Simona

Imaginar sus caricias me recuerda el olor de su piel, la brisa en las noches frías me recuerda el sabor de sus besos, y los pensamientos en las noches de insomnio me preguntan en cómo podrá ella estar, dónde fue a parar y en lo hermosa que a lo mejor podrá estar.


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2. Recordando



—¿Cuál es tu problema? –La voz de Sam choco con mis pensamientos. Lo mire callado.
—Nada…estoy estresado por el trabajo –Musite en voz baja.
—Vaya, hombre, hoy en día no engañas a nadie –Me miró fijamente- Es la chica, ¿No?
Por la cara que puse, el supuso que así era.
Suspire y tome el papel de petición por una nueva casa campestre para una familia de cuatro personas.
—¿Hace cuánto paso eso? –Sam  aparto los papeles y gruño para que lo mirara.
—Cuatro años.
—¿Me estas jodiendo? –Pregunto casi sin creerlo y yo rodee mis ojos, aunque sabía que era un poco increíble. Su reacción no me impresiono para nada.
—No.
—¡Vaya! –Dijo rascando su cabeza mirando a un punto fijo y luego volvió a mirarme.
—¿Qué tal si cambio de tema?
—Haz lo que quieras –Dije mirando de nuevo los papeles tratando de olvidar aquella conversación.
—Bien, le pediré matrimonio a Paula  –Informo alegre y saco el anillo de su bolsillo.
—Genial, yo haría lo mismo con Simona, pero recuerda que no está, maldito idiota –Tire los papeles al escritorio y puse mis manos en mi cabeza frustrado – No te imaginas lo mucho que la extraño, Sam.
—Cálmate, amigo –Poso su mano en mi hombro como símbolo de consuelo.
—¡Estoy enloqueciendo! Esa mujer era la indicada. ¿Y qué digo? ¡Es la indicada! –Hable recordando una vez más su hermoso rostro.
—¿Y si te desahogas? –Pregunto y lo mire.
—¿Qué quieres decir? –Pregunte.
—Cuéntame la historia, no te vendría nada mal, tal vez sacando tales recuerdos te sentirás mucho mejor –Propuso y le quite la mirada pensativo.
—No quiero olvidarla.
—No te estoy pidiendo que lo hagas –Lo mire de nuevo y el sonrió de medio lado – Te estoy pidiendo que confíes en mí, podría ser una gran ayuda para ti.
—Está bien, solo….No lo hablemos aquí –Pedí.
—¿Vamos a la cafetería? ¡Yo invito! –Se ofreció y sonreí sin ganas, apenas estaba a recordar el comienzo de la historia.
—Vamos –Dije parándome de la silla y saliendo con el de la zona de trabajadores, tomamos el pasillo y pedimos el ascensor, hablamos de su compromiso y al llegar a la cafetería compramos dos cafés, no se me hizo difícil recordar el día en el que conocí a Simona, pues casi siempre pensaba en ello y contárselo a alguien tal vez sirviera de algo. Tomamos asiento y lo mire serio.
—¿Y bien? –Pregunto tomando de su café.
—El principio de todo esto es más bien raro, ella se gustó primero con uno de mis amigos –Aclare.
—¿Cómo es eso? –Miro confundido.
—Pasaron muchas cosas, pero es mejor que empiece por partes organizadas.
—Tomate tu tiempo –Hablo Sam concentrado en lo que comenzaría a decir y yo solo sonreí al recordar.
—Fue en el verano del 2009….

-Flash back-

Estaba empacando las cosas para el intercambio que haría, apenas cabían las cosas en la maleta y en serio necesitaba más espacio, sería un gran verano, estaría con mis amigos y pasaría buenos momentos, como siempre.

