Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

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47. Capitulo 46

"Hasta que seas mío, debo encontrar una manera de llenar este vacío en mi interior. No puedo sobrevivir sin ti a mi lado. Hasta que seas mío, no voy a poder sentirme completa. No descansaré hasta que seas mío.." Until You're Mine - Demi Lovato.


Narra Joanna


Tragué saliva y respiré profundo antes de comenzar, preparándome mentalmente para lo que estaba a punto de acontecer. 
Supe que me arrepentiría en cuanto las palabras se escaparon de mis labios. Es decir, ¿en qué diablos pensaba? ¿Qué le diría? ¿"Estoy profundamente enamorada de tí y necesito que me recuerdes y vuelvas conmigo"? Ugh, esto era una mala idea, una muy mala idea..

-Bien- asintió Harry, aunque más para sí mismo. Su expresión había adquirido una luz extraña, como la de alguien entusiasmado esperando el comienzo de alguna competencia. Alejó su mano de mi rostro, e inmediatamente sentí una sensación de abandono, extrañando el contacto de su piel con la mía.

-¿Por dónde quieres que empiece?- pregunté, observando mis manos cerradas en puños sobre mi regazo.

-Por el comienzo..de lo nuestro- lo vi sonrojarse ante algo que no comprendí, pero que seguramente estaba viendo en su cabeza mientras hablaba. 

-De acuerdo, umm- mi voz sonó temblorosa más que decidida. Carraspeé. -Nos conocimos hace un año. Yo..Solía salir con un chico llamado Dylan; habíamos estado juntos desde la secundaria y en verdad me gustaba.-dije sinceramente. Desde el rabillo del ojo, vi sus manos convertirse en puños, pero su rostro se mantuvo inexpresivo, su expresión concentrada y sus ojos fijos en los míos. Suspiré y continué.

-Una tarde, luego de la universidad, regresé al apartamento que ambos compartíamos y lo encontré con alguien más...Acababan de salir de la ducha,- sonreí sarcásticamente- así que creo que era bastante obvio lo que había sucedido. 

-Lo lamento- murmuró, su expresión ablandándose de a poco. 

-Ya no interesa- me encogí de hombros, y proseguí. -Me largué de allí y simplemente caminé sin rumbo bajo la lluvia..Recuerdo que estaba tan mal que lo único que me importaba era salir de allí; sólo arrojé lo que llevaba y corrí fuera del edificio, sin siquiera las llaves del bendito auto- reí amargamente. -Terminé hecha un ovillo sobre una banca junto..

-Al Thames- me interrumpió. Mi mirada se disparó a su rostro, sorprendida ante su intervención. 

-¿Lo recuerdas?- susurré cautelosamente, mis ojos aguándose repentinamente. Sacudió su cabeza lentamente. 

-Vagamente, pero sí recuerdo la lluvia y el río..y a tí siendo un tanto grosera, debo admitir. 

Reí silenciosamente. -Ni siquiera te conocía y ya estabas hurgando en mis asuntos como si fuera tu responsabilidad consolarme- me defendí. 

-Lo hacía con buenas intenciones!- protestó.

-Lo sé, lo sé- sonreí débilmente. Se quitó sus lujosos zapatos y subió sus piernas al sofá, sentándose como indiecito y girándose hacia mí.

-Continúa-me alentó tras unos segundos. 

-Está bien...Hablamos un rato y me ofreciste ir a tu apartamento ya que ambos estábamos empapados. Estuve a punto de llamar a mi hermano para que me recogiera ya que no quería volver a mi apartamento y tener que enfrentar a Dylan, y no tenía otro lugar a donde ir..pero tú insististe en que me quedara. Y así lo hice..

-¿Desearías no haberlo hecho?-susurró. Su pregunta me tomó por sorpresa. Su expresión se había tornado seria; miedo y algo más que traduje como inseguridad impresos en sus ojos. Estiré mi brazo y acaricié su mejilla gentilmente, corriendo algunos rizos de su rostro.

