Del cielo al infierno.

“Un problema con nombre y apellidos: Harry Styles”
Tras el inesperado asesinato de su madre, Allison Selley es internada en un nuevo instituto por irrefutable decisión de su padre. Su vida se llena de secretos y mentiras, y por si no fuese poco, llega él y pone todos sus principios patas arriba.
«Cínico y mujeriego eran los sinónimos de su nombre. Perfecto a los ojos de todo el mundo, menos para ella. Solo una prohibición basta para caer en la tentación.»
Ella parece ser diferente, y con una única regla irrompible: «Prohibido acercarse a menos de tres metros de él. »
Harry la quiere bajo sus sábanas, ella a él bajo tierra.
Él tiene todo lo que ella detesta en un tío.
«Los opuestos se atraen.»

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7. NO TE HA DEJADO SATISFECHO, ¿O QUÉ?

●Allison:

Pegó nuestras frentes, y se acercaba, llevé las manos a su pecho para separarnos. ¿Qué se creía? Rozó mis labios, y clavó sus ojos verdes en los míos. No podía acercarse más sin besarme. ¡Iba a hacerlo otra vez! Utilicé mi fuerza en vano ya que no conseguí separarlo de mí, al contrario que el sonido proveniente de unos tacones hizo que se distanciase.
—La biblioteca no es lugar para hacer manitas –dijo la encargada, caminando con la espalda recta y unos taconazos, cual pasarela, hacia la mesa– Y tú ya deberías saberlo, Styles.
—Disculpe, señorita Anderson, no volverá a pasar –le contestó Harry, impresionándome por su tono tan serio. Ambos tomaron asiento a la vez y yo me senté al lado de mi compañero, ni un libro, ni una enciclopedia, nada más que el guión del profesor. Sabía que me esperaba una tarde difícil.

[ ... ]

Me dejé caer en la cama, agotada de tanto andar de aquí para allá. Habíamos conseguido escribir las primeras páginas del dichoso trabajo, pero aún nos quedaba bastante. Y desde que había vuelto de la biblioteca, no me había movido de la habitación. 
Sam, seguiría en el club, o en alguna otra habitación haciendo de las suyas. 
Di otra vuelta a la izquierda. ¿Y si salía a algún sitio? Volví de nuevo a girar a la derecha. Las siete y media...¿A qué hora cerraba el club? Giré a la izquierda hasta que me metí un porrazo con el suelo. 
—¡Harry! –exclamé en el suelo. El golpe debía haberme afectado. Había dicho que él no iría al club hoy...¿Le hacía una visita?

Oh, genial, el golpe me había dejado tonta. 
El aburrimiento volvió a recorrerme de la cabeza a los pies, y entonces barajé otras opciones. Me había cambiado de ropa como unas tres veces, había hecho malabares con lápices, saltado encima de mi cama y de la de Sam...Harry parecía la mejor opción. Y una visita pequeña, es una visita. Ni que fuéramos a copular como conejos. 
Antes de cambiar de opinión y mi bipolaridad saliese a relucir, abandoné mi habitación y me adentré en los pasillos masculinos. Recordaba el número de su habitación...13. 
Ante las miradas curiosas y de deseo que me lanzaban los demás tíos del pasillo, seguí avanzando hasta llegar a la puerta. Un último suspiro, ¿En serio iba a llamar a su puerta? Estaba definitivamente loca.
Cuando llamé, nadie abrió. Esperé, ¿Y si no estaba? Esperé más, impacientándome y volví a llamar. Apesadumbrada por volver a mi habitación a un infierno de aburrimiento me di la vuelta, pero rectifiqué al oír la puerta abrirse. Aunque en el umbral de aquella puerta no estaba a quién yo buscaba. 
Y tampoco me disgustaba. Cubierto únicamente por una toalla, recorrí de arriba a abajo con la mirada al chico rubio que tenía delante de mí, y sentí como automáticamente se me quedaba cara de boba. 
—Perdona, acabo de llegar de las duchas...Eres la nueva, ¿Allison, no? Encantado de conocerte por fin, soy Niall.
Dejé de babear por su cuerpo y lo miré a los ojos. De un azul profundo, que escudriñaban hasta la última parte de mí. 
—Sí...–balbuceé, hasta era posible que lo hubiese dicho en balleno– Sí, soy yo, e igualmente...¿Está Harry? –pregunté, aunque automáticamente me di cuenta del error que había cometido. Sabiendo como es el ricitos, su amigo ahora me soltaría una frase como "Vaya, vuelves a buscarlo, ¿Ya no puedes vivir sin él?"
—Pues... Ahora mismo no está, salió hace un rato, probaste a buscarlo en el club? –contestó, dejándome impresionada, aparte de embobada por su pelo rubio, chorreando agua, que caía por su torso desnudo de manera muy sexy. 
Mi sex appeal subió de golpe, e intenté centrarme, inútil, hasta que me encontré con su mirada impaciente.
—Eh, lo siento...–seguí balbuceando– ¿Y sabes cómo llegar al club? 
—Puedes bajar al sótano y seguir recto, encontrarás una puerta grisácea que da directamente al patio trasero. Tan pronto salgas, lo ves. 
—Muchas...gracias. 
Sonrió y desapareció tras la puerta. Me quede quieta y aún embobada. Vaya, pues sí que están bien sus amigos... 
De vuelta en las escaleras del sótano, –a este paso me pasaría toda la tarde a vueltas– caminé por los pasillos del sótano siguiendo las indicaciones de aquel cuerpo de dio...digo Niall. ¡El problema es que absolutamente todas las puertas eran de color grisáceo! Para mi salvación, un cartel de «EXIT» colgaba de una de ellas. Caminé a paso rápido hacia ella, pero me detuve al escuchar...¿gemidos? Sí, sí eran gemidos y gritos de alguien. Alguien estaba follando detrás de la puerta que tenía al lado. 
—Sí, sigue... Mía –escuché, y entonces, descubrí que no era otro que Harry Styles el que estaba detrás de aquella puerta. 
Y por eso había tenido tanta prisa en irse de la biblioteca. Pasé de lo que se supone que estaban haciendo y caminé a paso rápido y sin mirar atrás hasta que estuve en las puertas del club.
‘’ Hora de divertirse ‘’ –di por echo.

