Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

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21. Capitulo 20

Narra Harry


Un molesto sonido rompió con toda la paz de la noche. Abrí los ojos lentamente; Joanna dormía profundamente contra mi pecho y el cuarto se encontraba en una densa oscuridad. El mismo sonido volvió a irrumpir, provocando que lentamente, comenzara a recobrar la consciencia. Quité mis brazos de alrededor de Jojo lentamente, procurando no despertarla, y rodeé sobre mi espalda para separarme un poco de ella. Miré hacia la mesita de noche a mi lado y vi que la pantalla de mi móvil estaba encendida; volvió a vibrar molestamente contra la madera, como urgiéndome a tomarlo. Extendí mi brazo y lo tomé, deteniéndome a revisar la hora primero; era un poco pasada la medianoche, y titilando en el centro de la pantalla, se divisaba un pequeño sobre amarillo. Me refregué un poco los ojos y abrí el mensaje; era de número desconocido.

“Te espero en el Puente de Londres en media hora. No traigas a nadie más. T. xx..”

Por un momento, tan sólo por unos instantes, había llegado a creer que jamás recibiría ese mensaje. Ese mensaje que daría vuelta todo en mi contra, ese mensaje que me pondría entre la espada y la pared, ese mensaje que era como una bienvenida al infierno de mentiras y secretos que me aguardaba tan pacientemente. Pero inconscientemente sabía que esto no duraría, y que darle falsas esperanzas a Jojo era el peor error que podría haber cometido dada la situación en la que me encontraba.

Suspiré y me levanté de la cama con desgano, tanteando la superficie de los muebles hasta hallar mi ropa. Me coloqué unos jeans y la misma camiseta que había usado esa mañana, sin siquiera molestarme en tomar una chaqueta antes de salir del dormitorio; sabía que afuera, la noche estaba helada, pero supuse que era mejor si tenía mis ideas frescas. Tomé las zapatillas que se encontraban junto al sofá del living y dejé el apartamento de inmediato. 

La caminata rumbo al puente no duró lo suficiente como para darme tiempo a pensar, el tiempo parecía haber pasado volando, dejándome sin más opción que enfrentar la realidad. Siempre era el mismo problema; cuando querías que algo dure en el tiempo, jamás lo hacía, simplemente pasaba a tu lado sin hesitar. 

La suave y helada brisa de invierno pegaba en mi rostro y en mis brazos desnudos, más de una vez incitándome a largarme de allí y olvidar todo, no darle importancia a nada de lo que Tanya tenía que contarme. Pero era demasiado cobarde, y la intriga me ganó de antemano.

Logré divisarla en cuanto llegué a uno de los extremos del puente; alcanzaba a ver su cabello ahora rubio danzando suavemente en el aire, y su rostro pálido mirando hacia el río, apenas iluminado por la luz de los faroles. Suspiré y comencé a acercarme a ella con determinación.


-Aquí estoy- dije amargamente al llegar a su lado. Me dirigió una sonrisa torcida y se acercó a mí para depositar un beso en mi mejilla; me aparté inmediatamente, evitando que siquiera llegara a rozarme. –Sólo dime lo que tengas que decirme, no vine para recibir demostraciones de afecto falsas. –la sonrisa desapareció de su rostro inmediatamente.

-Bien. El trato es este; tú eres mío de nuevo y yo mantengo mi boca cerrada..

-Aún no me has dicho nada convincente como para que acepte- la interrumpí.

-Y tú no me dejaste terminar- contestó bruscamente. Respiró profundo y continuó. –En verdad no la conoces, ni siquiera ella conoce la mitad de su historia de vida- rió amargamente.

-¿Y se puede saber cómo es que tú sí sabes?- presioné.

-Mi madre es de Doncaster, conoce a toda su familia- respondió sin más. La miré boquiabierto.

-¿Quieres decir que tu madre te está ayudando en todo este chantajeo?

Rió burlonamente. –Claro que no, amor. ¿El frío te afectó el cerebro? Mi madre es demasiado santa para hacer algo así….Pero nadie dijo que jamás se le iría la lengua para contar cosas que no debe…

Suspiré. –Te escucho..- y comenzó a hablar.


Basura. Eso es lo que mi cerebro me gritaba; que todo era basura, otra más de sus mentiras, que no la escuchara y me fuera de allí. Estaba loca, deliraba, todo eso no podía ser verdad, no podía existir tanta mentira dentro de una familia, era imposible….¿Lo era? ¿En verdad era imposible o sólo era yo el que trataba de convencerme de eso? Los minutos seguían pasando, y cada vez quería escuchar menos, sólo quería que se callara. Deseé nunca haberla conocido para que esto no estuviera pasando en ese momento. Aceptar su trato y cualquier condición que tuviera me pareció la opción más viable en ese momento, la opción menos dolorosa para todos. 

-Está bien- la corté. –Lo haré, sólo dame tiempo.

-No debiste haberte involucrado con ella más de lo que ya lo estabas, y lo sabes…Aléjate de ella, te doy tres días para cortar todo lo que sea que haya entre ustedes-

-¿Qué haré con Zayn y Liam?

-Pueden saber, pero será mejor que cierren la boca, por su propio bien
Reí amargamente. -¿También tienes mierda sobre ellos?

-No, pero ambos sabemos que tampoco me cuesta demasiado inventar algo convincente. Te veo mañana- se dio la vuelta y comenzó a marcharse en la dirección opuesta a por donde yo había llegado.


Mi cerebro trabajaba a mil por hora, tratando de asimilar todo. No podía volver al apartamento y acostarme al lado de Joanna como si todo estuviera perfecto, no podía volver a su lado sabiendo que no podía contarle absolutamente nada porque sería lo más egoísta que podría hacer. Así que opté por dirigirme a la casa de ese alguien en quien sabía que podía confiar y contar para lo que sea; ese alguien que me conocía de punta a punta desde que éramos niños. Liam.

Abrió la puerta con ojos somnolientos y me observó incrédulo por unos segundos.

-¿Harry? ¿Tienes idea de la hora que es? ¿Qué haces aquí?

Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas y sólo quería sentarme en un rincón y llorar como un niño pequeño. –Yo…-tragué saliva.

-Sólo escúpelo

Y le hice caso. –Jojo es adoptada- sus ojos se abrieron como platos y no fue capaz de omitir sonido alguno. Las lágrimas ya corrían por mis mejillas. –Todavía hay más…

 

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