Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

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39. Capitulo 38

FLASHBACK

-¿A qué te refieres con…Jo? ¡Joanna! - Louis gritó tras de mí. Pero yo ya estaba de pie, demasiado lejos como para que lograra alcanzarme. Podía sentir los ojos de las personas fijos en mí, probablemente preguntándose que demonios sucedía conmigo; pero honestamente, no podía importarme menos. 
Empujé las puertas del ala izquierda violentamente, abriéndome paso hacia el frío y desierto corredor que conducía al cuarto de Harry. La goma de mis Converse se deslizaba peligrosamente sobre el piso de azulejos, amenazando con hacerme aterrizar en el suelo tarde o temprano. Mi corazón latía rápido contra mis costillas y podía escuchar los latidos, fuertes y claros contra mis tímpanos. 
Me alivió el darme cuenta que Louis no me había seguido; probablemente se había dirigido a la cafetería en busca de Anne, Rob y los chicos. Una oleada de culpa me abrumó al pensar en que yo debería haber hecho eso, no correr al cuarto yo misma primero. Pero ya no había tiempo suficiente como para arrepentirse de nada.

Al alcanzar el dormitorio, me encontré con Lisa y Morgenstein, caminando rápido en mi misma dirección. Sus ojos se agrandaron al verme, aunque no supe identificar si era sorpresa o preocupación lo que se reflejaba en ellos. Lisa se acercó a mí rápidamente y me la quedé mirando incrédula a la vez que ella me tomaba por las muñecas como si me estuviera arrestando, justo en el momento en el que quise alcanzar el picaporte. 


-¿Qué? ¡¿En serio?!- grité en dirección a Morgenstein. Me observó con ojos penosos. 

-Lo lamento, Joanna. Pero necesito entrar primero, no nos podemos permitir ni el más mínimo error a estas alturas. No puedes ingresar hasta que yo lo diga.

-Richard, ¡no me puedes hacer esto!- lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos, nublando mi visión por completo. 

-Ya lo hice- susurró, rodeándonos sigilosamente e ingresando en el cuarto a la vez que procedía a colocarse el estetoscopio, listo para cumplir su labor. 

FIN FLASHBACK


Abrí los ojos lentamente al escuchar una voz que me llamaba por mi nombre. Sólo alcancé a identificar que era una voz masculina; el sonido del agua a mi alrededor amortiguaba cualquier otro sonido que proviniera de afuera del baño.
La fría pared de azulejos no me afectaba demasiado debido a la temperatura del agua chocando contra mi cuerpo; librándome del estrés que había conseguido afectarme físicamente, limpiando el agua salada que corría por mis mejillas. Volví a cerrar mis ojos y me hice un ovillo, recostándome contra el suelo tal como había pasado las últimas dos horas. 
“Se acabó,” pensé. “Sólo duérmete.”. Aunque el ordenarme a mí misma que me durmiera no ayudaba mucho; al contrario, lo hacía todo más difícil. El agua sólo limpiaba mi cuerpo; como limpiar una ventana, o lavar un auto. Pero no era capaz de limpiar mi mente por completo, de librarla de cualquier preocupación. “Quizás debería pedirle el auto a Louis y chocar yo misma,” pensé sarcásticamente. 

-¿Jojo? ¡Oh Dios, aquí estás!- la misma voz de antes me sobresaltó. Se escuchaba alta y clara; debía de haber ingresado al cuarto de baño.

-Déjame sola- dije, aunque terminó sonando como un susurro por el modo en que mi voz se quebró. 

-Vamos, te sacaré- suspiró. Avanzó con suaves pasos hacia la ducha, cerró la llave de agua y corrió la cortina. Mis ojos permanecían cerrados, no estaba segura de poder controlarme si llegaba a abrirlos. Mis dientes a comenzaban a perforar mi labio inferior debido a la presión que ejercía sobre él para lograr mantenerme en silencio. 
Las manos que me sujetaron eran gentiles, aunque se sentían frías en comparación con el agua, provocando que respingara involuntariamente al primer contacto. 

-Estoy desnuda- me quejé.

-No hay nada que no conozca de ti.-respondió tranquilamente. 



Unos minutos más tarde, me encontraba arropada entre las suaves sábanas de mi cama, aún con el cabello húmedo empapando mi almohada. Zayn se hallaba recostado a mis espaldas por sobre el cobertor, manteniendo un brazo alrededor mío, su respiración cálida pegando contra mi cuello y poniéndome la piel de gallina.

-¿Zayn?- susurré.

-¿Sí?

-¿Qué dijo el médico?- pregunté insegura.

Suspiró. –Que no hay mucho que él pueda hacer, ya no depende de él, sino de Harry…

Asentí lentamente a la vez que nuevas lágrimas corrían por mis mejillas. -¿Algo más?

-Pues, no logra ver muy bien, ve bastante borroso. Pero Morgenstein dijo que era normal y que se iría en unas horas..

-Está bien. ¿Anne y Rob siguen en el hospital?

-Sí, dijeron que te esperarían…Ahora, sólo duérmete, ¿si? 

Asentí y dejé que mis párpados se cerraran lentamente, mientras todo lo sucedido ese día se convertiera en no más que un ilegible cuadro de acuarelas. 

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