Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

25Me gustan
10Comentarios
10942Vistas
AA

4. Capitulo 3

Pegué un salto ante la voz masculina que se encontraba detrás mío. Me limité a mirarlo, incrédula. Era un chico, no más grande que yo, con cabello alborotado y de mediana estatura. Estaba completamente empapado, y con cada gota que caía sobre él, su pelo se iba desarmando lentamente. Mucho más no pude distinguir debido a la oscuridad de la noche.

-¿Acaso luzco “bien”?- contesté bruscamente.

-Uh, yo, lo siento…-su voz era dulce y a la vez un poco ronca, armonizando peculiarmente para formar un sonido hermoso. –Lo siento, sólo quería ayudar- contestó torpemente. Mi actitud lo había tomado por sorpresa, y yo me arrepentí en el momento en que las palabras salieron de mis labios. El chico comenzó a alejarse, camino a la calle –Mejor me voy…-

-No!- me levanté del banco para seguirlo, pero rápidamente me detuve, obligándome a calmarme antes de asustarlo- Es decir no, no te vayas. Lo siento, tenías razón. Sólo estoy molesta…pero no contigo.-Intenté arreglarme un poco a medida que hablaba, secándome las lágrimas de mis mejillas con el dorso de la mano, aunque mucho sentido ya no tenía al confundirse con la lluvia que me pegaba en la cara. 
Se quedó en el lugar, dudando si quedarse o irse. Se limitó a observarme con ojos entrecerrados. Lentamente fue acercándose nuevamente, hasta llegar a mi lado. Me empujó suavemente de los hombros, haciéndome sentar, y luego él se sentó junto a mí.

Narra Harry

No sabía por qué, pero sentía que debía consolarla, saber lo que le sucedía. A pesar de estar llorando, pude distinguir que era hermosa, incluso triste y en la oscuridad. Se veía que llevaba bastante rato bajo la lluvia, ya que su pelo se encontraba separado en irregulares mechones de largos rulos castaño oscuro que parecían despedir agua al igual que una manguera. Me limité a observarla a observarla por unos segundos, dándole tiempo para calmarse, y a su vez, también lo hizo la lluvia, que fue aminorando hasta convertirse en una fina llovizna. Esbocé una pequeña sonrisa y le ofrecí mi mano.

-Soy Harry…Styles- sonrió levemente y tomó mi mano.

-Joanna Tomlinson

-Un gusto en conocerte, Joanna- ella lanzó un resoplido.- ¿Qué?- pregunté

-¿En serio lo crees? Estoy hecha un desastre- admitió. Su afirmación me hizo reír.

-Sí, bueno, todos tenemos nuestros días…- su móvil comenzó a sonar, interrumpiéndome. Al parecer no se había percatado de que lo llevaba consigo, ya que me dirigió una mirada confundida antes de comenzar a hurgar su chaqueta. Observó la pantalla del móvil, se levantó, acercándose al río y lo arrojó tan fuerte como pudo. Esto me tomó por sorpresa, lo que esperaba como máximo era que ignorara la llamada; me puse a pensar si lo que le había sucedido no era aún peor que lo que yo imaginaba. Aún estaba de espaldas a mí, de cara al río, una de sus manos se dirigió a su rostro y supe que estaba limpiando las lágrimas que caían nuevamente por su rostro. Luego de un momento volvió al banco y se sentó junto a mí.

-¿Mejor?- me atreví a preguntar.

-Un poco- asintió. Me quedé observándola por un instante, sus mejillas estaban recobrando un poco de color y sus ojos ya no lucían tan hinchados de haber llorado, pero temblaba de frío.

-Vamos, dentro de poco comenzará a helas, debes secarte…Y yo igual- comenté observando mi ropa con una mueca. Rió levemente al mirarme. –Ya sabía que no costaría demasiado- sonreí ampliamente.

-¿El qué?- arqueó las cejas.

-Conocer tu sonrisa


Unos minutos más tarde ya nos encontrábamos en mi apartamento. El tráfico había sido leve debido a la hora y a que era día de semana.

-Llegamos- comenté, estacionando el auto. Me volteé para mirar a Joanna; ya no lloraba pero se encontraba sumisa en sus pensamientos. Me miró y esbozó una sonrisa forzada.

-Oh, claro- se volteó hacia la puerta para descender del auto, así que yo hice lo mismo. Trabé el auto y hurgué en mis bolsillos hasta encontrar la llave del apartamento. Abrí la puerta y la dejé pasar antes.

-Las damas primero- hice un gesto ridículo de caballerosidad. Ella me sonrió y entró al hall. Ingresé yo también y me volteé para cerrar.

-Lindo lugar- escuché su voz desde el living. Caminé hacia donde ella se encontraba.

-Gracias- comenté.

-¿Vives sólo?- preguntó extrañada.

-Sí, ¿por qué habría de vivir con alguien?

-Sólo preguntaba- me quedé observándola por unos minutos mientras ella curioseaba el lugar con la mirada. Me preguntaba a qué se debía su pregunta anterior.

