Del cielo al infierno.

“Un problema con nombre y apellidos: Harry Styles”
Tras el inesperado asesinato de su madre, Allison Selley es internada en un nuevo instituto por irrefutable decisión de su padre. Su vida se llena de secretos y mentiras, y por si no fuese poco, llega él y pone todos sus principios patas arriba.
«Cínico y mujeriego eran los sinónimos de su nombre. Perfecto a los ojos de todo el mundo, menos para ella. Solo una prohibición basta para caer en la tentación.»
Ella parece ser diferente, y con una única regla irrompible: «Prohibido acercarse a menos de tres metros de él. »
Harry la quiere bajo sus sábanas, ella a él bajo tierra.
Él tiene todo lo que ella detesta en un tío.
«Los opuestos se atraen.»

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2. DEL CIELO AL INFIERNO.

● Allison:

—No, no y no –dije otra vez, ya sentada en los asientos de aquella limusina negra– no iré a ese internado de niños pijos y prepotentes.
—¡Quieres callarte niña! Irás y no hay nada que hacer. 
—Si mamá estuviese aquí… –comencé a decir, pero callé. Sabía que aquello dolía. Me lanzó una mirada y me hizo comprender que no valía la pena patalear, refunfuñar o llorar. Iría internada a aquel lugar durante los próximos tres meses y ni aunque mamá siguiese viva, cambiaría de opinión. 
Suspiré y me crucé de brazos, no había hecho nada tan malo como para que quisiese librarse de mí. No dije nada durante todo el camino, y mi “padre” tampoco. Lo único que rompía ese silencio era la emisora de radio que el chófer había escogido. Después de abandonar la cuidad de Nottingham, nos dirigimos a Sherwood, lugar donde viviría mi infierno durante tres meses. Conecté mi IPod, sabía que quedaba poco para llegar al acantilado donde estaba construido mi próximo hogar, aun así, dejaría que Hall of fame de The Script inundase mi cabeza, para despejar. 
Se me hizo corto el camino al acantilado, desde donde estábamos ya se podía leer perfectamente “Internado San Vicente de Paul” por fuera, no parecía Hogwarts, estéticamente… estaba horriblemente diseñado. Pero se conservaba. 
Bajé como un rayo una vez que la limusina se detuvo. Me ajusté la falda del internado, que ya me habían obligado a traer puesta, y como todo horrible internado, un horrible uniforme. En seguida advertí las miradas que algunos curiosos me lanzaban. También las percibí de desprecio. Pero ya sabía que no todo aquí iba a ser de color de rosa. Más bien, nada es de color de rosa en el infierno.

 
● Harry:
—¿Y? 
—Y ¿qué? –pregunté ya harto.
—¿No vienes a ver como es la nueva?
—Ni tengo ganas, ni me importa, Louis. 
—Aburrido –canturreó dando por finalizada nuestra conversación y saliendo tras los demás. 
Una nueva cara, una nueva chica a la que llevarme a cama, un nuevo corazón roto y un nuevo dolor de cabeza que me provocarían sus berrinches. Ninguna en el San Vicente se me resistía y sabía que esta no iba a ser diferente. Nunca me equivocaba. Y por eso la estancia aquí era cada vez más aburrida. Aunque un trimestre más y nadie me impediría largarme. 
Seguí soñando despierto con mi graduación hasta que mis cuatro amigos chiflados y ruidosos entraron haciendo el imbécil por la puerta. 
—En tres palabras: me la follaba. –dijo Zayn acercándose a mí.
—Lo que te has perdido gracias a tu pereza. –exclamó Lou dejándose caer en su cama.
—Tranquilos, chicos, pasará en mi cama este fin de semana. –les aseguré.


●Allison:
Asentía a todo lo que el director me decía sin prestar atención. ¿Cuánto faltaba para llegar a las dichosas habitaciones? 
—Y bueno… aquí es –dijo señalándome la habitación número 69 del pasillo femenino, la cual abrí con la llave que me había dado anteriormente. 
Y mis ojos volvieron a abrirse como platos, tenía la sospecha de que algún día se saldrían de sus órbitas. Normal, después de encontrarme ante un espacio reducido como aquel, y teniendo en cuenta que la caseta de mi perro es más grande.
—Estáis… de broma, ¿no? –dije cuando ya me parecieron suficientes los vaciles. 
—Y tu compañera debería de estar por ahí… ¿Señorita Morrison? –preguntó el director, una vez dentro, y una morena de ojos miel clarísimos, aún vestida con un pijama de vaca de cuerpo entero, apareció– Ella es Allison, su nueva compañera de habitación. 
—¡Encantada! –exclamó dándome dos besos rápidamente, ¿había tomado “Enerjeizer” o algo así? Estresante. 
—Todo lo que quiera, hable conmigo, señorita Selley. –dijo y sonreí falsamente acercándome a mi padre. 
—Es una broma, ¿verdad? 
—Nos vemos en tres meses, cariño. 
—¡Pero mira esto! La caseta de Toby es más grande.
—Pásalo bien. –dijo ignorándome completamente y salió de aquí, seguido por el chófer. Y el único sentimiento que ahora mismo había en mí, era de odio.

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