Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

25Me gustan
10Comentarios
10941Vistas
AA

35. Capitulo 34

Narra Joanna


Todo pareció suceder como en una imagen desdibujada, borrosa y confusa; cada sílaba, cada palabra, cada sollozo, cada sonido que provenía desde el teléfono e ingresaba a mi oído. Esto no podía estar pasando, ni ahora ni nunca. Tenía que ser alguna especie de broma cruel que me estaba jugando el destino. “¿Por qué él? ¿Por qué no yo?”
Ya era inútil tratar de tragarme mis lágrimas, ahora ya corriendo por mis mejillas cual río correntoso. Tragando el nudo que se había formado en mi garganta, intenté encontrar mi propia voz.

-¿Cómo está él?- la voz me tembló.

-Y-yo no lo sé, no quisieron decirme nada! Dijeron que sería mejor si lo hablaban personalmente…

-O-okay um..tratemos de calmarnos, ¿dónde está? ¿Recuerdas el nombre del hospital?

-Sí, era – era Saint Thomas, creo…

-Bien, está cruzando el río. Trataré de conseguir un taxi afuera y te llamaré tan pronto sepa algo, ¿de acuerdo?

-Gracias, cariño. –suspiró pesadamente, su voz quebrándose en la última palabra. –Te veremos con Robin en unas horas.

-Está bien, manejen con cuidado…y cuídense.

-Tú también, adiós.


Colgué el teléfono y comencé a corretear rápidamente por el cuarto, tomando lo que fuera que sentí que necesitaría; me calcé mis Converse rojas, agarré mi abrigo, mi billetera y me dirigí hacia la puerta del frente. Ojalá no la hubiera abierto.

-¿Qué demonios haces aquí?- demandé, aún si poder creer lo que veían mis ojos. Él sólo me observó con la disculpa en su mirada.

-Jo, yo…

-No, no quiero escucharlo, no ahora. –lo interrumpí. –Necesito que me lleves a St. Thomas. –lo empujé en dirección al pasillo, cerré la puerta detrás de mí y trabé con llave antes de darle la cara nuevamente.

-Espera, ¿el hospital? ¿Te encuentras bien?

-Claro que estoy bien, estoy parada en frente tuyo! Pero si en verdad alguna vez te importé, necesito que me hagas ese favor, por favor Dylan…

Lo consideró un segundo. –De acuerdo, sí, vamos.




-¿Cuál puente?- preguntó a medida que nos acercábamos al Thames.

-Westminster es el más cercano…

-Estará terriblemente abarrotado…-dijo tranquilo.

-Al igual que el resto, no me importa, no hay tiempo, sólo tómalo.

-Bien ..


La lluvia pegaba contra el parabrisas violentamente, cada gota cayendo en un constante e incesante ritmo, igual que el tic-tac de un reloj, yendo cada vez más rápido, recordándome cuán poco tiempo probablemente me quedaba. Las gotas en la ventana del acompañante, deslizándose en el vidrio como pequeñas serpientes transparentes, parecían imitar las lágrimas saladas que caían por mis mejillas.
Durante todo el viaje, el cual nos tomó quince eternos minutos, ninguno de los dos dijo una sola palabra. Él, manos agarradas firmemente al volante y ojos en el camino; y yo, sollozando silenciosamente y cada tanto limpiando mis lágrimas con el dorso de la mano.

Tan pronto como llegamos al hospital, me bajé del auto y salí disparada en dirección a las puertas automáticas del edificio, sin siquiera esperar a que Dylan alcanzara el estacionamiento.
Doctores, enfermeras y parientes impacientes corrían por el hall, todos ellos en distintas direcciones, inmersos en sus propios pensamientos o conversaciones, reflejando distintas emociones en sus rostros. Las demasiado blancas paredes y luces cegadoras no ayudaban en nada a mis ya inflamados ojos. Utilizando lo poco de energía que quedaba en mi cuerpo, me acerqué al mostrador de recepción, sacudiendo un poco mi pelo para secarlo, y limpiando el maquillaje corrido de mis ojos.
Una señora de cabello gris, de aproximadamente sesenta años, estaba sentada detrás de la computadora más cercana, leyendo de un cuaderno a su lado y tipeando rápidamente.

-Hola- comencé indecisa. No me miró. –Disculpe, estoy buscando a mi-..estoy buscando a Harry Styles, debió haber ingresado hace unos minutos…

Finalmente levantó la mirada y me observó curiosa. –Dame un segundo, encanto.- asentí mientras ella escaneaba rápidamente con la mirada un gigantesco conjunto de hojas junto a ella. –Lo siento pero no hay nadie que responda a ese nombre, al menos no ha sido registrado aún. ¿Cómo luce tu amigo?