—¿A qué horas dijeron que debías estar, Pablo? –Pregunto mi madre entrando a mi habitación y yo la mire pensativo.
—Seis y treinta, pero estoy casi listo, mama –Dije y ella miro mi maleta.
—¿Qué llevas ahí? –Pregunto y yo la mire aburrido.
—Ropa, mama, es ropa –Informe.
—No me creas estúpida –Mi madre camino hacia la maleta y la abrió, tenía bastantes CD’s, mi reproductor de música, mi laptop y unos pequeños bafles, necesitaba de la música para todo el verano, y no dejaría que me lo impidiera - ¿Y esto? –Me miro.
—Mama, soy un chico, necesito de eso, además…si mucho estaré siempre de pantalones cortos y una que otra camisilla, hace calor allá –Dije.
—¿Y los estudios? –Pregunto –Iras a un intercambio, no a payasear como hacen muchos.
—Lo sé, mama, pero debes aceptar que también tendré tiempo para mí, mis amigos y…. un poco de fiesta no estaría mal –Reí al ver la cara de espanto de mi madre.
—No quiero quejas, Pablo –Me señalo amenazante y yo continúe riendo.
—Lo prometo –Dije y la abrace.
—Cálzate, es hora de irse –Mi madre organizo un poco mi maleta de forma en la que pudiera cerrarse y al lograr su objetivo, la tomo en sus manos y la arrastro con dificultad – Emma te llevara –Dijo saliendo de la habitación y yo asentí.
—Bajo en unos minutos.

Me calce y tome uno de mis abrigos, luego unos audífonos junto con una caja de mentas, y por último la guitarra, esa no podía faltarme. Salí de mi habitación, acomode un poco mi cabello y mire al interior de ella. Extrañaría esa cama. 

—Es hora Pablo, vamos al tiempo –Grito Emma desde el primer piso y yo solo cerré la puerta de mi habitación.
—Voy –Corrí escaleras abajo y abrace a mi madre, la cargue dándole vueltas y al instante la baje - ¡Extrañare tus abrazos!
—Te amo mucho, hijo, pásala bien –Beso mi frente y sonrió mientras tomaba mi maleta y salía de casa junto con Emma, aborde el auto y me despedí de ella una vez más, sonreí y Emma acelero.
—Entonces….¿Estas emocionado? –Pregunto Emma concentrada en el camino y yo la mire subiéndole al radio.
—Eso es poco, hermanita –Dije.
—Hablas como si fueras a hacer y deshacer todo lo del verano –Rio leve y me miro.
—Para nada que lo hare –Dije serio y luego sonreí.
—No esperamos quejas, joven –Despeino mi cabello y yo reí.
—Me comportare –Asegure.
—Bueno y….¿Te encargaste de lo otro?
—¿Lo otro? –La mire.
—Condones –Dijo seria y yo abrí los ojos por lo que había acabado de oír.
—¿Qué? –Pregunte -¿Condones?
—Tienes Diecinueve años, Pablo , debes cuidarte –Hablo seria.
—¿Qué piensas que iré hacer, Emma? –Reí por su mirada picara y luego retome mi seriedad –Siempre los llevo conmigo –Acepte con naturalidad y ella asintió.
—Es importante que lo hagas.
—Lo sé.
—Hemos llegado –Freno el auto y beso mi mejilla, luego la abrace – Cuídate mucho, hermano, te quiero –Me dije y yo bese su menilla de nuevo.
—Te quiero más, linda –Baje del auto y del asiento trasero baje mi enorme maleta y la guitarra que me colgué en el hombro izquierdo, le sonreí a Emma una vez más y cerré la puerta del auto –Adiós –Dije y di un paso atrás, ella se despidió con su mano y acelero, mire como se alejó y sonreí.
—Mírenlo, por fin llega –Escuche la voz de Nicolas a lo lejos y me voltee a mirarlo.
—¡Hey Pablo! –Saludo Mat y yo camine hacia ellos alegre. Estaban mis cinco amigos allí parados esperándome, los salude a cada uno de ellos y luego de hacer pequeñas bromas entre nosotros la profesora nos llamó para abordar al bus que nos llevaría al aeropuerto junto con todos los demás que iban con nosotros. Suspire cuando empezaron a dar las instrucciones. Este sí que sería un verano interesante.

 

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