Sólo un segundo más.

El mundo está lleno de preguntas. Preguntas que se pueden resolver, y que no.
¿Estoy haciendo lo correcto? ¿Se pueden meter cinco magdalenas en la boca? ¿Es posible que una estrella del cine se enamore de una chica normal y corriente?
Isabella Hudson, una chica de dieciséis años, castaña y de ojos marrones, un día como otro cualquiera, está acompañada de su mejor amiga, Daniela, en la cafetería de la esquina. Una Pepsi le regala una cita con el actor de moda: Ashton Anderson. Después de las insistencias de su amiga, se ve forzada a asistir a dicha cita.
Ashton Anderson, se ha visto forzado a regalar una cita a un afortunado, ya que su próxima película debe de ser un éxito conocido mundialmente. El chico de veinte años, moreno y de ojos verdes, conocerá a Isabella una noche de invierno. Sentirá una enorme atracción por ella, quizás porque es la única chica que no se interesa por él.
¿Es cierto que lo imposible es irresistible?
Todo son preguntas. ¿Te quedas conmigo para resolverlas?

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1. Capítulo 1.

El carmin color rojo se desliza por sus carnosos labios mientras se examina en el espejo. Deja caer un mechón de la parte derecha de su cabello.

El vestido corto blanco y los tacones verdes de escándalo de Daniela le sientan fenomenal.

Todo empezó hace dos días, cuando las dos chicas estaban charlando en una cafetería sobre lo que harían en el fin de semana. El camarero se acercaba a paso de caracol hacia la mesa número nueve. La bandeja iba de izquierda a derecha y en cualquier momento, al suelo.

-¿Qué desean?

-Un café bombón para mí y...

-Para mí una Coca-Cola.

-No tenemos Coca-Cola, lo siento. ¿Te parece bien una Pepsi?

Asintió con la cabeza y el inexperto camarero se marchó a paso más ligero.

-¿Una Pepsi? ¿En una cafetería? No tienes remedio, Isabella...

-¿Qué? Sabes de sobra que no me gusta el café.

El camarero vuelve de nuevo, con la bandeja de un lado a otro y temiéndonos lo peor.

-Aquí tienen. -Dice mientras deja las bebidas delante de las respectivas personas. Se marcha de nuevo.

-¿Entonces, qué harás? -Dice Isabella mientras vierte la Pepsi en el vaso de tubo y le da un pequeño sorbo.

-Básicamente me gustaría ponerme al día con Lengua. Aún no me he estudiado los resúmenes y se me está echando el tiempo encima. ¿Tú?

-No he planeado nada. Supongo que lo mismo, aunque siempre estudio el día de antes, me esforzaré para este examen.

-¿No quieres ver si has tenido suerte?

-¿Qué?

-La Pepsi. Tiene un concurso. Deja que lea. -Agarra la Pepsi y lee en alto. - Pepsi regala una cena con el chico del momento. ¡Ashton Anderson, el actor de 'Sólo un minuto más'! ¿Quieres probar suerte? ¡Tómate una Pepsi!

-¿Quién es ese?

-¡Ashton Anderson! ¿No sabes quién es? A veces no creo que seas de este planeta. ¡Sólo un minuto más fue la peli que vimos hace unos meses! Ya sabes, esa en la que el chico malote se enamora de la guapa y al final mueren en un accidente. Arranco la pegatina y nos quitamos la duda. -Lo hace, con sumo cuidado y con una sonrisa. - Y la etiqueta pone... -hace un sonido de tambor- ¡Felicidades, has sido el elegido!

-¿Yo? ¿En serio? Déjame ver.

-Qué envidia, ya puedes ir guapa.

-No voy a ir. Me parece sumamente penoso.

-Irás. Como que me llamo Daniela que irás.

Llama al número que aparece en la etiqueta e informa que ha ganado (quiera o no) el premio que anuncian. La voz de una mujer que ronda los sesenta le dice que el domingo un coche pasará a por ella y la llevará al restaurante 'Sweet Palace'. Le pide que le de su dirección y teléfono e Isabella, a petición de Daniela, acepta.

 

-¿Te has pintado los labios?

-Que sí, cansosa.

-Te he llamado para que me digas de qué le vas a hablar a mi Ashton.

-Pues no tengo ni idea. Odié su película y no sé nada de su vida.

-Listo, pregúntale sobre su vida. Así te conoce a ti también.

El telefonillo suena.

-Espera, tengo que contestar. -Agarra el telefonillo y procede a hablar- ¿Si?

-¿Señorita Hudson?

-Sí, soy yo.

-Soy su chofer, su coche está listo.

-En seguida bajo. -Cuelga el telefonillo y vuelve al teléfono- ¿Lo has oído? Tengo que dejarte ya. Mañana te cuento todo en clase.

-¡Pásalo bien! Y recuerda que es mi Ashton... no le hagas nada.

