Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

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10. Capitulo 9

Narra Joanna

-No quiero que te mudes- sonó como si hubiera escupido las palabras. Me lo quedé mirando sin saber qué decir, luego reí.

-Qué chistoso, Hazza. Mira, si te preocupa que ya no nos veamos créeme que no te dejaré ir tan fácilmente- bromeé. –Seguiremos juntándonos, tal como lo hacemos ahora…-no dijo nada, aún me observaba serio. Se veía bastante convincente. –Espera, ¿hablas en serio? ¿No quieres tu apartamento de vuelta, o mejor dicho tu privacidad? Nos conocimos hace dos semanas…-lo que estaba proponiendo en verdad era una locura.

Puso los ojos en blanco. –Sí, hace dos semanas que nos conocemos pero dormiste conmigo la primera noche- me atraganté con la comida.

-Eso sonaría bastante mal para alguien que no sabe a lo que te refieres- le advertí. –Además, tu estabas arriba mío- agregué.

-Eso suena aún peor, Jojo- tenía razón, no lo había pensado antes de decirlo en voz alta. Nos quedamos mirando por unos segundos, hasta que no aguantamos y nos echamos a reír.

-De acuerdo, ya basta con las insinuaciones- dije cuando logré calmarme. Él se puso serio y me quedó mirando, como esperando algo de mí. Era obvio que cuando dijo que no quería que me mudara hablaba en serio.

Está bien, lo admito, de verdad me había encariñado mucho con él, y tampoco tenía ganas de mudarme y vivir sola. Pero aún no comprendía sus motivos, se suponía que yo era una especie de “estorbo temporal”, jamás creí que lo escucharía pedirme que no me mude a sólo dos semanas de conocernos. Aunque la verdad era que no nos había costado para nada hacernos amigos y sentir afecto por el otro. Me mordí el labio inferior, pensativa.

-¿Qué propones?- esta vez hablé en serio.

-¿Qué no es obvio? Te acabo de decir que no quiero que te mudes. Quédate a vivir aquí, en este apartamento…conmigo.

-¿Por qué quieres que me quede?- pregunté con cautela. Esa pregunta pareció ponerlo un tanto incómodo.

-Porque… me gusta tenerte alrededor. Porque no quiero volver a vivir solo. Porque no eres un estorbo, todo lo contrario, me agradas…Porque ya me acostumbré a tu presencia y no quiero dejar de sentirla. Porque si no escucho tu voz llamándome desde tu cuarto, ya no se sentirá igual…-sentí un escalofrío recorrerme todo el cuerpo. Me quedé mirándolo boquiabierta. ¿Había pensado en todo eso en menos de cinco segundos? –Oh, por favor, sería mucho más fácil pedirte matrimonio!- se quejó, impaciente.

-Sí, quizás- hice una mueca. Él rió.

-Mira, si te hace sentir mejor, cada uno paga la mitad de la renta-

-Eso no se discute- lo fulminé con la mirada.

-De acuerdo…Por cierto, yo también cocino- comentó. No pude evitar reír.

-No te burles, hablo en serio!

-Está bien, ambos cocinaremos..-su rostro se iluminó como el de un niño pequeño.

-Entonces eso es un “sí”??- suspiré y sonreí.

-Es un sí, me quedaré- se levantó de su silla, corrió hasta mí y me dio un gran abrazo de oso, casi alcanzando a tirarme de la silla.

-Sí! Whoop whoop!- exclamó. Se alejó y volvió a su silla.

-Eres raro, Styles- bromeé.

-Sí, pero eso te encanta- me guiñó un ojo.

 

La convivencia con Harry terminó siendo más divertida de lo que había pensado. Éramos muy unidos y terminamos volviéndonos mejores amigos. De algún modo u otro, también me ayudaba a distraerme y superar lo de Dylan, por lo cual me sentía muy agradecida. Pero por las noches, el silencio y la oscuridad lograban meterse en mi mente y traer de vuelta los recuerdos que eran reprimidos durante el día. Sentía un gran vacío en el interior de mi pecho, y ya nada podía hacer para evitar que las lágrimas salieran. Lloraba en silencio durante horas, hasta que luego despertaba en la mañana sin siquiera saber cuánto tiempo había llorado y cuánto dormido. Aunque al parecer mi llanto no era tan silencioso como yo pensaba, ya que durante esas tres semanas de llanto nocturno, Harry se escabullía a mi cuarto y dormía conmigo, o simplemente se quedaba hasta que yo lograba dormirme.
Luego de esas tres semanas, las lágrimas dejaron de presentarse, y fueron reemplazadas por rencor hacia el chico que había arruinado mi vida, y desconfianza. Desconfianza de mí misma, desconfianza hacia otras personas. Estaba convencida que jamás podría volver a confiar o amar a un hombre.
Por suerte, todo esto no afectaba mi relación con Harry, al contrario, la fortalecía aún más; sentía que él era el único que en verdad me comprendía. Se había vuelto una de las personas más importantes para mí en muy poco tiempo; había estado cuando más lo necesitaba, y eso ayudaba a que, de a poco y lentamente, mis heridas fueran sanando. Sentía que él era una de las pocas personas con las que podía ser yo misma. Definitivamente se había ganado un lugar en mi corazón, y estaba contenta de haber accedido a vivir con él.


Estaba en la ducha y escuché la voz de Harry llamándome desde el pasillo, sacándome de mis pensamientos.

-Jojo, iré por comida china, ¿de acuerdo? Volveré en media hora- Era viernes, y se había vuelto una especie de ritual el no cocinar durante esos días.

-Está bien!- grité para que pudiera escucharme por sobre el sonido del agua.

Cinco minutos más tarde, ya estaba saliendo de la ducha. Me envolví en una toalla y salí del baño. Me dirigía a mi cuarto, cuando escuché un sonido proveniente de la cocina. Quedé petrificada en el lugar, considerando qué era mejor hacer. Estaba claro que no era Harry, prácticamente se acababa de ir. Opté por ir a su dormitorio en busca de algo que pudiera servirme de protección. Sobre la cómoda, había un bate de críquet. Jamás había jugado críquet, pero considerando que lo único que necesitaba era al menos inmovilizar al “intruso”, lo tomé sin pensarlo dos veces. Saliendo del dormitorio, tomé el bate con las dos manos y lo puse sobre mi hombro derecho, lista para lanzar el primer golpe. Caminé de puntillas pegada a la pared, tratando de esconderme y hacer el menor ruido posible. Fallé, me llevé por delante un mueble que tenía platos en su interior, provocando un sacudón lo suficientemente fuerte como para ser escuchado en todo el apartamento. Dejé de respirar instintivamente, alerta a cualquier otro sonido.

-Jojo, ¿cuántas veces debo repetirte que cierres la puerta de entrada con llave? No me extraña que no hayas perdido tu mala costumbre…- me regañó una voz masculina que provenía del living. Sentí cómo una sonrisa se extendía por mi rostro al reconocer esa voz.. 

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