● Harry:
—Han venido a buscarte antes -soltó el rubio en cuanto entré por la puerta. 
—¿Quién? ¿Y qué querían? 
—La nueva, Allison. –dijo, y puse los ojos en blanco– Y no lo sé, no me lo dijo, solo sé que después me preguntó dónde estaba el club. 
—¿Estás seguro?
—Sí. Aunque yo me daría prisa, si es verdad que quieres ser el primero en llevártela a la cama. ¿Quién no folla en el club? 
Antes de que pudiese terminar de decirlo yo ya estaba corriendo escaleras abajo. Todos los tíos del instituto lo sabían. El que se atreviese a tocarla… ¡Harry Styles las probaba primero! Las hacía pasar por su cama y después como si las subastaban. 
Desde fuera podía escucharse perfectamente la música alta de más. Recorrí el interior con la mirada aun permaneciendo en la entrada. Ni rastro, y tampoco sería fácil encontrarla entre la gente ya que esta no era muy alta. Seguí buscándola hasta que una carcajada estridente sonó por encima de la música. Entonces supe que era ella, que estaba en los sillones, y que eso no era bueno. ¿A qué se iba a los sillones? A follar. Y me daba absolutamente igual cortarle su noche de sexo y pasión. Me moví con dificultad entre la gente hasta que logré llegar. No estaba en medio de una “noche de sexo y pasión” pero estaba completamente ebria y unos tres tíos la manoseaban cual bote de Nutella. 
—¿Estáis seguros de querer seguir haciendo eso? –pregunté a uno de los tíos que ya pretendía tocar algo indecente, apoyándome en la pared con mi pose de arrogancia especial para estos casos. 
—Hey… pero si es Styles. ¿Qué te trae por aquí? ¿Mía no te da suficiente? 
—Ella me da lo que nunca te dará a ti. Y si no te importa, me la llevo. –dije señalando a la chica, a la que poco le faltaba para perder la conciencia completamente. A saber lo que había en el vaso que tenía en la mano. 
—Ya tienes a Mía, esta es nuestra. 
—¡Yo no soy de nadie! –logró decir, pero el rubio que tenía al lado la calló volviendo a manosearla. 
—Evans, no creo que te convenga tener más problemas de los que ya tienes… y que los dos sabemos. 
La cara del moreno cambió completamente y a regañadientes hizo una señal a sus amigos que dejasen de sobar a la nueva. Con una sonrisa triunfante la cogí en brazos y salí de allí, no sin antes mirar con superioridad a Erik Evans. Y marcaba otro punto a mí favor. 
—Bájame. –dijo tajante una vez salimos de allí. 
—¿Estás demasiado ebria para hablar y pretendes caminar?
—Es mi problema, no el tuyo. 
—El alcohol te afecta, ¿en tu casa no te han enseñado a no aceptar nada de desconocidos? 
—Sí, y a no irme con ninguno de ellos, así que bájame. 
—¿Cuál es tu habitación? –pregunté a la vez que nos adentrábamos en los pasillos femeninos.
—¿Qué? Pero te he dicho que…
—Y yo he dicho que cuál es tu habitación. 
—La sesenta y nueve –dijo y me detuve al escucharlo.
—¿En serio? –dije gracioso– ¿O lo dices porque quieres sexo?
—¿Qué te hace creer que te miento o que quiero sexo contigo? 
—Todo el mundo quiere sexo conmigo.
—Ni soy todo el mundo, ni soy Mía. 
Me detuve en mitad de aquel pasillo desierto, ¿se había enterado de lo de Mía? 
—¿Mía? 
—No te dejó satisfecho esta tarde, ¿o qué? –¿Cómo sabía lo de…? ¿Se lo habría soltado Niall? ¿O Evans? 
—¿Qué importa ella en esto? –dije caminando hacia la puerta sesenta y nueve.
—Te la has follado hace…¿dos horas? ¿¡Y ya buscas a otra!? 
—No es otra, es la diferencia. Puedo tener sexo donde quiera cuando quiera, todas están a mis pies. –cerré la puerta de la habitación con el pié una vez entramos, y aun así no la bajé de mis brazos. 
—¿¡Crees que puedes tener a quién quieras, cuando quieras!? ¿Cómo puedes ser tan cínico? ¿¡Y a mí!? ¿Crees que puedes decirme un “ya” y que yo corra detrás de ti para que me folles? ¿¡En serio crees que así tendrás sexo conmigo alguna vez!? –me gritó a la cara.
—Sí, y es lo que voy a hacer ahora mismo. –dije recostándola sobre la primera cama.

 

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