Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

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36. Capitulo 35

Narra Joanna
 

Fui recibida por el sonido de un marcapaso y el suave murmullo del sistema de respiración artificial. El cuarto estaba débilmente iluminado por una lámpara sobre la mesita de noche, completamente limpio y ordenado, y por supuesto, todo era completamente blanco e inmaculado. Pero no permití que mis ojos se posaran en la cama ubicada en el centro del cuarto. “Aún no”, me dije a mi misma.

Cerré la puerta detrás de mí y di un paso hacia delante, mis ojos fijos en el piso de azulejos. Respiré profundamente y levanté la mirada. Y allí estaba, recostado y demasiado tieso sobre la cama de hospital, cubierto por las suaves sábanas blancas, rodeado de cables y tubos raros enredados alrededor de la cama o conectados directamente a sus brazos y manos. Un enorme tubo transparente salía incómodamente de su boca, seguramente ubicado en lo profundo de su garganta, proporcionándole el oxígeno que debió haber sido incapaz de obtener por sí mismo.

Sus brazos desnudos, descansando a ambos lados de su cuerpo, eran probablemente la única parte de su cuerpo que no lucía severamente herida; excepto por los débiles moretones causados por los tubos más delgados. Tenía varios cortes y rasguños cubriendo su rostro y a lo largo de su cuello, hasta llegar a la zona de su yugular, donde la camisola de hospital no alcanzaba a cubrirlo. Un gigantesco moretón negro se expandía por su mejilla y sien derecha, dando la impresión de que llevaba puesto algún horrible maquillaje de Halloween. Sus ojos no mostraban signo de vida alguna, completamente cerrados, pero a salvo. Tuve que luchar contra el deseo de acercarme y abrirlos yo misma; necesitaba ver ese tan familiar verde esmeralda, como si al hacerlo me podría convencer a mi misma de que él estaba perfectamente sano y conmigo. Su cabeza estaba envuelta en vendajes, aplastando su pelo y dejando caer algunos rizos flojamente contra su frente.



Mis ojos ya comenzaban a arder nuevamente, las lágrimas amenazando con reaparecer. “No seas estúpida, no llores. Tienes que ser fuerte, por él”, me dije a mí misma. Lo único reconfortante en ese momento, era el sonido emitido por el monitor al lado de la camilla, imitando los latidos de su corazón, tenues pero constantes.

Tomé asiento en la butaca dispuesta a su lado y simplemente me quedé observandolo; observando el movimiento de su pecho al compás de su respiración, observando sus párpados cerrados y preocupantemente quietos, la forma en que sus brazos aún lucían fuertes y tonificados a pesar del estado en el cual se encontraba...
Tomé una de sus manos delicadamente y comencé a trazar cada línea, cada vena, cada pliegue; como si jamás lo hubiera visto antes, como si lo estuviera observando por primera vez. Entrelazé sus dedos con los míos y di un pequeño beso sobre el dorso de su mano.


-Tienes que ser fuerte, por favor, no te rindas ahora. No me puedes dejar, Harry, no así..-susurré. -Te prometo que te diré todo, incluso si tú no me quieres, pero debes despertar...


-Es lindo... 


-¿Por qué me seguiste? ¿Quién demonios te dejó pasar, Dylan?


Suspiró exasperado y se sentó en el suelo junto a mí. -Vamos, era una broma.. Lo lamento, lo digo por él... ¿Quién es? 


Mordí mi labio inferior, debatiéndome entre contestarle o no. -Se llama Harry-suspiré rendida. -Básicamente, me sacó del hoyo en el cual tú me empujaste...


-Jo, yo..


-Ya deja de llamarme así-lo corté.


Suspiró. -En verdad lo lamento, Joanna. Fui completamente sincero contigo allí afuera, créeme que me arrepiento de todo lo que hice... ¿Al menos podrías mirarme?- 


Me di la vuelta de mala gana y lo miré. -¿Por qué ahora y no antes? ¿De qué te sirve mi perdón, de todas formas?


-Porque fui un maldito cobarde! Y en verdad no me servirá en nada, pero al menos estaré más..conforme conmigo mismo, supongo; no me odiaré tanto, si es que eso suena lógico.. 


Asentí levemente. -Suena..un poco lógico. Pero aún no comprendo tus razones...


-¿Sra. Styles?- una voz masculina detrás nuestro nos interrumpió. "Creo que me habla a mí", pensé. Me puse de pie y estreché su mano. Era un hombre de unos cuarenta años, bastante canoso en realidad, de voz grave y muy alto. 


-Sólo llámeme Joanna- asintió y sonrió levemente. 


-Richard Morgenstein, yo asistí a su prometido- dijo con un breve movimiento de cabeza hacia el lugar donde se encontraba Harry.


-Oh, claro, la enfermera me dijo que vendría con los resultados..

-Así es, um..¿podríamos hablar a solas?


Giré mi cabeza en dirección a Dylan, insegura de si debía dejarlos solos. 


-No te preocupes, ve. Si llega a despertarse o sucede algo te avisaré, lo juro- me aseguró. Se puso de pie y tomó asiento en donde yo antes me encontraba.


-Bien, gracias- me di la vuelta y seguí al Doctor Morgenstein al pasillo. Pero no frenó, sino que siguió caminando hacia el final del pasillo, hasta toparse con una puerta de madera que guiaba a una pequeña oficina.


-Pase y por favor, cierre tras de usted. 


Ingresé lentamente e hice lo que me indicó. La oficina estaba mucho mejor iluminada que el cuarto, por lo que a mis ojos les costó un par de minutos adaptarse a la repentina luz. Una monstruosa biblioteca repleta de libros de diversos colores y tamaños se encontraba contra una de las paredes; era tan impresionante que llegué a preguntarme si no sería algún tipo de ilusión óptica debido a la pequeñez que aparentaba la oficina. 
Al fondo de la misma se encontraba el escritorio, abarrotado en papeles, anotadores y ficheros disperdigados hasta en el suelo a su alrededor. 


-Lamento el desorden, he estado bastante ocupado como para preocuparme demasiado-admitió. Asentí y sonreí comprensiva. -Tome asiento por favor..


Luego de un par de minutos tratando de organizarse, se aclaró la garganta y fijó sus ojos en mí. 
-Trataré de hacerlo corto. Tengo malas y buenas noticias, ¿cuáles prefiere conocer primero?


-Las buenas..-contesté rápidamente.


-Muy bien. Está completamente a salvo, no hay derrames internos ni órganos dañados. Las costillas dolerán un poco pero no debería tener problemas en cuanto a su recuperación; se pondrá bien.


Sentí como una sonrisa se extendía por mi rostro, a la vez que una hinchazón para nada desagradable se apoderaba de mi pecho. -Muchas gracias, no sabe cuanto necesitaba escuchar eso. En verdad, no sabe cuanto se lo agradezco..- pero su expresión, fría y rígida, no cambió ni por un instante. Y entonces caí en la cuenta. -¿Cuál es la mala noticia?


-Me temo que sufrió un severo trauma craneal. De acuerdo a nuestras suposiciones, al chocar, se golpeó la cabeza contra el volante del coche, lo cual causó..


-¡No me hable como si fuera uno de sus colegas!- lo interrumpí, exasperada. -¿Qué intenta decirme?


-Intento decirle que no le puedo garantizar el funcionamiento correcto de las facultades de su cerebro; podría perder la capacidad de aprender cosas, de controlar su comportamiento, pero no sabremos nada hasta que no despierte.


Tragué saliva. -Entonces, básicamente me está diciendo que hay una posibilidad de que no recuerde nada..


-Tememos que ese sea el caso, sí

 

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