez chicos y entre ellos, chicas. Luego los populares que entraban casi siempre de los últimos, Aaron era novio de Aimé, lo típico. Sus dos amigas iban atrás. Entraron cinco chicos más que formaban parte del equipo de la escuela, luego de ellos, entró el Sr. Adams, cerrando la puerta tras de si.

—Buenos días, alumnos —dijo, mientras hacía su camino hasta su escritorio dejando sobre él los libros e informes —Bien, antes de comenzar… —fue interrumpido por la puerta que se había abierto.

De allí, entró un chico de ojos cafés y piel blanca. Llevaba puesto unos jeans algo ajustados de un color azul oscuro, una camisa verde oscura y sobre los hombros una chaqueta de cuero. En una mano tenía varios papeles, lo que me daba a entender que era nuevo. Él caminó hasta el profesor y le entregó un papel. Intercambiaron unas cuantas palabras antes de que el Sr. Adams volviera a hablar: —Este es vuestro compañero nuevo. Vino desde Chicago a estudiar aquí en Nueva Orleans. ¿Cuál es tu nombre, muchacho? —preguntó el Sr. Adams.

—Zayn Malik . —Bien, Zayn , siéntate donde gustes —le dijo antes de ir a su escritorio y comenzar a leer unos papeles.

Zayn miró distraídamente todos los puestos, hasta que su mirada calló firmemente hasta donde me encontraba yo, lograba verlo a través de mi cabello. Él caminó despreocupadamente hasta el lugar donde estaba sentada, para detenerse frente a él.

—¿Está ocupado? —preguntó, su voz ronca y gruesa.

Negué, mientras agachaba más la cabeza para que así el velo que formaba mi cabello fuera más largo. El se dejó caer a mi lado, mientras colocaba sus cosas sobre su mesa. Miré hacía los lados de mi cabeza, los jugadores se reían mientras me miraban, otro par reía por algo que había dicho Aimé, seguramente contando lo que me había echo. Quizás él también quería ser parte de este juego, y, ¿porqué no?

—Bien, como decía, antes de comenzar entregaré los pases libres para el almuerzo, ¿bien?

Oh, no —¿Marcie?

La chica pelirroja levantó la cabeza y lo miró —¿Podrías entregarlas? Marcie asintió y se levantó. Tomó los papeles y, leyendo el nombre que aparecía en la boleta, comenzó a repartirlos. Entregó la primera a Taylor Blair, todos de la escuela sabían que él era de clase baja, pero no lo molestaban como a mi. La siguiente fui yo. Marcie rió al ver como yo bajaba sumisamente la cabeza e intentaba esconderme en mi lugar.

—Bien, rarita, no te escondas de la realidad —rió y miró a Zayn a mi lado, como esperando a que él riera con ella. Yo también lo esperaba, pero no lo hizo. En cambio, le dio la espalda a Marcie, obligándola a volver a sentarse en su lugar.

Durante el resto de la clase, lograba sentir la mirada de él sobre el lado derecho de mi rostro. Supongo que estaba deduciendo el daño en mi ojo, ya que estaba a la vista de él. Yo solo intentaba hundirme en mi asiento y prestarle atención a las palabras del Sr. Adams, pero no podía. ¿Sería él el siguiente en burlarse de mi?, ¿o golpearme? Pensar en eso me ponía enferma. La hora pasó y sonó la campana. Me levanté apresuradamente, recogiendo mis cosas a tiempo record. Salí antes que todos a pasos apresurados y me dirigí a mi casillero, sin importarme a quien empujaba o los insultos que recibía. Lo abrí y dejé mis libros allí. Caminé con sigilo a la cafetería para ir por mi almuerzo.

