Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

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48. Epilogo

CUATRO AÑOS MÁS TARDE

Cuatro años pasan volando, aunque uno normalmente espera que se arrastren por el suelo, lentamente, como un felino acechando a su presa, y que consigo arrastren millones de eventos tanto oportunos como inoportunos. Por suerte, en mi vida ya no cabían eventos desafortunados, por lo que todo fue bastante viento en popa luego de que Harry mejoró. 

Como ya dije, no fue fácil; el cerebro de Harry aún sufría secuelas, secuelas que de vez en cuando también lo hacían olvidar cosas que acababa de aprender. Además de la usual amnesia esporádica, algunos recuerdos solían atacarlo cual avalancha, poniéndolo tan nervioso (o por lo menos logrando exaltarlo), que Morgenstein terminó recetándole las mismas pastillas para la ansiedad que me había dado a mí cuando casi caigo en la depresión tras el accidente de Harry. 

Pero todo fue para mejor, y al cabo de un año y medio, Harry recordaba hasta el color de barniz de uñas que Gemma había usado en él la vez que lo había hecho tomar el té con ella y sus muñecas cuando él tenía 5. 

Una semana luego del casamiento de Gemma, ambos volvimos a Londres, y tras un mes de estar alternando entre ambos apartamentos, la totalidad de mis pertenencias se encontraban en el suyo- tras decidir que su apartamento era más amplio y de todos modos había sido mi hogar también. 

Izzy también se quedó con nosotros, pero debido a mi alergia, debí comenzar a tomar un medicamento que evitaría que mis ojos lagrimearan y estornudara todo el tiempo; aunque aún así no debía abusar de la cercanía entre ambos.

Harry y yo volvimos a la universidad en enero, concentrándonos en ponernos al día en todo lo hecho durante nuestra ausencia a clases. 
Fuera de la universidad, él consiguió un trabajo de medio tiempo en un estudio de abogados (ya que además de estudiar Economía, Medicina e Ingeniería, había agregado Leyes a su programa de la Universidad); mientras que yo, por mi parte, había dejado de trabajar en el refugio y conseguido un trabajo en una empresa como traductora, atendiendo conferencias telefónicas y respondiendo emails en su mayoría. Afortunadamente, este era nuestro último año de universidad, lo que significaba más trabajo duro, pero también más tiempo para nosotros. 

Y en eso era en lo que consistía nuestra vida ahora...


-Jojo..Amor, levántate.-sentí la voz de Harry susurrar en mi oído, su respiración haciendo cosquillas en mi rostro y dándome escalosfríos. 
Traté de abrir mis ojos, pero era como si hubiera yunques colocados sobre mis párpados. Bueno, en todo mi cuerpo en realidad; me sentía tan agotada que ni siquiera lograba que mi cerebro ordenara despertarme e incorporarme de la posición en la que me encontraba. 

-Joanna, has estado durmiendo por más de doce horas, me preocupas- habló en un tono levemente más alto, denotando genuina preocupación. ¿Doce horas? Jamás había dormido tanto. Sí, está bien, me agradaba quedarme en la cama hasta última hora y si tenía la oportunidad de dormir un poco más de las siete horas usuales, la aprovechaba. Pero aún tenía límites. 

Fruncí el ceño e hice una mueca, mis ojos aún sellados. Sentí la respiración de Harry golpearme en el rostro como una oleada de menta a la vez que emitía una simple carcajada de su garganta. 

-Enstás bromeando, ¿verdad?- logré murmurar, ligeramente arrastando las palabras.

-Nunca hablé más en serio en toda mi vida- contestó. Rodé sobre mí misma hasta estar sobre mi espalda y entreabrí un ojo, espiando a mi alrededor. 

Los ojos verdes de Harry fueron lo primero que mi cerebro registró; un verde alegre y profundo, casi radioactivo, el iris rodeado por una hilera de finas y largas pestañas oscuras. Las esquinas de sus ojos se llenaron de pequeñas arrugas a la vez que una enorme sonrisa se extendía por su rostro, sus hoyuelos instantáneamente haciendo su aparición en ambas mejillas. Suspiré y cubrí mi rostro con ambos brazos, para luego dejarlos caer sobre el edredón a ambos lados de mi cuerpo, a la vez que mordía mis labios para no dejar entrever mi sonrisa. Gruñí. 

-¿Qué?- rió. 

-No me sonrías así a esta hora de la mañana..

Harry estalló en risas. -¿Sonreírte cómo?- preguntó inocentemente. -Y, en mi defensa, ya es mediodía. 

-Sonreírme como..como si te acabaras de enterar que te ganaste la lotería.

-Pero sí me la gané..contigo..- murmuró, mientras comenzaba a depositar pequeños besos a lo largo de mi brazo derecho, sus labios erizándome el vello, a la vez que trazaba la longitud del izquierdo con la yema de los dedos. 

-Eres. Demasiado. Cursi. -sonreí. Sentí su sonrisa contra mi piel y luego levantó la cabeza, fijando sus ojos en los míos. 

-Y a ti te encanta- inclinó su rostro y capturó mis labios con los suyos. Le devolví el beso encantada, hasta que sentí su lengua rozar mi labio inferior ligeramente, pidiendo entrada. Empujé su pecho gentilmente con ambas manos, provocando que se alejara y me observara curioso, respirando ligeramente entrecortado. 

-No he..cepillado mis dientes-susurré quejumbrosa. -Acabo de despertar..