-Cielos, Harry, no. Por supuesto que no..-suspiré. Cerró sus ojos y descansó su cabeza contra mi mano. -Me alegra haberme quedado esa noche, y también que me hayas encontrado..No me arrepiento, de nada, sin importar lo que esté sucediendo ahora..

-¿Y qué está sucediendo ahora?-abrió sus ojos y volvió a fijarlos en los míos, observando mi reacción. 

-....Te estoy asegurando que no estás loco, tal y como me lo pediste..-murmuré. Tomó mi mano entre la suya, dio un beso sobre mis nudillos y entrelazó nuestros dedos, haciendo que mi corazón diera un vuelco y latiera violentamente, para luego apoyar ambas sobre su regazo.

-Entonces continúa-rogó. Asentí.

-Al día siguiente, me acompañaste a buscar mis cosas a mi apartamento y arreglamos en que me quedaría contigo hasta encontrar un lugar al cual mudarme..

-Pero luego te convencí de que te quedaras conmigo-terminó en mi lugar, mencionando lo mismo que había recordado durante la fiesta.

-Exacto- confirmé. Bajé la mirada a nuestras manos, pensando en una manera apropiada de continuar, mordiendo mi labio inferior hasta que sentí el gusto a óxido y sal de la sangre en la punta de mi lengua.

-Ya no hagas eso- me regañó Harry, usando su mano libre para quitar mi labio de entre mis dientes, sus dedos descansando sobre mis labios un momento más de lo necesario. Sus ojos volvieron a los míos de inmediato, su cabeza inclinándose casi involuntaria y lentamente, hasta que nuestras frentes se tocaron. Sus labios se encontraban peligrosamente cerca de los míos, rozándolos tan impercetiblemente como una pluma que nunca alcanza a tocar el suelo, su boca levemente abierta enviando su cálido aliento hacia mi rostro y sus ojos comenzando a cerrarse instintivamente al igual que los míos. De mala gana, apoyé mi mano libre sobre su pecho, deteniendo su avance.

-Déjame terminar-susurré. Cerró los ojos, respirando profundo un par de veces antes de asentir y alejarse, volviendo a su posición original. 

-Yo..lo lamento, quizás me dejé llevar un poco..-comenzó a disculparse.

-Me enamoré de ti, Harry-hablé rápidamente, cortándolo a mitad de frase. Su cabeza se volvió tan rápido en mi dirección que estuve segura de haber oído su cuello crugir ante la brusquedad. Suspiré, luchando por mantener mis ojos sobre los suyos. -Nosotros..nos volvimos muy cercanos, tú estuviste para mí cuando no tenía a absolutamente nadie y me enamoré de tí- admití, mi voz apagándose de a poco. Su expresión resultaba imposible de leer, mantenía su ceño fruncido, pero conociéndolo, eso no significaba que estaba enojado sino que estaba sopesando todo lo que yo le estaba diciendo. -Y cuando las cosas finalmente parecían ir bien entre nosotros..

-Tanya apareció- me interrumpió él esta vez. Asentí. Algo en su expresión cambió de inmediato, tornándose de concentrada a una mezcla entre confundida, molesta y apenada. Bajó su cabeza, encogiéndose hasta enterrar su rostro en las palmas de sus manos, a la vez que pasaba sus dedos por su cabello frustradamente. -Lo recuerdo, recuerdo absolutamente todo..Yo hice que te alejaras, yo te empujé a que me odiaras!...Hay algo que deberías saber antes de que sigas-susurró cautelosamente, levantando su mirada hacia mí nuevamente. Sacudí mi cabeza.

-Ya sé todo- admití. Arqueó sus cejas. -Ella fue al hospital mientras tú seguías inconsciente; comenzó a discutir con Zayn y Liam y terminó por confesarme todo...

-¿Entonces era todo cierto?

