Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

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32. Capitulo 31

Narra Joanna


Antes de que pudiera notarlo, sus labios estaban sobre los míos. Me quedé tiesa, sin saber qué hacer, sin devolverle el beso, pero también sin negárselo. Se separó, sólo para volver a presionar sus labios contra los míos, 1, 2, 3…4 veces. Supe que era el momento de decir algo.

-Harry, no puedo- volvió a besarme- Ya basta, lo digo en serio, esto no está bien.- traté de frenarlo pero era inútil. –Estás delirando por la fiebre, no sabes lo que haces- repliqué firmemente. Se alejó de mí, sin despegar sus ojos de los míos ni por un segundo.

-Sólo bésame- susurró.


¿A quién engañaba? Moría por besarlo, moría por gritarle en la cara todo lo que sentía. Estaba perdidamente enamorada de él, lo amaba con todo mi ser; y sin embargo, el amor no me daba las agallas como para decírselo. Y luego estaba Zayn; ¿cómo podría hacerle esto a él? No estaba bien, no era lo correcto, yo no era así…
Saber que todos esos besos sólo eran producto de la maldita fiebre que tenía, dolía, y mucho. El estar consciente de que mi amor no era correspondido, y quizás nunca lo sería, me destrozaba por dentro. Lo más probable era que cuando despertara, no recordaría absolutamente nada sobre lo sucedido esa noche. ¿Valía la pena disfrutarlo sólo por esa noche, sabiendo que jamás quedaría en su memoria y yo sería la que saldría herida? No. ¿Me importaba? Tampoco.

Posé una mano en su nuca y lo acerqué a mí para besarlo. Sus labios comenzaron a pellizcar los míos, abriéndose paso a mi boca. Nuestras lenguas chocaron, acariciándose entre sí, en un beso frenético que parecía no ir a acabar más. Sus labios se movían gentiles pero insistentes contra los míos, buscando saciarse.
Sus manos, ahora apoyadas en mi espalda, comenzaron a bajar hasta posarse en mi cintura, tirando de mí y pegándome a su torso desnudo. Enredé mis brazos alrededor de su cuello, enterrando mis dedos en su cabello, acercando su rostro aún más al mío.

La sensación de tenerlo así de cerca después de extrañarlo por meses, era abrumadoramente increíble. El sentirlo abrazarme fuertemente, besándome como si en verdad me deseara, besándome como si en verdad me quisiera. Lo único que quería en ese momento era estar con él para siempre, escucharlo decir que me amaba, ver la luz en sus ojos al sonreírme con sus hoyuelos. Pero esto era todo lo que iba a obtener, y era suficiente. Por ahora.

Sus labios se despegaron de los míos, sólo para comenzar a besar mi mandíbula, mi mentón, mi cuello, y así hasta llegar a mi pecho. Volvió a hacer el mismo recorrido de vuelta, esta vez mordiendo mi cuello –no tan suavemente, debo admitir-, provocando que un pequeño gemido de desesperación escapara de mis labios; creo que entendió el mensaje. Sus labios regresaron a los míos instantáneamente, esta vez en un beso más profundo y apasionado que el anterior. Llevó una mano a mi espalda y me acostó delicadamente contra el colchón, quedando él sobre mí. Sus manos exploraban mis brazos dulcemente, dándome escalofríos en el recorrido que hacían. Nuestras bocas se movían perfectas, sincronizadas, su aliento mezclándose con el mío. El beso se tornó más tierno y significativo, sus labios aún rehusándose a abandonar los míos, cada tanto mordisqueando mi labio inferior. Nuestros jadeos ya se volvían insoportables, nuestros pulmones rogando por oxígeno.

Se separó por un momento, mirándome a los ojos, sin decir una palabra, las comisuras de sus labios formando una pequeña sonrisa. Comenzó a acariciar mi rostro con una mano, dibujando el contorno del mismo con las yemas sus dedos. Pasó un dedo gentilmente por mis labios, su mirada fija en ellos, el deseo aún impreso en sus ojos.

-Vuelve aquí- susurré. Esta vez el beso fue suave; ya no era desesperado, sino más bien dulce. Nuestros labios se movían con lentitud, su lengua jugueteando con la mía. Sentí que mi corazón estallaría de felicidad, aún estando consciente de que luego me arrepentiría. Quería ser capaz de congelar ese momento para siempre.
Se separó de mí luego de unos minutos, recostándose a mi lado y apoyando su cabeza en mi hombro. Al cabo de unos segundos, estaba profundamente dormido, suaves ronquidos saliendo de su garganta.

-Te amo- susurré acariciando sus rizos, mientras lágrimas silenciosas caían por mis mejillas.




Me desperté con el calor del sol perforando mis párpados, mi cuerpo completamente extendido a lo largo y ancho de la cama. Ese no era mi cuarto, ni tampoco el de Zayn…y luego recordé todo lo sucedido la noche anterior. “Soy una basura, no puedo creer que hice eso. Dios santo, ¿qué diablos se supone que haga ahora?”
Miré alrededor pero Harry no se encontraba allí. Aún vestía la ropa del día anterior, pero estaba cubierta por una manta. Me levanté y me dirigí al baño; lavé mi cara con agua helada y traté de arreglar el desastre que era mi pelo, recogiéndolo en una cola de caballo. 

