Sólo un segundo más.

El mundo está lleno de preguntas. Preguntas que se pueden resolver, y que no.
¿Estoy haciendo lo correcto? ¿Se pueden meter cinco magdalenas en la boca? ¿Es posible que una estrella del cine se enamore de una chica normal y corriente?
Isabella Hudson, una chica de dieciséis años, castaña y de ojos marrones, un día como otro cualquiera, está acompañada de su mejor amiga, Daniela, en la cafetería de la esquina. Una Pepsi le regala una cita con el actor de moda: Ashton Anderson. Después de las insistencias de su amiga, se ve forzada a asistir a dicha cita.
Ashton Anderson, se ha visto forzado a regalar una cita a un afortunado, ya que su próxima película debe de ser un éxito conocido mundialmente. El chico de veinte años, moreno y de ojos verdes, conocerá a Isabella una noche de invierno. Sentirá una enorme atracción por ella, quizás porque es la única chica que no se interesa por él.
¿Es cierto que lo imposible es irresistible?
Todo son preguntas. ¿Te quedas conmigo para resolverlas?

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2. Capítulo 2.

El vaso de Ashton se llena de nuevo, mientras que el de Isabella no se ha vaciado ni una vez.

-¿Seguro que no quieres probarlo? Está muy rico.

-No, de verdad.

-Al menos te pediré agua, sino te atragantarás con ese solomillo. ¿Está rico? -Dice mientras levanta la mano y le hace un pequeño gesto al maître. Le pide una botella de agua y se vuelve a marchar.

-Sí, está delicioso. ¿Y tu pez espada?

-Le falta algo de sal, pero está rico. Así que tienes dieciséis años... algo pequeña para mí.

Con la última observación Isabella se sonroja. ¿Quiere salir con ella o es marketing?

-Sí. Tú veinte, ¿no? Mi mejor amiga me lo habrá dicho unas mil veces.

-Sí. Me encantaría conocerla, tiene que ser genial.

-¿Por ser tu fan? -Ríe y parte un trozo de solomillo.

-No, hablas muy bien de ella.

-¿Quién es tu mejor amigo?

Ashton ríe y toma un trago de vino.

-En este mundo no se puede tener mejor amigo. Todo el mundo te traiciona o te vende. En todo caso, mi mejor amigo se llama Luke.

-¿Luke? No lo conozco para nada. ¿Es de cine mudo? Nunca he visto una peli muda.

Vuelve a reír y toma un trozo de pez espada.

-No, no es actor. Luke es mi perro, un Shar Pei de un año.

 

Ashton le deja la tarjeta de crédito sobre el papel que indica la cuenta. Marca el código y el maître se marcha.

-¿Ha sido caro?

-Está bastante bien para lo que hemos comido. Doscientos euros.

-Eso para mí es carísimo, Ashton. -Ríen.

-Está lloviendo, perfecto -dice Ashton mientras mira por la ventana-. Sólo he traído mi moto, me pondré chorreando.

-¿Por qué no vas en el coche del concurso? Es enorme y sólo vamos dos personas.

-¿Y la moto? No puedo dejarla aquí. No, voy en moto. ¿Te llevo a casa?

-Iban a venir a por mí.

-Da igual, te llevo yo.

Se levanta y contempla cómo la chica sigue sentada. Sonríe.

-¿Vienes o te teletrasporto?

Ambos agarran sus chaquetas y se marchan del lugar.

-Espera, voy a por la moto y te recojo aquí para que no te mojes. Eh, eh, ¿qué haces?

-Me quito los zapatos, me están matando. Y además, con ellos no puedo correr.

A los pocos minutos, Ashton la espera justo en frente de la entrada y ella corre para montarse en la moto.

-¿Dónde vives?

-A tres manzanas del Boots, en la calle South.

-Agárrate. -Le coge las manos y las introduce dentro de la chaqueta, y después agarrando su dorso-

 

-Aquí, en el cuarenta y seis. -Dice Isabella mientras baja y corre hasta el techado de la entrada de su casa.

Ashton también baja, y se une con ella en él.

-Bueno, ha sido un placer que hayas sido tú la ganadora. Ya me imaginaba cenando con un hombre calvo y gordo.

-También ha sido un placer, de veras.

-¿Qué tal si me das tu teléfono? -Dice mientras se toca el pelo con la mano derecha, nervioso.

-Verás, no llego tan lejos en la primera cita... -Susurra. Ambos ríen.

-Está bien, está bien. Nos vemos pronto.

 

El despertador suena a las siete de la mañana y lo maldice una y otra vez. Lunes, los odia. Ayer, se acostó a las doce y media de la mañana y ahora está cansada. Oyó a sus padres llegar a las dos, y bendijo la hora en la que no se los encontró al llegar. Se mete en el baño: se ducha, se lava los dientes y se cepilla con los dedos el pelo.

A las ocho, se escucha el timbre y la voz de Daniela desde el portal.

 

-¿En serio te pidió tu número?

-No te mentiría, Daniela.

-¿Y no se lo diste? ¿Eres tonta?

-No. No tengo posibilidades con ese tío.

-¡Y tú qué sabrás!

Las chicas pasean hasta el Boots, donde el día parece más largo que nunca.

 

La campana suena a las tres de la tarde, y en las aulas vuelve a reinar la tranquilidad y el silencio. Sin embargo, en los pasillos, todo el mundo grita y empuja para salir por fin de clase.

-Y eso que hoy es lunes. ¿Qué pasará el viernes?

-Vendremos con cascos -dice Daniela mientras un chico la aplasta a su derecha- ¡Eh tú, mira por dónde vas!

Al llegar al portal cuarenta y seis de la calle South, encuentran a un chico en una moto.

-No puede ser. -Dice Isabella separando cada palabra por una pausa.

El chico baja de ella, se arregla la chupa y los vaqueros. El cabello negro da la vuelta hasta mirar a las dos chicas. Sus ojos verdes inconfundibles se clavan en la castaña, Isabella. Es Ashton.

-Me va a dar algo, Isabella.

-Respira, sobre todo respira.

-¡Anda, pero si nos volvemos a ver! -Dice Ashton mientras se acerca a ellas- Te dije que nos veríamos pronto -susurra mientras le guiña un ojo a la castaña de ojos marrones-.¿Qué tal?

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