Redacciones y contradicciones de mi mente llena de ficciones

[Algún día]

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1. Resignados a vivir programados.

Resignados a vivir programados.

Diariamente pienso que para existir hay que tener razones, me siento restringida, como en una jaula, mi vida, pienso, está limitada por opciones equivalentes a la de todos los demás, por ende, está predicha. ¿Dónde está el encanto de descubrir cada día algo nuevo, si termino llegando al mismo destino manoseado por los otros? Por lo tanto, llegué a la conclusión de que no quiero seguir viviendo, me siento prematuramente frustrada, me niego a correr ciega entre la muchedumbre.

‘’Hasta aquí no más llego yo’’, me dije.

Pensé que aunque ya empecé a hacerlo hace mucho tiempo, no quiero meterme completamente al molde, me queda grande, o tal vez, muy chico, debo estar dispuesta a triturar mis huesos, mis deseos y mi ‘’felicidad’’ para poder adaptarme, ¿está bien eso? Puede que mi naturaleza algo exagerada habitualmente agrave mis especulaciones, pero pongámonos en el caso extremo de esta teoría, el lado que yo veo, al esquivar felicidades vanas, al abrir los ojos para intentar decir basta y a sacrificar mi vida por negarme a la monotonía.

Que se despierten las somnolientas almas, que caminan por inercia, hipnotizadas por las voces más poderosas, aquellas voces que nos dicen como vivir nuestra ‘’vida’’ siendo adiestrados por la bestia capitalista. Salimos de una fabrica de robots que nos programa para convertir  nuestro tiempo en dinero, que nos inculca la filosofía de ‘’el tiempo es oro’’, ¿Y cuándo queremos comprar el tiempo perdido? Eso es lo que finalmente lamentamos. Corremos de un lado a otro, sin saber exactamente por qué, sin saber para qué vivimos, porque pocos se detienen a mirar el cielo, a aceptar que la naturaleza nos da todo para vivir, pero no queremos arriesgarnos a caminar fuera del camino señalizado, por ende seguimos camino al matadero, para ser exprimidos por esta realidad que nos desecha, que nos mata impunemente al percatarse de que hay individuos despertando de la establecida monotonía.

Vivimos sedados, sin mente, sin voluntad, ‘’libreteados’’, pero puestos en un escenario vacío. Consintiéndonos con superfluos que no requieren de dedicación ni de nuestro cultivo, pero que sacian nuestras ansias consumistas de superación y estatus. Somos lo que nos inculca el sistema, permitimos y perseguimos lo que nos dicen que está bien, y aún así, hablamos de la anhelada libertad, libertad de elegir si vivimos para trabajar o trabajamos para vivir, y claro, si no aceptas intercambiar tu tiempo por oro, simplemente no existes. O que cuando te dispones a actuar, es demasiado tarde, el tiempo ha acabado, estamos muertos, y, ¿realmente estamos satisfechos con la vida predicha?

Finalmente tenemos que agachar la cabeza. Si bien te das cuenta de las mentiras, de que no hay motivos ni excusas para continuar siendo pisoteado, y que lo que llamamos vida no existe para el que abre los ojos. Estamos aspirando todos los días a una mejor calidad de vida ligada a lo material, a lo que nos venden como real felicidad. Pero simplemente somos diariamente encandilados y confundidos, por la existencia acelerada, la que me hace diariamente perder el encanto con la vida misma.

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