Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

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9. Capitulo 8

El ruido de una sirena de policía logró despertarme; el barrio era tan tranquilo que ese simple sonido resultaba estruendoso. El cuerpo me pesaba, quería quedarme allí acostada para siempre. El cuarto estaba en la penumbra, todo en completo silencio. Era obvio que Dylan aún no había llegado. Al parecer Harry también se había quedado dormido; su pecho subía y bajaba lentamente al compás de su respiración y su corazón latía tranquilo bajo mi oído, apoyado contra su pecho. Sus brazos aún me envolvían en un tierno abrazo, aunque ahora me impedían moverme debido a que se encontraban apretados alrededor de mi cuerpo. Levanté la cabeza, apoyando mi mentón sobre su pecho para poder observarlo. Corrí un rizo que le cubría el rostro con la mano que se encontraba libre, y sin notarlo comencé a acariciar su pelo dulcemente. Al cabo de unos segundos comenzó a abrir los ojos lentamente, aún somnoliento. Aparté mi mano inmediatamente, a la vez que sentía mis mejillas enrojecer. 

-Lo siento, te desperté- dije.

-Está bien- me sonrió.

-Um, ya está anocheciendo, deberíamos irnos antes de que llegue- no necesitaba decir a quién me refería para que Harry entendiera.

-Sí, lo sé- deshizo el abrazo para que yo me pudiera parar.

Tomé el bolso que había dejado en el piso, metí unas últimas cosas y me lo colgué al hombro. Harry se encargó de la valija, ya completamente empacada con toda mi ropa.

-Listo, eso es todo, vamos- dije dirigiéndome rápidamente hacia la puerta. Tenía miedo de que Dylan apareciera en cualquier momento; honestamente, no quería encontrármelo ni tener que escucharlo jamás, pero mi lado masoquista contaba con la oportunidad de verlo una última vez. Pero Dylan nunca apareció, y pudimos dejar el apartamento en paz. No me molesté en cerrar con llave, en realidad dejé mi juego sobre el mueble del hall. Supuse que cuando llegara y las viera, ni siquiera necesitaría darse cuenta de que mis cosas ya no estaban para asumir que lo nuestro se había terminado.


Caminamos un par de cuadras en completo silencio, cada uno sumiso en sus propios pensamientos. Harry decidió romper el silencio luego de unos minutos.

-¿Te encuentras bien?- preguntó. Me lo pensé por un momento.
-Sí, estoy bien- le sonreí. –Gracias, por todo; por ayudarme, por consolarme, por importarte…Y lamento lo de hoy, en verdad no creí que fuera a quebrarme de esa manera. –el sonrió abiertamente y tomó mi mano, entrelazando sus dedos con los míos, sin decir una palabra. Fue suficiente respuesta para mí.


Narra Harry


El verla llorando hecha un ovillo en el sillón, me había partido el corazón. Sentí como si yo hubiera sido el que sufría, no ella. Aún no comprendía cómo es que una persona que apenas había conocido el día anterior y jamás había visto antes, me podía llegar a importar y afectarme tanto.
Me acerqué a ella inmediatamente y la abracé. Me observó con sus hinchados ojos azules, inundados en lágrimas. ¿Cómo es que alguien podía verse tan hermosa, aún con ojos y labios completamente hinchados y enrojecidos por el llanto?... “¿¡Y cómo diablos es que piensas en eso en este momento?!”, me regañé mentalmente. Se acercó a mí y me devolvió el abrazo, enterrando su rostro en mi pecho. Mis intentos por consolarla eran inútiles, necesitaba descargarse. Me recosté sobre el sofá para estar más cómodo, y dejé que llorara hasta el cansancio, mientras acariciaba y besaba su cabello. Y no sé cómo sucedió, pero sin previo aviso, escuché salir de mis labios una promesa que jamás le había hecho a nadie.

-Tranquila, yo estoy aquí, siempre lo estaré…

Unos segundos más tarde, dejé de escucharla llorar y reinó el silencio; se había quedado dormida. Dejé de acariciar su cabello y simplemente abracé su cuerpo al mío, rindiéndome también al cansancio.

 

Sentí que alguien me acariciaba el cabello; eran manos dulces, gentiles, y se movían lentamente. Al principio pensé que era sólo un sueño, recordaba que mi mamá solía hacer eso para que me durmiera cuando era pequeño. Pero se sentía muy real, podía sentir los dedos fríos y delgados enredarse con delicadeza en mi pelo. Hacía que quisiera seguir durmiendo. Forcé mis ojos a abrirse.
Joanna me observaba, sonriendo débilmente. Apartó su mano en cuanto vio que estaba despierto.

-Lo siento, te desperté- dijo. A pesar de la poca luz que había en el cuarto, alcancé a ver cómo sus pómulos se tornaban más rosados.

-Está bien- le sonreí.


Nos fuimos tan pronto como pudimos, comprendí que temía encontrarse con su ex. El camino de vuelta a mi apartamento fue silencioso, ella iba en su propio mundo. Cada tanto la miraba por el rabillo del ojo, parecía concentrada en quién sabe qué. Moría por saber qué pensaba, así que rompí el silencio.

-¿Te encuentras bien?- lo pensó unos segundos y me sonrió.

-Sí, estoy bien. Gracias, por todo; por ayudarme, por consolarme, por importarte… Y lamento lo de hoy, en verdad no creí que fuera a quebrarme de esa manera- se disculpó. Sonreí ampliamente y tomé su mano, entrelazando mis dedos con los suyos.

Quizá parece extraño, pero había algo especial en ella que aún no lograba comprender; algo que me forzaba a cuidar de ella como si estuviera hecha de porcelana; a estar cerca de ella, a conocerla más. No era la simple atracción que se sentía hacia cualquier chica; era distinta, y agradable.

 

Durante los días que siguieron, nos dedicamos a buscar un apartamento para ella y a estudiar, principalmente. Ambos volvimos a la universidad esa misma semana, con la diferencia de que comenzamos a juntarnos para almorzar en el campus. Le presenté a Liam y Zayn, quienes la integraron inmediatamente y cada tanto se nos sumaban a pasar el rato con nosotros. Joanna logró comunicarse con su hermano, Louis, con quien estuvo hablando aproximadamente por una hora seguida, mientras yo escuchaba sus sollozos desde el living de mi apartamento. Louis dijo que estaba un poco ocupado ya que había conseguido un trabajo temporal para ahorrar dinero para la universidad, y que probablemente no podría visitarla hasta dentro de un mes. De todos modos, ella le dio la dirección de mi apartamento por si le enviaba algo o la visitaba antes de lo previsto.

En cuanto a nosotros, nos volvíamos más cercanos con cada día que pasaba. Comencé a pensar que la extrañaría cuando se mudara y yo me quedara solo de nuevo. Insistió en ocuparse de las compras y la cena como “parte de pago” por quedarse un tiempo. Al principio me negué, pero terminé accediendo solo para contentarla.


A la segunda semana me lo dijo durante la cena:

-Creo que encontré apartamento- habló rápidamente. Casi provoca que me ahogue con el trago de agua que tenía en la boca.

-¿Tan pronto?- noté que había sonado decepcionado.

-Um, supongo..- me miró extrañada y luego continuó. –Es un muy lindo lugar, está cerca de la universidad y la renta es menor de lo que esperaba. Me gusta bastante…

Me limité a asentir, considerando una manera no tan ridícula e infantil de explicarle lo que dije a continuación.

-No quiero que te mudes- le largué. Sonó igual de estúpido que en mi cabeza

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