Del cielo al infierno.

“Un problema con nombre y apellidos: Harry Styles”
Tras el inesperado asesinato de su madre, Allison Selley es internada en un nuevo instituto por irrefutable decisión de su padre. Su vida se llena de secretos y mentiras, y por si no fuese poco, llega él y pone todos sus principios patas arriba.
«Cínico y mujeriego eran los sinónimos de su nombre. Perfecto a los ojos de todo el mundo, menos para ella. Solo una prohibición basta para caer en la tentación.»
Ella parece ser diferente, y con una única regla irrompible: «Prohibido acercarse a menos de tres metros de él. »
Harry la quiere bajo sus sábanas, ella a él bajo tierra.
Él tiene todo lo que ella detesta en un tío.
«Los opuestos se atraen.»

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8. ELLA...ELLA ESTÁ MUERTA.

● Allisson: —Por favor, Harry, ¡sal de encima de mí! –dije pataleando y pegándole puñetazos en el pecho; todo completamente en vano. Él ya estaba besando mi cuello a lo bruto y sin control– Sabía que eras un sexo-adicto, ¡pero no un violador! —No es violación cuando los dos quieren –dijo mientras intentaba quitarme la camiseta. —¡El problema es que yo no quiero! –exclamé intentando zafarme de su agarre, pero nada me libraría de esto. —Todas quieren –añadió y se deshizo de mis pantalones y de su camiseta, mientras lo hacía conseguí quedarme sentada en la cama y seguí intentando librarme de él. —¡Violador! –grité. Me empujó a lo bruto contra la cama y dejó un rastro de besos en el borde de mi sujetador, controlaba completamente mi cuerpo ya que yo ya no era capaz ni de patalear. Coló una mano por debajo de mi espalda e hizo que esta se inclinase inconscientemente. —Has caído. –susurró en mi oído cuando logró rozar el broche de mi sujetador. Esas dos palabras me hicieron abrir los ojos de golpe. Tenía claro que no iba a caer y que yo era la que dominaba. Saqué fuerza de la rabia que había producido en mí que me hablase cual zorra abierta de piernas y conseguí levantarme de la cama. En ese momento lo que menos me importaba era estar en ropa interior delante de un casi desconocido, si no el tono de sorna y prepotencia con la que me lo había dicho. —Si no conseguías acostarte conmigo no eras feliz. No eras capaz de dormir tranquilo por si alguno se te adelantaba, ¿no? ¡Tenías que hacerme caer! ¡El gran Harry Styles tiene que ser el primero siempre! Claro que no, Harry, no he caído, no soy Mía y te lo dije antes. A mí no me tendrás nunca. Acepta que ha llegado alguien que no se muere por ti ni por pasar una noche entre las sábanas contigo. No pararás hasta conseguirlo ¿o qué? —Veo que lo pillas, si al final resulta que no eres tan tonta como creía –dijo con arrogancia, y ahora me planteaba si su idiotez había crecido. —Escúchame bien, salido, no me verás entre tus sábanas, ni en tus sueños. —¿Y tú crees que tengo tanto interés en ti como para que aparezcas en ellos? Vamos, guapa, eres la nueva y pasarás por mi cama como lo han echo todas, y luego, como si te subastan –dijo con una sonrisa falsa para después levantarse. ¿Tenía la intención de acercarse después de esto? ¿Sin miedo de que le rompiese un jarrón en la cabeza? —¿Así que es eso? ¿Quieres probar a la nueva? Según lo que has dicho...¿Una vez que lo hagas no existiré, no me hablarás, ni me mirarás, no te acordarás de mi cara ni de mi nombre? No contestó, su cara hizo una mueca de duda y luego se volvió seria. —Supongo... –susurró más como pregunta que como afirmación– Sí –acabó diciendo. —Bien Harry, vamos a hacerlo –dije caminando hacia él y empujándolo haciendo que cayese sentado en la cama. —¿Eres bipolar? –preguntó pasando sus brazos alrededor de mi cintura al ver que me sentaba a horcajadas sobre él. —No, lo hago para librarme de ti de una vez por todas. Recuerda, después de esto no existiré, saldré de tu vida y tú de la mía. Para siempre. Su mueca cambió y se volvió indescriptible e indescifrable. Expiró profundamente y me dejó caer a un lado, colocándose sobre mí. Negó con la cabeza y salió de la habitación cerrando la puerta fuertemente después de coger su camiseta. —Bien, Allisson –maldije. [ ... ] Entré en la cafetería cerrando bruscamente la puerta. Me había quedado dormida y Sam me esperaba ya en la mesa de ayer. Decidí no contarle el "problema" que había