-¿Que Louis y yo somos adoptados? Sí, pero yo ya lo sabía; Louis no. El resto lo inventó ella, aunque en realidad no sé qué más te dijo exactamente..

Nos quedamos en silencio unos minutos, yo mayormente observando a Harry mientras sus ojos se encontraban aún fijos en nuestras manos unidas, la suya aflojándose lentamente. 

-Comenzaste a salir con Zayn, Joanna-dijo con un leve tono de incredulidad, a la vez que soltaba mi mano por completo. Tragué saliva. 

-¿En serio? ¿En serio quieres reprocharme eso ahora?- pregunté sarcásticamente, el volumen de mi voz aumentando. 

-Pues es ahora o nunca, ¡¿no lo crees?!

-¡Necesitaba alguien que me contuviera, no puedes culparme por eso! Él sólo intentaba ayudarme a desenamorarme de ti y ser capaz de seguir mi vida, tal como tú hiciste luego de que Dylan me engañara..Excepto que eso no era amor, como yo pensaba entonces...Pero era inútil, sólo malgastaba su tiempo y yo lo sabía; él no era y jamás sería nada más que una distracción...-continué, mis gritos atenuándose y mis ojos llenándose de lágrimas al tener que admitir todo lo que me avergonzaba decir en voz alta. -Él era como..el alcohol en mi noche libre; porque sin importar lo bien que te sientas al ahogarte en él, en el fondo sabes que la resaca te estará esperando la mañana siguiente..-suspiré. -Y eso es exactamente lo que traté de hacer, ahogarme en él para dejar de pensar en ti y aceptar que nosotros dos jamás estaríamos juntos..

Harry no dijo nada, sólo se limitó a observar el techo en silencio mientras yo lograba que mi respiración se apaciguara. Pero esta vez me costaba leer su expresión, y en verdad no lograba descifrar si era una de concentración, de traición, o de enojo. Tras cinco minutos de silencio, abrí la boca para hablar, pero él me ganó.

-Necesito unos minutos- y asi sin más, se puso de pie y se dirigió a las escaleras, sus pies descalzos silenciosos al deslizarse sobre el parqué. 

Suspiré y enterré mi rostro en mis manos, luchando contra las lágrimas no de tristeza sino de miedo que amenazaban con escapar. Miedo de que el haberle contado todo sólo haya contribuido a que me odiara; miedo de que, a pesar de haber salido con Tanya para que yo no me enterara de nada con lo que ella lo sobornaba, no sintiera nada por mí; y miedo de que a raíz de recordar todo también se resintiera de Zayn. 

"No, esto no puede quedar así", pensé para mí misma. 

Me levanté del sofá decidida, caminando rápidamente hacia las escaleras que guiaban al segundo piso, en donde el cuarto de Harry se encontraba. El ruido del rígido plástico de mis tacones al chocar contra el piso resonaba en toda la casa, quebrando el espeso silencio, y entonces me di cuenta de que ya había olvidado el dolor que estos le estaban produciendo a mis pies. 
Al llegar a su puerta, respiré profundo y toqué la puerta tres veces.

-Harry, abre, por favor-intenté con todas mis fuerzas de que mi voz no se quebrara. Silencio. Volví a tocar otras tres veces, pero la puerta se abrió de repente al segundo toque, una mano firme arrastrándome del brazo al interior del dormitorio. Harry cerró la puerta una vez que estuve dentro, para luego empujarme contra ella hasta que mi espalda chocó con la madera. Me tomó de las muñecas, sugetándolas fuertemente por sobre mi cabeza, impidiéndome moverme, y lo siguiente que supe fue que sus labios estaban contra los míos. Pero no era un beso como los anteriores; éste era violento, hambriento y exigente, casi furioso. No me gustaba este lado de Harry porque sabía que no era un juego, estaba en verdad molesto y llegó incluso a asustarme. Mis muñecas comenzaban a adormilarse, un inquietante frío expandiéndose por mis manos debido a la presión de sus dedos. Al ver que no me soltaría, dejé de oponer resistencia, cerrando mis ojos hasta que él decidiera calmarse, y sin devolverle el beso. Se apartó tras un par de segundos, respirando agitádamente y mirándome a los ojos intensamente, sus pupilas dilatadas casi escondiendo el verde iris por completo. 

