Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

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37. Capitulo 36

Narra Joanna

-Entonces, ¿de qué querías hablar?- pregunté luego de un ‘concurso de miradas’ de dos minutos en la cafetería del hospital. Estaba intentando ser lo más amable posible con él; sabía que después de lo que me había hecho quizás no lo mereciera, pero a pesar de todo, había permanecido encerrado por tres días en un maldito hospital sólo para hacerme compañía. 

El salón estaba completamente lleno con el constante tintineo de porcelana y cubiertos. La brisa fría del exterior se filtraba por el vidrio de las ventanas, mezclándose con el calor que irradiaban las diversas estufas ubicadas de una manera nada estratégica; debajo de las ventanas.
Doctores y parientes entraban y salían del lugar sin parar, cargando bandejas con comida, tazas de café o simplemente caminando de un lado a otro del cuarto mientras murmuraban en sus teléfonos. Algunos de ellos incluso se tomaban el tiempo de tomar asiento y pasaban las tardes leyendo libros o el diario; Sue y Beth eran claros ejemplos de esto, aunque se habían vuelto pacientes para ese entonces. Morgenstein me dijo que eran madre e hija; Bill, el esposo de Sue, había fallecido luego de un coma de cinco meses, hacía ya tres años. En realidad no me contó lo que le había sucedido exactamente, pero a Sue y Beth les había costado tanto aceptar la realidad, que terminaron encerrándose en su propio mundo de fantasía, diciéndole a la gente que veían a diario lo contentas que estaban de que Bill se fuera a despertar pronto. Por suerte, ninguna de ellas jamás se me acercó para compartir su alegría; si así hubiera sido, creo que habría estallado en lágrimas en ese mismo instante. Todo lo que podía pensar cuando Morgenstein me lo contó, era preguntarme si yo terminaría igual.

-Bueno, y-yo...No lo sé- admitió y suspiró. -¿Cómo estás?

-Ya sabes, soportando...Pero no me puedo quejar, al menos no estoy inconsciente y atascada en una cama de hospital, ¿verdad?- reí secamente. Sonrió comprensivo.

-¿Puedo darte un abrazo?- preguntó de repente. Fruncí el ceño.

-No, en realidad no, te patearía el trasero si lo hicieras...-sonrió burlonamente ante mi amenaza, consciente de que probablemente no lo haría. –Pero considerando que estoy hecha un desastre, creo que podríamos hacer una excepción, sólo por esta vez...

Sonrió y tiró de mí para abrazarme, envolviéndome en sus brazos gentilmente, mientras los míos descansaban sueltos a ambos lados de mi cuerpo. Respiré profundamente, inhalando el familiar perfume a almizcle y loción que manaba de su piel y ropa; en verdad no sabía cómo es que podía oler tan bien luego de estar confinado durante tres días en ese lugar. 

-No me enojaré si tú me abrazas, sabes- comentó sarcásticamente. Hice tal como me había dicho y cerré mis brazos alrededor de su cintura, a la vez que sentía su sonrisa contra mi pelo. Luego de un minuto o dos, en verdad perdí la cuenta, me alejé de él y suspiré.

-Gracias, en verdad lo necesitaba.-sonreí a medias.

-¿Esto significa que me perdonas?- alzó sus cejas inquisitivamente. Mordí mi labio inferior a la vez que lo sopesaba. 

-Sí, te perdono...-su sonrisa se ensanchó. –Pero con una condición...

-¿Y eso sería...?

-Te quiero fuera de mi vida, Dylan...En verdad aprecio todo lo que has hecho estos últimos tres días, no me malinterpretes. Pero te necesito fuera de mi camino; te estoy dando una segunda oportunidad, sólo que no conmigo. –su expresión decayó un poco. –En cuanto todos dejemos este hospital, te irás por tu cuenta. Sigue con tu vida, tal como yo tuve que hacerlo...Y por favor intenta hacer las cosas bien esta vez. -puse mi taza de café intacta sobre la mesa, me di la vuelta y dejé el salón.






Las voces procedentes del cuarto de Harry –a pesar de estar amortiguadas por la puerta de madera-, sonaban ruidosas, colisionando violentamente entre ellas, como si alguien estuviera discutiendo, aunque no podía descifrar exactamente qué decían, ni siquiera cuando presioné mi oído contra la puerta. Luchando contra la pequeña voz en mi cabeza que me decía que saliera de allí, abrí la puerta e ingresé. 

-¿Qué está sucediendo?- el cuarto quedó en completo silencio mientras mi mirada pasaba por alto las expresiones disgustadas de Anne y Robin para posarse sobre la persona de cabello rubio fresa y ojos grises que se encontraba junto a ellos.