-Oh, cierto. Um… el baño está por el pasillo al final- dije indicando con un gesto- Iré a buscar unas toallas y te prestaré ropa mientras la tuya se seca.

-De acuerdo- asintió.


Me dirigí a mi dormitorio, tomé unas toallas y antes de volver me sequé un poco y cambié mi ropa por una muda seca, dejando la mojada sobre el radiador. Tomé una simple camiseta y pantalones de buzo. Luego elegí una remera vieja que era un poco más chica y unos pantalones cortos, ya que los largos le quedarían demasiado grandes. Me encaminé al baño y toqué la puerta.

-¿Joanna? Te traje ropa- dije. Abrió un poco la puerta para que pudiera pasarle la ropa y la toalla. –Estaré en el living.

Unos cinco minutos más tarde se apareció en el living con un aspecto mucho mejor al inicial. Se sentó en el sofá junto a mí, donde yo me encontraba buscando algo bueno para mirar en la TV. La camiseta que le había dado le quedaba enorme, al igual que los shorts, aunque tuve que admitir que se veía sexy. “Que diablos estás pensando?!” me dije a mi mismo

-Gracias- dijo observándome, me volteé para prestarle atención.-En serio, por todo. –sonrió, y esta vez era una sonrisa sincera, un poco dolida, pero sincera y agradecida.

-Claro, no hay problema. –me recliné contra el respaldo- Aunque creo que ya es hora de que comiences a hablar. –Asintió y también se acomodó mejor.

-Lo sé –suspiró. -¿Por dónde comienzo? Veamos…Me mudé aquí hace un par de meses, en realidad soy de Doncaster. Estudio en la University Collegue de Londres y vivo con mi novio, ex novio- se corrigió de manera automática. Pude ver que luchaba por contener las lágrimas, su mandíbula se veía tensa y se limitaba a mirar sus manos mientras hablaba. –Esta noche…yo…

-No sigas, no si no es lo que quieres- la corté, apoyando una mano sobre las suyas. Ella sacudió su cabeza

-Es lo menos que te debo, estaré bien- Y para mi sorpresa, no quitó su mano, sino que agarró la mía y se aferró a ella. –Esta noche cuando llegué de la universidad lo encontré con una chica, en nuestro apartamento. Se suponía que cenaríamos juntos…Dios, fui tan estúpida, no sé cómo pude creer que alguien como él se podía fijar en mí! –una lágrima cayó por su mejilla izquierda y no pude evitar limpiársela con el dorso de la mano. Hizo de cuenta que nada había pasado, aún mirando sus manos, por lo que corrí la mía y la coloqué en su mentón para hacer que me mirara.

-Mírame- supliqué. Levantó la mirada y me miró a los ojos por primera vez en toda la noche. –Ya no te castigues, no es tu culpa. Eres hermosa y ese bastardo tuvo que ser un verdadero idiota al siquiera considerar engañarte con otra.- se me quedó mirando, incrédula.

-¿Por qué eres tan amable conmigo? Hace menos de media hora que nos conocemos.

-No estoy siendo amable, sólo te digo la verdad.- admití. Tomó la mano que yo tenía en su mentón, la quitó dulcemente y depositó un beso sobre ella.

-Gracias- me sonrió. Me la quedé mirando, tratando de no sonreír. -¿Qué tengo? –preguntó preocupada. Sonreí

-No había notado que tenías ojos azules- dije. Puso los ojos en blanco.

-Sí bueno, y yo no pensé que tenías tantos rulos- bromeó.

-Hey!- me quejé, haciendo un gesto de protección hacia mi pelo. Ella rió.

-Era broma. Luce tierno.

-Gracias- contesté con tono de superioridad.

-De nada- sonrió. –Creo que ya es hora de que me vaya, iré a ver si mi ropa ya se secó.-soltó mi mano y comenzó a incorporarse.

-¿Qué? Espera!- dije agarrándola del brazo- ¿Adónde irás? ¿Siquiera tienes dónde quedarte?- Dudó un momento antes de responder.

-Supongo que podría llamar a mi hermano para que me recoja… Y mañana seguramente volveré a mi apartamento a buscar mis cosas- susurró.

-Oh, de acuerdo, te prestaré mi móvil- no supe por qué exactamente, pero algo iba mal, así que tuve que preguntar.-¿Dónde está tu hermano?

-En Doncaster, supongo- admitió con una mueca. Me la quedé mirando con la boca abierta.

-Bromeas, ¿verdad? Es medianoche, estás loca. Hoy te quedas aquí, no te dejaré deambular sola.

-Pero..

-Sin peros, señorita. Si quieres llamas mañana a tu hermano, no te raptaré. Hoy te quedas aquí, hay un cuarto de más en el que puedes dormir. –le ofrecí.

Lo consideró por unos segundos y finalmente se rindió con un suspiro. 

-Está bien- dijo haciendo un puchero. –Gracias.

 

 

 

 

Join MovellasFind out what all the buzz is about. Join now to start sharing your creativity and passion
Loading ...