-Me lastimas, Harry- dije con firmeza, hablando lo suficientemente alto como para que comprendiera que hablaba en serio. Y tan pronto como su enojo se había disparado, su mirada se ablandó, sus pupilas contrayéndose lentamente y sus manos soltando mis muñecas gentilmente. Se alejó de mí de inmediato, sus manos viajando a su cabello y su mirada al suelo, a la vez que caminaba hacia su cama, dándome la espalda, no antes de que alcanzara a ver la expresión de horror y verguenza impresa en su rostro. Y entonces comprendí; comprendí que su enojo no era contra mí, sino contra él mismo, aunque en realidad no entendía el por qué.

Suspiré y me acerqué hacia él, dándole la vuelta y quitando las manos de su rostro para que me mirara. Sus ojos permanecieron cerrados y la expresión de su rostro delataba sus ganas de llorar. 

-Vamos, Harry, abre los ojos- susurré. Sacudió la cabeza y libró sus manos de las mías.

-Aléjate, déjame solo- murmuró.

-No me iré a ninguna parte, quiero que me mires.-insistí. Abrió sus ojos de mala gana, la culpa y el miedo reflejada en ellos, y me observó en silencio. Tras unos minutos así, y rendida ante las protestas de mis talones, me quité los zapatos y los hice a un costado. Harry rió levemente y se sentó en el borde de la cama, tomándome de la cintura y sentándome sobre sus piernas, para luego envolverme en sus brazos y enterrar su rostro en mi cuello. 

-Lo lamento tanto, no quise hacerte daño-susurró, su respiración haciéndome cosquillas en el cuello. -Es sólo que..No puedo creer que fui tan estúpido de dejarte ir de esa manera...Y pensar que él te besó, que te tocó, que te tuvo en sus brazos...-sacudió la cabeza, como si eso fuera a hacer que las ideas abandonaran su mente. Tomó mis brazos y los puso enfrente suyo para examinarlos; mis muñecas se encontraban algo rojas, manchas blancas desperdigadas donde sus dedos habían ejercido presión. Se llevó cada una hacia sus labios, depositando leves besos en cada una de las marcas, haciendo que mi corazón se hinchara de una manera indescriptible y mi estómago se llenara de mariposas ante el gesto. 

-Harry-hablé calmadamente una vez que hubo terminado, levantó su mirada y me observó expectante. -No me perdiste, aún sigo aquí, ¿no lo ves? Siempre he estado aquí...Te amo.-tomé su rostro entre mis manos, acariciando su mejilla con el pulgar. -Te amo y siempre lo haré...

-Yo también te amo. Demasiado..-susurró. Arqueé una ceja inquisitivamente.

-¿Y eso lo sabes desde cuándo..?-sonreí burlonamente, a la vez que corría un rizo de su rostro. 

-No lo sé. Sólo lo siento, cada vez que te miro..

Suspiré, sintiendo como si un gran peso hubiera sido retirado de mis hombros, mi pecho de repente sintiéndose lleno.

-No sabes hace cuanto esperaba que dijeras eso-admití con una sonrisa. Sonrió ampliamente, su hoyuelo apareciendo automáticamente.

-...¿Ahora te puedo besar?- preguntó, sus ojos brillando como los de un niño pequeño en Navidad. Reí y asentí.

-No necesitas pedir permiso.

-Lo sé, pero considerando lo sucedido hace unos minutos..

-Demonios, ¡sólo hazlo!- lo interrumpí exasperada. Rió ante mi impaciencia, y unió sus labios con los míos.