tenido con Harry por la noche, simplemente me había echo la ebria y había fingido dormir, cosa que no había logrado en toda la noche, la que pasé intentando entender el comportamiento del señor idiota, prepotente y engreído, Styles. Cosa que no había conseguido. Caminaba hacia la barra dándole vueltas al bono del desayuno, hasta que parejita del mes se me puso delante. Ella, tan pelirroja tetona y un culo como el de Nicki Minaj, y él, tan cínico como siempre, con su imagen de arrogante y prepotente, tanto que no podía ser otro que Harry Styles. —¿Es ella? ¿''Esto'' es la nueva? –preguntó con aires de superioridad la chica, a lo que Harry se limitó a soltar una carcajada. No estaba para bromas, así que pasé de su juego e intenté hacerme paso a un lado de ellos, pero estos, se movieron. —¿Qué te pasa? ¿Te comió la lengua el gato? ¿Eres sorda? –dijo provocando que Styles riese más y entonces estallé. —¿Y tú que eres? ¿La prueba de que no solo las rubias son retrasadas? —A mí no te me pongas rufa, enana. Por un segundo maldije que los dos me sacasen una cabeza, pero rectifiqué, nada me impediría dejar sin pelo a la zorra de turno. —¿Alguna otra frasecita de niña repelente? —¡Te vas a enterar zorra asquerosa! –exclamó haciendo que toda la cafetería se girase para vernos. Irónico que sea ella quién me lo llame. Abrió y levantó una de sus manos, con intención de asustarme. No se atrevería a pegarme, no fuese a ser que se le rompiese una uña. —Déjala, Mía, no merece la pena –dijo este, cogiéndola del brazo y llevándosela a una mesa. Frases como "sí, ¡id a copular como conejos a una habitación!" y "¿Por qué no le cuentas nuestra agradable noche de ayer?" me entraron ganas de gritarle, pero no me rebajaría. Callé y me senté en la mesa después de conseguir el desayuno. —¿Problemas con Styles otra vez? –preguntó, debido a lo obvio que era. —¿Otra vez? ¡Siempre son con él, Sam! Desde que ayer a la noche estuvimos a punto de... –solté pero me llevé la mano a la boca y golpeé mi frente. —Allisson Selley, –dijo– ¿Qué me estás ocultando? ¡Suéltalo! —Ayer... –comencé mi relato, sabía que lo gritaría– casi... —¿Casi, que? –me apuro —Casi me acuesto con Harry Styles. —¿¡Que!? –grito como yo había supuesto, pero antes de que pudiese seguir gritando le tapé la boca con la mano– Te has follado a Harry? Ya!? –susurró. —No! He dicho casi –dije haciendo movimientos con el tenedor para restarle importancia. Unté mi tostada, rezando porque dejase el tema de lado– ¿Y tú qué? Ayer por la noche volviste a las tantas. —Yo, ya sabes, lo normal. Pero tú has… Joder ¡y con Harry! —¡Y dale! ¡Qué te dije que no! –suspiré, no debí haber abierto mi bocaza. —¡Eh nueva! ¿Así que eres una rajada? –gritó la noviecita del rizos y supe por qué era, se lo había dicho todo, por lo que me limité a enseñarle mi dedo corazón– ¡Tu silencio lo dice todo! –siguió gritando–¿Por qué no vuelves con tu mamá? –finalizó con la risa de los demás y una leve risa de Harry. Apreté los puños y cerré los ojos reteniendo las lágrimas. Mi madre había muerto y nadie me había dicho por qué. Salí a paso rápido cuando estuve segura de no poder contenerlas más. Empujé la puerta con fuerza pero esta no llegó a cerrarse. Otra persona había salido detrás de mí. Aun así seguí caminando y limpiándome las lágrimas, no contaba con que sucediese esto, no contaba con que ella muriese…¡Yo no tendría que estar aquí! Tres meses… solo tres meses y volvería a casa, quizás todo fuese una pesadilla y ella… O quizás me acabé volviendo completamente loca. Hice memoria y recordé que el pasillo de mi taquilla estaba hacia la izquierda, pero no me dio tiempo, una mano tiró de mí pegándome a la pared. —Pensé que me dejarías en paz –dije al descubrir quién era. —Y yo que eras lo suficientemente inteligente saber que no. —Deberías estar con Mía. —Y tú deberías no haber huido –soltó y lo miré interrogante– Vamos, no te tendrías que haber tomado tan al pié de la letra lo de irte con tu madre… —¡Eso me molesta! –le corté– ¡Que habléis de ella y me recordéis lo que ha pasado! ¡Me importa una mierda lo que piense tu furcia de mí, y créeme que si pudiera irme con mi madre, lo haría! Pero ella…ya no está. —¿No está? –preguntó confuso. —Ella… ella está muerta.
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