Sonrió de lado y volvió a acercarse. -No me importa.- murmuró, antes de volverme a besar. Esta vez sí le devolví el beso y lo dejé continuar, enroscando mis brazos alrededor de su cuello...para volver a alejarlo tres minutos más tarde. 

-¿Ahora qué?- se quejó. 

-Métete en la cama.-susurré agitadamente, mordiendo su labio inferior gentilmente. 

-¿Qué?- preguntó sorprendido.

-Que te metas bajo las sábanas, conmigo. 

-Hoy estás mandona..-respondió juguetonamente. 

-Sabes que no tengo paciencia para esto; acabas de despertarme, ahora paga el precio.

Rió y se despojó de su camiseta y sus jeans rápidamente. -Con gusto.- respondió, para luego meterse bajo las sábanas y envolverme en sus brazos, resumiendo donde habíamos quedado. 



-Yo, umm..-murmuró indeciso mientras trazaba circulos en mi cadera inconscientemente; nuestras piernas enrededadas, sus brazos alrededor mío y mi cabeza sobre su pecho. Me volteé ligeramente y alcé la vista hacia su rostro. -Tengo algo para tí-admitió, sus mejillas tornándose rosadas. Esto era raro, él no solía sentirse avergonzado de..bueno, nada. 

-Y, ¿qué es?- pregunté suavemente. Dubitativo, estiró un brazo hacia la mesa de noche a su lado, abriendo el pequeño cajón y urgando por unos segundos hasta sacar un...carrete de hilo. Luego, tomó sus jeans del suelo y urgó en uno de los bolsillos hasta sacar algo que no logré ver debido a que se encontraba encerrado por su puño. 

-No estaba seguro de cuál sería el mejor momento o lugar para hacer esto..así que iré con mis instintos y lo haré ahora...No tiene nada que ver con que me esté carcomiendo el cerebro-comentó sarcásticamente mientras daba vuelta la punta del hilo alrededor de sus dedos, creando un intrincado nudo. Reí, sintiendo su nerviosismo, y di un beso en su mejilla. 

-Si esta es tu manera de decirme que quieres que aprenda a coser, creo que dejaré de hablarte por una semana- bromée. Rió y sacudió su cabeza.

-No es eso. 

-De acuerdo. 

-Bien, cierra tus ojos.-dijo luego de unos segundos. Ansiosa, lo obedecí sin más. 

Sentí su cálida mano rozar mi mano izquiera, tomándola por los dedos y llevándosela a los labios para depositar un dulce beso sobre ellos. Sentí algo fino y delicado enredarse sobre la yema de mi dedo anular, ajustando pero sin resultar doloroso, solo algo..molesto. 

-Ábrelos. 

Y así lo hice. El hilo que Harry había estado sosteniendo se encontraba ahora enredado en mi dedo; había sido separado de su carrete y ambas de sus puntas eran sostenidas por sus manos, una en cada una. Fruncí el ceño, confundida, y lo observé curiosamente. Carraspeó.

-No quería que esto fuera cliché ni mucho menos, así que idée un 'nuevo sistema'-comenzó. -Al menos, creo que se me ocurrió a mí..-rió. Asentí levemente, alentándolo a continuar. -Pienso que, tras todo por lo que hemos pasado y superado, no hay mucho que el universo pueda hacer en nuestra contra para separarnos. Sabes lo que siento por tí y, aunque espero que no te hayas cansado de oírlo, hoy trataré de resumirlo porque en verdad no creo ser capaz de recitar todo el discurso sin que me agarre un ataque de pánico. 

Movió uno de sus dedos ligeramente y entonces un anillo de plata con un pequeño diamante en el centro, se deslizó por el hilo, justo hasta un nudo a mitad de camino, conectándolo con la otra punta del hilo y mi dedo. 

-Te amo, jamás creí que encontraría a alguien que me hiciera sentir de la manera que tú lo haces, que me apoyara tanto como tú lo haces, que me comprendiera y también me amara de igual manera..Asī que, Joanna Tomlinson, ¿quisieras, por favor, casarte conmigo? 

Sus ojos verdes refulgían en la penumbra del cuarto, y sentí como los míos se llenaban de lágrimas al notar la emoción, ansiedad y preocupación que se reflejaba en los suyos. Respiré profundo y fingí considerarlo por unos segundos. 

-¿Qué pasaría si dijera que sí?-susurré. Pestañó, absorto. 

-Bueno, tiraría de este hilo,-indicó a su mano derecha.-y el anillo caería en tu dedo..

-...¿Y si dijera que no?

Tragó saliva. -Si dijeras que no..entonces, pues, en realidad tendría que quitarlo manualmente porque, sin importar de cuál hilo jale, el anillo caerá en tu dedo..

Sonreí ampliamente. -Entonces que suerte que diré sí, ¿no crees?

Asintió distraídamente. -..Espera, ¿qué? ¿Acabas de decir que sí?-preguntó, su expresión sorprendida. Reí.

-¿En verdad creíste que te rechazaría? 

-Pues, a decir verdad, me asustaste bastante cuando empezaste a preguntar todo eso.-hizo una mueca y ambos reímos. 

-Sí, Harry; me casaré contigo.-susurré tras unos segundos. Él sonrió y jaló del hilo, el anillo cayendo alrededor de mi dedo anular tal cual lo dicho. Tras girarlo en la posición correcta, entrelazó sus dedos con los míos y besó mis nudillos. 

-Te amo- murmuré. 

-Y yo a ti-sonrió y se inclinó para capturar mis labios en los suyos una vez más. 
 

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