Sus labios eran suaves y tiernos contra los míos, amoldándose perfectamente, nuestras lenguas explorando la boca del otro en un intento por recordar el sabor de cada uno en un lento beso que decía "Te extrañé". Sus manos bajaron a mi cintura, ayudándome a acomodarme hasta que mis piernas estuvieron alrededor de su cintura -a pesar de que mi vestido dificultaba un poco las cosas- y de esa manera quedamos enfrentados. Mis manos se enterraron en su cabello, intentando empujar su rostro más hacia el mío -si es que en realidad eso era posible-, ganándome un suave gruñido por su parte, a la vez que su cabeza se inclinaba hacia un lado con el objetivo de intensificar el beso. 

Las cosas se tornaron algo más serias cuando nuestras manos se encontraron queriendo explorar más el cuerpo del otro; las de Harry sobre mis muslos, subiendo la tela del vestido hacia mis caderas, y las mías desatando el moño de alrededor de su cuello y luego luchando por separar cada botón de su camisa de su respectivo ojal. Su mano derecha se dirigió al cierre del vestido sobre mi costado izquierdo, bajándolo con cuidado, sus nudillos rozando mis costillas y poniéndome la piel de gallina. Quité la camisa de sus hombros, mis manos recorriendo su pecho desnudo y sus brazos ya tonificados luego de haber perdido peso tras el accidente, removiéndo el suave algodón hasta que quedó en un bollo a nuestro lado. Separé mis labios de los suyos para comenzar a dejar delicados besos a lo largo y ancho de su pecho, bajando hacia su estómago, para detenerme sobre la tenue mancha púrpura sobre sus costillas derechas, depositando también un dulce beso sobre ellas. 

-¿Aún duele?- pregunté, mirándolo a los ojos. Sonrió y sacudió su cabeza, para luego enterrar su rostro en mi cuello y comenzar a besarlo a la vez que bajaba hacia el hueso de mi clavícula, mordisqueando con delicadeza, mientras deslizaba la manga del vestido por mi hombro derecho. Me tomó por la cintura nuevamente y me alzó en el aire, a la vez que él también se ponía de pie, por lo que desenredé mis piernas de su cintura para que pudiera bajarme. Tomó el vestido, ahora prácticamente arrollado alrededor de mi estómago, y tiró de él, mis brazos alzándose automáticamente para que pudiera quitarlo, dejándome en nada más que mi ropa interior. Sentí mis mejillas incendiarse al darme cuenta que jamás había estado tan expuesta ante Harry, y que de repente me sentía más nerviosa que nunca pero a la vez ansiosa. Él se dio cuenta de mi dubitación e inmediatamente me acurrucó contra su pecho, poniendo un dedo bajo mi mentón para hacer que lo mirara a los ojos. 

-Si no quieres hacerlo, sólo dime. Sabes que no me enfadaría por algo así..-susurró.

-Es sólo que..todo parece tan irreal-admití. -Es difícil no sentirse nerviosa pensando que todo podría desaparecer en un simple pestañeo. 

-No iré a ningún lado-me aseguró. -Ya no. Sólo tú y yo... Para siempre.

-¿Lo prometes?- susurré. Sonrió y me dio un beso corto en los labios.

-Lo prometo. Te amo.

-Yo también.-sonreí. 

Al cabo de unos minutos, la ropa de ambos se encontraba desperdigada por el suelo del cuarto. Respiraciones entrecortadas y palabras susurradas pasaron a reemplazar el silencio reinante, nuestros cuerpos moviéndose en sincronía, ambos completamente vulnerables frente a los ojos del otro, mientras nos convertíamos en una sola persona para siempre. 



TRES MESES MÁS TARDE - DICIEMBRE 


-¡Niños, apúrense o terminarán festejando su cumpleaños un día más tarde! 

-¡Ya voy! ¿Alguien vio los fósforos?- grité desde la cocina, a la vez que escuchaba a un muy agitado Louis bajar las escaleras de nuestra casa mientras gritaba a su vez:

-¡No somos niños!