-Um, él…-mi voz se apagó. Respiré profundo e hice mi mejor esfuerzo para no estallar en lágrimas de nuevo. –Es caucásico, casi 1.80 cm. de altura, tiene cabello castaño rizado y ojos verdes. Él..tuvo un accidente automovilístico, su madre me llamó hace una media hora. 

-Lisa, cariño!- inmediatamente llamó a una enfermera que justo pasaba junto al mostrador. Ésta levantó la mirada de su anotador y se acercó a dónde yo me encontraba. Sus facciones delicadas me dijeron que no era mucho mayor que yo, y sus ojos marrón oscuro lucían exhaustos. Mientras yo repetía la descripción física de Harry, ella comenzó a revisar las páginas de su anotador distraídamente, haciendo notas de vez en cuando. Finalmente, suspiró y asintió.

-Lo acabo de dejar en el cuarto de Tomografías. Llegó inconsciente, tiene bastantes rasguños y moretones en todo su cuerpo. Tiene tres costillas rotas pero, afortunadamente, todos los órganos internos están a salvo. Lo que hará básicamente la tomografía será mostrarnos cuán malo fue el golpe en su cabeza…

Para ese momento, todo lo que podía hacer era limpiar las lágrimas que invadían mi visión y tratar de mantener mi respiración estable. Sé que no era su intención, pero la manera en que las palabras fluían rápida y secamente de su boca hacía que sonara como si me estuviera dando instrucciones para armar una biblioteca.

-…nada que le pueda garantizar. Lo siento, ¿cuál es el parentesco?

-Soy su prometida.-respondí de inmediato; era la única manera de que me dejaran verlo esa misma noche. Noté su mirada instantáneamente dirigirse a mi mano izquierda de manera sospechosa. Sacudí mi cabeza. –No estoy usando el anillo, lo dejé en casa.-ella asintió lentamente.

-Por ahora se encuentra estable, no debería preocuparse. Le pediré que se quede en la sala de espera mientras terminamos con los estudios de chequeo. Le haré saber cuando pueda pasar a verlo.-con una sonrisa compasiva, se dio la vuelta y volvió al ala restringida. 

Tomé asiento en una de las destartaladas sillas cercanas a la entrada, respirando con dificultad y temblando un poco debido al frío que tenía por mi pelo y ropa mojada. Saqué el móvil de mi bolsillo y presioné “Redial” para llamar a Anne. Mientras le explicaba brevemente la situación de Harry, no pude evitar llorar junto a ella, sintiendo que todo se había acabado, sintiendo que había perdido mi oportunidad de ser feliz junto a la persona que más amaba.


-¿Quieres decirme qué es lo que sucede?- una voz profunda me sorprendió. Levanté la mirada y me di cuenta que Dylan había tomado asiento a mi lado; ni siquiera lo había escuchado llegar.

-¿Por qué estás aquí? ¿Por qué fuiste a mi apartamento?

Miró hacia abajo, fijando la mirada en sus propias manos, a la vez que mordía el interior de su mejilla. –Fui a disculparme, por todo. Me tomó bastante descubrir tu dirección, debo admitir.

-A disculparte…-repetí incrédula. –Luego de casi un maldito año, ¿siquiera te escuchas a ti mismo? Me engañaste descaradamente, ni siquiera trataste de excusarte y luego de un año crees que simplemente puedes aparecerte y esperar que te perdone?! 

-Lo sé, lo sé pero en verdad lo siento! Mira, no espero que quieras volver conmigo ni tampoco quedar como amigos pero sólo necesitaba encontrarte y decirte lo mucho que lo lamentaba. Fui un terrible idiota contigo, lo sé ahora y no me di cuenta de lo mucho que valías hasta que te perdí.

-¿Harry Styles?- una enfermera distinta de fuerte acento apareció en la puerta, dejándome sin tiempo para responderle. Me puse de pie rápidamente y la seguí por un largo y silencioso corredor. El característico olor de lavandina y medicamentos estaba mucho más acentuado en esa área del hospital. La mayoría de las puertas de las habitaciones se encontraban cerradas, pero aún se podía oír las voces ásperas de los enfermos y las alegres provenientes del televisor. –Está ahí dentro. El doctor vendrá dentro de una hora a más tardar con todos los resultados.

Asentí. –Gracias.- empujé la puerta con suavidad.

Join MovellasFind out what all the buzz is about. Join now to start sharing your creativity and passion
Loading ...