-Son todos tuyos, Daniela. -Ríen y cuelgan casi al unísono.

El perfume sale del frasco y se aproxima a su piel. Se aproxima al ropero y saca una gabardina color verde y se la enfunda alrededor de sus brazos.

Suerte que sus padres también han ido a cenar, se tendría que ver obligada a responder miles de preguntas y más hoy, viendo el cambio de indumentaria y de rostro que muestra.

Después de haber merecido un premio por bajar las escaleras desde un tercero con esos tacones, y cinco minutos de trayecto (acompañada de la señora que la atendió al teléfono hace dos días), un cartel brillante rosa adorna el reflejo del retrovisor. En el cartel se lee 'Sweet Palace'. El chofer se baja y le abre la puerta, no acompañado de su brazo, para que la joven dama no se haga ningún daño.

-Que tenga una maravillosa noche. La espero en la puerta a las doce.

-Muchas gracias, hasta luego.

Entran al restaurante y la señora mayor habla con la chica que está a la entrada. Avanzan hasta la mesa de la derecha, al lado de una ventana que deja ver las grandes vistas de Londres. Deja la gabardina en el sillón y se sienta.

-Aquí te dejo. Nos vemos a las doce. Ashton llegará pronto. Espero.

El maître se acerca a la mesa y con una sonrisa se dirige a la joven chica:

-¿Qué desea tomar, señorita?

"No pidas Coca-Cola", es el único pensamiento que tiene en la cabeza.

-¿Qué vinos tienen?

-Le recomiendo el especial de la casa, es un tinto de procedencia italiana. "Gioventù", algo dulce.

-Pues una copa de... eso.

Pasan diez minutos y Ashton no llega. La copa de vino está intacta, ya que odia el vino. Pero tenía que disimular y no parecer idiota por pedir una Coca-Cola en un restaurante conocido mundialmente por su clase. Observa las vistas y de pronto toda la gente se vuelve para contemplar la puerta. Un apuesto chico moreno y de alta estatura destaca entre las cabezas. Se aproxima a la mesa de Isabella, que sigue mirando por la ventana.

-Hola, soy Ashton. ¿Eres Isabella?

Sobresalta en un salto. El chico ríe, se quita el abrigo color negro y lo deja en su sillón.

-Sí. ¿Sabes lo que es la puntualidad?

-Sí, lo siento, unos paparazzi me han entretenido. ¿No me das dos besos?

-Emm... sí. Claro.

El brazo del joven se enrosca a la cintura de Isabella. Sus mejillas se juntan y su pequeña barba le pincha. Los dos vuelven a sentarse y el maître se acerca.

-¿Qué desea, señor Anderson?

-¿Estás tomando vino? ¿Está rico?

-Sí. Está delicioso. -Sonríe disimuladamente.

-Tráigame una botella del mismo vino que el de la señorita, por favor.

-Faltaría más.

-¿Cuántos años tienes?

Los ojos verdes la examinan y siente que se va a morir de un momento a otro. Daniela tenía razón todas esas tardes mientras le enseñaba fotos de Ashton en su móvil, era guapísimo. En 'Sólo un minuto más', maquillado hasta las cejas, era un poco... irreal. Además, ese vaquero pitillo y esa camisa color blanca le quedan tan... bien.

-Tengo dieciséis.

-¿Y te dejan beber vino? Es decir... ¿te gusta el vino? Claro, así vestida y maquillada pareces mayor.

-No y no. Odio el vino, pero no quería pedir una Coca-Cola, parece ridículo.

El chico vuelve a reír y la mira de nuevo.

-Es algo ridículo, he de decirlo. -Susurra mientras se acerca más a ella.

Ahora es ella la que ríe. El maître llega con la botella y la deja en la mesa.

-Bueno, y cuéntame, ¿estudias?

Suena 'Best Song Ever', de One Direction en el teléfono de Isabella. Es un mensaje. De Daniela.

¿Qué tal va? Recuerda: si te pregunta cosas sobre tu vida, le interesas. O... es simpático.

-¿Eh? Sí, estudio en el Boots, a dos manzanas de aquí. ¿Y tú? Ah, claro, qué pregunta más absurda, no estudias. Quiero decir, estudiarás. O no. No sé.

-¿Estás nerviosa? -Ríe- Ya sé que vuelvo locas a las chicas de vuestra a edad.

-No, no estoy nerviosa. Siempre soy así de... ¿ocurrente? Sí, ocurrente.

-Es decir, ¿no eres fan mía?

-No. Vi 'Sólo un minuto más', pero por acompañar a mi amiga. Que no es fan, es una obsesionada. Se hace llamar Señora Anderson.

El chico echa a reír una vez más y sorbe un trago de la copa de vino.

-No diría que eres ocurrente. Eres divertida. Y guapa.

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