-No estoy muy segura de eso- masculló nuestra madre. 

-¡Escuché eso!- chilló Louis. 

Reí y puse los ojos en blanco, a la vez que continuaba revolviendo los cajones de nuestra cocina. De repente sentí dos brazos envolver mi cintura y me di la vuelta, para encontrarme cara a cara con Harry, nuestros rostros inclinándose instintivamente hasta que nuestras narices se rozaron. 

-Feliz cumpleaños- sonrió. Reí.

-Creo que es la décima vez que me lo dices en el día..

-Pues aún tengo unos..-chequeó su reloj rápidamente. -Treinta minutos para continuar haciéndolo.

Puse los ojos en blanco. -¿Ya están todos en la sala? 

Asintió. -Sí, y acabo de colgar el teléfono. Gemma llamó.

Sonreí. -¿En serio? ¿Qué te dijo?- pregunté exaltadamente.

-Te desea un muy feliz cumpleaños y también se disculpó por no poder estar aquí. Aparentemente les faltó visitar una montaña remota de Escocia y también el Lago Ness- dijo sarcásticamente. Le dirigí una mirada reprochadora. 

-Déjala, es su luna de miel.

-De acuerdo, ahora vamos o tu madre pensará que te estoy distrayendo.

-¿Y acaso no es eso lo que estás haciendo?- reí. 

-No, sólo vine a buscar esto- levantó su mano por sobre mi cabeza, agitando la caja de fósforos que tanto había estado buscando. 

-Hey! ¿Dónde los encontraste? 

Puso sus ojos en blanco y tiró de mi mano, guiándome hacia la sala de estar.

-Aleluya!- gritó mi madre al vernos. Louis se encontraba parado junto a ella, riendo maniáticamente mientras gritaba cosas inintengibles en dirección al sofá. Seguí su mirada y vi que Liam, Zayn y Niall también reían desaforadamente, señalando nuestras fotos de pequeños que se encontraban sobre los muebles. Lisa, la enfermera del hospital, se encontraba charlando interesadamente en el sofá contiguo junto a mi padre y Danielle, la novia de Liam, discutiendo quien sabe qué; ella y Zayn aparentemente habían congeniado en el hospital, mientras ella atendía a Harry. Ambos lucían muy felices juntos.

-Muy bien, suficiente- Robin les dirigió una mirada de advertencia a los cuatro inadaptados, a la vez que Anne se acercaba a nuestro lado. 

-Vete junto con Louis- susurró a la vez que tomaba a Harry del brazo y lo arrastraba con ella, mascullando algo que se escuchó como "Es su cumpleaños, hoy no toca soplar las velas a ti", a lo que Harry respondió con un puchero, aunque no por el hecho de no poder soplar las velas, claro está. 
Me dirigí a donde estaba Louis y me paré a su lado frente a la gran torta recubierta de merengue y en la cual se encontraban veintiún velas ya encendidas. Todos los demás se colocaron frente a nosotros; Niall -con un gorro de Santa sobre su cabeza- junto a Harry, Zayn y Liam con un brazo alrededor de la cintura de sus respectivas parejas, mi madre con lágrimas en sus ojos, siendo consolada por mi padre y su expresión de incomodidad, tras lo cual Anne y Robin terminaron sosteniendo las cámaras fotográficas debido a la crisis de mi madre. Vi a mi padre susurrarle algo a Harry, tras lo cual éste último se sonrojó y asintió. Ya tendría tiempo más tarde para preguntarle qué había sucedido.
Todos se pusieron a entonar el feliz cumpleaños, a la vez que Louis y yo permanecíamos allí parados, cada uno en su propio mundo. Lo sentí acercarse a mi oído y susurrar.

-¿Eres feliz?

Lo miré sorprendida y sonreí. 

-Claro que sí. ¿Tú?

Él sólo sonrió y se inclinó hacia delante, justo a tiempo para que ambos sopláramos las velas.

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