-Buenos días- dijo Harry, inclinado contra la mesada de la cocina, a la vez que daba un sorbo a su taza. -¿Café?

-Por favor- asentí. Sirvió café en una taza y me la entregó. –Gracias. ¿Cómo te sientes?

-Como nuevo. Espero que sea permanente…

-Hmm- di un sorbo a mi café. -¿Qué hora es?

-Las 12.30pm

-Ugh, deberías haberme despertado…-

-Iba a hacerlo pero luego me arrepentí; no has dormido casi nada durante estos días, unas horas de más no lastiman a nadie…Y tampoco quiero que te enfermes por falta de sueño, o algo así- hizo una mueca.

“Aunque lo más probable es que ya me hayas contagiado por completo...”, pensé sarcásticamente.

-Así que, ¿quieres ponerme al día?- comentó.

Durante esos últimos días habíamos tomado como costumbre el hablar sobre lo sucedido la noche previa, debido a que él no lograba recordar nada. Básicamente consistía en que yo le contara sobre la sarta de delirios y tonterías que había hecho o dicho. Pero ya que necesitaba saber si él en realidad recordaba algo del beso, opté por preguntar.

-Veamos.. ¿qué es lo que recuerdas?-

-No mucho; lo último que recuerdo es haber hablado con mamá antes de la cena…y luego comencé a sentirme mal.

Asentí lentamente, tratando de controlar mi respiración y borrar cualquier indicio de decepción en mi rostro.

-Luego de la cena, aumentó tu temperatura nuevamente así que te di las pastillas y empezaste a hacer preguntar al azar…

-¿Como cuáles?- me interrumpió, hablando rápidamente.

-Bueno, me preguntaste si alguna vez me había casado..También pensaste que había venido una nave espacial. Y luego pediste hablar con Gemma pero no te dejé hacerlo porque ya era pasada la medianoche..Oh, y también me pediste jugo de uvas. –asintió pensativo.

-No estuvo tan mal, después de todo..-

Hice una mueca. –Quizás no, pero tuve que ducharte mientras tú cantabas “Summer of ‘69”- reí ante el recuerdo. Se cubrió el rostro con ambas manos, avergonzado. –Pero no, fuera de eso, no estuvo tan mal…

-¿Y luego qué?

-Te acostaste y te quedaste dormido.- mentí. Pero no lo pude mirar a los ojos al decir aquello; sabía que se daría cuenta de que mentía. Tomé un sorbo de café, observando la pared distraídamente.

-¿Zayn estuvo aquí?- preguntó de repente, por poco provocando que me atragante.

-No, ¿por qué preguntas?

-Bueno, te dormiste en mi cama así que supongo que no saliste…

-No te sigo..-dije confundida.

-¿Te has visto en el espejo?

-Um, sí. ¿Qué se supone que debería haber visto?- tomé otro sorbo de café, comenzando a sentirme incómoda por alguna razón inexplicable.

-No lo sé, ¿los atractivos moretones a lo largo de tu cuello, quizás?- Okay, ahora sí me atraganté. Fijé mi mirada en él, buscando algún rastro de que me estuviera jugando una broma; nada. Me levanté de la silla y salí disparada al cuarto de baño, donde frené frente al espejo, escrutando mi rostro con nerviosismo. Una serie de manchas púrpuras y rosáceas se encontraban desperdigadas en diversas zonas de mi cuello, la mayoría de ellas concentradas en una hilera sobre el lado derecho. “Mierda, mierda, MIERDA. ¿Cómo diablos me hiciste esto, Harry?”, pensé para mí misma.

-¿Ahora si me crees?- su voz me sobresaltó, se encontraba parado en el umbral de la puerta del baño.

-Sí, supongo- contesté mientras procedía a presionar levemente mis dedos contra los moretones; dolían. “Rápido, piensa en algo” –Um, quizás sea algún tipo de sarpullido; me rasqué y me lastimé sin darme cuenta…-eso sí que sonó tonto.

-Yo diría que más bien te estrangularon- bromeó. –Déjame ver- se acercó a mí y me di vuelta obedientemente, echando el cuello para atrás. Posó sus dedos cuidadosamente, tanteando el área meticulosamente, rozando la piel de mi cuello con la yema de los dedos, enviando escalofríos a lo largo de mi columna. 

-¿Y bien?- pregunté, rompiendo el silencio. Quitó su mano de mi cuello y se alejó rápidamente. 

-Luce bastante feo, pero no creo que tarde más de una semana en desaparecer- ¡¿UNA SEMANA?! Tenía que ser una broma. “Tranquila…”, me dije. “Lo puedes cubrir con maquillaje”.


Tras terminar mi desayuno, recogí mis cosas y decidí que era hora de volver a mi apartamento, si Harry necesitaba algo me llamaría. Además, necesitaba estar sola y pensar..en todo. Pero, primero lo primero.

Tomé mi móvil y escribí un mensaje rápido. “¿Mi apartamento en media hora?” Tras un minuto debatiéndome si enviar el mensaje o no, presioné ‘Send’.

 

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