Al llegar, vi que la fila era pequeña, no larga como luego de unos minutos así que me formé allí. Al llegar mi turno, enseñé a la cocinera mi pase para no pagar por mi almuerzo, esta asintió y me dio algo de arroz, pollo y ensalada junto con una fruta y un jugo. Tomé la bandeja y caminé a la mesa que siempre ocupaba. Siempre me sentaba sola en aquella mesa, ya que Aimé comenzó a decir que esta mesa era solo para la ‘’rarita’’, y de allí todos le hicieron caso. Las puertas se abrieron, dejando ver a Zayn de pie junto con tres chicos del equipo de fútbol de la EW, Louis, Joshep y Christhoper ‘’Chris’’. Los cuatro reían al unísono, mientras se formaban para conseguir su almuerzo.

Me concentré en mi comida, ya que suponía que sería lo único que podría comer en el día. Los almuerzos siempre los aprovechaba, ya que la mayoría de las veces papá me dejaba sin cenar. De esta forma no amanecía famélica al día siguiente. Me llevaba la fruta para la cabaña, así igual tendría algo para comer a la noche.

Mientras comía, sentí como unas sillas de la mesa que estaba frente a la mía se corrían. Alcé la mirada para ver como Zayn , Josh, Chris y Louis se sentaban allí, mientras hablaban animadamente. La mayoría de las veces esa mesa también quedaba desocupada, o la ocupaban los nerds de la escuela. No les presté mucha atención. Me pasé una mano por mi frente, tocándome los moretones que tenía allí, gimiendo de dolor y maldiciendo por mi estupidez. Sentí la mirada de Chris sobre mi, pero no vi ninguna mueca de gracia o que le causara risa lo que había pasado. Me sentí intimidada de inmediato. ‘’No, no los dejes manipularte’’.

Zayn miró hacía mi lado derecho fijamente, acechando algo. Volví a encogerme para ver de reojo a mi derecha. Aaron se acercaba a mi con una pose felina, como esperando a que su presa esté distraída, en su rostro una sonrisa cínica. Me miraba atentamente, sabía sus intenciones y solo comencé a prepararme mentalmente para lo que venía. Él tomó el lugar a mi lado.

—Hola rarita —dijo en mi oído.

Me aparté de él.

—Oh, no tengas miedo, cariño —rió, mientras posaba una de sus manos en mi rodilla. Corrí la cara, intentando no verle. El rió aún más fuerte mientras me tocaba mi mejilla dañada, haciéndome gemir del dolor.

‘’Ouch, duele, para, por favor’’

—Te duele, ¿eh? —dijo cínico.

Comenzó a subir su mano hacía arriba por mi muslo. Me aparté de un empujón.

—No me toques… —le dije. —Oh, cariño, nos divertiremos.

Siguió riendo mientras volvía a apretar mi mejilla, provocando que cerrara los ojos con fuerza para evitar aullar de dolor. Dolía demasiado para ser unos moretones.

—Ella dijo que la sueltes.

Abrí mis ojos ante esa voz masculina, y me encontré a Zayn de pie detrás de Aaron. Su expresión fría, calculadora y seria. Aaron le dirigió una mirada cómplice.

—Oh, vamos, nos estamos divirtiendo. ¿No es así cariño? —me soltó la mejilla. De inmediato llevé mi mano allí y la froté con suavidad sobre las contusiones. Negué para mi misma.

Zayn agarró del hombro de la chaqueta a Aaron y lo alejó de mi.

—No te vuelvas a acercar a ella. Estás advertido, imbécil.

Aaron lo miró furiosamente. Se soltó de un movimiento brusco y caminó hasta donde estaban sus amigos. Le dirigí una mirada apenada y avergonzada a él, quien me miró y, sin decir ninguna palabra, le alejó hasta salir de la cafetería. En cuanto desapareció de mi vista, noté que todo el mundo estaba en silencio y su atención estaba sobre mi. Algunos hablaban en susurros entre ellos, claro, ¿Quién me defendería de esa forma?

Sintiéndome extrañamente enferma, me levanté agarrando la manzana y salí de allí prácticamente corriendo.

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