-Oh, hola Joanna- sonrió felizmente. ¿¡Cómo es que podía sonreír de esa manera mientras su novio se encontraba inconsciente y postrado en una cama de hospital?!

-Hola Aubrey, ¿cómo estuvo el viaje?- pregunté aburrida, ni siquiera importándome en lo que tenía para responder. 

-Estuvo realm-

-A NADIE LE IMPORTA COMO ESTUVO TU MALDITO VIAJE, PERRA! TODO ESTO ES TU CULPA! ¿¡CÓMO PUDISTE...- Zayn la interrumpió.

-¡Zayn!- lo callé. De repente, el mismo torbellino de voces que había escuchado desde el pasillo pareció reanudarse, a la vez que yo trataba de conectar cada frase con la persona correspondiente.

-En verdad no puedo creer que hayas venido...-Anne sacudió la cabeza.

-Por favor, sólo vete- Robin hizo un gesto en dirección a la puerta.

-No te atrevas a tocarlo, vete de aquí, Tanya, AHORA- Liam habló entre dientes. ¿”Tanya”? ¿De qué estaban hablando?

-Hey, hey! Cállense todos, ahora mismo!- todos cerraron la boca inmediatamente y me observaron. -¿De qué hablan? ¿Qué es su culpa? ¿Por qué la llamaste Tanya, Liam?- juro que lograba escuchar la respiración de cada uno en el silencio sepulcral que se instaló en ese momento. Alcancé a ver la nuez de Adán de Liam moverse ligeramente a la vez que tragaba silenciosamente. 

-Metiste la pata esta vez, hermano- Zayn susurró. Puse los ojos en blanco y suspiré exasperada.

-Como sea, sólo termínenla. No importa si no nos cae bien, es su novia y tiene el derecho a verlo. –

Zayn gruñó en disgusto y Liam arrojó sus brazos al aire. –Esperen, ¿cómo dijo?- Anne preguntó perpleja.

-No, esto es un desastre. Estoy harto.-Liam dijo mientras sostenía el tabique de su nariz entre sus dedos.

-Liam, ¿a qué se refiere con ‘novia’?- Anne insistió, su tono volviéndose más oscuro.

Voces comenzaron a mezclarse nuevamente, gritos flotando en el aire como partículas de polvo, como copos de nieve cayendo desde el cielo, como los trozos de un espejo que se estrella contra el suelo.

-No es su novia, Anne, ellos tan sólo...

-VETE DE AQUÍ!- Zayn gritó en dirección a Aubrey.

-No me iré a ninguna parte!

-SÍ LO HARÁS! PORQUE SI NO FUERA POR TÍ Y TUS MALDITOS JUEGOS, HARRY NO ESTARÍA AQUÍ! NINGUNO DE NOSOTROS LO ESTARÍA!- Liam gritó ante Aubrey, antes de dirigirse a mí. –Estoy cansado de todo esto. Joanna lo lamento, pero debes saber la verdad; Harry se dirigía a tu apartamento para contarte todo, está enamorado de tí, no de ella, y él iba a...

-Liam, ve con cuidado...-Zayn le advirtió.

-No te atrevas a decir una maldita palabra- Aubrey dijo entre dientes.

-¿¡Él qué, Liam?!

-TE IBA A DECIR QUE ERES ADOPTADA!

Sentí mi corazón hundirse a la vez que el silencio que siguió pareció ahogar todo a mi alrededor, como la extraña sensación que se obtiene cuando una pierna se acalambra luego de estar en una posición incómoda por mucho tiempo. No se me ocurría nada inteligente que decir, ni tampoco ninguna broma apropiada que encajara en la situación, si es que existía alguna. Liam se me quedó mirando a medida que su respiración se estabilizaba, sus ojos abiertos de par en par con una mezcla de confusión e incredulidad impresa en ellos, quizás debido a lo que acababa de hacer. “Todo está bien,” pensé para mí misma. “Sólo dilo”.

-Lo sé- admití con un suspiro.

-¡¿Qué quieres decir con que lo sabías?!- alguien preguntó. Pero no había sido Liam; mis ojos habían estado sobre él en todo momento y sus labios no se habían movido ni una pulgada. Tampoco había sido Zayn, o Anne, o Robin, ni siquiera Dylan. Era la voz de un chico, algo chillona y ronca.

Me di la vuelta y me topé con dos pares de grandes ojos azules observándome fijamente. Un par reflejaba lástima y confusión y...miedo. El otro simplemente lucía herido. Herido y traicionado; los ojos de una persona que se limita a mirar cómo su vida se convierte en una mentira así sin más. Como los ojos de un niño al que le confiesan que Santa Claus no existe. Los ojos de alguien que es traicionado por la persona en la que más confiaba.

Los ojos de mi hermano. Los ojos de Louis.

 

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