Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

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43. Capitulo 42

Narra Joanna

-J-Joanna..-susurró una voz ronca, algo indecisa, a la vez que sacudía gentilmente uno de mis hombros.

-Hmm..-murmuré, incapaz de abrir mis ojos. La cálida luz del sol se filtraba por mis párpados, volviendo todo de un naranja atardecer, haciendo imposible el volver a consiliar el sueño. Donde fuese que me encontrara, el calor comenzaba a concentrarse como en un recipiente plástico, formando una capa de sudor primero en mi cuello y rostro, dejando una sensación pegajosa en las partes de mi cuerpo descubiertas de ropa.

-Joanna, despierta...-suspiró pesadamente.-Vamos, Jojo. Ya llegamos, cariño.

Mis ojos se abrieron inmediatamente, tan bruscamente que las manos de un asustado Harry resbalaron sobre el tapizado de cuero, haciéndolo perder el equilibrio y causando que su rostro quedara a unos cinco centímetros por sobre el mío, cubriéndome ligeramente del sol abrazador que ingresaba por las ventanillas del coche. Sus ojos se posaron involuntariamente sobre mis labios, de pronto consciente de nuestra proximidad, y lo oí tragar ruidosamente.

-¿Haz?- susurré, insegura. Su expresión se tornó confundida por un instante, pero respondió tras un segundo.

-¿Sí?

-¿Cómo acabas de llamarme?

Sus mejillas se volvieron de un profundo rojo, sus ojos rehusando encontrarse con los míos.

-Lo lamento, lo dije sin pensar. No quise molestarte...-las palabras fluyeron rápida y tímidamente de sus labios, sus manos reacomodándose sobre la butaca para sostener su peso y deshacer la proximidad de nuestros rostros.

-Está bien, no estoy molesta...-Susurré, intentando esconder mi decepción. Me incorporé en la butaca, corriendo el pelo de mi rostro y mirando alrededor a la vez que mis ojos lentamente se acostumbraban a la luz. Observé a través de la ventanilla del coche, donde los rayos del sol se reflejaban en el pavimento de la angosta calle. Grandes casas de una y dos plantas y extensos jardines verdes se acoplaban a ambos lados de la calle, y a pesar de que había autos aparcados frente a casi cada una de ellas, ni uno sólo se encontraba en circulación. Sol, paz y verde fueron las tres palabras que cruzaron mi mente al observar todo. 

-Umm, Anne y-se interrumpió. -Mamá y Robin ya bajaron tus cosas y nos esperan dentro de la casa-dijo, tratando de captar mi atención nuevamente. Lo miré y asentí.

-De acuerdo. ¿Hace mucho que llegamos?- fruncí el ceño, rogando que no me hayan dejado durmiendo en el auto.

-Una media hora, aproximadamente-dijo entre dientes.

-Deberías haberme despertado de inmediato-protesté.

-Sí, yo...Digamos que fue a propósito-admitió de mala gana.

-¿De qué hablas, Harry?

Suspiró. -No quería entrar solo, es por eso que me quedé aquí. Y mientras más te dejara dormir, más tarde entraría a la casa..-su mirada lucía apenada y avergonzada, confirmándome que hablaba en serio.

-Oh, Harry-me acerqué a abrazarlo a modo de consuelo, pero me paré en seco al ver la expresión en su rostro y el modo en que se alejó ligeramente al adivinar mis intenciones. -Lo lamento, no quise..

-No, es mi culpa-agitó su cabeza. -Es sólo que no puedo evitarlo. No tengo problema con el contacto físico con alguien más pero aún es difícil cuando alguien se acerca a mí antes de que yo haga nada.

Fue mi turno de suspirar. -Mira, no tienes nada ni nadie a quien temer. Sé que es complicado, especialmente porque en verdad no sabes en quién confiar...Pero son tus padres, Harry..

-Robin no lo es-murmuró por lo bajo.

-Lo sé, pero aún así, ambos te criaron. Ellos, Zayn y Liam son tu familia.

-¿Qué hay de ti?- inquirió, mirándome a los ojos.

-...Eso lo decides tú-respondí simplemente. Un par de segundos transcurrieron, ambos en silencio, simplemente mirándonos el uno al otro mientras Harry parecía estar sopesándolo.

-¿Por qué debería creerte?- preguntó finalmente.

-Por la misma razón por la que quisiste quedarte aquí en el coche y no entrar a la casa con tus padres.

Las comisuras de sus labios se curvaron e intentó reprimir una sonrisa, sólo ocasionando que el hoyuelo en su mejilla se notara aún más.

-Buena respuesta.



Mi primera semana en Holmes Chapel se pasó relativamente rápido. Me dediqué a ayudar a Anne a cocinar y mantener la casa en orden, a pesar de lo mucho que insistió en que no lo hiciera. Harry pasaba la mayor parte del día encerrado en su cuarto escuchando música o caminando por el pueblo, incluso a veces yendo a comprar cosas que Anne le pedía al centro, aunque había insistido fervientemente en que lo dejáramos ir solo. Las pocas veces que alguno de nosotros pasaba tiempo con él era durante la cena o algúna otra rara ocasión en la que se quedaba mirando partidos de fútbol en la TV junto a Robin; estos momentos eran generalmente aprovechados para contar anécdotas o cosas que él temiera preguntar en voz alta. Sus escasas preguntas eran simples e inútiles, lo que demostraba el poco progreso que su cerebro había logrado, aparte de llamarme "cariño" casi inconscientemente.

Lo único importante sucedió el octavo día de mi estadía, cuando encontré a Harry en el patio trasero de la casa, observando atentamente el gran árbol junto a la piscina. Eran las 2am, y por alguna extraña razón, me había despertado y no lograba dormirme. Tras quince minutos de cambiar posiciones sin éxito, me encaminé a la cocina a prepararme un té. Y entonces lo ví por la ventana junto al lavabo.

Me acerqué silenciosamente hasta estar a su lado y seguí la misma dirección que sus ojos. Luego de unos minutos en silencio, decidí hablar.

-¿Te encuentras bien?

-Gemma- respondió. Fruncí el ceño.

-¿Qué?- pregunté, confundida.

-Me caí del árbol cuando tenía siete años. Mamá no estaba y Robin estaba trabajando así que Gemma me llevó a la clínica. Tenía una pierna fracturada...-se acercó lentamente al árbol y tocó un área irregular del tronco a la altura de su cabeza. -¿Ves aquí? Había una rama pero Robin decidió cortarla para que no lograra volver a subirme a él.

Me quedé mirándolo por unos minutos, atónita. 

-Lo soñé. No sé cómo pero desperté sudando y recordando prácticamente todo sobre ese día...-dijo al ver mi rostro. -¿Dónde está ella?

-¿Gemma? En Manchester, estudiando. No pudo venir antes debido a exámenes, llegará mañana.-expliqué. Asintió distraídamente. -Esto..yo..iré adentro.-me di la vuelta y comencé a dirigirme hacia la puerta. Pero ni siquiera había alcanzado la casa cuando escuché su voz a mis espaldas.

-¿Lo decías en serio?- murmuró. Me giré hacia él, completamente sin idea de qué hablaba. Hasta entonces no me había dado cuenta que sus ojos lucían algo aguados a la luz de la luna; como llorosos y cansados.

-¿A qué te refieres?

-¿Me odias, Jojo?

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